La elección presidencial estadunidense se cierra en tres actos procedimentales. Ya pasaron los primeros dos. En el primer acto, cada estado de la Unión certificó sus resultados.1 En el segundo acto, el cual se celebra este lunes 14 de diciembre, se reunirán los “electores,” y emitirán sus votos.2 En el tercer acto, el 6 de enero, los diputados federales le darán un cierre ceremonial a la contienda electoral. Estos actos de cierre electoral no necesariamente ameritaban la primera plana. Solían ser actos ceremoniales, procedimentales y cabales.
Ya no lo son. Las comedietas pseudogolpistas que aquejan al proceso electoral del 2020 no son más que síntomas de un problema mucho más grave. Los últimos 10 años en Estados Unidos se han visto marcados por un férreo embotellamiento legislativo. Para poder deshacerlo, Joe Biden necesita controlar el Senado. Así logrará que Mitch McConnell, el hábil operador del embotellamiento, pierda las prerrogativas de las que ha abusado para bloquear al ejecutivo. El futuro de ambos hombres depende de los comicios que se celebrarán en Georgia en estas fechas. Se trata de dos elecciones de segunda vuelta, ya que ningún candidato al Senado rebasó el 50 % del voto en noviembre.

Ilustración: Víctor Solís
Mitch McConnell es senador por el estado de Kentucky. Su promesa al asumir su rol en el 2010 fue tajante: “Nuestro objetivo es que el presidente Obama sólo gobierne cuatro años”.3 En ese ánimo, durante los últimos diez años, McConnell ha ralentizado procesos legislativos pequeños y grandes. El think tank independiente Common Cause señala que McConnell se ha rehusado a permitir que 365 iniciativas pasen a plenaria en esta legislatura, a pesar de haber sido aprobadas por la cámara baja con el apoyo de ambos partidos. Se trata de menos del 1 % de todas las iniciativas, aunque históricamente se aprueban de 3 a 4 %.4
Según el periodista Robert Draper, la decisión de obstruir toda la plataforma legislativa de Obama empezó a gestar desde la noche desde su inauguración, en una cena entre senadores republicanos. Estaban predispuestos a obstruir ex ante, independientemente del contenido de las iniciativas de leyes.5 Surgen dos preguntas: ¿A qué se debe la mala fe? ¿Qué le permite gobernar a McConnell de manera obstructiva y destructiva, sin enfrentarse a las consecuencias?
McConnell fue el representante del ala recalcitrante del partido –ala que ya domina al partido sin ningún contrapeso interno. Los republicanos moderados perdieron la guerra por el control del partido. Mientras un petit comité de republicanos se reunía para construir estrategias de tierra quemada, otra rama del partido buscaba readaptarse al cambio demográfico en Estados Unidos. En 2013, el Comité Nacional Republicano publicó una autopsia de 100 páginas analizando la pérdida de Mitt Romney, el último candidato convencional que nominó el partido republicano.6
La autopsia llegaba a varias conclusiones.
1. Había que construir puentes con grupos demográficos marginados y crecientes: mujeres, jóvenes, hispanos, negros y asiáticos. “Hemos ahuyentado al hispano de su hogar”, dijo un líder el Tea Party. En efecto: en todo el hemisferio predomina el conservadurismo social. El partido demócrata atrae ideológicamente a jóvenes mexicanos y centroamericanos de clase trabajadora, generalmente de primera generación. El resto de ese amalgamado que se conoce como el “voto latino” e incluye a las diásporas Cubanas y Venezolanas no es un aliado natural del partido Demócrata.7
2. Había que condenar las malas prácticas de la iniciativa privada cuando sucedieran; como ejemplo, el reporte señala a la práctica de entregar una liquidación millonaria al director y dejar a miles de trabajadores desempleados. De cierta manera, el reporte sugería que había que apelar, con suma delicadeza, al populismo económico.8
3. Había que mejorar el “ground game”, frase que describe la recolección de datos y la organización de la campaña en territorio.9
4. Había que cambiar la percepción de que “a los republicanos les vale”. Republicans don’t care.10
En 2015, parecía que el establishment – las élites Republicanas – estaba listo. Superficialmente, el escenario donde debatieron los candidatos a la nominación Republicana se parecía mucho al escenario en el que debatirían sus contrincantes Demócratas cuatro años después. Había una mujer blanca, un hombre negro y latinos, hijos de la diáspora cubana. En el fondo, no queda claro que fueran a promover políticas a favor de la equidad de quienes representaban superficialmente. Por ejemplo, los republicanos en el Senado votaron en contra de una Ley General de Igualdad Salarial (conocida popularmente como la Ley de Lilly Ledbetter).11
Jeb Bush, el favorito de la vieja guardia, se distinguía por su afinidad a los Latinos de todas las estirpes: estaba casado con Columba Bush, una mujer de orígenes muy humildes de León, Guanajuato. Jeb Bush era el último representante de la familia Bush.12 Fue tal el desempeño de Bush que acabó refiriéndose a sí mismo como “la tortuga alegre”, pero a diferencia de la tortuga de Esopo, nunca llego a la recta final.13
Donald Trump arrasó con Jeb Bush gracias a una mezcla de populismo económico y racismo desvelado. Eso fortaleció a McConnell, quien había estado jugando de manera radical pero silenciosa al interior de las instituciones, y cuya actitud siempre desprendió un acre tufo a racismo.
Habrá quienes digan que el partido republicano no es recalcitrantemente racista gracias a la presencia de actores como Clarence Thomas en la Suprema Corte, el difunto candidato a la presidencia Hermann McCain y el senador Tim Scott, todos hombres negros. De poco ha servido la presencia simbólica de estos hombres: la mayoría republicana hizo añicos Suprema Corte hizo añicos a la Ley General de derechos cívicos y electorales (Voting Rights Act) y ha promovido activamente la supresión del voto negro en Carolina del Norte.14 El ascenso jurídico de la derecha en las cortes es obra de McConnell.
Al final del día, la mejor manera de desarmar a McConnell es volverlo líder minoritario. Por tanto, lo que realmente determinará la capacidad de Joe Biden de gobernar son un par de elecciones al senado en el estado de Georgia. Por un lado, están compitiendo Jon Ossoff y David Perdue. Por un lado, están compitiendo Raphael Warnock y Kelly Loeffler.15 La contienda más emblemática a mi parecer es la de Warnock versus Loeffler.
Warnock es pastor evangélico, ante la misma que pastoreo en su momento el Dr. Martin Luther King Jr. Su contrincante, Kelly Loeffler, fue señalada por aprovecharse de la información privilegiada que recibió como senadora para especular en Wall Street. Warnock ha sido acusado por su contrincante, sin gran fundamento, de ser un marxista radical.16 La contienda desvela una de las grandes verdades del grueso del pueblo americano: a veces es tal su racismo que un candidato negro –letrado, amable y a favor de mejores políticas económicas, sociales y ambientales – parece peor que una mujer blanca que ha buscado lucrar en medio de una pandemia. Si bien el partido republicano ha sabido lucrar políticamente del racismo latente del electorado, no tiene la culpa de que este ahí a flor de piel.
Gracias a las ceremonias de diciembre, la elección de Biden ya es un hecho consumado. Sin embargo, la efectividad de su presidencia peligrará si los demócratas pierden en Georgia. Aun contando con todos los poderes del Ejecutivo y la cámara baja, a Biden le costará trabajo gobernar sin el apoyo del Senado. Mitch McConnell es el hábil operador detrás del bloqueo en el Senado, y aunque removerlo es fundamental, el partido Republicano seguirá radicalizado y recalcitrante y la llaga del racismo seguirá supurando.
Alejandra Traslosheros
Politóloga por Earlham College, en Indiana, Estados Unidos, especialista en historia de EE. UU. y derecho constitucional estadunidense.
Bibliografía
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Draper, Robert. 2012. “Do Not Ask What Good We Do”, Free Press.
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Toobin, Jeffrey. 2016. “The Real Voting Scandal of 2016”, The New Yorker, 4 de diciembre.
1 Parks, 2020.
2 Russonello, 2020.
3 Barr, 2010.
4 Fung, 2020.
5 Draper. 2012.
6 Barbour, et al., 2013. Se le conoce como el “2013 autopsy report” y circuló entre los altos mandos del Comité Nacional Repúblicano.
7 Barbour, et al., 2013. Se le conoce como el “2013 autopsy report” y circuló entre los altos mandos del Comité Nacional Republicano.
8 Barbour, et al., 2013. Se le conoce como el “2013 autopsy report” y circuló entre los altos mandos del Comité Nacional Repúblicano.
9 Barbour, et al., 2013. Se le conoce como el “2013 autopsy report” y circuló entre los altos mandos del Comité Nacional Repúblicano.
10 Barbour, et al., 2013. Se le conoce como el “2013 autopsy report” y circuló entre los altos mandos del Comité Nacional Repúblicano.
11 C. Hulse, 2008.
12 Frum, 2015.
13 Smith, 2015.
14 Toobin, 2016.
15 Lerer, 2020.
16 Barrow, 2020.