Este mes en la revista Vanity Fair, el premio nobel de economía Joseph Stiglitz publicó un artículo llamado, "Sobre el 1%, por el 1%, para el 1%" sobre la desigualdad económica en Estados Unidos (una reseña del texto fue publicada la semana pasada en La Jornada por Soledad Loaeza). En él Stiglitz argumenta que más allá de las razones éticas en contra de la desigualdad, es importante recalcar que hay varias razones por los que el incremento de la desigualdad es una mala noticia, incluso en países desarrollados como Estados Unidos. Stiglitz da tres argumentos:
- Entre más desigualdad hay en una sociedad, menos oportunidades hay para más personas. Esto quiere decir, que esa sociedad está usando de manera ineficiente uno de sus recursos más valiosos: las personas.
- Distorsiones asociadas a la desigualdad, como son los poderes monopólicos y los regímenes especiales en el cobro de impuestos generan también ineficiencias en el resto de la economía. Es decir hay ciertos sectores que por "pagar mucho" concentran capital humano que sería mejor gastado, en términos de productividad, en otros sectores.
- Las economías modernas necesitan de un Estado que invierta y provea: infraestructura, educación y tecnología. Por ejemplo, el mundo se ha beneficiado de grandes proyectos de inversión pública en ciencia que, entre otras cosas, produjo Internet.
El texto de Stiglitz suena a una llamada de atención no sólo a Estados Unidos sino a otros países desarrollados y en vías de desarrollo. En particular después de que la OCDE publicó un primer informe en el que describe el incremento de la desigualdad económica desde mediados de los años ochenta hasta la fecha, en casi todos sus países integrantes, excepto Francia, Bélgica, Grecia y Turquía. México y Chile siendo los más desiguales de todos, con una diferencia de 27 veces entre el salario promedio del 10% más pobre y el 10% más rico.
Una de las explicaciones que da la OCDE sobre por qué ha incrementado la desigualdad en todos estos países es el cambio en los sistemas de redistribución a partir de impuestos y servicios sociales. Hoy hay menos, y menos generosos beneficios para desempleados, pese a que en buena parte de los países europeos se mitiga en alguna mediad la desigualdad vía impuestos.
Es interesante ver las diferencias en la desigualdad antes de redsitribución (azul claro) y la desigudad después de redistribución (azul oscuro). Por ejemplo entre los países escandinavos que tienen famosos sistemas de bienestar social no sólo hay menos desigualdad, sino que después de la redistribución esta se reduce de manera sustantiva. En contraste Estados Unidos y el Reino Unido tienen sistema mucho menos redistributivos. En el caso de México, que está al final de la gráfica junto con Chile, no hay datos completos de la desigualdad del ingreso pre-redistribución, pero si Chile es un caso similar podemos imaginar lo que en México es comunmente sabido: redistribuimos poco y mal.

