Oficio y profesión. Una conversación con Beatriz Paredes

Desde hace tiempo la política me inspira decepción más que otra cosa. El mundo político cambió para mal y eso se ve en casi todas partes: en la excesiva publicidad, y en el espíritu publicitario, en la irresponsabilidad de los gobernantes y en su frivolidad, en la erosión de partidos de cuadros con bases sociales, en el crecimiento de liderazgos que acaparan, en campañas vacías, en la política como un medio para ganar elecciones y nada más. Esta degradación ha tenido y tendrá consecuencias, en detrimento de todo y de todos. El 2 de junio, si bien es una victoria contundente, nos obliga a reflexionar qué más es la política además de popularidad, carisma y muchos votos.

Creo que se debe rechazar el pensamiento de que la política tradicional no tiene nada que decirnos, porque esta degradación sucedió cuando dejamos de matizar. Cuando se perdió de vista qué servía, qué funcionaba. Se perdieron de vista líneas de conducta, estándares o enseñanzas de la política bajo el amparo de “todos los partidos son malos” y “todos los políticos roban”; dejamos de distinguir entre buenos y malos políticos, se dejó de pensar en la complejidad del oficio y en su naturaleza ambivalente. Si la política se redujera a ganar elecciones, el PRI nunca se habría ido. Si la política se redujera a un simple concurso de popularidad, no importarían las ideas, la formación, la experiencia, los resultados. Y en estos tiempos de triunfalismo y mercadotecnia poco se habla de un aspecto menos vistoso pero crucial: la responsabilidad de gobernar.

Ese fue mi punto de partida para conversar con la senadora Beatriz Paredes: una política fascinante y una de las voces más sensatas de la oposición. Pocos saben que su carrera comenzó como representante de organizaciones agrarias y militante de la Confederación Nacional Campesina (CNC) y que era una joven tlaxcalteca que decidió hacer política social, con las personas, y eso fue lo que le permitió convertirse una figura importante del priismo. Con más de cinco décadas de trayectoria como gobernadora; presidenta de la Cámara de Diputados; senadora; embajadora, dirigente de la CNC, Beatriz Paredes conoce al país y su política mejor que nadie y tiene muchas cosas que decir sobre la situación de México, su presente, pasado y futuro.

Ilustración: Adrián Pérez

María Guillén: En primer lugar me gustaría preguntarle, ¿qué cualidades debería tener un político?

Beatriz Paredes: A mí me parece que esencialmente un político o una política debe tener un compromiso con ideales. Los ideales en los que crea, que lo vinculen con expectativas de la sociedad. Yo nunca he pensado que la política tenga valor en sí misma. Yo creo que la política es instrumental. A los políticos que les interesa el poder por el poder mismo, por sentirse poderosos, por satisfacer su ego, por acumular cosas, yo no comparto esa visión. Entonces, yo creo que la política es un instrumento para transformar la realidad. Un político, una política debe tener una visión de la realidad y debe luchar porque esa visión pueda realizarse.

MG: ¿Y qué hace a un buen político? ¿Qué lo hace destacar de otros políticos?

BP: Como decía Ortega y Gasset, el ser humano —él decía hombre pero es el ser humano— es él y su circunstancia. Mucho incide la circunstancia, mucho incide el contexto. Pero, en un contexto propicio, un elemento esencial es la congruencia. El político, desde mi perspectiva, debe tener muy claro cuáles son sus objetivos y lograrlos transmitir. No debe ser confuso ni confundir. A mí no me gustan los políticos demagogos, que dicen cosas sólo para quedar bien, o que dan un discurso distinto según cada auditorio, para quedar bien con ese auditorio específico, y que son capaces de decir una cosa en la mañana y en la tarde algo totalmente distinto o antagónico.

Creo que un buen político es quien tiene claro sus objetivos y es congruente entre lo que dice y lo que hace. Pero para que sea exitoso, el contexto es fundamental.

MG: En entrevistas usted hace la distinción entre perfiles políticos. Hay políticos que son buenos para ganar elecciones, hay políticos que son buenos legisladores. Hay políticos que son buenos administradores. Y creo que eso es algo que no se tiene tan presente, que no sólo hay un arquetipo, hay muchos. ¿Cómo es ese juego en conjunto de todos los políticos que participan?

BP: Creo que un buen político en general es alguien que sabe trabajar en equipo. El equipo es importante para un político; sea que juegues el papel de liderazgo o juegues el papel de subordinado. Un buen líder también es un buen subordinado. También sabe sumar, no sólo requiere ser protagonista.

Y creo que sí, hay aptitudes distintas. Por ejemplo, en el mundo parlamentario, ahí hay diputados o senadores, hay legisladores que son muy buenos para el trabajo en comisiones, que estudian a profundidad las iniciativas de ley, que son muy buenos para redactar iniciativas, que tienen un conocimiento jurídico muy consistente, pero no son muy buenos oradores. Y hay políticos o legisladores que son muy buenos para el debate. Son políticos más para el discurso, para el debate, que también tienen un papel fundamental.

Pero yo diría que hay una diferenciación básica, no sólo en la política, sino en todas las profesiones, quienes tienen capacidad operativa de realizar las cosas: tienen mayor sentido común, tienen rápidas reacciones frente a quienes son más abstractos, más conceptuales, más teóricos. Y en la política eso se refleja en los políticos que son más bien ideólogos, que plantean tesis de fondo, que los que están en la trinchera en el debate cuerpo a cuerpo.

MG: Usted es una política profesional. ¿Cómo se hace un político profesional? ¿Cómo se llega a ser un político profesional?

BP: Me parece que hay un elemento central: no ser oportunista.

Si no eres oportunista y te dedicas a tu profesión o a la actividad con la que estás comprometido vas adquiriendo conocimientos. Es ideal que tengas una profesión. Pero hay políticos profesionales que no son profesionistas, que no son académicos. Hay muchos líderes sindicales, por ejemplo, que son políticos profesionales en el sindicalismo y no tienen una profesión.

MG: Entonces también es un oficio…

BP: Es más un oficio que una profesión académica, ojo. Y es un oficio en donde tienes que aprender una regla de oro que distingue al político del administrador público. En la política todo lo solicitas o lo pides “por favor”. Tus compañeros, tus correligionarios, tus amigos se suman a tu proyecto, atienden tus directrices por favor. No es su obligación hacerlo, son militantes como tú. Tan iguales a ti que, aunque seas su dirigente, eres un militante. En la administración pública das órdenes. Hay una línea de mando determinada y la gente tiene que cumplir en función de esa línea de mando. Son dos estilos de ejercer la conducción.

Y por otro lado, me parece indispensable que un político profesional tenga visión histórica. Si no tienes noción del momento histórico que te toca vivir y para qué lado de la historia estás remando, hacia donde tu esfuerzo empuja el desarrollo de tu país, pues no eres profesional de nada, ni de la política ni de nada. Me parece que es indispensable si quieres ser un político profesional tener una noción de la historia.

MG: Me gustaría detenerme un momento en lo que mencionó del lenguaje. ¿Fue algo intuitivo aprender ese lenguaje, esas formas, ese modo de comunicarse?

BP: No sería justo decir que fue intuitivo. Tuve algunos elementos propios en el liderazgo estudiantil. Yo formé parte de equipos desde jovencita. Siempre he sido alguien que sabe adherir, que sabe sumar. No soy la interesada en ser la cabeza. Si llego a hacer la cabeza qué bueno, pero yo sé sumar. Y tuve el privilegio de conocer desde jovencita a personajes de mi localidad que fueron muy generosos conmigo desde siempre.

Yo viví la generosidad, primero con mis maestros y con mis maestras. Y después el director de mi preparatoria —que era un político regional— fue muy generoso conmigo. Él me daba oportunidades, me platicaba de política, yo le contestaba, entonces aprendí cierto análisis.

Jugar ajedrez para mí fue clave, porque tenía la visión que te obliga el tablero del ajedrez de 360 grados. Saber que todo mundo tiene un papel. Tiene un papel el peón, el caballo, el alfil, la torre, el que menos papel tiene es el rey. Aprendes eso en el ajedrez. Un buen jugador de ajedrez entiende que todo es trabajo de equipo. Tienes que tener una visión de conjunto. Y tienes que pensar diez jugadas para adelante. Para mí eso fue muy útil.

En mi primera oportunidad política relevante trabajé en equipo. Trabajé con un gran político: el gobernador de Tlaxcala Emilio Sánchez Pideras. Él había sido líder de la cámara federal con el licenciado López Mateos. Un hombre progresista de un grupo político de esa época que se denominaban “los de la izquierda dentro de la Constitución”. Un buen abogado, un hombre muy respetuoso, siempre cuidadoso. Muy respetuoso de los demás. Nunca soberbio ni arbitrario, le gustaba mucho la palabra. Le gustaban los discursos. Le gustaba el debate, pues había sido líder de la Cámara en un régimen de grandes oradores: López Mateos era un gran orador; el líder el líder del Senado, Manuel Moreno, era un gran orador; él [Sánchez Piedras] era un gran orador; Lombardo Toledano también. Entonces, tuve la suerte de formarme cerca de políticos respetuosos progresistas y honorables, que fueron buenos ejemplos.

MG: Fue la primera gobernadora de Tlaxcala, la segunda del país; la primera mujer dirigente de la Confederación Nacional Campesina (CNC). Ha sido legisladora por más de veinticinco años, pero también trabajó en el Ejecutivo federal. Ha sido diplomática y dirigente del PRI, ¿cuál de estos espacios es el que más le ha gustado? ¿En cuál se siente más cómoda?

BP: Voy a decir algo muy extraño. A mí lo que me gusta es la música y a mí lo que me gusta es el arte. La política es mi trabajo. Es el cumplimiento de mi responsabilidad pública. Yo vivo la política como una responsabilidad, no la vivo como un placer. Yo sé lo que es el placer y no es la política, para mí. Hay gente que disfruta con el poder, qué bueno…

En fin, la política me es siempre una responsabilidad. En ese sentido, soy una gente muy del Poder Legislativo, porque soy demócrata. El Poder Legislativo es más horizontal. Me gusta lo que incide en el mediano y en el largo plazo. La ley, la buena ley, incide en el mediano y en el largo plazo. Entonces a mí el Poder Legislativo me gusta. Creo que el Poder Legislativo mexicano tiene que vivir una reforma muy profunda. Me parece que es indispensable una gran reforma del Estado mexicano. Pero he tenido responsabilidades en el Poder Ejecutivo muy interesantes. Y desde luego, el privilegio de gobernar Tlaxcala, para alguien que es de su región, pues es una extraordinaria oportunidad.

MG: ¿Y el área más desafiante?

BP: Me parece que la más desafiante fue cuando gané la elección del PRI y tomé la dirigencia en el tercer lugar (2007-2011), después de haber perdido la elección presidencial en condiciones muy difíciles, que ya desde entonces le tocaban el réquiem al PRI.

MG: ¿Cuál ha sido la situación política más compleja que ha tenido que resolver? ¿Y cómo la resolvió?

Beatriz Paredes: Creo que el momento en el que le pude ser más útil al país —que así mido yo las cosas— fue cuando trabajé con Jorge Carpizo. Él como secretario de Gobernación y yo como subsecretaria de Desarrollo Político. En ese entonces a la Subsecretaría a mi cargo le correspondía la relación con el Instituto Federal Electoral (IFE), la relación con los partidos políticos y estar atenta del proceso de organización de las elecciones federales de 1994. Fue un año muy difícil, muy complejo. Porque la situación política del país estaba muy tensa después del magnicidio de Luis Donaldo Colosio, que además fue un golpe emocional muy fuerte para mí, por el afecto y la admiración que le tenía.

Y la confianza que me dio Carpizo de acompañarlo en un área estratégica, cuando empezó la ciudadanización del IFE; cuando la Secretaría de Gobernación se salió del Consejo General. Fue entonces que se eligió el Consejo General del IFE que presidió José Woldenberg en un proceso de construcción de consensos muy serio, muy cuidadoso. Había que organizar una elección pacífica que se llevara a cabo sin mayores contratiempos: un relevo con normalidad democrática. Me parece que ese fue un momento muy delicado, muy complejo y muy trascendente.

MG: Usted se ha referido a la muerte de Luis Donaldo Colosio como el fin de una esperanza de reforma dentro del PRI para su generación. ¿Podría hablarme o contarme más de eso?

BP: Sí. Yo pienso y creo que no sólo fue para mi generación, sino para el sistema político mexicano y desde luego no nada más para el PRI. Colosio tenía la formación necesaria y la comprensión del momento que vivía el país para poder profundizar el proceso de transformación democrática que requeríamos. Y con una visión innovadora, incluyente, que a mí me parece indispensable en México; es esencial tener capacidad de vislumbrar un modelo progresista con justicia social, pero necesariamente incluyente. Creo que en el país no cabe la exclusión de ninguna de las partes. Y Luis Donaldo, por su biografía, por haber nacido en Magdalena de Kino, por su personalidad, por el hecho de que tenía una formación técnica sólida, por haber estudiado en México y en Europa, por haber desempeñado funciones en la administración pública central, por haber sido miembro del Poder Legislativo y por haber dirigido un partido y tener una visión de apertura muy clara y una capacidad de diálogo evidente tenía el perfil para darle continuidad a un gran proyecto renovador.

MG: Usted ha criticado la visión de que todo tiempo pasado fue mejor; sin embargo, es innegable que estamos en una época de evidente degradación política, expresada en la decadencia de las formas, del lenguaje, y en la falta de conciencia sobre la dimensión histórica que tienen las decisiones que se toman. ¿A qué atribuye este cambio o esta pérdida? ¿Qué orientaba o limitaba la acción política y lo que los políticos eran capaces de hacer y decir? ¿Es un tema personal, educativo, institucional, generacional?

Beatriz Paredes: Yo pienso que es indispensable tener conciencia histórica de cada momento, de cada contexto y de las correlaciones que se dan en cada situación. Me parece que México es un país tan difícil de comprender, porque su historia es muy compleja. Desde las civilizaciones precolombinas éramos muy contradictorios. Yo entiendo muy bien esa contradicción porque soy tlaxcalteca. Mi lectura de la historia prehispánica no es la misma que la de la mayoría de los mexicanos. Tengo otra lectura. Después tuvimos un coloniaje devastador, muy fuerte. Pero al mismo tiempo, la riqueza de la construcción del país metropolitano más importante de la época. Cuando recordamos que México ha estado siempre alimentando y nutriendo a los imperios más relevantes de su época, nos podemos dar cuenta de la grandeza de nuestro país.
Sin embargo, esta noción de la importancia de la comprensión histórica no es un asunto que esté de moda, parecería que se frivolizó. Parecería que si tienes tres tarjetitas que te hayan construido después de visitar Google con eso ya te puedes defender, entonces me parece que uno de los pecados de nuestro tiempo es la intrascendencia. Y creo que eso en la política es muy grave, porque las decisiones que se toman inciden en el mediano y en el largo plazo…

Hay que reconocer que los modos de comunicación cambiaron. Creo que no hemos sabido integrar adecuadamente la revolución tecnológica al quehacer político. Que seamos muy locales y al mismo tiempo muy universales es un gran cambio en la política que es mejor que lo anterior, pero tenemos que lograr que las cosas que son positivas de la incorporación de la tecnología se vuelvan potencialmente positivas para el desarrollo del país. Octavio Paz fue muy sabio al señalar que el problema crucial de México es nuestra relación con la modernidad. Cuando los mexicanos sepamos tomar todos los elementos de la modernidad para el beneficio de nuestro propio desarrollo, sin desnaturalizarse, vamos a poder conciliar estas partes que tenemos tan contradictorias.

MG: ¿Qué cree que es lo que la mantiene vigente, a pesar de todas los cambios, las crisis, las transformaciones?

BP: Primero que soy muy realista, nunca me hago fuegos de artificio sobre mi destino. Segundo, soy despiadadamente autocrítica, no un poco autocrítica, despiadadamente autocrítica. Tercero, que a mí me importa mi trabajo por los resultados, no por las posiciones, como he repetido varias veces. Soy una persona de misiones, no de posiciones. Y cuarto, que lo podría poner en primer lugar: que soy honrada.

MG: Quería hacer una pregunta sobre el campo, que es su tema. ¿Qué nos dice la situación del campo sobre el momento en el que se encuentra el país? Pensando que el campo es acaso el factor de la identidad nacional que da origen al imaginario tradicional, pero paradójicamente se encuentra en el abandono. Se ha transformado demográficamente al “vaciarse” de campesinos, al quedarse sin jóvenes, y además enfrenta problemas como sequía, erosión de suelo, contaminación, así como una crisis de gobernabilidad que desplaza a las personas de sus comunidades. ¿Qué puede hacerse desde el sector campesino y la CNC?

BP: Me parece que la política agropecuaria de los últimos años deja mucho que desear. Y lo lamento porque para mí que hay talento en el secretario de Agricultura, pero me parece que no tuvo todos los instrumentos para desarrollar una política agropecuaria adecuada. Lo dicen las cifras, no lo digo yo. Que este sea el año en que más toneladas de maíz amarillo vamos a importar, cuando nos planteábamos dentro de las propuestas imaginarias de esta administración que íbamos a ser autosuficientes, bueno, pues es evidente que algunas de las cosas no salieron.

Creo que desde hace años tenemos varios errores en la política hacia el campo No sólo agropecuaria. No ha habido suficiente inversión en materia hidráulica y la crisis hídrica del país nos está poniendo en tensión muy grave, particularmente con el cambio climático y con la sequía. Debería haber grandes inversiones en control de ríos; en expansión de zonas irrigadas; y en preservación del agua con diversas modalidades de política hidráulica. Es increíble que no haya una estrategia de financiamiento a la producción agrícola suficiente, tanto en política del Estado mexicano como en política del sector comercial y privado.

México no es un solo México en materia agropecuaria. Es el México del sur o sureste, que es agricultura tropical. No tenemos una gran institución especializada en formar profesionistas en agricultura tropical y ésta tiene grandes expectativas, pero es una agricultura de otro tipo. Es agricultura de plantación, que se transforma industrialmente, que también requiere otro tipo de almacenamiento. Tenemos toda la agricultura del centro y del Bajío que es extraordinaria, y la agricultura del norte y la ganadería. Somos un país que, en términos orográficos, en muchas áreas somos más adecuados para la ganadería que para la agricultura. No ha habido suficiente planeación. No ha habido continuidad. Se redujeron los recursos. El campo requiere dinero y requiere una estrategia específica para los pequeños productores que fueron abandonados en esta administración. Y hay algo muy grave. Los malosos han entrado a varias regiones del campo de nuestro país y es indispensable que se restablezca el Estado de derecho.

MG: Para concluir, hablando del ajedrez y que usted puede ver varias jugadas adelante, quería hacerle dos preguntas sobre el futuro. La primera es ¿qué sigue para la política —que en un pasado tenía la función de representar sectores y gremios— y que cada vez transita hacia una sociedad en la que hay que representar individuos y no grupos?

BP: Me parece que tendrán que articularse discursos en torno a valores. Me parece que cualquier liderazgo tendrá que tener la capacidad de desarrollar un planteamiento ético hacia los jóvenes que permitan que los individuos, los sujetos individuales, se identifiquen con valores.

Y me parece que es indispensable que haya congruencia. Creo que lo que más demanda la gente en estos momentos es congruencia, porque hay un enorme desencanto. Lo que hay es decepción. No creen en nadie. Este descrédito es muy delicado, porque cuando hay un proceso de desencanto generalizado se genera una anomia social: “No participo, que hagan lo que se les dé la gana”. Y los poderes fácticos, que muchas veces no son positivos, cubren esos espacios.

MG: La última pregunta sería sobre el futuro, que no es muy esperanzador. Dijo que es una persona realista, entonces si somos producto de un contexto histórico, los tiempos de crisis pueden moldearnos para mal. ¿Pero es posible salir de ahí?

Beatriz Paredes: Claro que sí. No con esa frase tan manida de: “Yo veo en la crisis también una oportunidad”. No, esa es una frase bien construida. Pero en el contexto de México, el país es muy paradójico. Parece que el destino de nuestra historia nos lleva, a pesar de los errores que cometimos los gobernantes o las élites mexicanas, a tener nuevamente una oportunidad, y así varias veces. Sin duda, todos los dioses de todas las religiones y los aluxes soplan con viento a favor.

En esta etapa nuestro país está inmerso en el replanteamiento geopolítico mundial, en donde uno de los espacios privilegiados para el nearshoring es México. Y eso significa que si tomamos las decisiones correctas, es altamente probable que volúmenes importantes de inversión lleguen para desarrollar oportunidades de empleo para las nuevas generaciones. Empleo bien remunerado. Creo que México tiene enormes posibilidades, pero hay que pensar en grande. No hay que pensar con corta visión. Hay que tener capacidad de vislumbrar nuevos horizontes de larga envergadura. Y me parece que es fundamental transformar nuestra propuesta educativa, lograr que haya verdadera calidad educativa, articular el desarrollo regional, fortalecer el federalismo, hacer una reforma del Estado, creer en los jóvenes.

Yo apuesto por los jóvenes. Yo pienso siempre que los jóvenes son mejores que los adultos, siempre estoy convencida de eso. Y hacernos cargo del cambio climático y de la revolución tecnológica. Es una serie de elementos que deberían construir una plataforma muy innovadora. Ojalá seamos capaces.

 

María Guillén
Editora en nexos

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Publicado en: Política