
Charles Bowden narra en su libro La ciudad de crimen, cómo la violencia se vuelto parte de la vida en Ciudad Juárez:
Tratemos por un momento de imaginar algo más, no una nueva estructura sino más bien un nuevo patrón, que no tiene arriba ni abajo, ni centro ni orilla, ni jefe ni siervo obediente. Pensemos en algo como un océano, un asunto fluido sin rey ni corte, jefe ni cártel […]. Suspendamos todas las formas normales de pensar. La violencia cruza Juárez como un viento que no cesa y nosotros insistimos en que es una batalla entre cárteles, o entre el Estado y los narcos, o entre el ejército y las fuerzas oscuras. Pero consideremos esta posibilidad: la violencia está hoy imbricada en el tejido mismo de la comunidad y no tiene una causa única ni un botón que la enciende y la apaga. La violencia no es ya parte de la vida, es la vida misma.
Roberto Saviano en su libro Gomorra, narra cómo la Camorra (la mafia napolitana), no es una organización sino un sistema:
Sistema–un térmnios que todos mundo entiende, pero que todavía necesita ser decodificado en otros lugares, una oscura referencia para cualquiera que no tenga familiaridad con la dinámica de poder de la economía criminal. Camorra es una palabra inexistente, un término usado con desprecio por jueces y policías anti-narcóticos, periodistas y guionistas; una indicación genérica, un término académico, relegado a la historia–un nombre que hace que un Camorrista sonría. La palabra que usan los miembros de cales, es Sistema–«pertenezco al Sistema Secondigliano–un término elocuente, un mecanismo más que una estructura. La organización criminal coincida directamente con la economía, y la dialéctica del comercio es la estructura de los clanes.