
A principios de este año, Steve Featherstone acompañó a los científicos Tim Mousseau y Anders Møller en uno de sus viajes de investigación a la Zona de Alienación de Chernobyl, donde han trabajado desde hace más de una década evaluando las consecuencias a largo plazo de la exposición a radiación en seres vivos (especialmente golondrinas). Los siguientes son algunos fragmentos del artículo que Featherstone publica en el último número de Harper’s a partir de este viaje.
En abril, Japón elevó la gravedad del desastre de la planta nuclear en Fukushima de 5 a 7 en la escala internacional de catástrofes nucleares, volviéndolo oficialmente equivalente al de Chernobyl. Sin embargo, esta escala, que mide tanto la cantidad total de radiación liberada como su impacto en la salud y el ambiente, esconde diferencias fundamentales entre ambos desastres. El inventario radioactivo de Chernobyl se desató en virtud de una explosión catastrófica y un incendio que fue imposible de controlar durante diez días, propagando cantidades significativas de lluvia radioactiva en la mitad del planeta. En cambio, las emisiones radioactivas de Fukushima, estimadas en un 10 porciento de aquéllas en Chernobyl, se han liberado gradualmente a lo largo de varias semanas, muchas de las cuales ya han terminado en el mar. Pero la equivalencia entre estos desastres también oscurece un cambio más profundo en la manera en la que pensamos sobre lo impensable.
Fukushima ha levantado preguntas prácticas sobre el futuro del poder nuclear, pero las preguntas que despertó Chernobyl fueron existenciales. La nube radioactiva que se liberó transgredía fronteras físicas de igual manera que socavaba dicotomías políticas cada vez más endebles: Este contra Oeste, el bien contra el mal, comunismo contra capitalismo. Como una pesadilla en una era incierta, Chernobyl anunció el fin de la Guerra Fría y anticipó de manera borrosa los horrores del milenio que se acercaba.
Últimamente, sin embargo, la reputación de Chernobyl ha sufrido una transformación interesante. En muchos de los artículos que se publicaron en su aniversario, la pesadilla se volvió una historia de regeneración. Según esta historia, la Zona [técnicamente conocida como la Zona de Alienación] ya no es una tierra de desperdicio nuclear, sino una suntuosa reserva natural renovada por la imparable fuerza de la naturaleza. La idea de que una Arcadia ha nacido de los escombros de Chernobyl no carece por completo de fundamento: lobos, alces, cigüeñas, linces, águilas, búhos, nutrias y muchas otras especias han sido vistos en la Zona. Algunos científicos incluso creen que la ausencia de actividad humana desde el desastre ha beneficiado la flora y fauna de la Zona, contrarrestando los efectos negativos de la radiación. Sin embargo, Tim Mousseau y Anders Møller no creen en esta versión optimista. Durante la última década, han publicado más de veinte artículos científicos sugiriendo que el ecosistema de la Zona es poco más que un clon enfermizo del mundo natural fuera de sus fronteras.
Casi todo lo que sabemos sobre los efectos de la radiación en los seres humanos proviene del “Life Span Studies” (LSS), una base de datos médica recopilada a lo largo de décadas por la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación (RERF por sus siglas en inglés) a partir de los sobrevivientes de la bomba atómica en Japón. Gracias al LSS conocemos la cantidad de radiación que se necesita para descamar el revestimiento intestinal, y cuánta más para incrementar el riesgo de desarrollar leucemia después de los cincuenta años. No obstante, aunque el LSS provee la base para casi todos los estándares internacionales de salubridad en relación a la exposición aguda a radiación, proporciona pocas herramientas para predecir los efectos de salud en aquéllas personas que están crónicamente expuestas a dosis bajas de radiación. Ningún organismo en el mundo ha identificado una dosis “segura” de radiación. Por eso, los estándares diseñados para proteger a los trabajadores nucleares y pacientes de cáncer están basados en el principio de que cualquier cantidad de exposición a radiación es dañina.
Según Tim y Anders, la sociedad moderna ha inventado tantas diversas maneras de envenenarnos, que un poco más de rayos gamma se pierden fácilmente en el ruido del envenenamiento. La radiación de fondo en el ambiente está por todas partes: siempre lo ha estado. ¿Acaso toda esta radiación nos está enfermando? Quizás. Pero quizás no. No hay un equivalente al LSS para Chernobyl, ninguna organización similar al RERF que se dedique a compilar información médica sobre las millones de personas afectadas diariamente por la precipitación radioactiva. Por lo tanto, no existe ninguna fuente estadística confiable sobre las enfermedades asociadas a la exposición continua a bajos niveles de radiación. Básicamente, con la información que tenemos ahora, las papas fritas nos pueden matar mucho antes que el plutonio.
Pripyat fue alguna vez una suerte de paraíso para los obreros. La ciudad fue construida en 1970 específicamente para los trabajadores de la planta nuclear de Chernobyl y sus familias. Al momento del accidente, en 1986, las 45 mil personas que ahí vivían gozaban de todas las comodidades modernas que la Unión Soviética podía ofrecer. Ahora, Pripyat se volvió la cara pública de la Zona, un monumento de la vida en el cénit del poder soviético. Sus edificios y calles se han documentado extensamente en fotografías y películas, e incluso se han digitalizado a detalle como en el escenario de videojuegos violentos como el “Call of Duty 4”.
Tomará mucho tiempo evaluar el impacto ambiental de la lluvia radioactiva proveniente de los reactores dañados en Fukushima, pero es razonable afirmar que no se acercará ni levemente a los estragos causados por Chernobyl. Algunos pueblos deberán ser abandonados por años mientras las autoridades japonesas encuentran la mejor manera de eliminar la contaminación nuclear, pero no habrá una versión japonesa del Bosque Rojo ni de las golondrinas parcialmente albinas que ahora se encuentran en la Zona. Los pinos crecerán sanos y seguros. Los pájaros cantarán desde sus ramas. Y en los campos de espinaca abandonados y espolvoreados de cesio-137 y estroncio-90 se escuchará el agitado zumbido de las cigarras, aún si no habrá gente alrededor para escucharlo.
En junio de este año, la edición británica de la revista Wired publica un artículo en el que muestra a mayor detalle las dos posturas opuestas y cada vez más polarizadas respecto a los efectos de la radiación en el ecosistema de la Zona. Por un lado, están aquéllos científicos—muchas veces apoyados por el gobierno ucraniano—que argumentan que debido a la ausencia de vida humana, está floreciendo en la Zona una reserva sumamente fecunda. Por el otro lado, en cambio, está la postura representada por Mousseau y Møller, quienes argumentan, como puede apreciarse en los fragmentos arriba presentados, que las consecuencias de la exposición crónica a niveles bajos de radiación son hasta ahora poco conocidas y por tanto potencialmente catastróficas.
Selección y traducción de Sara Hidalgo.
Redacción sobre energía nuclear
La energía nuclear también es llamada energía atómica, esta libera rápidamente reactores nucleares (métodos de combinación y transformación de partículas y núcleos atómicos). Se usa para obtener energía eléctrica, térmica y mecánica. Este concepto incluye conocimientos y técnicas que permite que el ser humano haga uso de esta energía. Esta energía está ligada a las plantas nucleares la primera de ellas se inventó en el Reino Unido en 1956 esto gracias a la ausencia del petróleo.
Lo que causa la radiación nuclear de esta energía es inicialmente uso descontrolado de la energía nuclear así como las pruebas con artefactos bélicos (armas de fuego, cartuchos, bombas, explosivos, juegos artificiales entre otros). Si ponemos de ejemplo alguno de estos elementos (artefactos bélicos) nos daremos cuenta que es claro y evidente que representa las causa de las radiaciones nucleares (energía nuclear). Otra causa puede ser la irresponsabilidad y el mal manejo de las plantas nucleares y otros instrumentos relacionados con la energía nuclear que provoca la reactividad de esta energía. Algunas causas podrían ser: errores de diseño, fallas de administración y errores de operación, la falta de interés y capacitación del personal, incluso se afirma que la falta de información con respecto al usos y el buen funcionamiento de las plantas nucleares y de mas cosas relacionadas a este tema es una causa notable actualmente., el ser personas conformistas es decir que pensamos que el uso de energías renovables que están vigentes en estos años son las del futuro y no buscamos alternativas más eficientes, la mala calidad del material que se usa para fabricar o “mejorar” supuestamente los envases y materiales que protegen o conservan las plantas nucleares, estos quizás no brindan tanta protección como se espera. La causa principal es el abuso de la sociedad de consumo de esta energía.
Si comentamos sobre las consecuencias ponemos considerar:
“Que al explotar una planta nuclear”
Las personas pueden sufrir de cáncer, malformaciones, mutaciones, esterilidad…
Además puede ocasionar la muerte instantánea de muchas personas. Gracias a las emisiones de gases extremadamente contaminantes para el ambiente: “Graves daños a la atmósfera (efecto invernadero, cambio climático, calentamiento global…)
Serios problemas socio ambientales (son aquellos que ocurren en nuestro medio ambiente y que repercuten en nuestra sociedad)
Degradación continúa del ambiente:
Extensa contaminación del suelo, el agua y el aire. Daños en infraestructura y las construcciones. Esto también contribuye a resultados negativos sobre vías férreas, tuberías servicios de luz, agua, transporte, Internet, cable…
Provoca lluvia radioactiva y lluvia ácida y sintetiza gases tóxicos para nuestro planeta
Una consecuencia es que interrumpe la fotosíntesis de algunos vegetales y plantas, esto conlleva a efectos desfavorables para la capa de ozono.
Hablemos del impacto ambiental acerca de la energía nuclear, está no libera casi no libera dióxido de carbono a la atmosfera “El daño comienza cuando una industria nuclear querían conocer el impacto de las radiaciones en el cuerpo humano” desde ahí empezamos muy mal… el problema es que no tomaron medidas de seguridad necesarias para evitar consecuencias adversas y aparte no tomaron consciencia ni responsabilidad de sus actos para disminuir la posibilidad de causar daños a nuestro entorno; todo esto por el hecho de ahorrarse dinero. Aunque algunas personas sobreviven ante la explosión de una planta nuclear quedan con trastornos de salud, mentales o físicos esto para las próximas generaciones (los hijos o nietos que puedan llegar a tener transcurrido un tiempo)
Los animales no tienen un sensor de radiacion natural integrado que les informe del nivel de radiacion y el peligro que corren. Es normal que abunden en la znoa si la radiacion es baja, ellos no perciben el peligro. En cuantoa Fukushima, me parece que es muy pronto para decir que el daño es minimo, que sin duda lo es, comparado con Chernobyl, pero sigue siendo un perjuicio muy grave.