Los costos de ser madres durante la pandemia: el caso mexicano

El impacto de la crisis derivada de la pandemia ha permeado todas las áreas de nuestras vidas, dejando a su paso secuelas que aunque parecieran ser lejanas siguen persistiendo. Existen aspectos que no se han abordado ni estudiado a profundidad, tanto los efectos relacionados directamente con la crisis, como aquellos provocados por la interacción con otros fenómenos que, aunque anteriores a ésta, intensificaron sus repercusiones. Es en la complejidad de esta situación que nos encontramos con otra realidad preocupante: la discriminación laboral en México. En el contexto nacional sabemos, ya sea por experiencia propia o la de personas en nuestro entorno, que existen ciertas características que pueden determinar el acceso al empleo, a un buen salario o un trabajo que se ajuste a nuestras preferencias. Nuestro color de piel, edad, nivel socioeconomico, sexo, orientación sexual o hasta el hecho de si tenemos o no hijos pueden ser factores decisivos para un proceso de contratación, aun cuando ya no deberían de serlo. A pesar de que lo más relevante al momento de contratar a una persona debería ser si ésta cuenta o no con las capacidades técnicas requeridas para un puesto, las personas empleadoras muchas veces prestan más atención a las características físicas de quienes postulan a un empleo. Lo anterior se exacerba cuando a estas desventajas les sumamos entornos adversos, ajenos al lugar del trabajo, como lo fue la crisis sanitaria, porque si bien es cierto que la pandemia afectó a todas las personas dentro del mercado laboral, también es cierto que lo hizo de manera diferenciada y los impactos fueron desproporcionados para ciertos grupos de personas.

Ilustración: Kathia Recio

Un ejemplo de estos impactos los encontramos en la situación de la maternidad durante el covid, un caso relevante en el que convergen los roles de género atribuidos a las mujeres y las desventajas en el mercado laboral preexistentes y acentuadas por la crisis. Históricamente en el país las labores de cuidados y quehaceres domésticos han sido asignadas a las mujeres debido al contexto social y cultural que provoca una situación de desigualdad en el reparto de estas tareas entre hombres y mujeres. Sin importar si son madres o no, las mujeres desempeñan roles de cuidado en mayor cantidad que los hombres, pero estas actividades representan una carga aún mayor cuando se tiene hijos. El factor de la maternidad puede incluso significar que las mujeres no puedan participar en el mercado laboral. Entonces, no es sorpresa que durante la pandemia la brecha laboral se haya ampliado desproporcionadamente no sólo para las mujeres en general, sino en particular para aquellas que eran o son madres. En ese sentido, resulta fundamental examinar cuánto mayor fue la disminución de horas de trabajo remunerado en el mercado laboral experimentada por las madres en comparación con otros grupos. En otras palabras, qué tan relevante fue el factor de la maternidad en el contexto de la crisis sanitaria.

Para tener un panorama más completo de la penalidad en horas de trabajo remunerado por razón de maternidad es importante entender lo que dentro del mercado laboral significa tener hijos, así como lo que representó la maternidad en un contexto de pandemia. Primero, cuando una mujer es madre, el escenario que enfrenta en el trabajo es distinto al de un padre. En un análisis de 2019 realizado por Eva Arceo, es posible ver cómo las horas de trabajo (remunerado o no) se modifican meses antes y después de tener hijos, tanto para las madres como para los padres. Los resultados muestran que, en el caso de las mujeres, la cantidad de trabajo remunerado se reduce tanto antes como después de ser madres. Esta pérdida de horas de trabajo no sucede con los padres, quienes prácticamente no modifican el uso de tiempo alrededor del nacimiento de su hijo o hija. Además de la pérdida de horas de trabajo pagado, el aumento de trabajo en cuidados y labores domésticas afecta a las mujeres en mayor magnitud, mientras que para los padres no existe un cambio significativo. Es decir, los costos en tiempo de tener un hijo son absorbidos casi exclusivamente por las mujeres. Es fundamental subrayar la relevancia de los mecanismos que el Estado puede poner en marcha para mitigar la carga asociada a las responsabilidades de cuidado de los hijos. Un ejemplo concreto es el Sistema Nacional de Cuidados (SNC), el cual beneficia principalmente a las personas cuidadoras, mayoritariamente mujeres. Este sistema no sólo amplía su capacidad de elección en entornos educativos y laborales, sino que también ejerce un impacto positivo en la movilidad laboral ascendente.

En segundo lugar, al inicio de la pandemia muchas personas tuvieron que resguardarse en sus hogares, lo que resultó en un aumento significativo en la cantidad de trabajo no remunerado, reflejado en responsabilidades como la limpieza del hogar, el cuidado de los niños, la asistencia en las tareas escolares y la preparación de alimentos, entre otras. Estas nuevas demandas recayeron en gran medida sobre las mujeres, quienes en muchos casos también continuaron realizando actividades laborales remuneradas de forma remota. Este aumento en la carga de trabajo no remunerado a menudo implicó la necesidad de reducir las horas de trabajo remunerado, tal y como lo explican Augustine y Prickett. En otras palabras, las mujeres tuvieron que disminuir su tiempo en el empleo para poder atender las nuevas responsabilidades surgidas en el ámbito doméstico. La situación derivada de la emergencia sanitaria ya era complicada para todas las personas en términos de pérdida de empleos y reducción de las horas de trabajo remunerado, pero esta presión fue aún mayor para las madres. La responsabilidad del cuidado de los hijos volvió a recaer principalmente en ellas, y este rol las obligó a sacrificar parte de su tiempo laboral.

Un método para poder cuantificar la disminución de horas en términos de trabajo remunerado a la semana es comparar las diferencias en este factor entre las mujeres que tienen hijos y las que no los tienen. A partir de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) es posible ver las tendencias de horas promedio de trabajo remunerado que realizan las personas a la semana en diferentes trimestres del año. Entre los hallazgos destaca una caída importante de horas en marzo del 2020 —momento en que inició la pandemia en México— tal y como se ve en la gráfica 1. Es de esperarse que la contracción en horas de trabajo remunerado sea incluso más fuerte para las mujeres que eran madres debido a la carga de trabajo dentro de casa. A partir de una comparación de datos, al inicio de la pandemia podemos cuantificar qué tanto mayor fue la pérdida de horas de empleo remunerado para mujeres que eran madres, en comparación con las que no lo eran en ese entonces. Encontramos que quienes eran madres dejaron de trabajar de manera remunerada en promedio 6.58 horas menos que las mujeres que no eran madres. Es importante aclarar que ambos grupos redujeron la cantidad de horas de trabajo remunerado a la semana como consecuencia de la pandemia, pero la reducción para las madres fue incluso más pronunciada, considerando las responsabilidades atribuidas por motivos de maternidad. Este resultado demuestra que, efectivamente, características ajenas al desempeño o habilidades dentro del lugar de trabajo son relevantes para enfrentar la magnitud de una crisis.

Sin embargo, la población de mujeres que son madres no es homogénea y otros factores como los tipos de empleos también pueden hacer que la maternidad afecte de manera más pronunciada a algunas. Es decir, el que algunos sectores económicos hayan retomado actividades más rápido que otros durante la pandemia o que no hayan cesado actividades, generó un impacto diferenciado entre las madres. Las características de los empleos también son importantes para analizar la relevancia del factor de la maternidad, porque la flexibilidad que exista en los mismos es determinante para que las mujeres puedan o no balancear el trabajo que se les asigna dentro y fuera de los hogares. Las consecuencias de la pandemia en el mercado laboral no fueron aisladas ni se limitaron a un solo trimestre del año, sino que se mantuvieron en el tiempo. Aunque para 2021 la diferencia ya no era tan pronunciada respecto a los niveles prepandemia, las madres seguían trabajando 2.054 horas menos que las mujeres que no eran madres.

Para concluir, en el mercado laboral las condiciones físicas, económicas y sociales son determinantes para poder participar e integrarse en el mismo. Cuando esas desventajas se ven acentuados por factores externos como una pandemia, el impacto es mayor para los grupos que ya de por sí enfrentaban obstáculos estructurales. El caso de la maternidad es relevante porque ejemplifica la situación de las mujeres a quienes se les asignan de forma desproporcionada labores de cuidado y quehaceres domésticos por ser madres —actividades que no se les asignan necesariamente a los padres—. La pandemia evidenció aún más la posición de desventaja que enfrentan las madres dentro del mercado laboral, pues fueron ellas quienes tuvieron que disminuir en mayor magnitud su participación. La recuperación tampoco ha sido rápida para este grupo si la comparamos con las mujeres que no eran madres. Existe evidencia de que ciertas políticas públicas como la provisión de centros de cuidado son necesarias para poder liberar un poco de la presión que recae sobre las mujeres y, sobre todo, en las madres. Es decir, es menos probable que las madres dejen sus centros de trabajo si tienen acceso a guarderías o lugares de cuidado, tal como lo mencionan Ricardo Cantú y coautores. En la actualidad estos lugares son escasos y una proporción muy pequeña de las mujeres tiene acceso a ellos. Por lo tanto, es necesario impulsar mecanismos que ayuden a enfrentar las desventajas que enfrentan las madres. A fin de cuentas, son muchos los actores que deberían participar dentro las labores de cuidado y quehaceres domésticos. Entonces, ¿de verdad son las madres las que tienen que sacrificarse en las crisis como la pandemia? ¿ De verdad son las únicas responsables del cuidado de los hijes?

 

Daniela Martínez
Oficial del Área de Datos de Intersecta. Estudió la licenciatura en Economía en el CIDE. Sus temas de interés involucran a la economía de género, la economía del desarrollo y la economía laboral. Está interesada en cuantificar a través de los datos las desigualdades que atraviesan a las mujeres.

 

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Publicado en: Economía