Las políticas de austeridad y el error de Reinhart & Rogoff

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La idea era tan brillante como lo era simple. Si un país debería endeudarse para afrontar una disminución en el PIB dependía principalmente de un factor: la duración esperada de las causas de su crisis. Si las causas de la crisis eran temporales, entonces el país debía endeudarse. Si eran permanentes, entonces no. La idea es fácil de explicar con una familia: si la principal fuente de ingresos en una familia tiene una enfermedad que la deja en cama una semana, los patrones de consumo familiares no deberían cambiar mucho pues la pérdida temporal de ingresos se puede amortizar pidiendo prestado. Si esta misma persona tiene una enfermedad que la deja en cama para siempre, entonces el consumo familiar debe disminuir permanentemente, y ya no sería necesario pedir dinero prestado. La idea de la que escribo es la hipótesis del ingreso permanente, fue propuesta por Milton Friedman en la década de 1950 y sirvió para explicar con éxito por qué el consumo es mucho menos volátil que el ingreso. Durante las siguientes décadas, los modelos macroeconómicos y los debates tributarios orbitaban sobre esta hipótesis: Dado que va a aumentar la deuda y hay que pagarla con impuestos, ¿éstos se deben cobrar mientras la productividad va a la baja, mientras se recupera, o ya que se recuperó? ¿Acelera el gasto del gobierno la recuperación? ¿Cómo influye la conectividad financiera del país a la dispersión tanto de la crisis como del remedio? Dado que no va a aumentar la deuda, ¿hay beneficios de devaluar la moneda para que la reducción permanente del consumo sea menor? ¿tiene sentido dejar de pagar?

Los economistas crecimos dando esta hipótesis por cierta, y es por eso que llama tanto la atención que el artículo de Reinhart y Rogoff (R&R) “Growth in a Time of Debt” hiciera tanto ruido. En ese artículo, usan una base de datos construida por ellos mismos, donde juntan datos de 200 años en 20 países y encuentran correlación negativa entre el nivel de deuda de un país y su tasa de crecimiento. Es decir, no encontraron nada que no supiéramos invocando la hipótesis del ingreso permanente. Si acaso, la única novedad era que los países con deudas mayores al 90% de su PIB tenían tasas de crecimiento dramáticamente menores que los demás en los años de la post-guerra.

El artículo fue escrito en tiempos en que la mayoría de los países, para afrontar la crisis, debían tomar la decisión de endeudarse más o no. Los defensores de la austeridad no solamente tomaron el artículo como evidencia científica de causalidad, sino en sentido inverso a la hipótesis del ingreso permanente: si un país está muy endeudado, entonces va a crecer menos. Desde su publicación, los autores callaron cuando se usaba su artículo como explicación de causalidad en esta dirección, y R&R fue citado en instancias tan importantes como el Banco Central Europeo y el Congreso de Estados Unidos para recomendar austeridad.

Es aquí cuando es debido aclarar que R&R fue publicado en el volumen de "Papers and Proceedings" de American Economic Review. Dicho volumen no es más que un compendio de las mejores conferencias de la American Economics Association, y los artículos ahí publicados, que no deben ser de más de 5 páginas de largo, no pasan por el riguroso método de revisión que tiene normalmente el American Economic Review así como otras revistas importantes en economía. Para un volumen normal (y no de “Papers and Proceedings”) cada artículo, que en promedio es de unas 30 páginas, es expuesto ante un minucioso proceso de edición, donde economistas renombrados del tema que se trate son invitados a leer y comentar el artículo, lo cual generalmente implica que los revisores pedirán al autor explicar los métodos utilizados, así como justificar el por qué no se contestó la misma pregunta de algún otro modo. Este proceso es tan largo que por lo regular los autores presentan sus investigaciones en conferencias y seminarios mientras éste termina, donde también recibirán críticas y propuestas para mejorar. En pocas palabras, un artículo publicado en una revista de economía ya “ha sido aflojado en terracería” y ha dejado satisfechos a todos los involucrados en el proceso. Un artículo de "Papers and Proceedings" no.

Recientemente, el alumno de doctorado en economía en la Universidad de Massachussetts, Thomas Herndon, decidió replicar R&R para una tarea de econometría, y pidió a los autores sus datos. En los programas de doctorado, es común que los profesores pidan este tipo de ejercicios, para que los alumnos entiendan el manejo de los datos, la importancia de los supuestos del modelo, el por qué se omitieron observaciones, etc. Al recibir Herndon los datos (en formato de Excel), se dio cuenta de tres cosas en el análisis post-guerra de R&R: que las fórmulas omitieron 5 países (de un total de 20), que no todos los países tuvieron el mismo peso en la muestra a la hora de calcular la mediana y los promedios, y que algunos países no tenían datos de los años inmediatos a la Segunda Guerra Mundial. Lo primero fue un error que parece involuntario. Lo segundo fue decisión de los autores. Lo tercero fue porque los datos no estaban disponibles a la fecha de publicación de R&R. Lo primero y lo segundo, no tengo la menor duda, no hubieran quedado así de haber pasado el artículo un mínimo de “terracería”, sobre todo porque la literatura es amplia al respecto y nadie antes había encontrado que a partir de ciertos niveles de deuda estuvieran asociados mucho menores tasas de crecimiento.

Como podemos ver en la imagen (la cual es interactiva y puede pasar el puntero sobre los puntos para ver países, años, niveles de deuda y tasas de crecimiento), si se incluyen los 5 países omitidos, los resultados no cambian mucho (a la nube de puntos negros le agregamos la nube de puntos azules), pero si se incluyen los datos omitidos de los primeros años después de la Segunda Guerra Mundial, ahí podemos ver que hubieron países con altos niveles de deuda y razonables tasas de crecimiento, lo cual descarta totalmente la hipótesis de que países con deudas superiores al 90% de su PIB tienen tasas de crecimiento dramáticamente inferiores al resto. Sobra decir que puede salir casi cualquier cosa si se juega con los pesos muestrales de los países, por lo tanto no merece la pena criticar por ahí.

Los autores ya han pedido disculpas, y ya han aceptado su error. Y como desde el momento de la publicación, se han deslindado de la interpretación que se le ha dado a la correlación que encontraron entre crecimiento y deuda, defendiendo sus propias conclusiones, y su manera de dar peso a los países en la muestra. En lo personal, desde el principio lo que más me llamó la atención del artículo fue la impresionante base de datos, la cual ha quedado en el olvido. Fuera de que seguramente Ken Rogoff saldrá de la lista de candidatos al Premio Nobel por muchos años, probablemente nunca lleguemos a saber cuál fue el alcance de la interpretación de causalidad que se le dio a R&R. Pero ojalá sirva este ejemplo para que en el futuro cuestionemos más cuando la retórica política se base en evidencia empírica sujeta de ser comprobable. Sin miedo a equivocarme, puedo afirmar que la mitad de las cifras que dicen los políticos son sacadas de la manga. ¿Quién me quiere desmentir?

Fernando Pérez Cervantes. Economista de la Universidad de Chicago.


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