Las otras fosas de Ciudad de México

En febrero de este año se encontró una fosa clandestina con restos humanos en el Ajusco. El hallazgo sacudió a Ciudad de México evidenciando un hecho terrible: hay inhumaciones ilegales en todas las entidades federativas de México, incluyendo el corazón del país. La búsqueda de Pamela Gallardo, quien desapareció en 2017, develó a la sociedad capitalina algo que todos los colectivos de búsqueda de Ciudad de México tienen muy claro: los bosques de esta ciudad se han convertido en un cementerio clandestino.

Ilustración: Estelí Meza

Desde 2016, en el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana (PDH) hemos monitoreado los hallazgos de fosas clandestinas en todo el país de dos maneras: por medio de un rastreo hemerográfico en distintos medios de comunicación y por medio de solicitudes de información a las fiscalías estatales y la Fiscalía General de la República (FGR). El contraste de ambas fuentes nos permite reconstruir, aunque de forma parcial, el universo de fosas clandestinas en el país.

Según nuestro monitoreo, el Ajusco sólo es la punta del iceberg de un problema que se extiende a, por lo menos, nueve alcaldías de la ciudad: Coyoacán, Cuajimalpa, Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Milpa Alta, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco. Entre 2020 y 2023, documentamos por lo menos una fosa en cada una de estas alcaldías, sumando once fosas entre los tres años: cuatro fosas en 2020, cuatro fosas en 2022 y tres fosas en 2023.  

Mapa 1. Número de fosas reportadas por alcaldía

Elaboración propia

¿Dónde se han encontrado fosas clandestinas?

Las dos alcaldías en las que se documentó más de una fosa clandestina en el periodo analizado son Cuauhtémoc y Tlalpan. Al fijar la lupa en las colonias donde se localizaron las fosas, es posible observar que los hallazgos se aglomeran en el sur y en los pliegues de la ciudad, sobre todo en las periferias.

Además, al cruzar los datos con las estimaciones del Consejo de Evaluación de Ciudad de México, podemos observar que las colonias donde se han documentado fosas clandestinas tienen un índice de desarrollo social muy bajo o bajo. En otras palabras: se reportan hallazgos en colonias que presentan fuertes desigualdades en el acceso a servicios básicos en comparación con otras zonas habitacionales de Ciudad de México.

Mapa 2. Colonias donde se han localizado fosas clandestinas

Además, en Ciudad de México encontramos un patrón que rompe con el imaginario de lo que se ha entendido hasta ahora como fosa clandestina: el 55 % de las fosas reportadas en la ciudad se encontraron dentro de inmuebles, en específico en el jardín, y en una alarmante mayoría (67 %), las personas eran dueñas de la propiedad. Del 33 % restante sabemos que las víctimas fueron privadas de su libertad y después inhumadas en inmuebles vinculados con los perpetradores. Las demás fosas se encontraron en terrenos montañosos y en el espacio público, en plena calle, en zonas donde se conoce que hay conflictos ligados al control de plazas entre grupos de crimen organizado, como es el caso de la colonia Morelos.

¿Quiénes son las víctimas?

Se encontraron trece personas en las once fosas clandestinas. Las víctimas no tenían un perfil particular y fragmentan la falsa creencia, impulsada por el discurso oficialista, de que todas las personas que desafortunadamente se encuentran en fosas clandestinas están vinculadas, de una forma u otra, con el crimen organizado.

Las personas localizadas en estas fosas tenían profesiones, edades y géneros distintos. Es relevante señalar que no contamos con toda la información sobre las víctimas, ya que sólo se conoce la identidad de ocho, así como la edad de cinco y el sexo de diez personas. No obstante, al analizar la información disponible, sabemos que seis personas eran mujeres y cuatro hombres. Asimismo, la edad promedio de las mujeres de las que se conoce su identidad es de 45 años, la edad más alta siendo sesenta y la edad más baja treinta. En el caso de los hombres, sólo se tiene el dato de una víctima de 46 años.

¿Y qué hay de los perpetradores?

Con relación a los perpetradores y el posible móvil de la inhumación clandestina, podemos observar dos problemas que conviven de forma simultánea en la ciudad. Por un lado, hay fosas clandestinas que se asemejan a aquellas del imaginario colectivo: las que están ligadas con actividades de grupos del crimen organizado, como sucede en otras entidades del país. Es decir, son fosas que destacan por su crueldad: los cuerpos que son exhumados tienen señales de violencia, las fosas se localizan en espacios de conocida disputa entre bandas criminales y estas pueden o no emplearse como mecanismos que ejercen una pedagogía del terror con el objetivo de controlar territorios.

Por otro lado, hay fosas que son consecuencia de disputas familiares o de violencias normalizadas de forma sistemática. Estos espacios de terror son muestra viva de cómo ha escalado la violencia en el país: peleas económicas entre familias concluyen en el homicidio de un ser querido, o mujeres que son víctimas de la violencia feminicida ejercida a manos de su pareja. Ambos casos terminan en inhumaciones clandestinas que buscan esconder el crimen.

En Ciudad de México podemos encontrar ambos tipos. De las once fosas clandestinas documentadas, podemos identificar tres fosas ligadas a actividades criminales y cuatro fosas relacionadas a conflictos familiares. Respecto a las dos fosas vinculadas con actividades criminales en la Ciudad, identificamos dos subtipos: por un lado, una fosa busca “mandar un mensaje” al inhumar violentamente a una persona en vía pública para ser encontrada horas después. Por otro lado, fosas que responden al ocultamiento de otros crímenes, como es el caso del delito de secuestro.

Respecto a las cuatro fosas relacionadas con conflictos familiares, sabemos que dos fosas tienen relación con casos de feminicidio, cuyos perpetradores fueron las parejas sentimentales de las víctimas, quienes posteriormente las inhumaron clandestinamente en el jardín de su hogar. Las otras dos fosas se vinculan con peleas familiares, en donde las víctimas fueron inhumadas en su jardín por miembros de su familia. De las fosas restantes es difícil conocer el posible móvil detrás, ya que no se cuenta con suficiente información para comprender el contexto.

¿Qué dicen las autoridades?

A pesar de la evidencia de que estos espacios clandestinos existen y que la capital cuenta con una fiscalía especializada para la investigación y persecución de delitos vinculados a la desaparición forzada de personas desde 2018, la respuesta de las autoridades es insuficiente. Desde 2020, la réplica que hemos recibido en el PDH Ibero respecto a cuántas fosas clandestinas han sido registradas por dicha fiscalía en Ciudad de México es nula, a pesar de que colectivos de búsqueda del Estado de México y Ciudad de México han demostrado una y otra vez que sí existen dichos espacios atroces.

Negar la existencia de fosas clandestinas es disfrazar la interminable ola de violencia que sacude a este país desde hace más de quince años. Cegarnos a la existencia de estos espacios clandestinos invisibiliza la lucha de decenas de colectivos que buscan a sus seres queridos en las calles, en plazas públicas y entre los bosques de esta ciudad. Esos mismos bosques donde cientos de personas disfrutan sus fines de semana sin saber que entre sus árboles, entre la maleza, se esconde la esperanza de miles de familias que hoy buscan a un ser querido.

 

Renata Vadillo Polo y Andrea Horcasitas Martínez
Investigadoras del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

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Publicado en: Justicia, Seguridad