En el Blog de la Redacción, hemos dado cobertura a la discusión en México sobre los sistemas proporcionales y de mayoría relativa para la integración del poder legislativo. En el número de junio, de la edición impresa, publicaremos un resumen de dicha discusión en nuestro país. En el resumen que está por publicarse se argumenta que el debate entre mayoritistas y proporcionalistas no es exclusivo a México, y tampoco es exclusivo a este momento en el tiempo. Una evidencia más de dicho argumento es la discusión que en estos días se está llevando a cabo en España, que aunque similar a la discusión en México, su secuencia ha sido opuesta. Es decir, en España, primero los proporcionalistas criticaron el sistema por no se suficientemente proporcional, y después los mayoritistas han salido a defender el status quo diciendo que si fuera más proporcional no permitiría que los partidos en el gobierno tuvieran una clara mayoría.
Rosa Diez, parlamentaria y vocera del partido Unión, Progreso y Democracia (UPyD), publicó hace unos meses un artículo describiendo como injusta la distribución de asiento en el parlamento Español, porque sobrerrepresenta a los dos partidos más grandes, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y el Partido Popular (PP), y castiga o subrrepresenta a partidos minoritarios como UPyD, Izquierda Unida (IU), y otros. Diez dice:
El informe afirma también que el sistema actual produce "primas que obtienen los partidos más votados y penalizaciones que sufren los menos votados, especialmente cuando estos últimos cuentan con un electorado disperso". O sea, prima a las dos grandes formaciones políticas de ámbito nacional y castiga al resto de partidos nacionales. Vean, si no, los números de las últimas elecciones generales: el Partido Socialista Obrero Español necesitó 66.801 votos para conseguir un escaño; el Partido Popular necesitó 66.740 votos; Izquierda Unida, 484.973 y Unión Progreso y Democracia, 306.079. Más claro, agua
En el mismo periódico, José Ignacio Wert, contesta a Rosa Diez, defendiendo la "eficacia" del sistema Español, que aunque no permite mayorías unipartidistas (pues los gobiernos de coalición se forman entre un partido grande y otro muy chico), casi las logra. Para Wert, permitir una mayor proporcionalidad implica perder la supuesta "eficacia":
La cuestión es que la equidad no es ni puede ser la única dimensión a atender a la hora de evaluar una Ley Electoral. Porque de lo que se trata es de un delicado trade-off entre equidad (que los votos se conviertan en representación parlamentaria de una forma justa, que "valgan" por igual) y eficacia (que los Parlamentos elegidos sean capaces de producir gobiernos viables y estables). Y si en la primera dimensión el sistema español puede suscitar alguna opinión crítica, es difícil negar que en la segunda ha funcionado casi como un reloj.
Por último, el día de ayer, Jorge Urdanoz, hace una defensa del sistema proporcional, y explica que no tiene por qué un gobierno perder eficacia si está obligado a formar un gobierno de coalición porque el sistema electoral en vez de producir mayorías unipartidistas (o cercanas al unipartidismo), fomenta el multipartidismo en el parlamento. La respuesta de Urdanoz se lee no sólo más potente que la de Wert, sino incluso que la de Rosa Diez:
Pero, ¿qué significa "eficacia" en 2010?
No se engañen: significa tan sólo "comodidad" para el PP o para el PSOE. Wert lo deja bien claro: la define como la mayor o menor "posibilidad de Gobiernos mayoritarios o cuasi mayoritarios de cualquiera de los dos partidos centrales". Es sencillamente escandaloso afirmar que la igualdad de voto haya de sacrificarse en aras de tal eficacia. Y lo es por partida triple.
En primer lugar, es un argumento antidemocrático. La igualdad se puede rescindir para salvar al sistema transitoriamente… no para hacer más fácil su gobierno…
En segundo lugar, se trata de una tesis manifiestamente errónea desde un punto de vista empírico. Hace ya mucho tiempo que la ciencia política descartó la idea de que los Gobiernos monocolor sean "más eficaces" que los de coalición…
Y, por último y en tercer lugar, aunque la tesis fuera empíricamente cierta y moralmente democrática -y no es ni una cosa ni la otra- es que, en el colmo del absurdo, aquí y ahora no se cumple. No sé en qué país vive Wert, pero en el mío cada dos por tres al PP o al PSOE los tienen que sustentar otros partidos pequeños para poder gobernar.
Hay una cosa realmente contrastante entre la discusión en España y la discusión en México. En nuestro país, casi nadie argumentó desde el punto de vista de los votantes. Casi todos los argumentos fueron en relación a la distribución de poder dentro del Congreso y la capacidad de negociación entre actores políticos. En cambio en España (y también en Reino Unido), buena parte de la discusión tiene que ver con cuanto vale el voto de cada ciudadano.

Persiste José Ignacio Wert en justificar nuestro sistema electoral en comparación con otros relativamente peores, como el británico, que por cierto, él sabe que está en trance de reforma. En su respuesta al artículo de Jorge Urdánoz, Nada justifica la desigualdad del voto, Wert reitera la equidad fundamental de nuestro sistema que sólo castiga, según él, la irrelevancia. Nada más lejos de la realidad. Izquierda Unida, con casi un millón de votos tiene dos diputados en el actual Congreso de los Diputados, mientras el Partido Nacionalista Vasco con trescientos mil -bastante más irrelevante a nivel estatal- tiene seis, lo que es debido, ciertamente, a la consideración como circunscripción electoral de la provincia, pero, sobre todo, a la aplicación de la regla d’Hont como método elegido para la asignación de escaños. ¿Es esta inequidad evitable?. Pues si. Existe un sistema denominado biproporcional que, elaborado hace veinte años, se aplica en las elecciones de algunos cantones suizos. Basado en este sistema, el Grupo de Investigación en Métodos Electorales (GIME) de la Universidad de Granada, que dirige el matemático Victoriano Ramírez, elaboró un documento en cuya cubierta puede leerse: Un sistema electoral ecuánime para el Congreso de los Diputados. Conforme a las recomendaciones del Consejo de Estado. No requiere cambiar la Constitución. Con ese sistema aplicado a los resultados en votos de las últimas elecciones, el PSOE pasaría de 169 a 171 escaños (de 66.801 a 66.019 votos por escaño), el PP de 154 a 141 escaños (de 66.740 a 72.894 votos por escaño), IU de 2 a 12 escaños (de 484.973 a 80.829 votos por escaño), UPyD de 1 a 4 escaños (de 306.079 a 76.520 votos por escaño), el PNV pasaría de 6 a 4 escaños(de 51.021 a 76.532 votos por escaño) y tanto CiU, como ERC, BNG, CC y NaBai quedarían con el mismo número de escaños. Con la aplicación de ese sistema quizá nos hubiéramos evitado el esperpento de ver a un gobierno que se dice de izquierdas seguir el dictado de los poderes económicos y al principal partido de la oposición ejercer de paladín de parados, pensionistas y funcionarios. Y coincido con Urdánoz en algo que creo fundamental: asimilar la eficacia del sistema electoral a que cualquiera de los partidos "centrales" puedan crear gobiernos mayoritarios es una auténtica falacia. Estamos como estamos en gran parte debido a la ineficacia política derivada de un bipartidismo que propicia clientelismo y corrupción, e implantado en España por siempre jamás.