Si no hubiera abortado, hoy mi hijo o hija tendría once años; yo entonces tenía diecinueve.

Para mí ha habido pocos sentimientos en la vida que escapen a esa fluctuación constante a la que nos somete el paso del tiempo y que pueda calificar de certeros. Sentirme encinta fue precisamente uno de ellos. Era otoño. En el estacionamiento de la universidad me encontré a una amiga que obtuvo como respuesta a su “¿Cómo estás?” una palabra elemental —quizá la más elemental—: “Embarazada”.
Esos días tenía en el cuerpo la sensación de la satisfacción más absoluta, era como transportarme todo el día dentro del plácido sopor experimentado después de una comida abundante y deliciosa. Tener una temperatura corporal y un sabor especial de boca, como cuando entras a una habitación cálida después de caminar en la calle y soportar el viento frío, o cuando derrites en la boca una brizna de chocolate. Comer y dormir… “¿Por qué no podemos sólo comer y dormir durante todo el día?”
Me hice una prueba de farmacia… ¿rosa o azul? Salió en blanco, pero no era necesario intentarlo de nuevo, lo sabía. Estaba en la tercer semana cuando fui al ginecólogo y me hizo un ultrasonido. Vi en la pantalla la mancha diminuta que era en ese momento el embrión. Estremecimiento. Todavía hoy siento estirarse los bordes de mis ojos ante la emoción que me causó lo que veía, las ganas casi incontenibles de abrir la boca para dejar escapar el “oooooh” más espontáneo.
Qué difícil, qué duro y cuánta tristeza…
Fui al doctor con la seguridad de que no quería tener un hijo. Pensaba que no podría cuidarlo, que no quería criarlo sola, que no me gustaría que no tuviera papá o tuviera uno irresponsable como es el mío. Pensaba que afectaría negativamente la vida de todas las personas a mi alrededor. Desde entonces y a la fecha, criar a una persona me parece una tarea monumental, en ese entonces estaba convencida de que sería incapaz de ello.
Era viernes. Al salir de la consulta fui directo a casa de mi novio a darle la noticia. Lo encontré en la azotea donde tenía un jardín. Las hojas de los árboles estaban en el piso y él las juntaba con una escoba de vara, ras ras ras, en montones que formaban otro tipo de follaje: naturaleza muerta. Me preguntó qué quería hacer, le dije que quería abortar. Guardamos silencio, más ras ras ras. Había nubes aborregadas, hacía frío.
La cita para el aborto me la dieron para el lunes siguiente. Antes, el sábado debía tomar una pastilla que facilitaría el desprendimiento del embrión del sitio que había encontrado en mi útero. El domingo por la noche tomé un baño y en la regadera lloré desconsoladamente, quería tenerlo dentro de mí y guardarlo para siempre. Quería que todos los finitos y la realidad de la persona que era yo, no existieran; quería no sentir esa limitación, pero la sentía; quería ser capaz, pero no lo era.
Fui a la cita al Hospital Ángeles del Pedregal, acompañada de mi novio y una amiga. Pero a la consulta sólo entramos el doctor, él y yo. Salí sólo yo: yo sola.
No me arrepiento y no tengo sentimientos culposos, quizá porque no tengo una educación religiosa. Pero sí creo, y desde entonces lo hago, que embarazarme y abortar fue un atentado contra aquello que suele llamarse “lo sagrado” y eso me duele profundamente. Considero un acto de destrucción convocar a las fuerzas de la vida a un lugar, a un momento y un cuerpo determinados, y luego aniquilarlas. Aún así, en mi valoración de ese momento, mi convicción fue optar por cancelar la posibilidad de tener un hijo sin una pareja estable, sin recursos económicos, sin preparación profesional, sin un proyecto de vida.
Cuento todo esto porque recientemente algunos de nuestros legisladores han aprobado reformas de ley que castigan el aborto como un crimen y convierten a las mujeres que lo llevan a cabo en delincuentes, aún en los casos de violación y de riesgo para la madre. En estas circunstancias la frontera entre lo público y lo privado adquiere otros matices.
Estos legisladores tomaron sus decisiones sin siquiera justificarlas desde el punto de vista del bienestar social y las requerimientos de la población en torno a los servicios de salud, lo cual es su obligación. Ellos quizá creen que las leyes que promueven afectan a una masa anónima que es “la población femenina”; o que regulan la vida de “la mujer mexicana”, ese concepto vacío que tiene entre sus atributos el de la “concepción”. Pero eso no es así, las mujeres somos nosotras, las que vivimos en carne propia las consecuencias de dichas leyes, las que construimos nuestra vida y tomamos decisiones, las que a veces nos equivocamos, pero que como seres humanos y ciudadanas tenemos obligaciones y tenemos derechos.
Yo tuve la oportunidad de practicarme un aborto en un hospital privado en condiciones seguras, pero muchas mujeres no la tienen, y deberían tenerla, esa y no otra es la obligación del Estado; tanto como lo es brindar educación sexual y el apoyo psicológico, más en los casos de violación y en embarazos de alto riesgo.
Por eso invito a las mujeres y a los hombres a que le pongamos rostro a los genéricos vacíos que tal vez hacen olvidar a nuestros gobernantes que su obligación es con nosotras: las personas reales.
Sara Schulz. Editora
Dos o tres veces interrumpe embarazos no deseados. No recuerdo haber tenido ningún tipo de sentimientos encontrados. Estaba segurísima que no podíamos ni debíamos llevar a termino esos embarazos. Afortunadamente, en el país (Provincia de Quebec), donde vivía, el derecho a la interrupción de embarazos no deseados es desde 1975 un derecho adquirido por el movimiento feminista. Además de ser gratuito, es impresionantemente solidario. El procedimiento quirúrgico dura apenas cinco minutos, y pueden acompañarnos hasta 2 personas. En la sala de «recuperación» podemos estar todo el tiempo que necesitemos y acompañados de todos las amigas y amigos que hayas invitado.
Me conmovió más la historia de Adriana ya que muestra más la realidad del aborto ella me hizo reflexionar más. gracias
Grande!
p.d.
yo tambien vivì el aborto en primera persona, y hoy mas q nunca estoy convencida d q si, efectivamente no fue fàcil, q por la forma en q me fue practicado posiblemente no pueda embarazarme nunca mas, (otra d las consecuencias psicologicas) y aun asi sè q fue la mejor decisiòn q pude haber tomado
Si hoy a mis 30 años con una licenciatura a medias q no pude terminar x cuestiones economicas no puedo encontrar trabajo; y siendo «¿tienes hijos?» una d las primeras preguntas q hacen en la entrevistas de trabajo; q seria si lo tuviera?
Como decia mi ex jefe, la pròxima plantilla q se contrate va a tener puros hombres, por que las mujeres piden muchos permisos » por los hijos», y efectivamente, nos corrieron a todos hace 3 meses: 12 agentes, 5 mamàs, solo una soltera.
la plantilla actual solo tiene 3 mujeres… jovencitas, guapas y sin hijos
Hace un mes m llego un mail q hablaba de 5 personas importantes en la historia mundial q pudieron ser abortados, despues de leerlo escribi esto:
Wow!! únicas y fantásticas excepciones 1 en 1000 millones!!
al resto d ellos los puedes encontrar en las calles, pidiendo limosna, drogándose… son esos delincuentes q t robaron el carro hace unos años, secuestradores; viviendo una vida + cruel q la palabra misma, solo favoreciendo la inmovilidad social en México.
Posiblemente sea solo un mail como miles q te aseguran ganar una laptop tan solo reenviando un mail, o q te van a caer 3 años de mala suerte si no lo envías!. por desgracia, refleja la mentalidad de mucha gente, d hecho esta diseñado para evitar la acción conciente d una mujer q posiblemente se encuentre en la desgracia de sentirse sola y sin esperanza en un embarazo, no deseado, no planeado y si muy conflictuado. cuando cualquier cosa hace girar su cabeza llena de confusión pensando mil y un posibilidades.
Acciones como esta q llenan a miles d mujeres d culpa y sometimiento emocional han hecho d México x ejemplo, países sumidos en la pobreza x la sobrepoblación, a diferencia d países como Canadá, Suecia, Dinamarca, etc. Q dan a cada uno d los individuos, mucho + ocasión d vivir, xq no hay esa desarrapada lucha d unos contra otros x el mismo pedazo d pan, donde el respeto a las ideas, inteligencia, talento y trabajo d las personas existe y no despreciado a través d bajos salarios.
En México ganas $10 xq si tu no lo quieres hacer x $10 atrás d ti hay 9 q lo hacen por $8, aun los hijos + deseados y formados x familias llenas d amor se ven afectados x la alta competencia d quienes solo pudieron tener supervivencia…como animalitos.
Llenando la lista para q sus 5 excepciones en 20 siglos existan, por cierto productos en sociedades con respeto a la vida (cuando ya es realmente vida) q le dan a sus integrantes la oportunidad d desarrollar sus virtudes. En México…. como cres! x eso hay fuga de cerebros! …. hasta de trabajadores ahí están los inmigrantes indocumentados, aa como son trabajadores, demostrando q los mexicanos no somos flojos… pero matarte para hacer rico a un inversionista gringo a cambio de un salario miserable? o a un pinche argentino q no lo aguanta ni su madre!
Y entonces te contesto: ¿quieres q el fruto d algún descuido, la falla d un método anticonceptivo, inconciencia, “los hijos q Dios t dio” o cualquier situación q lo preceda, joda no solo tu vida y las pocas oportunidades q pueda traer si no la d tu familia y muchas otras personas? ¿Perpetuar el cambio d valores x mañas para sobrevivir en la animal necesidad no racional d la subsistencia?
O prefieres darle a ese mismo ser (si lo fuera… que no lo es!), una prueba d amor evitando su sufrimiento, xq no es el momento, respetando tu vida, darte y darle a tu familia (futuros y/o ya presentes hijos) la coyuntura d tener algo mas parecido a una vida real.
Nadie quiere un aborto, evitémoslo con educación!, con atención, vidas d calidad!, démosle el tiempo preciso a nuestros hijos para llenarlos de amor y una vida digna; a veces un no a la vida es un regalo d amor, aun mas grande q la vida misma.
Disculpa si no es esta una respuesta igual a tus mails d respeto a la vida a algo q NO LA TIENE, lo mismo digo yo:
respeta la vida, la tuya y la d los q t rodean, educa y edúcate, instruye e instrúyete No permitas q grupos d poder sigan riéndose d ti xq entre + seamos + pobres estaremos, + fácil hacer contigo lo q sea, q x un trozo d pan q intentes llevarle a ese “hijo q Dios t dio”, debas aguantar vejaciones q hacen d ti un individuo frustrado, aceptar un salario d mierda x un trabajo q t hace sentir miserable, felicidades, ya somos un chingo! A ver si x fin entienden q el plan ha salido muy bien. manipulación… no gracias.