En medio de un mar de tragedias, pandemia y movimientos antirracistas, con cinco votos contra cuatro, el reciente fallo de la Suprema Corte de los Estados Unidos para que siga en pie la acción diferida de aquellos llegados durante la infancia, mejor conocida como DACA en inglés, es una buena noticia. El 5 de septiembre de 2017, el presidente Donald Trump, decidió de un plumazo, eliminar esta acción ejecutiva puesta en marcha por Barack Obama en el 2012, tras el fuerte movimiento, organización e impulso de los dreamers (conocidos bajo ese nombre debido a la iniciativa Dream Act presentada el 1 de agosto de 2001 que proponía su estatus legal permanente pero no logró ser aprobada). DACA es un beneficio migratorio especial, renovable cada dos años. Protege de la deportación y brinda un permiso de trabajo, licencias de conducir, apoyos para la educación y lo más importante, tranquilidad emocional a los beneficiarios y sus familias.
Deyvid Morales, nacido en Acapulco, cruzó a los nueve años con su madre y hermano para reunirse con su padre que llevaba dos años de indocumentado en Utah. Detenido un par de veces por autoridades de inmigración por su aspecto latino, llevado a un centro de detención un par de semanas en una ocasión y amagado con ser deportado la segunda vez, a pesar de que ya era ciudadano por haber contraído matrimonio con una estadunidense. Es emprendedor y creador de diversas aplicaciones para la protección y educación de las juventudes binacionales. Astrid Silva, lagunera, cruzó a los cuatro años con sus padres en una lancha de neumáticos el Río Bravo, hija de padre jardinero y madre empleada del hogar. Es directora de Dream Big Nevada, ardua defensora y conocida por el contundente mensaje que dio al presidente Trump ante el Congreso, a su llegada a la Casa Blanca. Paul Quiñones, originario de Colima, economista y politólogo. Cruzó a los siete años para reunirse con su padre, gracias al Advance Parole (Permiso adelantado de reingreso para los DACA) logró visitar México en 2015 y contar con un reingreso legal a los Estados Unidos. Hoy es encargado de asuntos de educación, migración y derechos civiles para el gobierno de Seattle y miembro de Washington Dream Coalition. Todos ellos son una pequeña muestra de los más de 700 000 jóvenes beneficiarios DACA cuya edad promedio es 26 años.

Ilustración: Víctor Solís
Este logro, es el primero de muchos pasos más que debe seguir la lucha de los soñadores y de los migrantes en la Unión Americana. DACA es una solución temporal, no ofrece la regularización del estatus migratorio. Sin embargo, es un importante avance, tras la larga carrera y el miedo que los soñadores han pasado por las políticas racistas de Trump, quien, como parte de su campaña electoral, sigue amagando con reiniciar el trámite de cancelación.
Desde 2017, diversas cortes federales se manifestaron en contra de la decisión del ejecutivo de eliminar DACA, argumentando la violación de los derechos humanos y la afectación de dicha medida en términos económicos para la Unión Americana. Gracias a esto, los jóvenes que ya contaban con el status migratorio especial, pudieron mantenerlo aunque con algunas deportaciones, dificultades, daños a su salud mental y sin la posibilidad de poder salir y reingresar a territorio estadunidense. También, quedaron en calidad de indocumentados aquellos que no cumplían con la edad mínima requerida para tener el beneficio migratorio especial y en el limbo los que se encontraban en trámite antes de la llegada de Trump. Esto aún esta pendiente ya que tras la decisión de la Corte, el USCIS publicó los lineamientos generales de DACA y no parece incluir a los nuevos solicitantes. La Corte fue clara en la renovación del programa y eso debe incluir de igual manera a los nuevos solicitantes. En el 2018, diversas propuestas de ley fueron presentadas ante el Congreso para definir la situación de los soñadores. Algunas de corte conservador como la propuesta identificada como la ley de la Casa Blanca y otras más incluyentes que proponían la ciudadanía después de cinco años de permiso especial. Sin embargo, ninguna obtuvo el respaldo necesario para ser aprobada, dejando, hasta la reciente decisión de la Corte, en una situación de incertidumbre a estos jóvenes.
Los dreamers son la cara más deseable de la migración. Los mejor organizados, los más empoderados y aceptados por la mayoría de la sociedad estadunidense. El 70 % de ellos cuenta con estudios superiores, el 95 % son bilingües y el 90 % tiene un empleo formal. Pagan 1 700 millones de dólares al año en impuestos, 29 000 son trabajadores de la salud y un tercio realizan labores esenciales durante la pandemia.
El 80 % de estos jóvenes son mexicanos. Hijos de indocumentados y fruto de un sincretismo social entre México y Estados Unidos, se inspiran en sus raíces y el esfuerzo de sus padres para fortalecer su liderazgo en la comunidad al tiempo de adoptar el dinamismo y la multiculturalidad del país que los vio crecer para romper barreras y lograr cambios de paradigmas que parecían imposibles.
El gobierno mexicano tiene la oportunidad histórica de trabajar de la mano de estas juventudes para lograr la agenda pendiente más importante de Mexico en Estados Unidos. A través de sus 50 consulados debe contribuir con información, recursos y acompañamiento en los procesos para renovar o adquirir el estatus DACA. Fortalecer la estrategia de empoderamiento y vinculación de estos jóvenes en Estados Unidos es prioritario. Son recursos humanos binacionales valiosos para la reconstrucción post pandemia. Además, su resiliencia probada, su sensibilidad a la causa e inmersión en la vida diaria norteamericana, los llama a convertirse en los puentes más importantes y de múltiples sectores entre ambos países. Debemos asegurar que tengan las herramientas y apoyo necesario para ser los artífices de una nueva realidad migratoria empática, justa e incluyente en Estados Unidos.
Eunice Rendón
Doctora en políticas públicas por Sciences-Po París y experta en migración y seguridad.