
Ahora que la SEDESOL ha declarado formalmente que 1 de cada 2 compatriotas vive en la pobreza y 1 de cada 4 en la pobreza extrema, bien vale volver a preguntar ¿quiénes son los más vulnerables y los más oprimidos de entre esa mitad? Muchos grupos sociales compiten por el título. Sin embargo, en la última semana hemos atestiguado la reaparición en los medios de un fantasma del pasado que, silenciado por su supuesto anacronismo, se encumbra como el “mal de males” a la vez que una profunda vergüenza para una sociedad y un Estado que gustan de llamarse modernos: la esclavitud.
A los 107 esclavos encerrados bajo llave en el falso hospital "Santo Tomás Los Elegidos de Dios" en Iztapalapa, sólo les faltó haber sido propiedad legal de sus captores para habernos puesto, en lenguaje de Norbert Elias, en situación de regresión civilizacional. Pero lo demás estuvo presente: secuestrados en la vía pública, forzados a trabajar sin salario, víctimas de castigos físicos, vejación mental y abuso sexual. Tan cruel era su situación que no dudo que hubieran preferido subirse a la máquina del tiempo, viajar 100 años al pasado, y formarse en la cola de la tienda de raya de una hacienda henequenera en Yucatán.
Pero esto es sólo la punta del iceberg de un problema mayor, como varios estudios recientes nos lo han hecho saber. La Organización Internacional del Trabajo declaró en 2005 que hay alrededor de 12.3 millones de personas en situación de “esclavitud moderna” en el mundo. Y este año declaró que el costo económico estimado de este mal es de 12.3 mil millones de dólares, y que América Latina ya sobrepasó a África en cantidad de personas que lo padecen. La tendencia la confirmó el último reporte sobre tráfico de personas del Departamento de Estado de los Estados Unidos, donde advirtieron que el turismo sexual en México (el regular y el infantil) está creciendo a pasos agigantados, y acercándose peligrosamente a los niveles del sudeste asiático. Según el reporte, el gobierno federal calcula que alrededor de ¡20,000! mujeres y niños son víctimas de tráfico con fines de explotación sexual. Quizá en el caso de la explotación sexual infantil sea dónde el problema del trabajo forzado toma sus proporciones más dolorosas. Los grupos más vulnerables son, por razones obvias: indígenas, jornaleros, albañiles, personas sin hogar y trabajadoras domésticas. Esa es la fracción vulnerable donde el estado de derecho aún no ha llegado.
En las próximas semanas se comentará mucho (o debería) sobre los culpables del caso Hospital Santo Tomás: responsabilidad estatal (porque el gobierno del DF sabía desde hace meses lo que ocurría), responsabilidad social corporativa (porque a Liverpool le tiene sin cuidado con qué tipo de proveedores se asocia), y cultura política (por el acostumbrado abuso de poder entre privados y la falta de respeto por los derechos de los demás). Hay temas que se sufren cuando se politizan, este no es uno de ellos. Este es uno que necesita politizarse, no sólo porque ha estado lejos de la agenda durante mucho tiempo, sino porque concierne a los deberes ciudadanos y estatales más fundamentales: el sistema de seguridad y justicia no sólo está ahí para asegurar las calles, sino también (y este es el tema olvidado) para defender e impartir justicia a quienes más lo necesitan: los más vulnerables, los más oprimidos. El enemigo fácil es Liverpool, el enemigo verdadero es el sistema de justicia. Ojalá el escándalo sirva al menos para acelerar la implementación de la reforma a la justicia aprobada hace más de un año. Es la justicia social, pero sobretodo la criminal, la que le está fallando a los más vulnerables y oprimidos: las decenas de miles de mexicanos que esta noche dormirán en cautiverio.
Mario Arriagada Cuadriello. Politólogo.
El enemigo fácil es, en efecto Liverpool, pero en una sociedad donde todo funciona bien, esta empresa estaría ofreciendo disculpas, aportando empleo, recursos y atención psicológica para los afectados; los medios no se estaría callando porque Liverpool les compra 2 planas diarias de más de un millón de pesos cada una en temporada navideña; y los culpables de haber estado dando subsidios a la supuesta clínica no andarían pensando en otras grillas. Nadie asume la responsabilidad, pero hasta los ciudadanos comunes la tenemos por permanecer pasivos ante esta tragedia.
Excelente análisis de Mario Arriagada. En una sociedad moderna y supuestamente democrática, o hay lugar para que existen este tipo de prácticas que son dignas de cualquier novela o mala película situada en una nación bananera o en un capo de pizca en el suroeste de los Estados Unidos.
Un tema que particularmente preocupa, demás de lo obvio, en la absoluta carencia de tacto y sentido humano que Liverpool ha mostrado hasta el momento.
A una semana de este escándalo, no han sido capaces ni de reconocer, ni de desmentir la información de ser ellos uno de los clientes de este monstruoso proveedor.
Liverpool demuestra así que no está enterada del término "Responsabilidad Social", reservado únicamente para empresas con una visión de trabajo de Clase Mundial.
Los problemas que Liverpool enfrentará a la larga no son pocos. Una crisis de este tipo debe de saber manejarse bien y no se ha hecho.
Sobre est punto, hemos realizado un análisis al que pueden acceder AQUÍ: http://blogs.strat-cons.com/?p=3260