En este texto la autora hace un diagnóstico de la política exterior en este sexenio y analiza las propuestas de Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez.
Para entender la política exterior de México es fundamental conocer los ocho principios establecidos en nuestra Constitución: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de conflictos internacionales; la proscripción de la amenaza o del uso de la fuerza para la resolución de controversias; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales. Estos principios han ayudado a México a construir su identidad dentro del sistema internacional —ahora como potencia emergente—; a relacionarse con Estados Unidos y con América Latina, y a decidir sus posiciones en los organismos multilaterales más importantes. Pero la política mexicana hacia el exterior no está determinada únicamente por los principios constitucionales. Si bien con la transición democrática hay más voces e intereses representados en la construcción de la política exterior, el Poder Ejecutivo es determinante en el proceso de toma de decisiones, y los lineamientos institucionales no son suficientes para que el Congreso u otras fuerzas puedan ser un contrapeso real.1
Con miras al 2 de junio, y considerando la preeminencia del Poder Ejecutivo en la política exterior, es indispensable analizar las propuestas de las candidatas presidenciales. Sus planteamientos reflejan las dos grandes alternativas de la elección: una apuesta por el cambio o un voto por la continuidad; pero también muestran cómo entienden las dinámicas regionales e internacionales y el lugar que México debería tener (y buscar) en el escenario internacional. Sea quien sea la ganadora, la política exterior del siguiente sexenio deberá responder a dos cosas: lo establecido durante el sexenio del presidente López Obrador —ya sea para cambiar el proyecto o profundizarlo—, y a un escenario internacional caracterizado por conflictos armados, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, una América Latina inestable y fragmentada, y al desencanto generalizado por el multilateralismo.

Cambio o continuidad: ¿frente a qué?
Las propuestas de Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez responden a lo que se ha construido en este sexenio morenista. El documento de campaña de la candidata por la coalición Sigamos Haciendo Historia comienza sus propuestas rescatando los logros de la Cuarta Transformación en los últimos seis años. Resalta la mención del fortalecimiento de lazos con América Latina y el Caribe, el cambio de paradigma en la gestión migratoria y el fortalecimiento de la cooperación bilateral con Estados Unidos.2 Por su parte, la candidata por la coalición Fuerza y Corazón por México ha rechazado abiertamente muchas de las decisiones de la política exterior actual. Como la designación de “embajadores cuates”, los cambios en la relación de México con Ecuador, Venezuela o Nicaragua3 y la gestión migratoria. 4
En la agenda internacional de México hay tres preocupaciones constantes: la participación en organismos multilaterales, la relación con América Latina y la agenda bilateral con Estados Unidos. El presidente López Obrador ha respondido a ellas abrazando la idea de que “la mejor política exterior es la política interior”. Si bien es cierto que un régimen popular tiene mayor credibilidad dentro del sistema internacional, enfocarse únicamente en lo que sucede dentro del territorio mexicano es contraproducente. La resistencia del presidente a hacer giras internacionales de largo alcance, la designación de embajadores que no forman parte del Servicio Exterior Mexicano, y sus declaraciones —quizá sin asesoría previa— sobre algunos conflictos internacionales durante las mañaneras han traído como consecuencia el deterioro en la organización de la política exterior mexicana y una pérdida de reconocimiento del lugar de México en el mundo.
Cuando el presidente se involucra, las participaciones de México en los organismos multilaterales parecen erráticas o poco planeadas. Muchas de las decisiones de política exterior responden a un interés de legitimarse frente a un público interno y no a la consolidación de una agenda dentro del sistema internacional. Por ejemplo, durante la participación de México en el Consejo de Seguridad de la ONU, el presidente presentó su “Plan de Fraternidad y Bienestar.” La propuesta, muy cercana al discurso interno del presidente, buscaba establecer un fondo para dar una vida digna a la población más pobre del mundo. La iniciativa no encontró apoyo dado que el Consejo de Seguridad no es un foro dedicado a ese tipo de problemas; más allá del rechazo que recibió, fue una oportunidad perdida para que México delimitara una agenda de seguridad internacional y se posicionara frente a los conflictos militares que más le interesan al mundo. De la misma forma, tres de las cuatro candidaturas más importantes de México frente a organismos multilaterales fallaron. Es cierto que muchos factores inciden en el éxito de este tipo de ejercicios, pero la ausencia de una estrategia clara y del respaldo del presidente —más allá de las mañaneras— son factores que ayudan a explicar estos resultados.5
En el caso de América Latina, la Cuarta Transformación se caracterizó por una política “inconsistente y selectiva”.6 Hubo interés especial en la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) como mecanismo de concertación política, ya que el presidente lo entendía como un medio para acercarse a la región y delimitar postulados ideológicos compartidos. Sin embargo, de manera simultánea, se deterioraron las relaciones con Ecuador, Argentina, Perú, Bolivia, El Salvador y Colombia (antes de la llegada de Petro al poder). Lo que se logró con la Celac se perdió por las disputas del presidente. El acercamiento de México a Centroamérica se redujo a planes de cooperación para el desarrollo y a la ampliación de proyectos insignia de su gobierno. Ya sea que México buscaba consolidar una posición de liderazgo en la región o como puente con Estados Unidos, la inestabilidad de los acercamientos resultó en el fracaso de las dos aspiraciones.
La relación con Estados Unidos se basó en el pragmatismo. Generalmente, uno de los principales objetivos dentro la relación bilateral es la compartimentalización: se busca evitar que el estancamiento o el desacuerdo durante la discusión de un tema contamine la negociación y cooperación en los otros. Uno de los momentos en los que más gravemente se faltó a este principio fue durante la presidencia de Donald Trump, cuando el expresidente amenazó la relación comercial para forzar la cooperación en la gestión migratoria.7 Aunque ese fue un momento preocupante para México, el presidente López Obrador aprendió de los posibles beneficios de no compartimentalizar. Así, entendió que para Estados Unidos la contención migratoria era prioritaria, aceptó cooperar en ese tema y rechazó con más facilidad la cooperación en términos de seguridad y combate al narcotráfico. En la relación comercial, aunque hubo desacuerdos sobre las obligaciones de ambos países derivadas del T-MEC, México logró consolidarse como el principal socio comercial de Estados Unidos. Esto fue posible, en gran medida, gracias a la guerra comercial de Estados Unidos con China y los reacomodos productivos de la región. En general, López Obrador logró manejar la relación con Estados Unidos de manera que su imagen y su discurso se vieran beneficiados. Sin embargo, la gestión migratoria de México fue vergonzosa y violatoria de derechos humanos; además, los esfuerzos por aprovechar el nearshoring fueron limitados.
En el futuro, quien sea electa presidenta se enfrentará a un México con menor presencia dentro de los organismos multilaterales y a la obligación de restablecer las relaciones con muchos países latinoamericanos. Quedan también en duda muchas definiciones sobre México en la agenda bilateral con Estados Unidos y el grado de cooperación que tendrán ambos países. Y lo más importante: el reto urgente de México hacia el exterior será construir una agenda internacional que integre su preocupaciones políticas y económicas en conjunto para alejarse de la dinámica de crisis-respuesta.
¿Qué viene en los próximos seis años?
Las propuestas de Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez revelan cómo interpretan la situación internacional actual y qué cambios esperan en el futuro. El plan que México adopte puede incidir en el crecimiento económico y determinar el prestigio de México en el mundo y la calidad de las alianzas estratégicas que se formen. Además de las bases —o la ausencia de ellas— que se establecieron durante la Cuarta Transformación, un plan de gobierno en términos de política exterior debe tomar en cuenta la posible victoria de Donald Trump en las elecciones de noviembre, las tendencias que apuntan a una transición energética global, y las dinámicas en América Latina.
Ninguna de las dos candidatas tiene antecedentes muy sólidos en temas de política exterior. Sus propuestas parecen estar influidas por sus asesores de campaña. Diana Alarcón González, la coordinadora de asuntos internacionales de la coalición Sigamos Haciendo Historia tiene una amplia carrera en organismos multilaterales. Ha trabajado como jefa de unidad de Análisis de Política y Desarrollo del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (UN DESA), y ha tenido cargos en el BID y el PNUD. Ildefonso Guajardo, coordinador de relaciones exteriores de la campaña de Xóchitl Gálvez, tiene una trayectoria principalmente política, pero enfocada a la gestión del TLCAN y posteriormente a las negociaciones para el T-MEC. A partir de los perfiles de ambos coordinadores es fácil entender las prioridades de ambos proyectos: por un lado, el de Claudia Sheinbaum se enfoca en la cooperación para el desarrollo —similar a los intereses de la actual administración—; y, por otro lado, el proyecto de la coalición Fuerza y Corazón por México prioriza más la relación con Estados Unidos en términos económicos.
La coalición Sigamos Haciendo Historia
El proyecto de Claudia Sheinbaum propone “la implementación de mecanismos de participación multisectorial y de coordinación interinstitucional”8 en la construcción de política exterior. Esta propuesta puede ser una de las más relevantes de su campaña. Uno de los problemas en la construcción de la política exterior mexicana es la falta de coordinación entre secretarías. Por ejemplo, en términos de cambio climático, la Secretaría de Relaciones Exteriores suele encargarse de la misión de México en la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP), por lo que el año pasado solamente dos funcionarios de Semarnat asistieron a la conferencia, con graves implicaciones en la capacidad técnica de México para negociar y establecer acuerdos. La creación de mecanismos institucionales formales permitiría una coordinación más efectiva y, en consecuencia, la creación y adopción de políticas más efectivas.
La coalición Sigamos haciendo historia buscará fortalecer su liderazgo en América Latina y el mundo a través del diálogo y la cooperación. Asimismo, habla de establecer una presencia más consolidada en foros como la Asamblea General de la ONU, la COP, el G20 y la Celac.9 Todas estas propuestas son positivas en sí mismas, pero no queda claro si el acercamiento a América Latina se guiará por afinidad ideológica; tampoco si la candidata planea asistir personalmente a los foros multilaterales o si la presencia de México se consolidará principalmente gracias al servicio diplomático.
La plataforma de Claudia Sheinbaum entiende la movilidad humana como un asunto regional, no exclusivo de la agenda bilateral con Estados Unidos. Propone la creación de un mecanismo permanente regional para “coordinar esfuerzos de manejo de movilidad humana” y “abordar de manera integral las causas fundamentales de la migración”. Vale la pena notar que su propuesta incorpora una visión respetuosa de los derechos humanos de las personas migrantes. Los últimos años han hecho evidente que la migración debe ser atendida con mecanismos institucionales fuertes, sin embargo, preocupa que no hay planes claros sobre cómo es que México va a gestionar su nuevo papel como país receptor de migrantes, ni tampoco su posición como país de tránsito. Será importante analizar la evolución del proyecto migratorio para entender si la prioridad es desalentar la migración —eso explicaría el interés de atender las causas de raíz en Centroamérica— o si este sólo es un punto de un plan más amplio que integrará mecanismos de integración de inmigrantes a México.
En la relación con Estados Unidos destaca el interés por establecer grupos binacionales de trabajo para fortalecer la cooperación para judicializar a los responsables de la producción y el tráfico de drogas, el tráfico de armas y de personas y el lavado de dinero. Es decir, la candidata está abierta a la cooperación en temas de seguridad, lo cual había sido relegado en los últimos años. Más aún, en términos económicos, se enfatiza en el interés y la identidad de México como parte de Norteamérica.10 La economía mexicana buscará orientarse a las importaciones regionales y nacionales, alejándose así de las economías asiáticas.11 El nearshoring se reconoce como una oportunidad para el crecimiento económico y la reducción de la desigualdad en el país. Interesantemente, la propuesta revela el interés en reducir la desigualdad entre distintas áreas geográficas del país. Por ello, será interesante ver si —en caso de ganar— el gobierno de Sheinbaum buscará extender las ventajas de la relocalización de inversiones extranjeras hacia el sur del país, y los mecanismos que se implementarán para que esto sea también atractivo para los inversionistas.
La coalición Fuerza y Corazón por México
En gran medida, la plataforma de Xóchitl Gálvez se ha construido a través de la promesa de un cambio frente a los errores percibidos de la actual administración. En algunas de las declaraciones de la candidata —como cuando rechazó la designación de embajadores que no son parte del Servicio Exterior o frente a sus críticas hacia la gestión de la relación mexicana con Ecuador, Venezuela o Nicaragua— es evidente que las propuestas de la candidata son una mera reacción a lo establecido. Más allá de las declaraciones, en sus propuestas de campaña interesa ver cuánto de lo propuesto es una reacción y cuánto representa un genuino interés en establecer una agenda con visión propia. Respecto a la organización interna, Xóchitl Gálvez también propone integrar más actores en la construcción de una política exterior. Aunque no propone un mecanismo formal para hacerlo, su propuesta sí busca integrar a los tres poderes, a los tres niveles de gobierno y a actores no estatales para la construcción de una política exterior. De la misma forma, retoma la importancia de la presencia del ejecutivo en cumbres internacionales, como el G20.
En su plataforma de campaña, la candidata no enfatiza en el acercamiento de México hacia América Latina. En cambio, propone ratificar el Acuerdo Global modernizado con la Unión Europea, reencauzar las relaciones con España y “elaborar un mapa de socios estratégicos claves y aliados naturales para temas concretos con países afines del Sur Global”.12 A diferencia de Claudia Sheinbaum, Gálvez no parece tener mucho interés por la Celac, que, de hecho, representa un logro para México al establecer un liderazgo matizado. Esta preferencia por Europa podría resultar en un descuido de México en las relaciones con sus vecinos del sur. Interesa la propuesta de buscar alianzas con países afines del sur global. Esto evidencia la tradición histórica de México de jugar con su identidad con el fin de obtener más beneficios estratégicos. Dadas las circunstancias económicas internacionales, esta estrategia podría ser muy eficiente, sin embargo, sería importante considerar qué tipo de asociaciones se establecen ya que muchas economías del sur global son competitivas y no complementarias. Si bien hay valor en jugar con la identidad de México en el mundo, es un error creer que existe coincidencia sólo por pertenecer al sur global.
En política migratoria, la candidata propone el establecimiento de una Autoridad Nacional Fronteriza y enfatiza en la protección de los derechos de los migrantes que pasan por México. No detalla las facultades de esta autoridad, que se encargará de “la administración de fronteras terrestres”. En esa propuesta será importante analizar qué tipo de mando va a tener esta autoridad y si planea alejarse de la tendencia de securitizar la migración centroamericana hacia México. Para manejar la migración de tránsito y de destino, la candidata propone conceder visas de trabajo a migrantes centroamericanos. Esta estrategia podría ser un guiño al programa de braceros entre México y Estados Unidos del siglo pasado, además de que ofrece una solución a las presiones estadunidenses de contener la migración sin la noción de que se vulnera la soberanía.
Las propuestas en relación con la cooperación hacia Estados Unidos son las que más espacio ocupan en su agenda. Propone “reforzar el andamiaje institucional y mecanismos de coordinación con Estados Unidos”.13 Así como integrar las cadenas de valor productivas para mayor competitividad de América del Norte. De nuevo, el nearshoring es uno de los temas más importantes para México en los próximos años. Destaca que la candidata propone “transparentar y definir estratégicamente” la relación con China. Esta propuesta es interesante porque podría significar un distanciamiento con Estados Unidos, ya sea por el descontento de Estados Unidos o por la intención de México de diversificar sus relaciones económicas. Esta propuesta puede responder al mismo interés de jugar con la identidad de México en el mundo, pero no parece conveniente acercarse así a un tema tan importante para Estados Unidos, más si se considera la próxima renegociación del T-MEC.
Conclusiones
En general, las propuestas de las dos candidatas son vagas. Es cierto que la sección de política exterior en el plan de Claudia Sheinbaum es mucho más extensa que la de Xóchitl Gálvez. Sin embargo, ambas fallan en profundizar una visión internacional compleja, lo que evidencia el poco interés hacia el exterior en estas elecciones. Sheinbaum apuesta claramente hacia la continuidad de los proyectos establecidos durante el gobierno actual, especialmente en temas de cooperación para el desarrollo hacia Centroamérica. Parece prometedor el interés de su plataforma hacia América Latina, una región que —inconsistentemente— siempre le ha interesado a México. Respecto a Estados Unidos las propuestas son lo suficientemente específicas como para no preocupar al vecino del norte, pero flexibles —especialmente en materia migratoria— para asegurar margen de acción en el futuro. En cualquier caso, sería importante generar políticas con mayor contundencia sobre las ideas de México en el exterior o en temas migratorios.
Las propuestas de Xóchitl Gálvez recuerdan a las administraciones panistas de hace algunos años. La preocupación por el Acuerdo Global y la relación con Europa o la ampliación del andamiaje institucional en la relación con Estados Unidos son ideas que estuvieron presentes durante la administración de Fox y Calderón, respectivamente. El acercamiento hacia el sur global es una de las propuestas más interesantes de su campaña, aunque preocupa la intención simultánea de acercarse a China por las posibles consecuencias en la relación con Estados Unidos y la renegociación del TMEC. Más allá de eso, su promesa de cambio falla en integrar un análisis de los grandes conflictos internacionales que, si bien México no puede resolver, sí puede posicionarse.
La voluntad del Ejecutivo no es el único elemento que define la política exterior mexicana, pero sí es de los más importantes. Las propuestas de las dos candidatas ofrecen pistas de a dónde se dirigirá México en los próximos años, y más allá de quién gane las elecciones el próximo 2 de junio, el mejor panorama sería que la política exterior se convirtiera en un eje prioritario para el gobierno. Mientras las interacciones de México en el sistema internacional se entiendan como un ejercicio de mera reacción hacia el exterior será difícil consolidar una posición relevante que ayude efectivamente a lidiar con los grandes retos que el mundo enfrenta y a aprovechar las oportunidades de crecimiento para México.
María José Padilla Soberón
Estudiante de la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México.
1 Guadalupe González González, “Democratización y política exterior: ¿el fin del predominio presidencial? en El mundo desde México: Ensayos de política internacional. Coord.Arturo C. Sotomayor Velázquez y Gustavo Vega Cánovas, ITAM, 2008, pp. 85-86.
2 Documento de campaña Claudia Sheinbaum, 100 pasos para la transformación, 334
3 Sociedad Civil de México, “Xóchitl Gálvez: Diálogo Universitario en la IBERO”, Youtube, 8 de abril de 2024. Video, 28:33.
4 Carmen Morán Breña, “Xóchitl Gálvez refuerza su proyección internacional con una gira por Estados Unidos”, El País, 7 de febrero de 2024
5 Entrevista a Víctor Arriaga, antiguo miembro del Servicio Exterior Mexicano.
6 Jorge Schiavon, “La presidencia pro tempore de México en la CELAC (2020-2021) y su relación con América Latina”, Anuario Mexicano de Asuntos Globales 1, num. 1, febrero 2023, pp. 556,
7 Ana Covarrubias, “La política exterior migratoria” en. La intersección de la política exterior con la política migratoria en el México de hoy, eds. Claudia Masferrer y Luicy Pedroza, El Colegio de México, 2022, pp. 82.
8 Documento de campaña Claudia Sheinbaum, 100 pasos para la transformación, 335
9 Documento de campaña Claudia Sheinbaum, 100 pasos para la transformación, 336.
10 Documento de campaña Claudia Sheinbaum, 100 pasos para la transformación, 121.
11 Documento de campaña Claudia Sheinbaum, 100 pasos para la transformación, 121.