Pareciera que esta historia empieza a partir de la declaración del presidente sobre la designación de una mujer indígena a cargo de la titularidad de Conapred, pero no.
Las mujeres indígenas llevamos años, siglos… repensando los procesos organizativos y representativos. Ahora nos presentamos como Frente Plural de Mujeres Indígenas: autoconvocadas, inspiradas y con ansias de que México deje de ser un país profundamente racista. No vamos a pedir permiso, ni perdón, ni vamos a justificarnos ante nadie. Somos las indias, las mujeres indígenas, originarias, migrantes, somos las que hemos estado siempre.

Nos bordamos juntas en el Frente Plural de Mujeres Indígenas
Desde la Red Nacional de Abogadas Indígenas iniciamos un ejercicio de participación política “a lo indígena”, acordando juntas el nombramiento de la candidata para la titularidad de la Conapred. Invitamos a más redes, organizaciones, asambleas y colectivas a realizar el mismo ejercicio y a conformar el Frente Plural de Mujeres Indígenas.
No nos convoca el Estado, nos convocamos nosotras mismas a organizarnos y seleccionarnos con nuestros procesos, nuestras redes, colectivas y asambleas. Construimos desde nuestros espacios de lucha y formas de toma de decisión; construimos desde abajo, en horizontal y desde la pluralidad de la que formamos parte. Construimos en busca de una agenda común, sin partido político o institución de por medio.
El Frente Plural de Mujeres Indígenas somos mujeres indígenas que venimos de luchas antirracistas, de género y contra un sistema económico que ha tratado de aniquilar nuestras formas de organización, desarrollo y vida. Con o sin tierra, con o sin idioma propio, con conocimientos, contextos e intereses diversos pero con historias, formas y visiones comunes. Partimos de la resistencia, la divergencia y la diversidad entre nosotras.
Este México que nos mira, pero no nos ve
A partir de la declaración del presidente sobre la designación de una mujer indígena a cargo de la titularidad de Conapred empezaron a desfilar en la arena pública comentarios tejidos de discriminaciones machistas, clasistas y racistas.
Algunas declaraciones aplaudieron la iniciativa y compromiso del presidente con los derechos de los pueblos indígenas, mientras las políticas indígenas de la Cuarta Transformación siguen presentando enormes incoherencias, tales como el desmantelamiento económico del INPI, el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, y la violación a la consulta de los pueblos indígenas frente a la construcción del “Tren Maya”. Otras posturas, aunque hablan de justicia social para las mujeres indígenas, parten del victimismo y no consideran el marco de desprestigio que sufre la institución ni la discriminación presente en la agenda del Estado.
Por supuesto, no han faltado los hombres “expertos en el tema” afirmando que “ser indígena y discriminada no te hace capaz para un puesto”. La formación académica, experiencia laboral, comunitaria, organizativa y vivencial de todas las mujeres indígenas que formamos parte del Frente Plural de Mujeres Indígenas queda eclipsada en una frase: “ser indígena y discriminada no te hace capaz”. Da igual todo lo que una haya hecho, nadie lo verá, no cumplimos “sus” requisitos”. En el mismo mapa están los “hombres profesionales y expertos” que buscan “la más aceptable, “la más digna”, “la más honrada”.
Reacciones racistas tenemos de varios modelos. Racismo sin tapujos: como la senadora que señaló “(…) es una ofensa a la inteligencia de las mujeres que se proponga a una mujer indígena”. Y también ese racismo que no quiere verse racista, pero que nos exige cumplir con criterios de sus propias ideas sobre lo que es ser “la más indígena”, “la más humilde”, “la que presente el programa en el idioma indígena”,etc.
El Conapred manifestó que “además de los requisitos legales (…)” la candidata tendría que cumplir con otros criterios. Estos “requisitos legales” llenan de piedras el camino y la trayectoria profesional de las personas que sufren una o varias discriminaciones sociales. No olvidemos que la academia ha servido a menudo como vehículo de discriminación, restando peso a la experiencia, la trayectoria y a los “otros saberes”. El clasismo y el capitalismo nos gritan “la más preparada”, “la más ejecutiva”, “la profesional”.
Y es que nadie quería perderse la fiesta. Hasta el discurso de las intersecciones entra en la pasarela poniendo a competir las opresiones:“mujer-maya-lesbiana”,“la más discriminada”, “la que más peso y sufrimiento Interseccional cargue en su ser” para que en función de ello ese cuerpo abarque las suficientes agendas de diversos colectivos. En las agendas de la discriminación, las opresiones han sido seccionadas, categorizadas, y así no han sabido entrar en diálogo profundo entre ellas. Han seccionado los derechos, desmembrando el cuerpo por tipo de dolor o sufrimiento, ¿es eso siquiera posible? Creemos que no. Este es el México de lo que llaman “nuestras” indígenas, pero no de nosotras, que no somos de nadie.
No existen “las mujeres indígenas” del Conapred
“El cuerpo que ocupo no es un recipiente vacío, el cuerpo que ocupo tiene pensamiento; no es manipulable, tiene historia; no es utilizable, tiene sentimientos y agencia. Tú no me designas, nosotras nos proponemos, tú no me haces un favor, yo te exijo, soy una humana con espíritu en resistencia”.
Ante la propuesta del presidente de nombrar a una mujer indígena como titular de Conapred, nosotras le tomamos la palabra. Sí, queremos formar parte de las instancias de decisión, pero la forma en que nos representamos la decidimos nosotras.
¡Nunca más el uso de nuestras historias de opresión, de nuestros cuerpos racializados, de nuestras culturas folclorizadas, para legitimar el poder!
“Nos están pidiendo a nivel nacional la propuesta de una mujer de un pueblo originario en Puebla para Conapred… si usted conoce a alguien (…)”es el ejemplo de algunas de las prácticas habituales promovidas desde el Estado. No, así no es. No es un concurso ni se reclutan a mujeres indígenas para cumplir cuotas. ¿Y los procesos, las formas de organización, la representación colectiva? El Frente Plural de Mujeres es un bordado colectivo para no dejarnos utilizar y para consensuar juntas nuestras prioridades y demandas.
Una vez conformado el Frente Plural de Mujeres Indígenas, acordamos promover nuestros acuerdos, posiciones y lista de candidatas ante diversas instituciones. La Asamblea Consultiva de Conapred era solo una de ellas. Queríamos minimizar las prácticas de las instituciones que contactan y seleccionan de manera discrecional y arbitraria a quien cumple “sus requisitos”. Prácticas, a mi juicio, elitistas que funcionan dentro de un mismo círculo de poder y que irrespetan los procesos de representatividad de los pueblos indígenas.
Nos reunimos con la Asamblea Consultiva de Conapred y presentamos nuestro listado como Frente Plural (ocho candidatas). Pero la Asamblea decidió sacar “su propia lista” excluyendo a varias hermanas apoyadas por el Frente Plural. Los medios presentaron “la lista de Conapred” y no “la lista del Frente Plural de Mujeres Indígenas”. Y así invisibilizaron nuestra fuerza colectiva. Mientras, la secretaria de Gobernación se ha mantenido en silencio ante nuestra solicitud de diálogo. Ese silencio de quien deslegitima nuestras voces, silencio que se elige para callar, cansar e invisibilizarnos nuevamente.
Por otro lado, parece que algunas organizaciones sociales indígenas lideradas por hombres e incluso instituciones, aún no han roto con sus prácticas patriarcales y misóginas, y se sienten con la legitimidad todopoderosa de otorgar validez o descalificar. Quizá es simplemente que no son capaces de imaginar otras formas de estar y hacer. Nosotras no necesitamos su validación. Este es nuestro proceso.
Sabemos que las lógicas del poder político son otras, pero nosotras somos un frente común, plural, y no vamos a dejar que nos definan y categoricen de nuevo. No somos candidatas de partidos políticos, somos un frente. No queremos llegar cómo titulares a una institución de manera individual y sin representatividad de nuestros pueblos, no queremos llegar a una institución -Conapred- menospreciada por el Estado, sin recursos y estructura adecuada para trabajar contra la discriminación. No queremos eso. Queremos evidenciar que las cosas se pueden hacer de manera diferente, y que se necesitan cambios profundos y radicales para defender la igualdad y acabar con la discriminación.
Por eso ni los medios ni las instituciones nos definen. El Frente Plural de Mujeres Indígenas sigue acuerpando colectivamente a todas nuestras hermanas que hayan manifestado su interés en participar, desde nuestro espacio de legitimidad. Ahora somos 10 candidatas y ocho agrupaciones y la lista seguirá creciendo.
¿Por qué una mujer indígena en Conapred?
“¿Por qué una mujer indígena en Conapred?” parece ser la pregunta obligada para justificar por qué es importante ocupar estos puestos. O incluso por qué tendríamos derecho a ellos. Pero yo me pregunto, ¿por qué un hombre blanco en la presidencia? ¿Cuál es la sospecha que recae en la indígena que tiene que justificarse? Es necesario que cambiemos las preguntas para obtener nuevos puntos de análisis de la realidad que queremos transformar.
Yo, por supuesto, no voy a contestar preguntas que entrañan discriminación en su propio planteamiento. Tampoco quiero hacer un alarde de los sufrimientos acumulados en el cuerpo o en la memoria colectiva. No es un campeonato de discriminaciones, desde la competencia y el sufrimiento no se construye, y desde el victimismo solo se conceden favores, no derechos. Así no se hace política pública con enfoque derechos humanos. Así solo tenemos instituciones desmanteladas concedidas a cuerpos atados de pies, manos y boca. Así no, gracias
¿Qué queremos como Frente Plural de Mujeres Indígenas?
“Resistir la dignidad es cambiar prácticas que asesinaron a los míos, violaron a las mías y mutilaron lo que soy”.
Para muchas de nosotras, las mujeres y colectivos que formamos el Frente Plural de Mujeres Indígenas los principales problemas de México pasan por el racismo y las diferentes expresiones de discriminación. Las luchas históricas y las actuales exigen igualdad, justicia y paz. No estamos en situaciones de pobreza por la corrupción ni porque “así tocó”. La pobreza viene de las opresiones históricas, culturales y económicas que han generado esta situación. El racismo, el género y el sistema económico capitalista son el tejido que organiza y dispone quien es pobre y quien no, quien sufre violencias y quien no, quien será despojado de sus tierras y quien no, quien va a la cárcel y quien no, quien podrá acceder al matrimonio y los derechos civiles y quién no. Estos sistemas organizan la distribución del dinero, las violencias, las oportunidades y los propios proyectos de vida de las personas: ser, pensar, amar, estar.
Nosotras no queremos un México donde por cada 100 hombres ejidatarios solo haya 16 mujeres con tierra. Queremos autonomía y acceso a la tierra. No queremos un México donde cada día asesinen a 11 mujeres y no pase nada. Ni siquiera hay datos sobre cuántas de ellas son indígenas, con discapacidad, migrantes, o disidentes sexuales. Queremos verdad, reparación y justicia. No queremos un México donde la discapacidad se piense como enfermedad o falta de autonomía que provoque caridad o pensiones menores al salario mínimo, en lugar políticas públicas con enfoque de derechos humanos. No queremos guardia nacional y militares haciendo tareas de seguridad pública o control de migración (basados en los rasgos físicos de las personas), ni a la marina torturando sexualmente al 41 % de las mujeres detenidas.
No queremos un sistema punitivo penal cuya prisión preventiva afecte desproporcionadamente a las mujeres indígenas monolingües y favorece a los hombres no indígenas. Tampoco queremos austeridad republicana con prioridades de Estado racistas y misóginas en donde se decida que es más importante un tren maya o una refinería, que casi todo el presupuesto dirigido a la promoción y garantía de los pueblos indígenas en México, incluido el presupuesto completo de las más de 30 casas de las mujeres indígenas.
Sabemos bien lo que no queremos y también sabemos lo que no sabemos y nos hace falta aprender, con diálogo, desde el respeto. Quizá es tiempo de ponernos en el centro de la mirada, de cambiar la forma de hacer las cosas. O tal vez ahora aún no es el tiempo. De cualquier forma, aquí estamos las nosotras, las mujeres indígenas, las que hemos estado siempre, antes del Conapred, antes de Gallardo, y antes del Estado nación.
Fátima Gamboa
Integrante de la Red Nacional de Abogadas Indígenas
Mujer Colibrí Colectiva Les-Bica Indígena
Candidata a la Titularidad de Conapred por el Frente Plural de Mujeres Indígenas
Coordinadora del área legal de Equis Justicia para las Mujeres, A.C.
Nota: Las expresiones entrecomilladas que aparecen a lo largo del texto se han tomado de diferentes medios de comunicación y redes sociales a partir de entrevistas y comentarios públicos dados por personas líderes de nuestro país. Las opiniones son personales y compartidas con algunas integrantes del frente plural en tanto el contenido de los dos comunicados que hasta ahora hemos suscrito. Gracias por el aprendizaje colectivo a todas mis hermanas del Frente, en especial a la Red de Abogadas Indígenas y la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, cuyas palabras y acciones hacen eco en mi corazona.
Felicidades
Adelante si se puede