Murakami no es pop

Imagen: CarbonNYC
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Nadie es profeta en su tierra, especialmente si se es famoso en el extranjero. Se dice que Murakami es un autor pop, pero esto dice más sobre la cultura japonesa que sobre él. En Japón se respeta al autor que busca infundir valores morales en su público. Es cierto que en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1995) – su mayor obra – se basa en una revelación personal: que la violencia es la clave para entender a su país; su historia se desenvuelve en medio de una de las mayores atrocidades en la historia de su país, la guerra Sino-Japonesa de 1937. No obstante, puede afirmarse que Murakami ha rechazado toda imposición de su historia y cultura. Su manera de ver las cosas es tanto más interesante puesto que no se rebela contra la sociedad japonesa, simplemente la ignora con toda sus limitaciones, dogmas o banalidades. En sus historias el individuo triunfa a través de la no-resistencia. Murakami no es pop, es Zen.

Más allá de la utilería del rock o el jazz, el protagonista típico de Murakami es siempre escueto, tal vez iluminado, su falta de necesidad aparente de los otros lo hace muy atractivo, hasta seductor – enfatiza tanto lo ordinario que es, que uno concluye que tiene que ser interesantísimo. La ambición, asimismo, es innecesaria y superflua para esos personajes. Alrededor de esta ordinaria banalidad, el mundo externo se colapsa en lo insólito, la estructura no se sostiene y se hunde en un pozo. Esto ocurre literalmente en Crónica del pájaro, una novela de detectives sobre la pista del inconsciente de un individuo – una cruza de Raymond Chandler, a quién Murakami ha traducido, con Borges.

Sus cuentos son a menudo historias de amor ancladas en la pérdida y la soledad perenne en los que siempre hay una mujer perdida – niñas bonitas todas– a la cual el héroe busca desesperadamente. Ian Buruma escribió que todas estas mujeres son su propia esposa, Yoko, “…es la mujer que lo redime del inframundo”. Pero esto también es un artificio. Uno se imagina que esas mujeres permanecerían perdidas para siempre en los innumerables cuartos de hotel, inmersas en arrebatos eróticos, si el protagonista no acudiera a encontrarlas como a veces sucede; pero el punto es que el héroe permanece inevitablemente solo y sin una idea del significado de las cosas que le pasan y de cómo cambia constantemente su mundo. En su obra, todo es tácito. El mismo ha dicho: “Para mí, el inconsciente es terra incógnita. No lo quiero analizar, pero Jung y esa gente, los psiquiatras, siempre están analizando los sueños y el significado de todo. Yo no quiero hacer eso. Yo simplemente lo tomo en su totalidad.” Haruki Murakami es el maestro del enunciado perfecto – del momento presente perfecto. Condensa el instante presente y no le pide a la vida, ni siquiera una maldita explicación.

Lena Graffman.


Un comentario en “Murakami no es pop

  1. Murakami no es en lo absoluto pop: sus novelas son una mezcla de realidad y fantasía no fantástica, sino fantasía cruel de la realidad de la que queremos escapar para volver a recaer en ella de nuevo.

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