Desde que me enteré por Twitter de la noche de la premier en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara en la que dieron una tocada sorpresa, la necesidad por ver a Café Tacuba me consumió. Me prometí a ir a la siguiente tocada de Café Tacuba en el D.F. a pesar de que habían afirmado al principio de año que ya no tocarían en el 2010. Afortunadamente, esa promesa la rompieron y nos regalaron una noche inolvidable en el Infield del Hipódromo de las Américas con un concierto, cuyos ingresos irán a varias ONGs y asociaciones de beneficencia pública.
La noche era cálida y con poca nubosidad, la gente se despreocupó del clima. Se apagaron las luces a las 9:30 y empezó uno de los conciertos más memorables a los que he tenido el privilegio de asistir. Sin titubeos empezó el concierto con una de sus canciones más pesadas, la cual emula al hardcore californiano de principios de los años ochenta: “El Borrego”. “Pinche Juan”, hecha a la medida para echar el eslam chilango, la siguió y mantuvieron el ritmo con “No Controles”.
El ritmo bajó un poco con su interpretación de “Alarmala de Tos” de Botellita de Jerez. Después de tocar más éxitos decidieron saciar las exigencias de los miembros del coro Paparapapa-eo-eo, con el “Baile y el Salón” una especie de Hey Jude local, en la que el público se entregó a la canción. Después hicieron que la melancolía creada por ese clásico se concretara en, “Volver a Comenzar” un viaje introspectivo a lo que es y lo que puede o pudo haber sido.
Éxito tras éxito, nos llevaron al júbilo total a todo pulmón. Después llegó uno de los momentos más emotivos en el cual cantaron “Juegos de Seducción” de Soda Stereo y dedicada a Gustavo Cerati, quién está hospitalizado.
Llegó la lluvia, justo a tiempo, porque se empezaba a sentir el cansancio de la gente gracias a dicha avalancha de éxitos. Mágicamente, como si lo hubieran planeado previamente, durante la canción “Agua” del SiNo empezó una leve llovizna que se convitió en aguacero. En “Eres”, una de sus canciones más queridas, la lluvia era chubasco y el público inamovible dio la bienvenida al himno no-oficial del Distrito Federal, “La Chilanga Banda”. Los Tacubos siguieron el ejemplo del público e improvisaron con más canciones de las que tenían planeadas tocar.
En un concierto de Café Tacuba, lluvia o sol, la entrega es total, tanto del público como del Artista. Su música forma parte de nuestras vidas, los vemos crecer y florecer como y nos llena de orgullo. Su música nos enseña que con creatividad e imaginación cualquiera puede salir adelante. Son un ejemplo a seguir y les agradecemos sus atenciones.
Rodrigo Jiménez.