Desde la presentación del decálogo de reforma política en diciembre se han discutido, con mejores o peores argumentos, los ventajas y desventajas de la iniciativa de Calderón. Entretanto la oposición ha colocado contrapropuestas sobre la mesa. En mis cinco minutos discutiré una cosa que me disgusta del decálogo; otra que me gusta; y el quid pro quo inevitable si algo ha de aprobarse.
Me disgusta facultar a la Suprema Corte para iniciar leyes en su ámbito de competencia. Es un detalle aparentemente menor, que busca equilibrar el acceso al proceso legislativo entre los tres poderes. Pero olvida que el papel de los jueces es interpretar la ley, nada menos pero tampoco nada más. Permitirles proponer leyes, y por ende conducirlas por los meandros congresionales, los coloca de lleno en el terreno de la lucha política. Inevitablemente algunas iniciativas de jueces gustarán a unos partidos pero no a otros, y esto contribuirá a alimentar suspicacias de que la Suprema Corte, ultima instancia del poder judicial, es un actor parcial.
Me gusta, en cambio, la posibilidad de que legisladores y alcaldes puedan repetir inmediatamente en sus cargos. Si me concedieran aprobar uno solo de los puntos del decálogo, me quedaría con éste. Darle al ciudadano la posibilidad de premiar o castigar el desempeño de sus diputados restituye la representación política. Cambia los resortes que mueven al legislador, poniéndolos principalmente en manos de sus representados y no sólo de los jerarcas del partido nacional. Por las características del sistema político mexicano, con partidos que han echado raíces fuertes en el electorado y votantes segmentados ideológicamente, estoy convencido de que este cambio, por sí solo, sería un catalizador de otras reformas institucionales deseables.
Como el partido del presidente carece de los votos para aprobar solo la reforma, es imperativo preguntar qué partes del decálogo defenderán a capa y espada, cuáles sacricarán y qué propuestas de la oposición aceptarán. Así la discusión dejará de ser un listado de desideratas para entrar al terreno de lo factible.
Una parte del decálogo busca reforzar al débil presidente mexicano, mientras la oposición quiere fortalecer el papel del Congreso. ¿Aceptaría Calderón que el Senado ratifique los nombramientos del Ejecutivo a cambio de que le aprueben la concurrencia de la elección legislativa con la segunda vuelta presidencial? ¿Cómo piensan el intercambio en Los Pinos?
Eric Magar. Profesor e Investigador del Departamento de Ciencia Política del ITAM.
Este texto proviene de la intervención del autor en la «Mesa de discusión: Agenda Ciudadana y Gobernabilidad: la Reforma Política” organizado por la Secretaría de Gobernación
