
Bajo las actuales condiciones políticas que han propiciado entornos económicos, educativos, judiciales, democráticos y sociales negativos, México no tiene futuro, pero podríamos tenerlo.
No estábamos bien antes, pero parafraseando a Cantinflas, estábamos mejor cuando estábamos peor. Cierto, había mucha desigualdad, inequidad, segregación y corrupción, pero estábamos avanzando en algunos aspectos como en el económico con el libre comercio y consolidación del Estado de derecho; en lo educativo con un modelo que resaltaba la importancia del aprendizaje en lugar de la imposición de la ideología; en lo judicial con una Suprema Corte de Justicia sólida y un esquema que poco a poco entronizaba la profesionalización de la carrera judicial y autonomía de la justicia sobre la intromisión ejecutiva y legislativa; en lo democrático, con la autonomía auténtica de las autoridades electorales y la consolidación de autoridades autónomas de diversos campos que pretendían aislar las decisiones técnicas de gobierno de intromisiones políticas, y, en lo social, en la medida que en las altas esferas del Estados no se expelían epítetos ni se propiciaba un ambiente polarizado de ideas, del discurso y de la vida cotidiana, entre buenos y malos, progresistas y conservadores, élites y pueblo, chairos y fifís, opresores y oprimidos, amigos y enemigos, beneficiados y resentidos.
Vivimos una era de crisis de identidad, de segregación y revanchismo. La ironía es que las nuevas élites en el poder, con sus nuevas políticas, logran hoy lo que criticaban ayer: estancamiento o desaceleración económica, segregación y democracia simulada.
Nadie puede estar en contra de que la gente sea menos pobre. Pero la realidad es que los pobres siguen siendo pobres, y aunque algunas de las mediciones de pobreza han mejorado, en realidad se trata de una falacia. Veamos. Uno puede reducir las manifestaciones de la pobreza repartiendo dinero o aumentando salarios. Pero el tema es un poco más complicado que eso. Para repartir dinero en forma de transferencias directas se requieren recursos. En economía uno aprende que los recursos siempre son escasos para las necesidades, por tanto, es muy importante cuidar la eficiencia, para optimizar el buen uso de los recursos escasos. Ante la realidad de una fuente limitada de recursos, ¿de dónde provienen los recursos para transferir? De servicios que se supone deben ofrecerse para superar las barreras estructurales que hacen pobres a los pobres. ¿Cuáles son esas barreras estructurales? Educación, seguridad, salud, bienes básicos como agua, luz, drenaje, comunicaciones, justicia, democracia. Entonces, en lugar de mejorar a las instituciones que proporcionan esos servicios, se pauperizan o eliminan, y de ahí se obtienen los recursos que se necesitan para las transferencias de dinero, lo que, además, tiene una función clientelar.
La falacia consiste en el engaño que entraña la transferencia. Quitarle recursos a las instituciones que mejoran los servicios no se nota porque su beneficio es de largo plazo; en cambio, transferir dinero a las personas llena sus bolsillos. Y en México y el mundo, las elecciones se ganan con bolsillos llenos, no vacíos. El problema se notará cuando en el futuro se asfixien las finanzas públicas por políticas equivocadas y no haya más dinero que repartir. Pero el futuro no es problema para los políticos que necesitan el apoyo hoy.
México tampoco tiene futuro por el calibre de sus servidores públicos, a todos los niveles. Cuando los gobernadores ganan “elecciones” por popularidad, pero no por integridad ni pericia y el pueblo elige a futbolistas, corruptos, herederos, apadrinados en lugar de personas probas y expertas el país cava su propia tumba.
México no tiene futuro porque la corrupción está infiltrada en casi todos los pasillos de los servicios públicos. No hay futuro para el pueblo si los mexicanos no pueden obtener permisos municipales sin que corresponda una dádiva pequeña o grande para construir o mejorar una obra, obtener agua potable (comprando pipas), recoger la basura, iluminar o pavimentar las calles, conseguir una licencia, reparar un muro, quitar un árbol torcido a punto de caer. No hay futuro si los mexicanos no tienen gobierno que los proteja, policías y Ejército honestos, funcionarios probos, docentes bien formados, trámites transparentes, agentes de tránsito éticos.
No hay futuro si los legisladores por los que uno vota no tienen ni criterio ni autonomía y han perdido la capacidad de pensar. ¿Para qué tiene uno un Poder Legislativo con cientos de legisladores que votarán siempre como mandata el Ejecutivo? Eso es caro, deshonesto, ridículo y pueril.
México no tiene futuro sin jueces autónomos, probos, profundamente formados y certificados. ¿Para qué tiene uno jueces si los jueces no tienen autonomía, son elegidos por un “pueblo” que no los conoce, ni tiene forma de hacerlo, y que serán castigados si a un grupo pequeño no les gustan sus decisiones? Los jueces, mal formados, tomarán decisiones siguiendo la sombra del miedo, y no a la luz de la justicia.
Si además de todo eso agregamos que México es ahora más inseguro que nunca, con una profunda crisis de liderazgo moral en todos los niveles de gobierno, por dónde se hallará la luz. Dicen los aforismos: “Nunca está más oscuro que cuando va a amanecer” o “hay luz al final del túnel”. Bueno, el amanecer de México está obnubilado tanto por un terco invierno como por un túnel que no termina. ¿Cuándo se desmoronará el aparato que sostiene a México? Cuando se acaben los recursos. ¿Cuándo se acabarán los recursos? Cuando se acabe la confianza. ¿Cuándo se acabará la confianza? Cuando las inversiones caigan. ¿Cuándo caerán las inversiones? Ya cayeron.
De acuerdo con estadísticas comparadas del Banco Mundial la inversión extranjera hacia México en dólares corrientes ha caído a los niveles del año 2001, hace 24 años. El pico de IED hacia México ocurrió en 2013: 50.93 billones de dólares corrientes. Para 2023 la IED hacia México cayó a 30.2 billones. Es decir, una caída del 40%. Y todavía no ocurrían los cambios legislativos que han disminuido el Estado de derecho, la democracia auténtica, la desaparición de órganos autónomos y el control de los órganos electorales.
La expectativa del crecimiento económico (PIB anual) para México, basada en la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado del Banco de México, para diciembre de 2013 y diciembre de 2024 muestra los siguientes datos: la expectativa de crecimiento en 2013 para 2014 era de 3.41%; la expectativa de crecimiento económico para 2025 es de 1.12%.
El último dato del crecimiento anual del PIB de México roza los niveles del cero%. A tasa anual el crecimiento del PIB nacional para el tercer trimestre de 2024 fue del 0.1%, a pesar de que el exiguo dinamismo de la economía mexicana se ha beneficiado de dos fenómenos: el histórico ingreso por divisas de los últimos años, y el creciente interés hacia México por el mercado del nearshoring derivado del enfriamiento de relaciones entre Estados Unidos y China. Ese interés se suma al también histórico mercado generado por el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN primero y T-MEC después). Es decir, que, sin el tratado, con una posible amenaza masiva de deportaciones de inmigrantes ilegales anunciadas por Trump y un desinterés en nearshoring derivado a políticas nacionales y políticas públicas inadecuadas como las anunciadas arriba, el futuro para México no es nada promisorio. Para regar sobre mojado, el pasado 6 de enero, el IMSS informó, en su boletín de prensa 009/2025, que hubo una caída mensual de 405 259 puestos (empleos formales). Según los analistas esta caída es la peor registrada para el mes de diciembre. Este dato es quizá una respuesta a un doble fenómeno, por un lado, la incertidumbre generada por todas las reformas y políticas públicas y, por el otro, las alzas de salario mínimo por encima de la inflación impuestas por decreto. La teoría economía estipula que si el salario sube por encima de la productividad el empleo baja. Quizá tratar de inventar el hilo negro con un nuevo modelo encuentre el lado oscuro de la “generosidad” económica. No hay nada de humanismo al perder un empleo.
Lo mismo podría decir uno de la educación. México es el país de todos los 38 miembros de la OCDE que menos gasta por estudiante en educación. Si a esto se agrega una ineficiente asignación de gasto sería regar sobre, redistribuir el escaso gasto educativo de fortalecimiento de las instituciones (formación de docentes, calidad pedagógica, buenos ambientes de aprendizaje) hacia becas universales que no todo el mundo las necesita (lo cual es inequitativo porque reduce la cantidad de recursos que se podrían destinar a quienes realmente las necesitan), o imponer una pedagogía crítica en lugar de una pedagogía auténtica hacia el aprendizaje, obtendrá resultados perversos. Esto es lo que hace la combinación de concentración de poder y malas políticas públicas.
México, con un menú adecuado de políticas, estaría creciendo a niveles muy superiores a los exiguos de los años 2022 y 2023. La mejor forma para salir de la pobreza es con una crecimiento económico fuerte y buenas políticas públicas; la mejor forma para erradicar la corrupción es con un fuerte Estado de derecho; la mejor y sostenible forma de propiciar igualdad y equidad es con servicios educativos (y de salud) de muy alta calidad; la mejor forma para eliminar la inseguridad es con gobiernos fuertes y democráticos y una verdadero Estado; un fuerte Estado se logra con división de poderes y democracias auténticas. El único futuro es cuando observemos la ejecución de la anterior, todo lo demás, que “pueblo”, la “4T”, “el nuevo modelo”, “la mejor democracia del mundo”, son dimes y diretes. El tiempo lo dirá.
Eduardo Andere M.
Investigador visitante del Boston College
Que triste ese país que en los años 60s, 70s y 80s tenía a sus jóvenes universitarios grillando en vez de estudiando. Mas triste ahora, que viejos y en el poder, tropiezan con la misma piedra.
A esa generación, equivocada y ciega ¿que epílogos les depararán los muros de la Patria? ¿que epitafios el panteón Nacional?
La astrología también usa matemáticas y eso no la convierte en ciencia.
En 2013 el ?pacto por mexico" hizo todas las reformas que la ortodoxia económica prescribía y aún así la inversión extranjera directa comenzó a declinar a partir de ese año.
Por 30 años más del 50% de la población permaneció en pobreza y multiples mejoras educativas no lograron mejorar los resultados en las mediciones internacionales. Incluso los alumnso de escuela privadas en México obtuvieron menores puntuaciones que alumnos de escuelas públicas de países de primer mundo como japón.
La clase empresarial en México se alegró cunado los salarios en México fueron menores que en china pues creyeron que así atraerían más empresas para enriquecerse a costa de la miseria del salario de los trabajadores. Por treinta años el salario en mexico no creció en términos reales e incluso disminuyeron, al igual que los salarios de trabajadores en Europa y EEUU.
Obrador no mejoró las cosas, sus recortes prefiguraron la motosierra de milei y sus programas de apoyos directos siguieron las recomendaciones de milton friedman de dar asignaciones directas para quitar instituciones de gobierno como las de salud o pensiones o apoyo al desempleo. Morena se llenó de lo peor del pri, pan y PRD, pero hay que acotar que cuando esos partidos estuvieron en el poder no hicieron nada para combatir la corrupción.
La "econmía del goteo" que suponía que bajar impuestos a los ricos y grandes empresas ayudarían a la economía ha demostrado ser falsa. Los mercados no son eficientes, como lo han demostrado premios nobel de economía como Daniel Kanheman o la misma existencia de los fondos de cobertura de riesgos.
La teoría del ajuste de precios por oferta y demanda en sólo una simplificación de primaria de la situación real. Las curvas que se utilizan no toman en cuenta otros factores como la situación política o la escasez por agotamiento de los yacimientos o el margen de error en la mediciones o las diferencias culturales. La suposición de que la tecnología resolverá todos los problemas que vayan surgiendo es sólo autoengaño o cinismo. Las revistas de economía y política están llenos de correlaciones espurias de las que deducen relaciones causales falaces. El concepto de racionalidad en la economía está errada pues depende de una comprensión errónea de la teoría matemática de la probabilidad; y su antropología del hombre individualista, "racional" y egoista es una grosera simplificación de las situaciones reales que estudian las demás ciencias sociales.
Eduardo, no sabe ni de lo que habla. Viejo Ridículo.