Ninguna guerra en mi nombre

Foto: Regeneración
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“Entre más pasa el tiempo, más triste y más violento… mi gente no se rinde nunca espera en cobardía … ninguna guerra en mi nombre… en medio de balazos, yo me sobrevivo y escribo lo que vivo, una ciudad en pedazos”. Así cantan las cuatro mujeres de Batallones Femeninos desde Ciudad Juárez, una ciudad que se configura como la imagen de futuro del país en el que vivimos.
México, un país donde más hombres y mujeres pierden la mirada entre el miedo y el dolor, entre la rabia y el coraje. Hombres y mujeres varados entre la esperanza y el milagro porque ya no confían en ningún gobierno. Hombres y mujeres que son “la razón de la lucha” mientras viven y el blanco de la guerra mientras mueren.
México, un país donde la vida no tiene valor: con 28,000 personas muertas.

¿Cuántas de esas 28,000 familias pensaron que no les iba a tocar hasta que les tocó poner a un padre, una madre, un hermano, una hermana, un abuelo, una abuela, un joven, una hija o un hijo?
28,000 familias de clase alta, media y baja. Familias del Distrito Federal, Reynosa, Tampico, Morelia, Cuernavaca, Nuevo Laredo, Ciudad Juárez, Monterrey, Guerrero, Culiacán, Tijuana. Familias como la Martí, Wallace y Cevallos. Familias como la Ortiz Collazo, la Almanza Salazar, la Dávila, la Mercado, la Burciaga.
Y las familias anónimas que pensaban que los malos mueren y los buenos viven.

México, un país donde perdemos la sensibilidad sobre la historia detrás de cada persona levantada, ejecutada, secuestrada, encobijada, entambada, disuelta o rafagueada. Un país donde aparecen 72 cuerpos en San Fernando, Tamaulipas; 55 cuerpos en Taxco de Alarcón, Guerrero; 85 cuerpos en Juárez, Nuevo León; 15 cuerpos en Apaseo el Alto, Guanajuato; 9 cuerpos en Ciudad Juárez, Chihuahua; 4 cuerpos en Uruapan, Michoacán. Cuerpos que dejamos de concebir como personas.

México, un país donde sicarios sustituyen a jueces, balas a sentencias y narcofosas a cárceles. Un país donde la inocencia se arrebata con la ejecución. Un país donde está prohibida la pena de muerte por entes del Estado –con el monopolio legítimo del uso de la fuerza- pero se permite, tolera por entes dedicados a actividades ilícitas asociadas al crimen organizado.

México, un país donde surgen dos tentaciones comprensibles –ante un Estado que se exime de la obligación irrenunciable de garantizar la vida de todas y de todos- pero contraproducentes: La tentación de negociar la seguridad con los carteles y la tentación de formar autodefensas y ejércitos privados que garanticen la integridad y el patrimonio. Ambas son ilegales; pero ambas comienzan a emerger entre candidatos, empresarios, políticos, clérigos ciudadanas y ciudadanos.

La cuestión apremiante es: ¿Cuándo dejaremos de ser ese México? Cuando decidamos que ya tocamos fondo al considerar los muertos ajenos como propios. Cuando la empatía, la solidaridad y la confianza funjan como medio de contención, prevención y reacción ante el crimen. Cuando contribuyamos a erradicar la violencia colectiva al erradicar la violencia individual. Cuando interactuemos y participemos como personas que piensan en lo público y actúan en lo privado. Cuando comprendamos que el país es la suma de todas y todos.

México, un país donde no haya ninguna guerra en mi nombre sino un gobierno y una sociedad que hacen lo que les toca en vez de esperar que no les toque.

Suhayla Bazbaz Kuri. Directora General de Cohesión Comunitaria e Innovación Social A.C.


8 comentarios en “Ninguna guerra en mi nombre

  1. Pero, porque mencionar que los narcos son los culpables, es el gobierno en si. Son todos y cada uno de los funcionarios que o participan con ellos o los protejen. La sociedad?, la sociedad escoje a los funcionarios esperando que hagan su obligacion de brindar un buen gobierno, mientras la sociedad hace su obligacion, en pagar sus impuestos. O sera necesario pagarle a los narcos? para que obliguen a los funcionarios a hacer sus tareas?.

  2. Muchas gracias a todas y a todos por tomarse el tiempo de leer y comentar el texto. Agradezco también la notificación de la detención en Oaxaca de Susana Molina, la Oveja Negra, integrante de Rap Batallones Femeninos, grupo del cual tomé el título para el texto.
    Twitter: SuhaylaCCIS

  3. Tambien creo que mientras no padecemos las secuelas de esta guerra, no decimos nada y solo contamos cada mañana cuantos muertos fueron el dia anterior. Pero hasta cuando como sociedad vamos a soportar esta situacion de amedrentamiento y miedo del narco, con un gobierno que solo movio el avispero y ahora no sabe y no tiene ni idea como combatir ese flagelo?
    Tambien nosotros debemos tomar nuestro rol en esta situacion caotica y presionar al gobierno desde nuestro campo de accion, para hacerle saber que su proyecto nos va a llevar a la ruina economica y social.

  4. Lo bueno que vivimos en el México de la unidad, en el México de las fiestas, hahahahaha, odio más que nunca este país que no me da nada, donde no tengo futuro, que más da pedir pedir hay que actuar.

  5. Ante la situación que vive México actualmente, no tenemos más que reconocer nuestra responsabilidad colectiva como sociedad. Una sociedad que permitió la permanencia ininterrumpida en el poder de un solo partido durante buena parte del siglo XX. Una sociedad que se acostumbró a ser dirigida por una élite descomprometida con el desarrollo del país y la dotación de educación y empleo para todos los ciudadanos. Una sociedad con perspectiva centralizada, cuyo interés gira en el bienestar individual y prefiere ignorar la pobreza e injusticia de los campesinos, los indigenas, los desempleados y las madres solteras. Primero yo, después yo y al último yo. Ese es nuestro credo, disfrazado de orgullo nacional y patriotero, de hospitalidad y amistad con los visitantes, de religiosidad guadalupana y de paz social. La generación de asesinos que ocupa hoy la atención pública no surgió de manera espontánea, se gestó durante varias décadas, en las que la falta de una infraestructura industrial, agrícola y de servicios creó masas incalculables de desempleados, mientras unos cuantos producían fortunas enormes. Cada quien lo suyo, ya sea más, ya sea menos, pero cada quien a lo suyo y todo siguió su rumbo. La sociedad mexicana en su conjunto, todos nosotros creamos las bases de las estructuras criminales mimetizadas entre narcotráfico y Estado. Que pena! Cuántas generaciones más necesitaremos para revertir este proceso?

  6. La historia refiere Ikram Antaqui., nos mostró dos tipos de barbarie: los decadentes e inconsistentes y los violentos. Hoy en nuestra » suave patria»., existe una mezcla de los dos.

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