
En diciembre de 2010, la ciudad de Apatzingán, en el estado de Michoacán, se despertó con el sonido de balazos. Durante dos días seguidos, la ciudad se convirtió en un campo de batalla al aire libre entre las fuerzas federales y un grupo bien organizado, presuntamente de la organización criminal local La Familia Michoacana. Los ciudadanos no solo experimentaron balazos incesantes sino también explosiones y camiones en llamas que fueron utilizados como barricadas a través de la ciudad, que era en verdad un campo de batalla. Después de estos dos días y durante un encuentro particularmente intenso, se supuso que el líder de la Familia Michoacana, Nazario Moreno, había muerto.
En respuesta a esta violencia terrorífica, el alcalde de Apatzingán decidió convocar a los ciudadanos a una marcha por la paz. La idea era pedir un enfoque más suave hacia la actividad criminal en el estado. El día en el que ocurriría la procesión, miles de personas se presentaron. Mientras el alcalde se preparaba para dar el discurso inicial de la marcha, su equipo se dio cuenta que, mientras que la mitad de los participantes estaban vestidos, como debían, de blanco, y portaban banderas que pedían la paz, la otra mitad en realidad marchaba en favor de la organización criminal y su líder que se suponía había muerto. Anonadado, el alcalde decidió hacerse a un lado en lugar de participar o liderar una procesión que aparentemente apoyaba al crimen organizado. Su equipo también se hizo de lado. Las dos marchas se unieron, y continuaron su camino hacia la capital del estado.
A esta historia de violencia terrible le siguió un enfoque trastabillado de las autoridades locales y federales, que intentaron generar vínculos con la sociedad civil, mientras que el crimen organizado lograba establecer vínculos con efectividad; una metáfora perfecta sobre lo que ocurre en México hoy en día, donde vemos que nuestro entendimiento actual de la violencia del narcotráfico y sus efectos es como mínimo, muy incompleto.
Si uno decide ocupar 30 minutos para tratar de entender qué sucede con la violencia del narcotráfico en México, por ejemplo, haciendo investigación en línea, lo primero que encontrará es que mientras que las leyes dicen que todos los ciudadanos mexicanos son iguales, hay algunos que son mucho más y otros que son mucho menos iguales, porque uno rápidamente se dará cuenta que en los últimos seis años entre 60,000 y 100,000 personas han perdido la vida en violencia relacionada con el narcotráfico. Para poner estos números en perspectiva, esto es ocho veces más que el número de víctimas en las guerras de Irak y Afganistán combinadas. También es impresionantemente cercano al número de personas que han muerto durante la guerra civil de Siria, la cual se sigue peleando.
Ahora, mientras uno lee en línea, podrá sorprenderse sobre lo rápido que le dejarán de afectar los números de muertos, porque verá que estos son números abstractos de muertos sin nombre o cara. Implícita o explícitamente, hay una narrativa de que todas las personas que se están muriendo estaban involucradas de alguna forma en el narcotráfico, e inferimos esto porque fueron o torturados o ejecutados de forma profesional, o probablemente ambas. Así que claramente eran criminales por la manera en que murieron. La narrativa es que de alguna forma estas personas obtuvieron lo que se merecían. Eran parte de los malos. Y eso le da cierto confort a muchas personas.
Sin embargo, mientras es fácil pensar en nosotros, los ciudadanos, la policía, el ejército como los buenos y ellos, los narcos, los cárteles, como los malos, si uno lo piensa, estos últimos sólo proveen un servicio a los primeros. Nos guste o no, Estados Unidos es el mercado más grande de substancias ilegales en el mundo, con más de la mitad de la demanda global. Comparte miles de kilómetros fronterizos con México, su única ruta de acceso desde el sur. Como decía Porfirio Díaz, “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.
La ONU estima que hay 55 millones de usuarios de drogas ilegales en Estados Unidos. Si utilizamos suposiciones muy conservadoras, esto genera un mercado de drogas anual de entre 30 y 150 mil millones de dólares en ingresos. Si suponemos que los narcos sólo tienen acceso a la parte del mayoreo, lo cual sabemos es falso, esto todavía deja ingresos anuales de entre 15 y 60 mil millones de dólares. Para poner estos números en perspectiva, Microsoft tiene ingresos anuales de 60 mil millones de dólares. Entonces ocurre que éste es un producto que, por su naturaleza, requiere un modelo de negocios que garantice a los productores sea colocado con seguridad en los mercados en los que se consume. Y la única forma de lograr esto, porque es ilegal, es teniendo control absoluto de los corredores geográficos que se utilizan para transportar drogas. Por eso la violencia. Si uno observa el mapa de la influencia de los cárteles y la violencia, verá que se alinean casi de forma perfecta con las rutas más efectivas de transporte de sur a norte. Lo único que los cárteles están haciendo es tratar de proteger su negocio. No sólo es un negocio de miles de millones de dólares, sino también un negocio complejo. Por ejemplo, la planta de coca es una planta frágil que sólo puede crecer en ciertas latitudes, así que un modelo de negocios para este mercado requiere que uno tenga producción descentralizada e internacional, que por cierto necesita tener un buen control de calidad, porque las personas necesitan un pasón bueno que no los mate y que sea entregado cuando lo necesiten. Así que esto significa que se necesita una producción segura y con control de calidad en México, y se necesita asegurar que se tengan canales eficientes y efectivos de distribución en los mercados donde se consumen estas drogas. Los conmino, pero sólo un poco, porque no me quiero meter en problemas, a que pregunten y vean qué tan complicado sería conseguir la droga que quisieran, dónde la quisieran, cuándo la quisieran en cualquier lugar de Estados Unidos. Algunos de ustedes se sorprenderían de saber que hay muchos dealers que ofrecen un servicio en el que, si se les envía un mensaje de texto, garantizan la entrega de la droga en 30 minutos o menos.
Piensen en esto un segundo. Piensen en la complejidad de la red de distribución que acabo de describir. Es muy difícil conciliar esto con la imagen de los matones ignorantes y sin cara que se están matando entre ellos, muy difícil de conciliar.
Ahora, como un profesor de negocios, y como cualquier profesor de negocios les diría, una organización efectiva requiere de una estrategia integrada que incluya una buena estructura de organización, buenos incentivos, una identidad sólida y un buen manejo de la marca. Esto me lleva a la segunda cosa que uno aprende durante su exploración de 30 minutos de la violencia del narco en México. Porque, uno se dará cuenta rápidamente y tal vez se confundirá por el hecho de que hay tres organizaciones que son nombradas constantemente en los artículos. Uno escuchará sobre los Zetas, los Caballeros Templarios, que son la nueva marca de la Familia Michoacana, y la Federación de Sinaloa. Uno leerá que los Zetas son esta banda de sociópatas que aterran las ciudades a las que entran y silencian a la prensa, y esto es más o menos cierto, o casi cierto. Pero éste es el resultado de una estrategia de marca y negocios muy cuidadosa. Verán, los Zetas no son sólo este grupo aleatorio de individuos, sino la creación de otra organización criminal, el Cártel de Golfo, que antes controlaba el corredor del este de México. Cuando hubo una lucha por ese corredor, decidieron que querían reclutar un brazo profesional de ejecución. Así que reclutaron a los Zetas: una unidad élite de paracaidistas del ejército mexicano. Eran increíblemente efectivos como el brazo armado del Cártel del Golfo, tan así que en algún punto, decidieron tomar el control de las operaciones, por lo que yo les pido que nunca tengan tigres como mascotas, porque crecen. Porque los Zetas fueron fundados por traición, perdieron algunos de los vínculos a la producción y distribución en los mercados con más ganancias, como la cocaína, pero lo que sí obtuvieron, esto basado en su origen militar, fue la cadena de comando perfectamente estructurada, con una jerarquía muy clara, y un camino de ascensos muy claro que les permitió supervisar y operar a través de muchos, muchos mercados de forma muy efectiva, lo cual constituye la esencia de lo que la cadena de mando busca ser. Y entonces, porque no tenían acceso a los mercados de drogas con mayores ganancias, esto los empujó y les dio una oportunidad de diversificarse hacia otras formas de crimen. Esto incluye secuestros, prostitución, narcomenudeo y tráfico humano, que a su vez incluye migrantes que van del sur a Estados Unidos. Lo que manejan es en realidad, literalmente, un negocio de franquicias. Enfocan la mayor parte de su reclutamiento en el ejército y anuncian de forma muy abierta mejores salarios, mejores beneficios, mejores caminos de ascenso, sin mencionar mucho mejor comida de la que puede proporcionar el ejército. La forma en la que operan es que, cuando llegan a una localidad, se hacen notar, y se acercan a la banda local más poderosa y le dicen “te ofrezco ser el representante local de la marca Zeta”. Si dicen que sí –y uno no quiere saber qué sucede si dicen que no- los entrenan y los supervisan sobre cómo manejar la operación criminal más eficiente en ese pueblo, a cambio de regalías. Este tipo de modelo de negocios depende obviamente en su totalidad en tener una marca muy efectiva de miedo, así que los Zetas escenifican actos de violencia espectaculares con mucho cuidado, en especial cuando llegan por primera vez a una ciudad. Pero, una vez más, es sólo una estrategia de marca. No estoy diciendo que no sean violentos, pero estoy diciendo que aunque uno leerá que son los más violentos de todos, cuando uno hace la cuenta de cuerpos, son en realidad lo mismo.
En contraste con ellos, los Caballeros Templarios que surgieron en Michoacán emergieron como una reacción a la incursión de los Zetas en el estado. Michoacán es un estado geográficamente estratégico porque tiene uno de los puertos más grandes de México, y tiene rutas muy directas al centro del país, lo que le da a uno acceso directo a Estados Unidos. Los Caballeros Templarios se dieron cuenta muy rápido que no se podían enfrentar a los Zetas sólo con violencia, así que desarrollaron una estrategia de empresa social. Se definen, como marca, como representantes y protectores de los ciudadanos de Michoacán frente al crimen organizado. Su marca de empresa social significa que requieren de muchas conexiones con la sociedad civil, así que invierten mucho en proveer servicios locales, como enfrentar la violencia doméstica, perseguir a los criminales pequeños, tratar a los adictos y alejar las drogas de los mercados locales, y, por supuesto, protegerlos de otras organizaciones criminales. Ellos matan a mucha gente también, pero cuando los matan, crean narrativas muy cuidadosas y descripciones sobre por qué lo hicieron, a través de inserciones en periódicos, videos de Youtube y espectaculares que explican que fueron matados porque representaban no una amenaza a ellos como organización, sino para los ciudadanos. Así que en verdad están aquí para protegerlos. Ellos, como hacen las empresas sociales, han creado un código moral y ético que anuncian, y tienen prácticas de reclutamiento muy estrictas. Aquí tiene uno este tipo de explicaciones que ofrecen sobre algunas de sus acciones. Y de hecho han mantenido el acceso al negocio del narcotráfico, pero lo hacen porque controlan todo Michoacán y controlan el puerto de Lázaro Cárdenas y utilizan eso para, por ejemplo, intercambiar cobre michoacano que se crea de forma legal y es extraído de forma legal, pero con efedrina ilegal de China, lo cual es un precursor crítico de las metanfetaminas que producen, y luego tienen asociaciones con organizaciones más grandes como la Federación de Sinaloa, que distribuye sus productos en Estados Unidos.
Finalmente, la Federación de Sinaloa. Cuando uno lee sobre ellos, seguramente lo hará con un tono de reverencia y admiración, porque son la organización más integrada y más grande de las organizaciones mexicanas, incluso en el mundo, dirían algunos. Ellos empezaron justo como una organización de transporte que se especializaba en contrabando entre la frontera de México Estados Unidos, pero ahora han crecido a ser una trasnacional integrada que tiene asociaciones de producción en el sur y asociaciones de distribución global. Han cultivado una marca de profesionalismo, agudeza para los negocios e innovación. Han diseñado productos de droga nuevos y nuevos procesos. Han diseñado narcotúneles que cruzan la frontera, y uno puede ver que no son túneles del tipo “Sueño de fuga”. Han inventado narcosubmarinos y barcos que no son detectados por el radar. Han inventado aviones no tripulados para transportar drogas, catapultas, lo que uno quiera. Uno de los líderes de la Federación de Sinaloa incluso ha llegado a la lista de Forbes [#701, Joaquín Guzmán Loera].
Como lo haría cualquier transnacional, se han especializado y enfocado sólo en la parte del negocio con mayores ganancias, drogas de alto margen como cocaína, heroína y metanfetaminas. Como cualquier transnacional tradicional latinoamericana, controlan sus operaciones a través de lazos familiares. Cuando entran a un mercado nuevo, mandan a un miembro de la familia a supervisarlo, o si se asocian con una nueva organización, crean un vínculo familiar, ya sea a través de matrimonios u otro tipo de lazos.
Como lo haría cualquier transnacional, protegen su marca con un outsourcing de las partes más cuestionables de su modelo de negocios, como por ejemplo, cuando tienen que utilizar violencia contra otras organizaciones criminales, reclutan a bandas y otros grupos pequeños para hacer el trabajo sucio. Y tratan de separar las operaciones de la violencia, y de ser muy discretos en esto. Para hacer su marca todavía más fuerte, de hecho tienen compañías profesionales de Relaciones Públicas que moldean la forma en que la prensa habla de ellos. Tienen videógrafos profesionales en su equipo. Tienen vínculos increíblemente productivos con organizaciones de seguridad en ambos lados de la frontera.
Así que, sin contar las diferencias, estas tres organizaciones tienen en común, por un lado, el entendimiento de que las instituciones no pueden ser impuestas desde arriba, sino que se construyen desde abajo, una interacción a la vez. Han creado estructuras increíblemente coherentes que utilizan para mostrar las inconsistencias de las políticas gubernamentales.
Lo que quiero que recuerden de este texto son tres cosas: la primera es que la violencia del narcotráfico es en realidad el resultado de una demanda gigante del mercado y una estructura institucional que obliga a que exista violencia para garantizar las rutas de entrega. La segunda cosa que quiero que recuerden es que éstas son organizaciones sofisticadas y coherentes que son negocios, y analizarlas y tratarlas como tal es un enfoque mucho más útil. La tercera cosa que quiero que recuerden es que, a pesar de que estamos más cómodos con esta idea de “ellos”, un grupo de malos separado de nosotros, en realidad somos sus cómplices, ya sea a través de nuestro consumo directo o de nuestra aceptación de la inconsistencia entre nuestras políticas de prohibición y nuestro comportamiento verdadero de tolerancia e incluso de apoyo al consumo.
Estas organizaciones atienden, reclutan de y operan en nuestras comunidades, así que, necesariamente, están mucho más integradas a ellas de lo que nos sentimos cómodos de admitir. Para mí la pregunta no es si estas dinámicas continuarán en la forma en la que lo han hecho. Vemos que la naturaleza de este fenómeno garantiza que así sea. La pregunta es si estamos dispuestos a mantener nuestro apoyo a una estrategia fallida basada en una ignorancia terca, idílica y voluntaria a costa de las muertes de miles de nuestros jóvenes.
Este texto es una traducción de una TED Talk dada por Rodrigo Canales en octubre de este año. El video de la charla puede ser encontrado aquí.
Rodrigo Canales es profesor asociado en la Yale School of Management.
Nada nuevo bajo el sol. Mientras haya prohibición se mantendrá este estado de cosas inalterable (o «in crescendo», según la demanda).
gran aporte me gusto.
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Excelente argumento sobre la formación y mantenimiento de estos grupos criminales. Sin embargo, creo que el autor no dice nada nuevo que no hayan dicho otros autores. De hecho, me parece que este plática es un resumen del libro de Diego Gambetta sobre la mafia siciliana publicado hace casi dos décadas.