El primero de mayo de 1855 Lucy Stone y Henry Blackwell justo antes de casarse publicaron este texto de protesta en un periódico. Con él pretendían hacer evidentes y combatir las injusticias de las leyes matrimoniales estadounidenses que en algunos estados de Estados Unidos duraron hasta las primeras décadas del siglo XX.
Si bien reconocemos nuestro afecto mutuo al asumir públicamente la relación de marido y mujer, en un acto de justicia para nosotros mismos y en nombre de un gran principio, consideramos que es un deber declarar que este acto de nuestra parte no debe suponer una sanción de, ni la promesa de obediencia voluntaria a las actuales leyes del matrimonio, ya que se niegan a reconocer a la mujer como un ser independiente y racional, mientras que confiere al marido una superioridad perjudicial y contranatura, otogándole a él poderes legales que ningún hombre de honor debería de ejercer, y que ningún hombre debe poseer .
Protestamos en particular contra las leyes que dan al marido:
1. La custodia de la persona que tiene por esposa.
2. El control exclusivo y la tutela de sus hijos.
3. La propiedad exclusiva de la propiedad personal de ella, y el uso de sus bienes inmuebles, salvo aquellos que previamente se establecieron en ella, o se colocaron en las manos de los custodios, como en el caso de menores, dementes e idiotas.
4. El derecho absoluto al producto de la industria de ella.
5. También contra las leyes que dan al viudo un interés mucho más grande y permanente en la propiedad de su difunta esposa, de lo que dan a la viuda en la del marido fallecido.
6. Por último, en contra de todo el sistema por el cual «se suspende la existencia legal de la esposa durante el matrimonio,» que hace que en la mayoría de los Estados, ella no tenga una parte legal en la elección de su residencia, ni pueda hacer sun testamento, ni demandar o ser demandada en su propio nombre, ni heredar propiedades.
Creemos que la independencia personal y la igualdad de los derechos humanos no puden ser suspendidos, a excepción del caso de la delincuencia; que el matrimonio debe ser una asociación equitativa y permanente, y así reconocido por la ley; que hasta que sea reconocida como tal, las parejas casadas deben proveer en contra de la injusticia radical de las leyes actuales, por todos los medios a su alcance…
“EPISTOLA DE MELCHOR OCAMPO”
Este es el único medio moral de fundar la familia, de conservar la especie y suplir las imperfecciones del individuo, que no puede bastarse así mismo para llegar a la perfección del género humano. Este no existe en la persona sola sino en la dualidad conyugal. Los casados deben ser y serán sagrados el uno para el otro, aún más de los que es cada uno para sí. El hombre cuyas dotes sexuales, son principalmente el valor y la fuerza, debe dar y dará a la mujer protección, alimento y dirección; tratándola siempre como la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil, esencialmente cuando este débil se entrega a él y cuando por la sociedad, se le ha confiado. La mujer cuyas principales dotes son, la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y ternura, debe de dar y darán al marido obediencia, agrado asistencia, consuelo y consejo, tratándolo siempre con la veneración que se debe de dar a la persona que nos apoya y defiende y con la delicadeza de quien no quiere exasperar la parte brusca irritable y dura de sí mismo. El uno y el otro se deben y tendrán respeto, diferencia, fidelidad, confianza y ternura, y ambos procurarán que lo que el uno no esperaba del otro al unirse con él no vayan a desmentirse con la unión. Ambos deben prudenciar y atenuar sus faltas. Nunca se dirán injurias porque las injurias entre casados deshonran al que las vierte y prueba su falta de tino o de cordura en la elección, ni mucho menos maltratarán de obra porque es villano y cobarde abusar de la fuerza. Ambos deben prepararse con el estudio y amistosa mutua corrección de sus defectos a la suprema magistratura de padres de familia, para que cuando lleguen a serlo, sus hijos encuentren el buen ejemplo y una conducta digna de servirles de modelo. La doctrina que inspiren a estos tiernos y amados lazos de sus afectos hará suerte próspera o adversa; y la felicidad o desventura de los hijos será la recompensa o el castigo, la ventura o desdicha de los padres. La sociedad bendice, considera y alaba a los buenos padres, por el gran bien que le hacen dándole buenos y cumplidos ciudadanos y la misma censura y desprecia debidamente los que por el abandono, por mal entendido cariño, o por su mal ejemplo, corrompen el depósito sagrado que la naturaleza les confió concediéndoles tales hijos. Y por último cuando la sociedad ve que tales personas no merecían ser elevados a la dignidad de padres sino que sólo debían haber vivido sujetas a tutela, como incapaces de conducirse dignamente, se duele de haber consagrado con su autoridad, la unión de un hombre y una mujer que no han sabido ser libres y dirigirse por sí mismos hacia el bien.
PIEDAD… ES SEXO, NO GÉNERO…
No es lo mismo la IGUALDAD que la EQUIDAD de gèneros, porque nunca seremos iguales y que vivan las diferencias. Pero la EQUIDAD , si que podremos ser equitativos unos con otros aunque seamos iguales o diferentes!
Hay Señores!
y practicando la Equidad, en mi timeline se lee:
#FelicidadesMujeresEnSuDia 8 Mar // #FelicidadesHombresEnSuDia 19 Nov
jejeje y algunos XY no sabían que tenían su díaaaaaa ;)