Mi problema con el "Safari en Tepito"

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Dejemos a un lado el título, por piedad, y retomémoslo al final. Hablemos pues de la experiencia que es, al final de cuentas, lo que sus entusiastas defienden. Un recorrido de $300 comienza en la conocida, segura y emblemática plaza de Santo Domingo para subirse a una motocicleta y adentrarse a donde centenariamente nos han dicho que no hay que meterse. A donde nos dicen que te asaltan si no te conocen o a veces sobre todo porque te conocen. A donde nos dicen que hay mafias y organizaciones de bandoleros, contrabando, piratería y drogas (en ese orden cronológico) desde que la Ciudad de México es la Ciudad de México. A donde nos han dicho que hay otras reglas, otros impuestos, otras autoridades, todas desconocidas. A donde nos han dicho que si tienes un asunto por ahí es porque nada bueno puede ser, que si alguien tiene "amigos de Tepito" no debes molestarlo, que ni la línea B del metro debes tomar.


Con esa aura de misterio y terror en la que la sola invocación de Tepito causa algún tipo de reacción no sólo a un capitalino normal, sino a casi cualquier mexicano e incluso alguno que otro extranjero, es que un recorrido en un ambiente controlado, donde la seguridad personal está -casi, supongo- garantizada, puede resultar tan atractivo. El Safari en Tepito sacia, por fin, la curiosidad de muchos sin el riesgo de que ésta mate al gato. Abre puertas de las casas, muestra a personajes famosos de la comunidad -sí, Tepito es más "comunidad" que buena parte de las colonias de esta ciudad-, cuenta historias ocultas y hasta te lleva a encarar a la Santa Muerte. El Safari en Tepito es un recorrido en lo público, pero también en lo privado: te cuenta una historia estudiada y prefabricada del barrio, pero basada en personas reales -y con su participación- y con el valor de meterte a sus calles. Una simulación, una experiencia histriónica. Pero tal vez una de las más profundas.

Como antropólogo social, quedo convencido que una experiencia de este tipo no sólo en Tepito -pero particularmente en Tepito- puede resultar invaluable en términos de divulgación científica. Justamente el barrio bravo levanta muchos asuntos de interés en el estudio de comunidades en un ambiente urbano, donde en la actualidad éstas suelen ser de afinidades e identidades comunes y dispersas geográficamente. En cambio, en Tepito vemos una concentración cultural en una extensión amplia de una red principalmente ligada por actividad comercial que involucra patrones comunitarios más complejos -religiosos, de ciclos de vida, de organización familiar y hasta social y espacial- que simples afinidades e identidades. Las hipótesis de este permanente florecimiento cultural van desde una historia común y vigente de marginación de las instituciones formales del estado hasta la de continuidades mesoamericanas. Se los dejo a los estudiosos de este caso. Asimismo, la vinculación del gigantesco mercado de Tepito con otros mercados regionales (como el de Chiconcoac o el de Texmelucan) e incluso globales (con Perú y China, tal vez), hacen necesario conocer más aspectos del barrio que su sola mala fama. Supongo, quiero y espero que el Safari en Tepito logre justamente este objetivo de divulgación de alguna manera y sería motivo suficiente para sumarse. Vale la pena acercarse a conocer las particularidades culturales y socioeconómicas de Tepito, pues eso ayuda a vislumbrar la estructura social de la Ciudad de México y sus interrelaciones. Sin embargo, el título del proyecto advierte otra concepción entera del experimento y, en mi caso, me previene de asistir.

En el nombre lleva la penitencia. La metáfora es clara y alude directamente a la mala fama del barrio: esta experiencia es, eso, un recorrido en un ambiente controlado donde la seguridad está -casi, supongo- garantizada. ¿Por qué? Porque es necesario: Tepito es peligroso y desconocido… y lleno de criaturas salvajes. La franquicia holandesa Wijksafari indica que ese es el espíritu del proyecto que han llevado a otras ciudades: adentrarse en barrios marginados y bravos. No se concibe un safari en Polanco o en la colonia del Carmen en Coyoacán. No se concibe un safari ni siquiera en la Portales o en la Agrícola Oriental. Si no hay sensación de peligro y exotización, no hay safari. Si no es en un sitio al que no te meterías de otra forma que no fuera en el jeep y con guía, no te meterías jamás. ¿Hasta qué punto es entonces el objetivo de este proyecto presentar "otra cara" del barrio si su punto de partida es la explotación comercial de esa misma cara?

La fama de Tepito está bien ganada. Y me atrevería a lanzar la hipótesis de que esa fama tiene una conducta circular: es decir, el peligro subsiste por la fama del peligro -hace poco intentaron asaltarme en la colonia Morelos con la sentencia "soy de Tepito"-. Es absurda, simplista y, por supuesto, clasista, la noción de que fama es sustancia. De ahí que considerar que un recorrido es un safari sólo contribuiría, creo, a esa circularidad, a poner esa distancia con el otro: "te enseñamos la sustancia (el león, ¡mira! también bosteza como tú) y hasta te la puedes llevar a tu casa (muerto) y te garantizamos que su fama (fauces) no te harán daño. Tú siempre tienes la escopeta (protección privilegiada del estado con la que, por supuesto, no cuenta, no ha contado y nunca contará el león)."

El safari, dicen, ayuda a liberar el barrio de una injusta estigmatización. Pero le llamamos safari. Después de más de un siglo de expediciones de millonarios occidentales a la sabana africana, ¿habrá ésta ya perdido la fama de que en cualquier momento puedes ser atacado por un hipopótamo? El safari, dicen, sirve hasta para la prevención de la violencia y el delito. No se sigue bien la lógica de estos objetivos. ¿Será que si los foráneos le pierden el miedo se previene el delito? Habría que preguntarle a los entusiastas expedicionarios del safari si volverían a Tepito sin su Virgilio. Sí, ya sé que dirán que sí. Pero, ¿sí?

En las últimas dos décadas se ha observado en diferentes ciudades occidentales una pérdida de miedo a lo público por parte de las clases favorecidas por las instituciones del estado. De haber construido viviendas y espacios de esparcimiento fortificados, conectados por vías muertas destinadas al espacio privado del automóvil, se aprecia una renovada necesidad por recuperar cascos antiguos, por caminar la calle, por pasear en el parque abierto, no (ya sólo) en el centro comercial. El fenómeno parece anticipar una disminución del nocivo aislamiento entre clases sociales y una mayor curiosidad particularmente de los dominantes por los espacios de los marginados. Supongo y aventuro que el proyecto Wijksafari, destinado claramente a las valientes avanzadas gentrificadoras es sintomático de esta tendencia. Desgraciadamente, en los casos estudiados hasta ahora no se ha visto que lo que ocurra sea una feliz convivencia entre clases, sino el desplazamiento espacial de una clase por otra a través de diferentes mecanismos de corte económico con todo el auxilio de las instituciones del estado.

Es por estas razones que no veo en el Safari en Tepito un proyecto genuinamente de divulgación, de fortalecimiento de cohesión social (Tepito ya está más cohesionado que otros barrios, ¿o se refieren a que los vecinos de la Roma se cohesionen con Tepito?), ni mucho menos, de prevención del delito. Lo que sí veo es un espectáculo. Es una disneylandización (con paseo en moto y todo) de la más grande leyenda urbana de la Ciudad de México. El título me previene de pensarlo como otra cosa. Supongo que para los que no podrían adentrarse a Tepito de otra forma será una proyecto que, al margen de estos problemas, tendrá un efecto definitivamente positivo. Celebremos eso. Aún así y en términos personales, me parece que Safari en Tepito, desde su franquicia holandesa, nace de una concepción clasista que muestra interés por una enigmática zona de la ciudad en el contexto de reapropiación de ciertas regiones del centro histórico de la Ciudad de México. Lo cierto es que al llevar la atención de algunos sectores de las clases dominantes a Tepito y ponerlo en el centro del discurso público existe la posibilidad que el estado por una vez desarrolle algunos proyectos auténticamente benéficos a la comunidad tepiteña. Así sea.

José Ignacio Lanzagorta García es politólogo y antropólogo social.


11 comentarios en “Mi problema con el "Safari en Tepito"

  1. El viernes pasado fui al Safari. Yo había leído el título de tu texto un día antes, pero decidí no leer el resto pues no quería tener un prejuicio y quitarle el efecto sorpresa a la experiencia. Coincido con muchas cosas de las que ahora leo. Efectivamente el hecho de ir en moto y luego a pie recorriendo las calles del barrio me pareció, en un principio, un poco incómodo. Me sentía, como dices, en algo similar a un safari en África, con todo y la vestimenta en colores caqui y verde miliar. (Nunca he ido a África por cierto)
    Sin embargo, esa incomodidad se fue desvaneciendo y comprendí que aquello era como ir al teatro, pero en movimiento. El espectáculo fue entretenido y original. Se notó el gran esfuerzo que puso la producción y el entusiasmo de los actores y los voluntarios. Yo sí creo que este tipo de iniciativas logran hacer un cambio en la comunidad, tal vez pequeño pero significativo. Aunque sea logró algo en esos cuatro tepiteños y los cuatro actores que decidieron entrarle a este proyecto.

  2. José Ijgnacio,

    Esta mañana mi hija Leonor dijo (con tono de que sabía)

    la palabra SAFARI significa VIAJE en Suajili (lingua franca de África centro-oriental)

    Le mando saludos, Pablo OM

  3. Agradezco mucho sus comentarios. Agradezco a Reina Becerra y Eurídice Sosa que ahondan en la reflexión que, en todo momento, pretende centrar el análisis en el nombre del proyecto y, por tanto, en los significados que tiene para muchos de nosotros.

    Me parece interesante cuando Emil Blatsky trae a colación "Los hijos de Sánchez". El texto, fundacional de la antropología urbana contemporánea y particularmente de los estudios de la pobreza, me parece, tuvo un espíritu y un impacto mucho muy distinto. En él había una crítica tan dura al estado mexicano que éste, en medio de la era totalitaria, expulsó al director del FCE por haberlo publicado (cosa buena, pues gracias a ese hecho es que existe la editorial Siglo XXI). Con ese trabajo Lewis abrió mucho camino en el estudio de las comunidades urbanas, particularmente las marginadas y estamos hablando de estudios que permiten entenderlas para realmente contribuir a pensarlas mejor. Por supuesto, el trabajo no está ausente de críticas y también se le acusó, más que de lo exótico del barrio, de incluir mucha sensiblería literaria que, como el Safari, incurría en una venta de la desgracia. Aún así, creo que Lewis cambió la forma de hacer antropología. Del safari ya estará por verse si tiene mayor impacto que el de una experiencia teatral alternativa.

    Veo con Pablo Ortiz M que coincidimos: el espectáculo parece tener importantes virtudes, mismas que trato de mencionar en los primeros párrafos y al último del artículo. Sin embargo, me parecía importante señalar que el título, venga de la franquicia holandesa o no, oscurece el proyecto por todo lo expuesto. Ciertamente se trata de dar la dimensión que creo que tiene el uso de ese título, no de descaliicar el espectáculo por completo, del cual, insisto, sería virtuoso en otro tenor. No me parece una cosa menor que en un contexto de violencia y desigualdad llamemos "safari" a un paseo por un barrio bravo (sea en Tepito, en Holanda o donde sea). Tal vez si se organizan safaris en otros barrios este impacto se diluya, pero es una lástima que hayan empezado con ese nombre en ese mismo lugar (y que, entiendo en Holanda se hace igual).

    Sobre el comentario de Aura Carolina. "Inmediato y prejuicioso" califica el texto y creo que coincidimos en lo primero y hay que hacer precisiones en lo segundo. La lectura es, por supuesto inmediata: lo primero y lo único que tengo del espectáculo es un nombre y una reseña. A partir de eso es que elaboré esta lectura y me parece que en ningún momento se pretende otra cosa. En ese sentido llamarlo "inmediato" no hace más que describir certeramente y reiterar lo que está explícitamente expuesto en el artículo. Sin embargo, no creo que por inmediata esta misma lectura carezca de valor. Es decir, "inmediata" no creo que signifique siempre "inútil" o "incorrecta", pero tal vez sí "insuficiente" como es, creo, cualquier texto editorial de debate público como es este caso.
    Sobre lo prejuicioso. El texto centra su juicio en el título del espectáculo. No hay nada de prejuicioso en ello pues se tienen todos los elementos: el título adosado a la descripción del evento. Sería prejuicioso que, como no he sido -ni seré- partícipe del Safari en Tepito, calificara el espectáculo a partir de sus contenidos, cosa que, me parece, en ningún momento hago. Incluso, abiertamente señalo lo que esperaría del espectáculo y dejo el beneficio de la duda a su contenido, lo cual, me parece, es delimitar claramente el juicio sobre el título de lo que podría ser un prejuicio contra su contenido.

    Finalmente, el símil con Disney. Los parques de diversiones de Disney crean y recrean diferentes experiencias a través de instalaciones teatrales que muchas veces involucran movimiento de los espectadores en trenes, lanchas o simuladores en escenarios muy complejos. Algunas de las atracciones centran su objetivo en un deleite sensorial (no sé si eso es lo que se sienta deshumanizado), pero otras muchas en lo emocional, generando situaciones catárticas en los espectadores. Si bien el Safari en Tepito ocurre en su mayoría en escenarios reales sí involucra el desplazamiento de los visitantes a diferentes puntos no espontáneos donde son espectadores de monólogos estudiados. El objetivo del símil es señalar que el proyecto de Safari en Tepito parece centrarse, como en el caso de Disney en la espectaluridad y no en otros objetivos mencionados en el texto vinculado al inicio del texto sobre cohesión social y prevención del delito. En ningún momento apunté que esto signifique una descalificación de su "carácter humano", eso lo supone Aura Carolina y sería interesante en que ahondara en cómo el espectáculo es más o menos parte del fenómeno de lo humano. A mí, en esos términos, no me lo parece.

  4. HOLA JOSÉ I. LANZAGORTA.
    EN MUCHO DE LO QUE ESCRIBES, ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO CONTIGO. Y AGREGARÍA. HOY DÍA TODO SE VENDE COMO "ESPECTÁCULO", NO CON ÁNIMO DE ENTENDER A LA OTREDAD, SINO CON EL ÁNIMO DE PRESENTAR "ESPECTÁCULO". EJEMPLOS DE LO QUE DIGO, HAY A PASTO: DECAPITADOS EN DIFERENTES ESTADOS NORTEÑOS, LA MISTERIOSA MUERTE NUNCA ACLARADA DE PAULETE, LOS DESACUERDOS EN LA IZQUIERDA, ETC. ETC. ETC. Y AHORA CONOCER A TEPITO, NO PUEDE SER DE OTRA MANERA, QUE NO SEA A TRAVÉS DEL "ESPECTÁCULO". EN UN ARTÍCULO LEÍ, QUE CON ESTE SAFARÍ SE INVITA A CONOCER A LOS OTROS PARA "ESPEJEARNOS". ¿DE VERDAD LO CREEN?. ME PREGUNTO, ¿CUÁL ES EL EFECTO ESPEJO DESPUÉS DE IR?. ¿EL ZAFARI RECORRE LAS CASAS DE INTERÉS CONECTADAS, DONDE CORRE LA VENTA DE DROGAS A RAUDALES?. ESOS LUGARES DÓNDE SE ENTRA A TRAVÉS DE UNA PALABRA CLAVE, SE ABREN LAS PUERTAS Y SE ENCUENTRA DE TODO TIPO DE DROGAS, OFRECIDAS POR CHICAS QUE LLEVAN UNA GABARDINA LA CUAL ABREN COMO PUERTA PARA MOSTRAR SUS CUERPOS DIMINUTAMENTE VESTIDOS Y LA GAMA DE DROGAS. EN EL ZAFARI EXPLICAN LAS DIFERENTES OPCIONES QUE HAY EN ESTAS CASAS? PARA CONSUMIR AHI, PARA LLEVAR, PARA ACOMPAÑAR. EL SAFARI EXPLICA,EL PORCENTAJE DE NIÑAS DE 14, 15 Y 16 AÑOS, QUE YA SON MADRES DE MÁS DE DOS O TRES PEQUEÑITOS? Y LO MÁS IMPORTANTE, EN EL ZAFARI SE TRATA DE ENTENDER QUÉ ES TEPITO? ¿QUIÉNES SON SUS PERSONAJES? ME PARECE QUÉ NO. DE TEPITO HAY MUCHÍSIMO DE QUECIR, Y SOBRE TODO MUCHO QUE ENTENDER. EN MI PARTICULAR Y HUMILDE PUNTO DE VISTA, ME PARECE DEPLORABLE QUE A UNO DE LOS BARRIOS MÁS BRAVO DE LA CIUDAD DE MÉXICO, SE PRESENTE COMO UN "SHOW". ME EXTRAÑA QUE PERSONAS CON MUCHA INTELIGENCIA COMO GIMENEZ CACHO ESTÉN AL FRENTE, ESTE ESPECTACULO APENAS ES PARA LA "SEÑORITA LAURA": "MIRA QUÉ LINDOS" TAMBIÉN SON HUMANOS. ¡POR FAVOR!. ME RECUERDAN LA SENSACIÓN QUE SENTÍ CUANDO ME ENTERÉ QUE LOS ANTROPÓLOGOS EXTRANJEROS VIAJABAN A AFRICA, A LATINO AMERICA BUSCANDO INDIGENAS PARA "ESTUDIARLOS" Y SIEMPRE ERAN DENOMINADOS "LOS SALVAJES". ESA MISMA SENSACIÓN ME DA. MIRA "LOS SALVAJES DE TEPITO" TAMBIÉN LLORAN. PERO EN FÍN, HOY EN DÍA TODO, TODO ES "ESPECTÁCULO" Y NO ENTENDIMIENTO.

  5. Cuando Oscar Lewis publicó "Los hijos de Sánchez" se le acusó de usar ese barrio como "un lugar Exótico" ; ahora, el nombre que usan, no parece ¿la misma visión con anteojos de turista?

  6. Si efectivamente, demasiado lleno de incertidumbre para ser centro de la ciudad, hay algo de interés en hacer ludico y espectacular el recorrido, pero la metáfora poco agraciada, demasiada Condesa y Col del Valle, por lo menos decir de sus autores, "el espectáculo sobre la pobreza, el espectáculo sobre la marginación"…mucha distancia, mucha diferenciación con el nombre, un zafarí de urbanos a una selva de bestias, poco afortunado…pero mejor nombrarlo y reflexionar como nombrarlo de otra manera que pueda ser puente, de ida y vuelta, no se vamos fiesta, nos llaman a la pacha, sumemonos nuestros ruidos al barullo de tepito, aprendamos a vivir en concierto cada quien con su instrumento pero de repente en posibilidades de sincrónizar… ni modo lo que tratan de meter por la puerta de convivencia y comprensión, se les sale por la ventana con semejante nombre… en fin ojalá rectifiquen y enriquezcan la experiencia y su manera de nombrarla, para dar un lugar a todos, pero a todos…no sólo a la venta del espectáculo…

  7. ME PARECE UNA LECTURA INMEDIATA Y SUPERFICIAL SOBRE EL PROYECTO, POBRE PARA SER DE UN ANTROPÓLOGO SOCIAL. EL VINCULAR UN REFERENTE COMO DINSEY A ESTE PROYECTO ES GRAVE Y DESCALIFICA SU CARACTER HUMANO. ¿CÓMO ES QUE LO HACE CUANDO LA GENTE TE ABRE LA PUERTA DE SUS CASAS? REPITO: INMEDIATO Y PREJUICIOSO.

    1. El mayor problema para mí es que sólo estuvieron dos semanas con esas familias que les abrieron la puerta, ridículo.

    2. podrían hacer un proyecto a la inversa, un Safari Tepiteño a la Narvarte, La Condesa, Santa Fe y la Guadalupe Inn, entre muchas más…para que los observadores que son privilegiados ahora tengan chance de entender al observado, siendo observado y que su entorno sea visto con Lupa y como algo exótico y chiiiido…a ver si corresponden con la misma gentileza, amabilidad y confianza

  8. amigo José ignacio,

    la posibilidad de mirar al otro, mirarlo de cerca y en son de paz (aunque sea momentáneo), es una experiencia valiosa, no necesariamente cómoda, sin duda conmovedora.

    A través del teatro, te colocan en un cuarto pequeño de vecindad apretada. Un actor profesional y un personaje de Tepito, dialogan…

    Supongo que el título quiere dar crédito al un grupo holandés que imaginó un proyecto teatral para acercar, de manera íntima, al otro, "safari" puede ser un título que no le haga justicia al evento, pero si puede ir, valla, le va a interesar.

    Por cierto lo que sugiere de hacer "safaris" en otras colonias me parece una idea estupenda, si hay forma de verlo, yo me apunto.

    atentamente, Pablo OM

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