¿Optimismo del intelecto, pesimismo de la voluntad?
Los análisis de las campañas electorales suelen centrarse en las estrategias de comunicación con las que los contendientes buscan emocionar al electorado, manchar al rival y transmitir propuestas. Pero resulta igual de importante preguntarse sobre el ánimo dentro de los equipos políticos: sus retos de organización y su capacidad para superar conflictos internos.
La mejor estrategia de medios no sirve si los equipos de los candidatos no se sienten comprometidos a seguirla, ni tampoco si los nominados de un mismo partido se ponen el pie entre sí. Por más que haya mejorado la tecnología de comunicación, el arte práctico de la política —la capacidad de llegar a acuerdos, liderar grupos y cerrar filas— sigue siendo fundamental para ganar una elección.
El optimismo y el pesimismo cotidiano de los actores políticos es tanto o más importante que el dinero del que dispone una campaña o la presencia del consultor más laureado del mundo. Así, prestar atención al ánimo de quienes participan en una contienda electoral nos permite apreciar las grietas dentro de un partido que sus esfuerzos de comunicación política buscan ocultar. Más que otra cosa, sin embargo, nos deja ver los efectos materiales de las decisiones concretas que podrían determinar el resultado final.

Pesimistas
Hace unas semanas Clara Brugada, la candidata oficialista a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, se reunió con miembros de Morena en una cafetería para evaluar el rumbo de la campaña. Según me relataron fuentes que estuvieron ahí, y que pidieron el anonimato para hablar con libertad, lo que iba a ser una reunión de trabajo terminó siendo un mar de lamentos. “Nos sorprendió que se quejó durante casi cuarenta minutos de la forma en la que Claudia [Sheinbaum] influyó en la repartición de candidaturas en la ciudad”, dijo uno de los presentes.
La lucha para definir a la candidata a la Jefatura de Gobierno dejó muy lastimado a Morena. Sus propios militantes han acusado a la cúpula del partido de imponer candidaturas mediante encuestas simuladas. Molesta por la derrota de Omar García Harfuch —su antiguo secretario de Seguridad, quien aspiraba a gobernar la ciudad— Sheinbaum castigó a Brugada negándole candidaturas importantes a sus aliados. En su lugar, prefirió impulsar a quienes le eran fieles, así como cumplir sus acuerdos con Marcelo Ebrard (al designar Javier López Casarín como candidato a la alcaldía Álvaro Obregón) y Ricardo Monreal (al nominar a su hija, Catalina Monreal, a la alcaldía Cuauhtémoc).
Entre quienes sufrieron el veto de Sheinbaum se cuenta a Francisco Chiguil, quien apoyó a Brugada en la elección interna y aspiraba a reelegirse como alcalde en la Gustavo A. Madero. En su lugar, el grupo de la candidata presidencial impuso al experredista —y antiguo anti-lopezobradorista— Janecarlo Lozano. No sólo eso: los aliados de Sheinbaum distribuyeron el resto de candidaturas de esa demarcación, diputaciones locales y concejalías, sin tomar en cuenta la opinión de Chiguil. No permitieron que ninguna persona de su equipo obtuviera una posición relevante.
En respuesta, el líder de la Gustavo A. Madero organizó protestas para pedir la renuncia del presidente del partido en Ciudad de México, Sebastían Ramírez, así como para exigir que se reconsiderara su candidatura. Como suele pasar con las “encuestas” de Morena, sin embargo, el fallo resultó inapelable. Según reportó la prensa, el partido llegó incluso a amenazar a Chiguil con una revisión de las cuentas de su administración por parte de la Auditoría Superior de la Ciudad de México. (El gobierno de Chiguil ya había sido señalado por supuestas “anomalías en transparencia, contrataciones, manuales y diversos rubros de la administración pública”).
El grupo de Sheinbaum también le impidió a Brugada decidir quién competiría para sucederla en la alcaldía Iztapalapa. Brugada buscaba que la candidata fuera Martha Ávila, pero al final la nominación fue para Aleyda Alavez, so pretexto de que no podía elegir a su sucesora si ya tenía la candidatura a la Jefatura de Gobierno. Alavez —quien se formó políticamente con René Bejarano— siempre aspiró a gobernar Iztapalapa, pero nunca pudo vencer al grupo de Brugada. Como resultado, el equipo de la exalcaldesa no se ha coordinado con el de Alavez, por lo que la maquinaria electoral de la alcaldía no está del todo aceitada.
Además, Sheinbaum apoyó a los Monreal en la alcaldía Cuauhtémoc cuidando de no desahuciar a sus aliados René Bejarano y Dolores Padierna, quienes construyeron su fuerza política en dicha alcaldía. La candidata presidencial designó a Padierna, quien apoyó a García Harfuch contra Brugada, como candidata para una de las diputaciones federales de Iztapalapa. Esto ha afectado el trabajo de campaña a ras de calle: si bien Padierna es una política profesional, no conoce bien la alcaldía, además de que su simpatía por García Harfuch le ganó la desconfianza del equipo de Brugada con el que tiene que trabajar de cerca.
El resultado es que Brugada enfrenta una situación complicada: al no poder colocar a su gente en posiciones que no dependen de su propia victoria, se juega todo su capital político en esta elección. Lo mismo puede decirse de quienes apoyaron a la exalcaldesa en el proceso interno de Morena; destacan Martí Batres, el jefe de Gobierno interino, y Jesús Ramírez Cuevas, el actual vocero de la Presidencia. Ambos han chocado con Sheinbaum y apostado su futuro político en la campaña de Brugada. Mis fuentes al interior de Morena aseguran que Batres ha intentado usar aquellas partes del aparato del gobierno capitalino sobre las que tiene poder (Sheinbaum aún controla la mayoría del mismo) para apoyar a la exalcaldesa, mientras que Ramírez Cuevas se encarga de posicionar su campaña en los medios.
Pero los problemas de Morena en Ciudad de México exceden a la grilla de la cúpula del partido. Muchos militantes de base piensan que la designación de Padierna como candidata a un distrito en apariencia seguro para Morena es un intento de Sheinbaum de cuidarla ante una posible derrota electoral de Brugada en la capital. “Para mí es un indicio de que arriba se están cuidado de una posible catástrofe como la de 2021”, me comentó un operador del partido en una entrevista.
La preocupación de los militantes de base se debe también a que, a lo largo y ancho de la ciudad, Morena nominó a personajes sin capital político, además de que optó por enviar a quienes sí tenían ese capital a competir en zonas donde no dominaban. “Cuando vamos a evaluar el trabajo de algunos de nuestros operadores —me dijo un coordinador territorial— nos comentan que ellos están trabajando, pero que ven más organizados a los del PAN”.
Sin reglas claras y en medio de imposiciones de candidatos, la contienda al interior del partido entre aspirantes a alcaldes, concejales y diputaciones terminó en incontables pleitos y rencores. Si bien este tipo de luchas dentro de Morena ocurren en todo el país, en la capital la falta de unidad es especialmente grave. Es posible, incluso, que lo que vemos en la capital sea un adelanto de lo que ocurría en todo el país en caso de una victoria de Sheinbaum, quien no podría ejercer sobre su partido el liderazgo personal —y disciplinador— de Andrés Manuel López Obrador.
Cuando se trata de las campañas para puestos más pequeños, los conflictos que surgieron de la elección de 2021 —en la que Morena perdió muchos de sus bastiones a la oposición— han resultado en divisiones que van más allá de la pelea entre Sheinbaum y Brugada. “Nosotros vamos a apoyar a la doctora y a Clara pero no vamos a mover ni un voto en la alcaldía”, me dijo una fuente al interior del partido. “Nos acosaron, nos llamaron narcotraficantes y nos intimidaron, pero ahora sí quieren que les operemos el voto”.
Ante la incapacidad de sanar estas heridas, el partido ha buscado aparentar unidad. Hace unos días, la cuenta de TikTok de Sheinbaum publicó un video en el que la candidata presidencial, García Harfuch, Brugada y Ernestina Godoy imitan el intro de la serie de televisión Friends. El post no tuvo la reacción esperada: muchos usuarios de redes sociales comentaron que la concordia de los políticos se veía muy forzada. Tratando de mitigar el daño de su desencuentro en público más visible, Sheinbaum y Brugada subieron un video recreando, entre risa y risa, el supuesto jalón de cabello en el mítin del Zócalo.
Pero quizás el principal intento de limar las asperezas entre las candidatas fue un gesto de Brugada durante el primer debate entre quienes aspiran a la Jefatura de Gobierno. En ese foro, mencionó cuatro veces a Sheinbaum y argumentó en favor de sus virtudes cuando sus contrincantes, Salomón Chertorivski y Santiago Taboada, señalaron los problemas de su gestión, como la caída del metro. No obstante, la respuesta de Sheinbaum no fue tan cordial como tal vez esperaba la exalcaldesa. “Felicidades Clara Brugada”, publicó la candidata a la Presidencia en su cuenta de X al término del debate.
Para tratarse de una felicitación, fue un mensaje más bien cortante. Quizá por esa razón, al día siguiente Sheinbaum fue menos seca, pues asistió a varios mítines en la Ciudad de México y habló bien de Brugada. No cabe duda que esta estrategia de comunicación de Morena busca proyectar unidad, pero hasta el momento todas las señales políticas (la selección de candidaturas, los desaires públicos, la falta de unidad en diferentes niveles del partido) dicen otra cosa.
Optimistas
Al día siguiente del inicio de la campaña a la Jefatura de Gobierno, la ciudad amaneció tapizada con propaganda de Taboada, el candidato panista de la alianza opositora. Esto tomó por sorpresa a los operadores de Morena, quienes tardaron hasta una semana en poner la propaganda de Brugada. La guerra de “basura electoral” estuvo en el centro de los primeros días de la contienda: panistas y morenistas se dedicaron a quitar los posters de sus adversarios. El conflicto llegó a tal grado que Citlali Hernández, la secretaria general de Morena, acusó al Partido Acción Nacional de romper la ley en un intento de instaurar la narrativa de que Brugada no tenía fuerza para ganar.
“Para nosotros iniciar la campaña con publicidad en toda la ciudad era sobre todo un ejercicio para medir nuestra capacidad organizativa”, me dijo una fuente al interior de la campaña de Taboada. Con la pega de carteles y pendones, la oposición buscaba identificar dónde tenían que reforzar su estructura operativa. “Los morenistas, antes perredistas, llevan toda la vida haciendo esto”, añadió la misma fuente. “Pero nosotros nos hemos preparado para ganarles hasta en lo que son especialistas”.
El panismo es la fuerza que arrastra la mayor parte de la campaña de la alianza en Ciudad de México. Esto se debe, según explicó una de las fuentes consultadas, a que una vez que se seleccionó a Taboada como candidato, PRI y PRD le dieron al PAN toda la libertad para coordinar su campaña. Esto no ha sido un problema. Al contrario: ha resultado en una mayor cohesión dentro del PAN, sin que se pierda la vinculación con las otras fuerzas de la alianza.
El ánimo entre los militantes, operadores y líderes del PAN contrasta con el de aquellos de Morena. Tanto en sus mítines como en las entrevistas que me concedieron, se notan convencidos de que pueden ganar por primera vez la Jefatura de Gobierno. Un ejemplo de esta confianza fue el mítin que Taboada realizó antes del primer debate en San Miguel Teotongo, hogar de Clara Brugada, acto que la exalcaldesa consideró como una “provocación”.
La identidad panista de Taboada es uno de los factores que más parece animar a la militancia de ese partido, pues desde 1997 el PAN no tenía un candidato a la Jefatura de Gobierno que proviniera de sus filas. En 1999 Santiago Creel se afilió al PAN para competir por ese puesto; Demetrio Sodi, quien contendió en 2006, venía del PRI; en 2012, el partido se inclinó por una ciudadana sin afiliación partidista, Isabel Miranda de Wallace; y en 2018 apoyó a Alejandra Barrales del PRD.
En cambio, Taboada ha estado en el PAN desde hace mucho: fue secretario de la organización de jóvenes del partido en el entonces Distrito Federal, asesor parlamentario, y resultó electo alcalde bajo las siglas del blanquiazul. En su equipo conviven panistas veteranos y militantes jóvenes —Taboada tiene 38 años— que conoció durante su carrera en el partido.“Apoyo a Xóchitl y todo, pero nos identificamos más con Taboada”, me dijo un joven militante en una entrevista.
A diferencia de Morena, la alianza del PAN, el PRI y el PRD ha logrado sortear los conflictos internos. El mayor ejemplo de esto es la coordinación de la campaña en Iztapalapa, donde las estructuras históricas que comandan el priista Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre y la perredista (y actual candidata a la alcaldía) Karen Quiroga han logrado trabajar junto a los panistas. Para sorpresa de muchos, el PAN también ha demostrado que tiene militantes en esa alcaldía, al grado que Taboada ha realizado varios actos en la demarcación. “Nuestra mayor sorpresa es que de repente hay panistas en Iztapalapa”, me dijo en entrevista un militante de Morena.
Sin embargo, el genoma panista de Taboada y la buena coordinación de la alianza no bastan para justificar el optimismo de los panistas. Su buen humor se debe, también, a la mala gestión de Morena en Ciudad de México. Es un lugar común entre los analistas políticos decir que la capital es progresista, pero lo cierto es que, antes de ser de izquierdas, la ciudad fue opositora. Durante el régimen priista, el PAN obtuvo muchos de sus mejores resultados electorales en Ciudad de México, donde siempre ha existido una demanda de autonomía frente al gobierno federal.
Es verdad que, a partir del terremoto de 1985, la izquierda aprovechó ese espíritu para construir una alternativa local y después una nacional. Pero ahora que la derecha es la oposición, es posible que Morena termine en el lugar de los viejos gobiernos del PRI. De nuevo: es posible que estas dinámicas capitalinas sean un atisbo de lo que viene a nivel nacional. Al menos desde 2021, la izquierda en el poder le dio la espalda al espíritu opositor de la capital. Sheinbaum construyó su candidatura a la Presidencia minimizando los problemas de la ciudad y descuidando sus funciones para concentrarse en la precampaña. Del mismo modo, el presidente López Obrador ha atacado más de una vez a los capitalinos al decir que la ciudad se “derechizó” y al criticar varias manifestaciones ciudadanas que surgieron en la entidad.
Todo esto parece haber despertado la identidad opositora de los capitalinos. Según Mitofsky, la ciudad ocupa el lugar 23 de los 32 estados en cuanto apoyo al presidente, quien tiene allí un 50.3 % de aprobación; el jefe de gobierno interino, Martí Batres, tiene una aprobación del 48 %. Lo más grave para los efectos electorales de Morena es que apenas el 49 % de los capitalinos apoya a su alianza, que incluye también al Partido del Trabajo y el Partido Verde. De allí el optimismo en la campaña de Taboada, y también el de varios empresarios que, según mis fuentes en el PAN, han decidido apoyarlo a él más que a Xóchitl Gálvez.
Entre optimistas y pesimistas
La encuesta publicada por El Financiero el 6 de marzo puso a Taboada a ocho puntos de distancia de Brugada, con un margen de error del 3.5 %. Hace poco, mis fuentes panistas —quienes tienen acceso a información privada de la campaña— me comentaban que, en sus encuestas, el candidato estaba a seis puntos de alcanzar a su rival morenista. Esperaban que, después del debate y el inicio de las campañas locales, ya hubiera empate técnico. Hoy en día dicen estar a tres puntos de distancia: el margen de error de la encuesta de El Financiero.
Incluso si asumimos que los números de mis fuentes al interior del PAN son demasiado optimistas, Morena está en aprietos. Brugada, como Sheinbaum, ya llegó a su tope de apoyo: su potencial de crecimiento es mínimo, por lo que debe administrar su ventaja. La diferencia es que, donde Sheinbaum aventaja por mucho a Xóchitl Gálvez en la mayoría de las encuestas, Brugada está muy cerca de su rival. No basta con atrincherarse en donde ya está: tiene que detener el crecimiento de Taboada. El día de la votación queda todavía demasiado lejos como para ponerse a cuidar el marcador.
Hugo Garciamarín
Doctor en ciencias políticas por la UNAM