Los recientes acontecimientos que se viven en el estado de Michoacán, protagonizados por el avance intermitente de las guardias comunitarias o grupos de autodefensa, en territorios donde el crimen organizado ha ejercido el poder sin consideración, vuelven a ocupar, otra vez, la atención de la sociedad mexicana y de la comunidad internacional. Las noticias e imágenes y videos que circulan en los medios electrónicos sobre el conflicto armado muestran fragmentos dramáticos sobre las luchas por la seguridad en una población que ha padecido infinidad de atrocidades e injusticias. Conversaciones con la población local que está en medio del conflicto narran historias todavía más desesperadamente dolorosas sobre la complejidad de la situación actual. La toma de Parácuaro, Antúnez y Nueva Italia por parte de las guardias comunitarias, y las respuestas del crimen organizado, desencadenaron una nueva alerta roja sobre el futuro de la seguridad en el estado. ¿Qué es lo que parece estar en juego tras estos nuevos acontecimientos?
Un primer elemento a considerar es que el surgimiento de las autodefensas, a inicios del año 2013, se dio en el marco de una serie de cambios institucionales, como el desplazamiento del PRD de la gubernatura en las elecciones de noviembre de 2011, tras dos periodos consecutivos, por parte del PRI, encabezado por Fausto Vallejo. El segundo elemento es que el surgimiento de las autodefensas se da en un momento en que el crimen organizado pareció adquirir mayor predominancia en la vida social. No sólo en el cultivo y tráfico de drogas, sino también en temas de secuestro y extorsión, además de prácticas cada vez más indignantes para los michoacanos de desposesión de propiedades, abusos, expulsiones, autoexilios, etc. El tercer elemento es un proceso de ruptura de pactos y alianzas entre quienes participaban directa o indirectamente, forzada o voluntariamente, en el mundo del narcotráfico o eran afectados por éste. Es decir, agentes importantes como empresarios agrícolas, comerciantes, intermediarios, campesinos, etc., fueron afectados de una manera u otra en sus vidas por las relaciones de poder centralizadas por el crimen organizado.
Estas tres cuestiones parecen haber generado una nueva configuración del orden político que dio origen a los grupos de autodefensa. Por tanto, su emergencia es un tipo de desdoblamiento de las relaciones dominantes, en las que grupos sociales específicos ya no estuvieron dispuestos a aceptar las reglas y prácticas emanadas del crimen organizado. En parte, la fortaleza de los grupos de autodefensa proviene de haber aglutinado y capitalizado los intereses y frustraciones de sectores de la población bajo un lenguaje de seguridad que el Estado, pese a sus campañas, no ha podido restablecer. Pero aún cuando el movimiento de las autodefensas ganó el apoyo popular, no debe echar las campanas al vuelo contra la erradicación del crimen organizado, pues dentro de las propias guardias comunitarias hay infinidad de intereses y proyectos que tarde o temprano pueden desatar otras tristes realidades, dado que su composición no es el de una “sociedad civil” desvinculada de la economía y política regional en la cual viven grandes sectores poblacionales.
Estas cuestiones nos llevan a un punto crucial del momento actual del conflicto armado en Michoacán. Dado que las autodefensas lograron colocarse como un actor central en el desplazamiento del crimen organizado, su expansión obligó a tomar posiciones que no estaban claramente definidas, o bien en algunos casos a evidenciar negociaciones ocultas. La descalificación sistemática que el gobierno estatal ha hecho de las guardias comunitarias, contrasta con la posición federal que hasta hace unos días tomó el gobierno de apoyar implícitamente a las guardias en sus tareas de limpieza social del crimen. Por su parte, los Caballeros Templarios imaginaron que detrás de los grupos de autodefensa se hallan otros cárteles, además de una estrategia tipo paramilitarismo a la colombiana para erradicarlos. Es aquí donde parece haber un punto demasiado delicado o peligroso. Si el gobierno estatal niega sistemáticamente la legalidad de las guardias, mediante la condena de no permitir mayor expansión, el gobierno federal parece actuar discretamente al contrario, mientras los Caballeros se atrincheran en la Sierra esperando mejores momentos.
Por tanto, la configuración de las guardias comunitarias (grupos con intereses de diverso tipo y alcance, personas que han cambiado de bando, personas que sólo pretenden ajustes de cuentas con aquellos grupos del crimen, por nombrar algunos), las contradicciones entre el gobierno federal y estatal, la resistencia del crimen organizado, la probable incursión de otros cárteles, etc., son los principales elementos que están delineando el escenario del conflicto armado actual. Sin embargo, a raíz de los últimos acontecimientos suscitados en la Tierra Caliente, tras la toma de Nueva Italia por parte de las guardias comunitarias y los enfrentamientos armados con el crimen organizado, se ha generado una nueva situación de emergencia sobre la seguridad y el futuro de las autodefensas. La reunión extraordinaria del gobierno federal y estatal para anunciar una nueva estrategia de seguridad, puso en cuestión otra vez la llamada legalidad de los grupos de autodefensa. Se anunció que ya no se tolerarán más tomas de territorios, que son grupos que deben retornar a sus localidades y dejar las armas, mientras el gobernador promete despachar desde el municipio de Apatzingán con el fin de generar mayor acercamiento con la población. Por su parte, los grupos de autodefensa resisten tales peticiones imaginando los peligros que pueden pasar si dejan la armas y retornan a sus comunidades como ciudadanos comunes.
En este escenario una cosa parece clara: las nuevas modalidades del conflicto armado michoacano exigen tratarlo de una manera menos simple que sólo restablecer el “orden” o la “ley”, debido al costo de vidas humanas que puede acarrear cualquier desenlace. Si las autodefensas retornaran a la vida civil, dejando las armas, se enfrentarían ante una ofensiva real y despiadada de parte del crimen organizado, puesto que entre las propias comunidades y familias, se sabe perfectamente quién es quién, lo que indudablemente ahondaría la de por sí aguda violencia. Esto traería otras implicaciones; la violencia armada de ahora se tornaría una violencia cotidiana más aguda de la que existe en las localidades actualmente; si el crimen organizado lanza una ofensiva contra los “volteados” o los que supuestamente los traicionaron, se va desarrollar un problema mayor. No se debe restar la capacidad que tiene el crimen organizado para restablecer sus dominios en contextos de un mundo lleno de complicidades ocultas. De igual forma, si las fuerzas armadas como el Ejército y la Policía Federal pretenden tomar el control total de la seguridad, desplazando a las autodefensas, es claro que ni el trabajo de inteligencia más fino les va a permitir desmantelar las estructuras del crimen organizado, ya que el narcotráfico es la cristalización de una red espesa de la misma organización económica, política y social de las poblaciones y sus mercados, tanto locales como nacionales o internacionales. Además de que su presencia en la región, la cual data de la década de los años sesenta para combatir el narcotráfico, no ha generado resultados impactantes, en parte no porque el Ejército sea ineficaz, sino por la complejidad misma de la economía y sus actores involucrados. No debemos olvidar que la violencia que se ha vivido en estos pueblos es histórica y de muy distintas dimensiones, en donde la capacidad de resiliencia que han desarrollado, las lleva a buscar distintos medios para enfrentar adversidades, ya sean legales e ilegales, formales e informales. Por tanto, no debemos ver este tipo de poblaciones como entes que pueden ser sólo objeto de intervención, como si su capacidad de organización no existiera.
En este sentido, lo que parece más plausible de este triste panorama es una negociación pública entre los múltiples actores legales o semilegales, con el fin de construir agendas políticas sistemáticas, con contenido, focalizadas en problemas reales y que pudieran irse modelando conforme se vayan destrabando obstáculos. Esto exige una capacidad de recepción y diálogo, sin posiciones de poder preestablecidas o etiquetas de autoridad que lo único que hacen es cancelar la posibilidad de acuerdos.
Salvador Maldonado Aranda es profesor-investigador en El Colegio de Michoacán. Su más reciente investigación es sobre territorios ingobernables.

Ae ha extendido la opinión equivocada de que las autodefensas son el problema principal. Voy a insistir en que no es así. Las autodefensas son un recurso para sanear el Estado a partir de su tejido social más sano: las comunidades que ya conocen lo que es vivir sometidos a la delincuencia convertida en gobierno, un problema que hay que reconocer amenaza a todo el país.
Los hechos:
El gobierno local del Estado de Michoacán cayó bajo el control del grupo criminal denominado Los Caballeros Templarios, la última de las organizaciones que han ejercido en Michoacán lo que desde mi punto de vista debemos reconocer como terrorismo criminal. Un problema que, al decir del Dr. José Manuel Mireles, autodefensa comunitaria de Tepalcatepec, viene evolucionando desde el año 2000, hasta que el 24 de Febrero de 2013, surgieron los grupos que hoy conocemos como «autodefensas» integrados por ciudadanos que decidieron dejar de pagar las cuotas a ellos impuestas mediante procedimientos de terrorismo criminal. De acuerdo con el Dr. Mireles, primero aparecieron los Zetas, luego La Familia Michoacana y por último Los Templarios, organización criminal que sabemos, se asume como «empresa» y está dedicada a extorsionar a la población cobrando cuotas a toda actividad económica bajo amenazas que van desde el incendio de sus propiedades hasta el desmembramiento y pena capitaln de todo aquél que se resista. Los negocios que han emprendido con el capital que reciben por cuotas, se dice llegan hasta la exportación a China de productos minerales. Pero la base de su capital está en la extorsión a la población, impuestos directos sobre la actividad económica que les reportan millones, muy probablemente miles de millones de pesos, por lo que cuentan con los medios suficientes para ejercer un Poder Criminal no sólo sobre la población a la que obligan siempre bajo amenaza a colaborar, sino fundamentalmente a los agentes del gobierno relacionados con la seguridad y de manera especial a policías, agentes del Ministerio Público y jueces. Los Caballeros Templarios presumiblemente mantienen el poder político en el Estado de Michoacán mediante alianzas familiares, favores especiales a quien acude por apoyo y mediante el terror, equipo armado y dinero. El problema más grave y que amenaza a México en general, es que se trata de un «modelo» de organización criminal que se hace del control de autoridades y poblaciones muy eficaz porque su herramienta es el terror. Sí, el control de los criminales se extiende más allá de los civiles, para a someter a políticos locales y por lo que se escucha, también llega al soborno de oficiales del Ejército. En cuanto a los políticos, el Crimen Organizado ha tenido la capacidad para corromper o someter mediante amenazas, presumiblemente a muchos. Hay que advertir otro hecho poco considerado: las figuras públicas presentan flancos de vulnerabilidad debido precisamente a su visibilidad, misma que no poseen otros ciudadanos. Por lo que esta exposición permite que sean blanco fácil del crímen organizado para –parafraseando a los capos de la famosa película El Padrino– presentar «propuestas imposibles de rechazar». Obviamente este tipo de propuestas van acompañadas cono toda fórmula del tipo «zanahoria o garrote», o bien, «plata o plomo». Así logran financiar sus campañas y hasta provocar el retiro de otros candidatos con el fin de dejar el camino libre a aquellos candidatos afines a la organización criminal. Este es el esquema de operación que nos plantea el problema: ¿Cómo lograr desmantelar una organización que ha logrado el control del Estado de Michoacán por los medios descritos?
La solución
La solución es ambiciosa: reorganizar el Estado apartir del tejido sano de la sociedad, al tiempo de ir formando a las nuevas generaciones de funcionarios públicos.
¿Por dónde comenzar? Sustituir temporalmente a policías y a las autoridades locales no resuelve el problema. Sólo lo pospone, pues ¿qué pasará cuando se retiren las fuerzas federales? La respuesta es obvia: los Templarios regresarán a sus posiciones, o bien, el territorio será ocupado por algún otro grupo criminal, como puede ser el Cártel de Jalisco Nueva Generación, o algún otro de las decenas de grupos criminales que siguen brotando en México y que no van a parar de existir hasta que logremos instaurar un nuevo orden de seguridad y justicia en México respaldado por los segmentos más sanos de la sociedad.
Pero en Michoacán afortunadamente ya comenzó el proceso que nos puede llevar a la solución. Veamos: recordando a Antonio Gramsci, la coyuntura es una oportunidad. En esta crisis, como es lo típico de todas, hay dos ópticas enfrentadas. Por un lado quienes desean que todo siga igual (que son los beneficiarios del orden o desorden existente) y por otro lado la parte de la sociedad que pugna por un nuevo orden (las víctimas dispuestas a realizar el cambio). Así, las autodefensas no son el problema como muchos equivocadamente piensan: las autodefensas son el primer paso de la solución. Hay que someter el nombramiento de los puestos estratégicos de seguridad a propuestas de los pueblos que incluyan preferentemente a las autodefensas y establecer la transparencia como método de ejercicio público, lo que en suma se denomina en la Teoría del Estado el «principio de la publicidad», al tiempo de instaurar y un sistema de estímulos, fincado más que en el sueldo, en el reconocimiento respecto a la honorabilidad personal y dignidad del ejercicio público.
¿Fácil? quizás no. Pero creo que en las autodefensas y sobre todo en las comunidades que las apoyan y las constituyeron está el primer paso de la solución al grave problema de seguridad que afecta a muchas regiones. Y, finalmente, hay que reconocer que este problema es ya una amenaza muy real para todo el país.
Después de leer el artículo me siento como un buceador a quien se le agotaba el oxígeno y que, por fin, encontró tierra firme donde colocar los pies y respirar con alivio. Lo digo porque la «opinocracia» vaya que se ha servido con un enorme cucharón para expresar sus filias y fobias, sus prisas, descuidos y abusos interpretativos para no ser menos que sus colegas, los habitantes de la «nube hermenéutica» que gustan de tejer sus relatos de maquiavelismo, truculencias, medias luces y muchas sombras. Y hablo de «nube» porque lo terrenal, es decir, las pruebas sólidas, el dato duro, la fuente de información comprobada, están ausentes en esos ejercicios mentales que harían brincar en su sepulcro al buen Occam, con todo y navaja. Aterrizo: las autodefensas son criaturas toleradas y consentidas por el gobierno de Peña Nieto, a quien le interesa encarrilarlas por la vía paramilitar «a la colombiana»; el mismo perverso gobierno las consiente y luego desea destruirlas para crear una especie de «distractor» y «cortina de humo» a fin de que consumar la reforma energética; las autodefensas son los peones manipulados, las piezas sacrificables, en el tablero donde los cerebros son los cárteles confrontados, los gobernantes, las agencias estadunidenses de espionaje. —- Este artículo es entonces, para mí, esa isla perdida entre la espesa y vaporosa (y a menudo inaguantable) niebla hermenéutica a la que me refiero, y en la cual incluyo a los pedestres intentos del señor López Dóriga para distorsionar las declaraciones de la principal figura mediática del Consejo de Autodefensas, el doctor Mireles. —— Opino que hasta el momento la respuesta del gobierno federal ha sido desde luego tardía, bañada con la «declaracionitis» de léxico burocrático tan bien conocidos, torpe al confrontar a militares con poblaciones muy sensibles ante los agentes del Estado, ineficaz en la transmisión de mensajes al ofrecer un escenario de normalidad mientras pone de responsable a un ex-funcionario mexiquense sumido en el ridículo y descrédito del «caso Paulette». Y los consabidos vacíos de acción respecto a la impunidad de funcionarios presuntamente coludidos, criminales gozadores de protección oficial, restitución del daño a las víctimas. En suma, tengo la impresión de que las últimas medidas adoptadas por el gobierno federal están encaminadas a desmovilizar lo más pronto posible a las autodefensas, y a ofrecerle a los medios alguna «cabeza de turco» ligada a la delincuencia. Coincido con Salvador Maldonado en la ausencia de una gran política coherente en sus intenciones y en su profundidad social, económica, regional, y que se encuentre a la altura de la enorme complejidad que tiene el rompecabezas michoacano. ¡Y no se nos olvide, por nada del mundo, que están Guerrero, Vereacruz, los estados norteños fronterizos, y localidades metropolitanas del estado de México como Cuautitlán Izcalli!
Muy objetivo su juicio Profesor Maldonado Aranda, salvo cuando cree que lo plausible es una negociación pública entre los diversos actores, esto me parece utópico, sabiendo de antemano que el binomio gob/narco tienen muy definidos sus intereses. Por lo pronto ya empezó el gob a asesinar civiles, manipula el «accidente» del lider y se atreve a presentar su » rendicion y entrega de armas» patéticamente manipulada y decretó toque de queda!!
Dejando a un lado las notorias fallas en la sintaxis, la propuesta que hace el artículo no está formulada con claridad. Para muestra, la manera en que la interpreta el ciudadano mcjaramillo. A mi juicio, en cambio, el autor quiere proponer una negociación entre «las» autodefensas y los agentes formalmente encargados de la aplicación de la ley, sobre todo a nivel estatal y federal. Pero esto no está DICHO.
Sin embargo más allá de la redacción, convendría haber mencionado que si la intervención de los agentes formales y legalmente responsables fuese eficaz, las autodefensas ni siquiera se habrían constituído. Querer eliminarlas por decreto en nombre del imperio de la ley, como ahora hace el Gobierno, es tanto como poner la carreta delante de los bueyes, pues (por lo que nos informan los diarios) precisamente esa ley lleva años brillando por su ausencia en toda esta zona, que abarca también Guerrero y Morelos.
Con mayor justicia aún podrían los Sres. Gobernador y Secretario de Gobernación, o el Director de la PGR, EXIGIR la disolución de «los Templarios» y «la Familia» (entre otros varios que operan en otras regiones). ¡Absurdo!
Por ende, si la entiendo, la conclusión real del Sr. Maldonado y su artículo son certeras: el Estado y las autodefensas auténticas (sin patrocinador narco) necesitan negociar y hasta colaborar entre sí. Pero sobre todo, es hora de que el Estado despierte de su sueño complaciente con los cárteles: no sólo a las personas privadas (jornaleros, comerciantes, rancheros etc.) los van a acabar de arruinar, y a muchos más que a uno le quitarán la vida mientras otros disfrutan siesta y fiesta. El sentido común basta para ver que si la violencia sigue, los cárteles van a acabar hundiendo al país, y puede que hasta los políticos rodeados por nubes de guaruras (o sus nietos) salgan afectados. Siquiera por eso debería remorderles la conciencia.
Es necesario vivir la experiencia de la extorsion, el secuestro y el despojo. El miedo a salir, de tener un negocio, peor aún, d hablar lo q uno piensa para entender el origen de la respuesta de las autodefensas y policias comunitarias.yo los comprendo. El gobierno históricamente ha estado infiltrado y beneficiado por el crimen organizado. Sin importar el partido político.PRD y PRI han tenido delincuentes en sus filas. Gracias.
Todo muy certero, pero hay un gran error en toda su percepción que hace una gran diferencia, No es lo mismo Guardia Comunitaria que grupo de autodefensa, son cosas muy distintas:
http://www.fundacionpreciado.org.mx/biencomun/bc217/Javier_Brown.pdf
¿A qué acuerdos se puede llegar con el crimen organizado? ¿pidiéndoles por favor -no vayan a molestarse si ven algo de autoridad-, que sigan a lo suyo pero sin hacer tanto estruendo?
Tiene usted razón.. ellos ejecutan, descuartizan y cuelgan a sus criticos y rivales. Se alimentan del terror de la población q no hace mas q temer por la vida de sus hijos y seres queridos.