En 1983, Luis Suárez le preguntó a Luis Echeverría Álvarez cuál era su actitud frente a la muerte, a lo que Echeverría, de 61 años entonces, respondió:
He pensado, y desde muy joven, que es un tránsito hacia una gran armonía cósmica, que nada tiene que ver con la conducta que en la vida se haya mantenido. Es decir, está mucho más allá de cualquier preocupación de orden ético. Algo que nada tiene que ver con la idea del cielo y del infierno. Y debemos verla sin temor, pues es el tránsito hacia el encuentro de las grandes fuerzas universales en lo físico y lo espiritual.1
El 8 de julio de 2022, casi 40 años después de su respuesta, el centenario Luis Echeverría falleció en su residencia de Cuernavaca, iniciando así su tránsito hacia esa “gran armonía cósmica”. Al día siguiente, velaron su cuerpo en Ciudad de México y, el 10 de julio, el exmandatario más longevo de México, y el único que enfrentó un juicio que concluyó en arresto domiciliario y posterior exoneración, fue sepultado en el Panteón Español.
El velorio puede interpretarse como ejemplo de su vida y legado. El funeral, que no fue de Estado, se caracterizó por su discreción, la asistencia de familiares y algunos políticos “echeverristas”, y la ausencia del presidente López Obrador o de los cinco exmandatarios vivos, quienes acudieron a funerales de sus predecesores. La falta de algún acto protocolario tiene su origen en la fama y percepción que precede a Echeverría.
A Luis Echeverría se le ve como responsable de las masacres estudiantiles de 1968 y 1971, de la represión política del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz en donde fungió como secretario de Gobernación, y de la guerra sucia durante su administración. Su sexenio se caracterizó por el populismo, la concentración del poder, la corrupción, el endeudamiento público y los proyectos “ocurrentes”. En menor medida, se recuerdan algunas iniciativas como la creación del Conacyt (próxima Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación), del extinto Instituto Mexicano de Comercio Exterior (precedente de ProMéxico), o el Infonavit.
Echeverría fue una figura controversial y contradictoria. Sin embargo, su personalidad ha sido poco estudiada desde una perspectiva seria. Por este motivo, en otra investigación busqué definir las creencias, motivaciones y estilo de toma de decisiones de Echeverría para explicar su influencia en el diseño y ejecución de la política exterior de México entre 1970 y 1976.
Concluí que su personalidad y actitud internacionalista, que desarrolló en su niñez y juventud, fueron dos factores necesarios, aunque no suficientes, para comprender el origen de algunas de sus iniciativas internacionales. Para profundizar el argumento, retomé las causas que explican la política exterior de México en ese periodo para demostrar la constante omisión de la variable individual en este tipo de análisis.
La política exterior echeverrista se diferenció de las administraciones presidenciales previas (con excepción de la de Adolfo López Mateos) debido a su alto nivel de actividad internacional. Desde 1945 hasta 1970, la política exterior se caracterizó por su “bajo perfil” y el reducido número de relaciones diplomáticas que México tenía con otros Estados. Entre 1970 y 1976, el país incrementó sus relaciones diplomáticas y promovió iniciativas multilaterales que defendieron la creación de un orden económico global más incluyente. En algunos casos, estas iniciativas incluso contrariaban los principios constitucionales de política externa. Durante el sexenio echeverrista, México estableció relaciones diplomáticas con 58 países, lo que incrementó a 124 el número total de Estados con los que el país tenía relación.

I
Hay un consenso académico en torno a las causas que originaron la diversificación de los vínculos internacionales durante el sexenio echeverrista. La primera tiene que ver con la necesidad de hallar nuevos mercados para posicionar los productos nacionales y aumentar las exportaciones, con el consecuente ingreso de divisas que reduciría el déficit de la balanza comercial creado por el incremento en las importaciones. También, se buscó disminuir la dependencia económica con Estados Unidos.
La segunda explicación retoma factores políticos. México adoptó las causas tercermundistas y reforzó (o creó) vínculos con países socialistas para mantener la estabilidad interna del régimen. Con la represión del movimiento estudiantil de 1968, la legitimidad del sistema político se deterioró por lo que el gobierno promovió una política de “apertura democrática”. En el exterior, esta política se materializó en la ejecución de iniciativas “radicales”, como la búsqueda de expulsar a España de la ONU, o en un acercamiento con líderes de izquierda (Fidel Castro, Salvador Allende, Mao Zedong) para reivindicar el espíritu revolucionario del gobierno priista.
La tercera causa enfatiza las condiciones del sistema internacional. La Détente o distensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética permitió que México y otros países latinoamericanos tuvieran mayor acercamiento con otros Estados, y más autonomía en sus decisiones de política interna o externa. Además, el surgimiento de nuevas potencias económicas modificó la estructura de la economía internacional lo que, a su vez, contribuyó a crear nuevas fuentes de inversión o destinos para las exportaciones. Por último, la lucha por establecer un orden económico mundial más equitativo para los países tercermundistas permitió que México impulsara iniciativas multilaterales como la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.
En general, estas explicaciones ignoran el papel que desempeñó Echeverría en el diseño o ejecución de la política exterior.
II
El comportamiento político de un líder no se explicar sólo desde su psicología.2 El entorno delimita la influencia que el mandatario puede tener en la toma de decisiones. El tipo de régimen político, la existencia de algún conflicto entre dependencias gubernamentales que tienen a su cargo el diseño o ejecución de la política externa, los contrapesos legislativos, el peso del Estado en el sistema internacional, entre otras limitantes, establecen el margen de acción en el que los líderes actúan.
En un inicio, para entender la psicología de los dirigentes debemos comprender sus motivaciones. Luis Echeverría tenía dos grandes impulsos que guiaron su comportamiento. La motivación por el poder: la necesidad de “establecer, mantener o restaurar el poder propio, es decir, el impacto, control o influencia de uno sobre los demás”, y la motivación por el logro (achievement motivation), que caracteriza a los individuos cuya preocupación general es lograr “estándares de excelencia” en sus proyectos, además de innovar y modernizar. Los académicos o empresarios usualmente se guían por la motivación por el logro.3
La motivación por el poder del expresidente puede rastrearse hasta su infancia. En Luis Echeverría. La empeñosa ambición de Enrique Krauze hay testimonios que indican que Echeverría jugaba con su hermano Rodolfo a ponerse la banda presidencial. Durante su adolescencia, el joven Echeverría definió su vocación profesional al decidir que su meta sería convertirse en presidente de la República, por lo que se adhirió al PRI y trabajó con Rodolfo Sánchez Taboada.
Su motivación por el logro se deduce de su interés por conocer de historia, política y cultura, su ímpetu de escribir notas periodísticas, y la búsqueda por innovar su entorno. Durante su estancia en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, Echeverría fundó México y la Universidad. Periódico para jóvenes y redactó artículos sobre temas internacionales para El Nacional y Mundo Libre. Revista Mensual de Política y Derecho Internacional. También, participó en la creación de la Asociación Mundo Libre Juvenil, dedicada a la discusión de temas globales.
La influencia de su motivación por el poder se observa en la búsqueda por convertirse en secretario general de la ONU o su deseo de ganar el premio Nobel de la paz. La motivación por el logro se exterioriza en su convicción de crear un servicio exterior de carrera que produjera un cuerpo diplomático que realmente promoviera los intereses de México y no, como él creía, que se dedicara únicamente a organizar recepciones. Esta fue la razón para crear el Instituto Matías Romero en 1973.
La inauguración del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo (Ceestem) también ejemplifica su motivación por el logro. Como afirma Héctor Cuadra, quien estuvo a cargo de su área internacional, la creación del Centro fue resultado del interés del presidente “por tener una visión alternativa que no estuviera vinculada con la política priista. Echeverría tenía dos dimensiones: la del ‘hombre político’ y la del ‘hombre inquieto’ e insatisfecho del presente, de los logros del país y curioso de qué harían otros personajes o políticos en otros países”.4
Las creencias de Echeverría son otro factor que influyó en el diseño y desarrollo de su política exterior. En su tesis de licenciatura, El sistema de equilibrio de poder y la Sociedad de las Naciones. Ensayo jurídico-político (1945), el joven Echeverría retomó la idea de la interdependencia económica y la desigualdad entre los Estados como condiciones que impedían el logro de la paz mundial. Incluso, al inicio del tercer capítulo, propuso una definición de equilibrio de poder. En términos generales, al analizar sus artículos y discursos como servidor público, se puede concluir que el expresidente creía realmente en el derecho internacional como regulador de la dinámica interestatal y un medio para promover la paz.
El mandatario siempre demostró un interés por la región latinoamericana, que surgió en su niñez y se fortaleció durante un viaje a Chile y Argentina en compañía de su amigo José López Portillo en la década de los años cuarenta. Su creencia en la importancia de tener una región integrada se puede rastrear a 1942 cuando Echeverría tenía 20 años. Esto lo comprobé al revisar el editorial del volumen dos de Mundo Libre en la biblioteca del expresidente, en donde aparecen subrayadas con pluma dos ideas sobre cómo promover la integración latinoamericana.
Finalmente, Luis Echeverría se caracterizó por tener un estilo de liderazgo que promovía la competencia entre dependencias gubernamentales. En el marco de la Tercera Reunión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, México presentó la iniciativa multilateral más importante del sexenio echeverrista: la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados (CDDEE).
Esta iniciativa no surgió de la Secretaría de Relaciones Exteriores sino de la Secretaría de la Presidencia. En particular, de Porfirio Muñoz Ledo, quien tenía un amplio conocimiento de la política internacional del momento, un “espíritu internacionalista”, habilidades académicas y la confianza del presidente, quien escuchaba con atención sus propuestas. Durante los primeros cinco años del sexenio, ambas dependencias se encontraron ocasionalmente en conflicto pues el subsecretario Muñoz Ledo proponía iniciativas u organizaba las giras del presidente al exterior, lo que Emilio O. Rabasa, secretario de Relaciones Exteriores hasta 1975, interpretaba como una apropiación de las funciones administrativas de su dependencia.
Echeverría adoptó con entusiasmo la idea de la Carta, porque quería recuperar la legitimidad del gobierno frente a la sociedad, deslindar su nombre de la masacre de Tlatelolco, dialogar con los grupos progresistas y posicionarse como un líder defensor del tercermundismo. Para proponer la CDDEE, Muñoz Ledo se basó en el conjunto de demandas que los países del Tercer Mundo señalaron desde los sesenta. Si bien fue un proyecto original y creativo, la iniciativa se enmarcó en un proceso y momento histórico específico.
Después de su sexenio, Echeverría tuvo algunos cargos diplomáticos. De 1977 a 1978, fue representante permanente de México ante la UNESCO. A finales de 1978, el presidente López Portillo lo designó embajador en Australia y concurrente ante el gobierno de Nueva Zelanda y las islas Fiyi, misión que concluyó en 1979. En 1982, regresó a la UNESCO como presidente de la Comisión Internacional para la Educación por la Paz, al tiempo que continuó sus actividades como director del Ceestem. Estos nombramientos no fueron resultado de su actitud internacionalista o su motivación por el poder, sino del interés de su sucesor por alejarlo de la política interna, reducir su influencia en el PRI y evitar la creación de un “maximato” echeverrista.
III
En 2019, un diplomático designado por Echeverría me dijo que “ser presidente es una tarea difícil, pero aún más difícil es ser expresidente. Y Echeverría fue uno muy joven”. Sin duda, es verdad. Cuando concluyó su sexenio, Luis Echeverría tenía 54 años y viviría otros 46 para ser testigo de la transición a la democracia, el inicio de la violencia criminal, la pandemia de covid-19 e incluso el inicio de la invasión rusa a Ucrania. Después de su proceso judicial, el expresidente vivió sus últimas dos décadas en el exilio de su hogar y no apareció públicamente hasta abril de 2021 cuando asistió a la UNAM para vacunarse contra covid.
La vida y legado de Luis Echeverría han sido objeto de un pobre debate histórico y político. A dos años de su muerte, la personalidad y acciones de Echeverría deberían generar más dudas de las que se han planteado. Sin embargo, el olvido actual en que se encuentra su figura no es diferente a aquel en el que se encuentran otros líderes políticos mexicanos. Valdría la pena estudiar los liderazgos, escribir biografías y entender los comportamientos de los dirigentes para obtener explicaciones novedosas sobre por qué actuaron como lo hicieron. De esta forma, tendremos una nueva visión de la historia de México que nos ayudará a saber dónde estamos y cómo llegamos aquí.
Carlos M. Morales
Internacionalista por El Colegio de México
Este ensayo es una versión sintética de la tesis que ganó mención honorífica en el premio Genaro Estrada 2022 otorgado por la Secretaría de Relaciones Exteriores.
1 Luis Suárez, Echeverría en el sexenio de López Portillo, Grijalbo, México, 1983, p. 290.
2 A la evaluación que la psicología política hace de la personalidad de los líderes se le denomina “evaluación a distancia” en contraposición con los métodos de la psicología clínica (la aplicación de cuestionarios de personalidad o las entrevistas cara a cara) que evalúan directamente la personalidad de los sujetos.
3 David Winter, “Measuring the Motives of Political Actors at a Distance”, en Jerrold Post (ed.), The Psychological Assessment of Political Leaders with Profiles of Saddam Hussein and Bill Clinton, Ann Arbor, The University of Michigan Press, 2003, p. 154.
4 Entrevista con el doctor Héctor Cuadra, 16 de abril de 2020.