Los cuidados son esenciales para la vida, el bienestar y la movilidad social. Sin embargo, entre quienes los brindamos, mayoritariamente las mujeres, la responsabilidad se distribuye de forma muy desigual. En consecuencia, el espacio de elección de las mujeres queda restringido a lo largo de toda su vida. De esta manera, el cuidado condiciona el grado de participación en actividades tales como estudiar o insertarse y mantenerse activas en el mercado laboral, así como en iniciativas comunitarias o políticas. Ante esta problemática que enfrenta el país, la creación de un Sistema Nacional de Cuidados (SNC) funcional y sostenible es una gran oportunidad que no debemos dejar pasar.

Las opciones de movilidad social de las personas dependen del espacio de oportunidades a las que tienen acceso en distintas etapas de su vida. Sin embargo, como ya lo hemos mencionado en otro momento, dichas oportunidades están permeadas por distintas capas de desigualdad. La evidencia con la que contamos para el caso mexicano resalta con toda claridad a tres de ellas: la socioeconómica, la territorial y la de género.1 Esta última se caracteriza por afectar a todo el espectro socioeconómico. Para las mujeres que nacen en la parte baja de la escalera social se observa un fenómeno de suelo pegajoso de mayor magnitud que para los hombres con esa misma condición de origen.
En el otro extremo del estatus de origen, es decir, para las que nacen en una posición de mayor ventaja socioeconómica, la probabilidad de pérdida de posición es más alta que la que se observa para su contraparte masculina. Es decir: además del fenómeno conocido como techo de cristal, para las mujeres con origen aventajado también se observa uno que podemos denominar piso falso.
Los roles sociales asignados a las mujeres asoman como un factor clave para explicar estas diferencias. Entre ellos resalta el trabajo de cuidados. Las mujeres sostienen 75 % del cuidado no remunerado en México.2 El rol de género las involucra desde niñas en el cuidado de sus hermanos y otros familiares. En la edad adulta se hacen cargo del cuidado de sus hijos y más adelante del de sus padres y parientes por lazos conyugales. Sin embargo, esta responsabilidad casi exclusiva no es sólo el resultado de los roles sociales asignados, sino de la falta de un sistema de cuidados que estructure y provea servicios y mecanismos de apoyo al cuidado.
Con un sistema de cuidados se abre una posibilidad de realización de vida completamente distinta para las mujeres. Así lo sugiere la evidencia que reportamos en un trabajo reciente del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) elaborado en conjunto con nuestras colegas Rocío Espinosa, Claudia Fonseca y Melanie Marchant. Para identificar el beneficio potencial de un sistema de cuidados comparamos la movilidad social experimentada por las mujeres bajo dos entornos opuestos, con y sin acceso a servicios de cuidado.3
Los resultados refuerzan la necesidad de establecer un SNC que se constituya en uno de los pilares de un sistema de protección social universal. Las mujeres adultas que nacieron en hogares del estrato más bajo de la distribución nacional, cuyos padres se ubicaron en la posición 25 de una escala de 0 a 100, donde 0 es el hogar más pobre y 100 el de mayor riqueza, llegan a alcanzar la posición 39 cuando crecieron en lugares que tienen acceso a centros de cuidado infantil. En cambio, las mujeres que habitan en lugares sin acceso a este tipo de servicios se quedan prácticamente en la misma posición de origen, en el lugar 26. En lo que se refiere a servicios de cuidado para personas enfermas, con discapacidad o adultas mayores, el resultado para las mujeres con padres en la posición 25 de una escala de 0 a 100 es similar al observado para servicios de cuidado infantil: las que crecieron en lugares con acceso a este tipo de servicio alcanzan la posición 40, mientras que aquéllas en lugares sin acceso solamente alcanzan la posición 29.
Detrás de los resultados anteriores se encuentra el hecho de que, ante la ausencia de servicios de cuidado, las mujeres asumen dicha responsabilidad y restringen sus posibilidades de participar en el mercado laboral. La consecuencia directa es que la mayoría de ellas no lo hace, y mucho menos en el que otorga seguridad social. En todo caso, pueden obtenerla a través de un tercero, su pareja o alguno de sus hijos, siempre y cuando ellos se encuentren en la franja de la población que cuenta con ese tipo de seguridad. Indefectiblemente ellas también requerirán de cuidados en su vejez, pero en una mayor proporción carecerán de seguridad social y acumulación de un patrimonio para su sostenimiento.
El SNC es un camino para la movilidad social ascendente. Resulta necesario para que las mujeres puedan ejercer el derecho al uso del tiempo al reducir la carga de cuidados. De esta manera se pueden generar oportunidades más igualitarias y ampliar las posibilidades de elección para ellas. También es necesario para igualar las oportunidades desde la infancia y la adolescencia, a través de la eliminación de cargas de trabajo para las mujeres que no les corresponden. Un SNC implica la creación y articulación de acciones, programas y políticas para quienes proveen cuidados, pero también para los que los requieren.4 Solamente estableciéndolo daremos un paso hacia la igualdad de oportunidad y la ampliación sustantiva de las opciones de movilidad social.
Mónica Orozco
Directora de GENDERS A. C.
Roberto Vélez Grajales
Director Ejecutivo del CEEY
1 La referencia a las capas de la desigualdad que permean sobre las oportunidades se toma de un ensayo con enfoque de género sobre la problemática de la falta de oportunidades para la población joven de la ZMCM.
2 Estimaciones de la Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado de los Hogares del Inegi.
3 Según la Encuesta de Movilidad Social en México ESRU-EMOVI (2017), sólo 83.8 % de la población habitaba en municipios con al menos un servicio de cuidado infantil o para personas enfermas, con discapacidad o adultas mayores registrado en el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE).
4 El derecho efectivo a recibir cuidados también tiene toda una serie de implicaciones positivas en términos de movilidad social para la población en su conjunto.