A mi amigo Sergio Pignuoli Ocampo.
“La política descansa en el hecho de la pluralidad de los seres humanos”.
“El sentido de la política es la libertad”.
—Hannah Arendt
En este escrito, comparto mis impresiones de la Marcha por la Democracia del domingo 13 de noviembre de 2022. Como no soy usuario de redes sociales, me enteré de ella por la radio y la prensa escrita. Decidí asistir como cualquier otro ciudadano interesado en la salud de nuestra República. Cuando salí de casa, no tenía ninguna intención de elaborar este texto. Sin embargo, mientras avanzaba rumbo al punto de encuentro y salida de la marcha, el monumento a la Independencia, me di cuenta de que el habitus sí hace al monje y empecé a tomar fotografías y notas mentales y escritas de lo que veía, oía y vivía, siguiendo el consejo del antropólogo José Luis Escalona Victoria en el sentido de que muchas veces es mejor apagar la grabadora para simplemente mirar qué hace la gente y escuchar lo que dice sin interpelarla.

Un sociólogo en el Paseo de la Reforma
Salí de casa, en Coyoacán, a las 9:30 de la mañana. Tomé un taxi al metro Barranca del Muerto. Cuando descendí del automóvil, vi a un grupo de personas vestidas con alguna prenda color rosa, la mayoría de ellas mujeres de entre 45 y 60 años, que también se disponía a ingresar a la estación para asistir a la denominada Marcha por la Democracia con el objetivo de protestar en contra de la iniciativa de reforma electoral que el presidente Andrés Manuel López Obrador promueve entre sus correligionarios de Morena en las cámaras de diputados y senadores. Dicha reforma implicaría, si no necesariamente la desaparición del Instituto Nacional Electoral (INE) y sus contrapartes estatales, sí las facultades, capacidades operativas, modo de integración e independencia de las autoridades electorales y el equilibrio en la competencia electoral entre el partido oficialista en turno y la oposición, por un lado, y los mecanismos de elección e integración de las cámaras de diputados y senadores, por el otro.
Al salir de la estación Auditorio, alrededor de las 9:50 a. m., caminé en dirección al “Ángel”. Ya entonces podía observar a pequeños grupos de manifestantes que andaban en el mismo sentido entre paseantes, corredores, turistas y visitantes del parque de Chapultepec y los museos cercanos.
Conforme más me acercaba al puente de Reforma sobre Circuito Interior, justo en la esquina del Museo de Arte Moderno, la cantidad de asistentes a la marcha aumentaba. Como cada domingo, la policía de tránsito desviaba el flujo vehicular en ese punto, por lo que los manifestantes podían caminar sobre el arroyo vial. Por la banqueta y la lateral de la avenida, se congregaba y aumentaba el río de gente. Se podía observar a personas sin compañía o en pareja, familias nucleares y extensas, grupos de amigos y vecinos, hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos mayores y muchas mascotas. Una buena parte de ellos portaba una prenda color rosa —el color del INE—.
Debido a las descalificaciones presidenciales, oficialistas y de la prensa a favor de la denominada Cuarta Transformación (4T), esperaba una manifestación compuesta exclusivamente de integrantes de las clases media y alta. En realidad, se trató de una manifestación más socialmente heterogénea. Para decirlo en un lenguaje demodé: fue una manifestación multisectorial y multiclasista. De manera correspondiente, se reflejaba la diversidad humana del país: gente morena y de piel más clara de diferentes estratos sociales.
Me sorprendió, también, la ausencia de grandes organizaciones de masas y sindicatos, así como de partidos políticos, que, en este tipo de eventos, se distinguen por sus enormes mantas y contingentes disciplinados coreando consignas.1 Había, en cambio, algunas asociaciones civiles y políticas —por ejemplo, hagamosjalisco, como me enteré al recibir un volante de uno de sus integrantes— o algunos grupos pertenecientes a movimientos sociales —como el LGTB+—; sin embargo, lo que predominaba eran los ciudadanos sin una filiación partidista o militancia organizativa. En otras palabras, se trataba de personas y grupos que asistían por su propia voluntad y convicción, autoorganizados y autoconvocados en un sentido importante gracias al uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC),2 y motivados por la información en los medios de comunicación convencionales y las redes sociales.
Al observar la heterogeneidad social y pluralidad política de los asistentes, me pareció que no tenían ninguna ideología en común, como tampoco organización ni movimiento social que los englobara,3 sino ciertas convicciones básicas: la defensa de la democracia y sus instituciones electorales para evitar lo que temen pueda implicar un regreso al autoritarismo del pasado. Si se quiere encontrar en esta diversidad una identidad compartida, entonces sería la del ciudadano y la ciudadana. En efecto, se presentaron en el espacio público para manifestarse como integrantes de una ciudadanía plural.4 Quizás su auto descripción más abarcadora sea, por lo que escuché de su propia voz, la de ser parte de la “sociedad civil”.
¿Actor colectivo o evento de protesta?
Por lo que se conoce por la prensa, entre los convocantes de la Marcha por la Democracia se encuentran empresarios, (ex)políticos, algunas personalidades públicas e inclusive partidos políticos y asociaciones civiles. De ellos proviene parte del financiamiento de su movilización y su difusión en medios y redes sociales. Como se trata —al menos hasta ahora— únicamente de un evento de protesta (“marcha”) y no de un actor colectivo ni, mucho menos, de un movimiento social, se les puede considerar simplemente como sus organizadores, pero difícilmente como sus dirigentes o líderes.5 Como apunté arriba, la mayoría de los asistentes respondió a la convocatoria y se incluyó en la protesta sin mayor intermediación u organización u obedeciendo a algún liderazgo social o político. Para decirlo de manera coloquial: tanto convocantes como asistentes a la marcha se juntaron, pero no se mezclaron. Poseen un interés común —a saber: proteger la democracia y sus instituciones electorales—, pero no tienen un pasado ni identidades políticas compartidas. Por lo que leo en las pancartas de los manifestantes,6 infiero preferencias políticas liberales, socialdemócratas, centristas, izquierdistas, feministas, anticomunistas, antiamlistas y antimorenistas. Debido a la descalificación de López Obrador a los organizadores y posibles asistentes a la marcha en días previos,7 fue llamativo que algunos asistentes se identificaran, de manera abierta, como católicos y guadalupanos con pancartas y estandartes de la virgen de Guadalupe. Con ello, la confesión religiosa se politizó.8
Ante una manifestación tan heterogénea socialmente y tan plural políticamente, habría que decir algo sobre el repertorio de protesta desplegado el domingo. El más evidente es el de la “marcha” como expresión del derecho de reunión y opinión en el espacio público. Una marcha, como ya apunté, sin contingentes de organizaciones de masas. El segundo es el de las consignas que se coreaban durante la manifestación y el mitin. Consignas tomadas de las manifestaciones de los movimientos populares y refraseadas para la ocasión sin mucha creatividad.9 Por ejemplo: “INE, aguanta, el pueblo se levanta”; “A eso vine, a defender al INE”; “No somos 1, no somos 10, pinche gobierno, cuéntanos bien”; “Duro, duro”; “Obrador, Obrador, pareces dictador”; “Voto por voto, casilla por casilla, que chingue su madre, Obrador y su pandilla”; o “No pasará, no pasará, la reforma electoral”.10 Un tercer repertorio de protesta tiene que ver con el desdoblamiento virtual de la marcha in situ: los manifestantes tomaban fotografías y hacían videoclips de sí mismos y de lo que acontecía a su alrededor como recuerdo de su participación —muchas veces con ánimo simplemente lúdico y auto celebratorio—, pero también para difundir la protesta en directo en sus redes sociales. Gracias a las TIC, los participantes en la marcha registraban lo que observaban y dejaban testimonio inmediato y virtual para incluir en la protesta a los no presentes físicamente, por un lado, y para disputar también la “verdad presidencial”, con estas “evidencias” sobre el número, la forma y el sentido de la marcha, por el otro. Como cualquier actor colectivo hoy día en la plaza pública, los manifestantes estaban conscientes de que, sin resonancia virtual y mediática, la protesta pierde potencia.
Por otro lado, los recursos de la protesta fueron varios: el uso de prendas color rosa como identificación simbólica con el INE; pancartas hechas de manera doméstica; lonas, mantas y volantes impresos; pendones con el lema #ELINENOSETOCA; equipo de sonido en diferentes puntos de la ruta de la marcha y el mitin; macropantallas de video para autoobservación y automonitoreo de los manifestantes; drones para transmitir en directo vistas aéreas de la marcha; teléfonos inteligentes; redes sociales, entre otros. Supongo que la infraestructura de sonido, el uso de drones, macropantallas de video y el mismo templete del mitin fueron financiados por los organizadores de la marcha. El resto de los recursos de la protesta proviene de los mismos manifestantes, sus medios y creatividad individual o grupal.
Los significados de la protesta
La Marcha por la Democracia elaboró su discurso en torno a la demanda “El INE no se toca”, dirigida en contra de la Presidencia de la República, los legisladores, los partidos políticos y con el objetivo de movilizar a la ciudadanía. La defensa de la democracia y sus instituciones y procedimientos electorales fue un enmarcado lo suficientemente amplio como para que se identificaran y se sumaran cientos de miles de ciudadanos a la manifestación del domingo 13 de noviembre.11
Leyendo las pancartas y cartulinas elaboradas de manera casera se pueden entrever algunos de los significados que los asistentes dan a su participación a la marcha, sus razones y motivos para protestar, que, sin distinguirse del todo de las lonas y mantas impresas de tela y plástico y que pueden adjudicarse a la producción y distribución de los organizadores de la marcha, sin embargo dicen cosas interesantes que vale la pena destacar.
Así, observé un conjunto de estas protestas simbólicas gráficas que buscan deslindarse de la identidad adjudicada por López Obrador a los participantes de la marcha. Por ejemplo, en una pancarta portada por una señora de mediana edad se lee: “NI FIFÍS, NI CORRUPTOS, NI CLASISTAS, NI RACISTAS, SOMOS MEXICANOS DEFENDIENDO AL INE Y A NUESTRAS INSTITUCIONES Y EL ESTADO DE DERECHO”. Por su parte, una mujer joven de alrededor de 30 años mostraba en su cartulina la leyenda: “NO SOY RATERA, NO SOY RACISTA, SOY CIUDADANA, SOY MEXICANA. COMIENZA A RESPETARME”. Asimismo, un hombre de unos 35 años de los “sectores populares” tenía colgada en su cuello una cartulina con la leyenda “ME LLAMO PEDRO PUEBLO, NADA DE FIFI, DESHONESTO, INMORAL, RACISTA Y MENOS CLASISTA. PARA FRAUDES BARTLETT Y TRABAJA PARA TI ¡INE NO SE TOCA!”.
Otra categoría de estas protestas simbólicas gráficas explica las razones de por qué se decidió asistir a la marcha. Por ejemplo, un veinteañero muestra una pancarta ilustrada con la bandera de México y la leyenda “‘Unidos’ defendiendo la democracia”. Asimismo, una mujer de edad muestra su cartulina con las palabras “SOY MADRE Y ABUELA. EXIJO UN MÉXICO LIBRE. DEFIENDO AL INE”. Aquí hay que destacar una dimensión temporal que apela con urgencia a asumir responsabilidad individual y colectiva para evitar un posible futuro indeseable. El grupo Red Juvenil por México llevaba, en este sentido, una lona impresa con la leyenda “Por lo que no luchemos hoy, sufriremos mañana. Luchemos por el INE y la democracia”.12 Otro varón joven mostraba una cartulina con la consigna “JÓVENES: NO DEJEN QUE UN GOBIERNO DE ANCIANOS DECIDA TU FUTURO”.
Conviene subrayar el significado que se ha dado a la Marcha por la Democracia como un momento más de la lucha de varias generaciones de mexicanos por vivir en un país democrático, en libertad y con un Estado de derecho. La marcha se escenifica como un proyecto transgeneracional inconcluso. De allí que se destaque la participación de los jóvenes y la de las personas mayores de edad, quienes conocen qué significó vivir en el autoritarismo del viejo régimen. Experiencia que quieren transmitir a los de menor edad con el fin de evitar repetir el pasado por apatía e indiferencia hacia la cosa pública.
Una categoría más de este tipo de protesta manifiesta cómo ven los participantes al gobierno de López Obrador y al partido oficialista, haciendo, además, una evaluación de los resultados de la 4T. Un hombre de mediana edad mostraba, por ejemplo, una cartulina con las palabras “TE PAGAMOS TU SUELDO Y NOS INSULTAS MALDITO”. Por su parte, una chica alzaba su pancarta con la frase “NO DAÑES MÁS AL PAÍS, TERMINAS Y TE VAS. LA DEMOCRACIA NO TIENE PARTIDO, ES UN DERECHO DE LA CIUDADANÍA”. Otra persona portaba la siguiente pancarta “INE ES DE LOS CIUDADANOS, NO ES DE MORENA”. Asimismo, una mujer enseñaba una cartulina con el mensaje “DIPUTADOS Y SENADORES TENGAN HUEVOS Y DEFIENDAN AL INE. ATTE. LOS MEXICANOS”. Finalmente, un hombre de unos cincuenta años llevaba una cartulina con una caricatura en la que se podía identificar a López Obrador, los candidatos morenistas a la presidencia, Alejandro Moreno, líder del PRI, y la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, con rostros de monstruos apunto de devorar, con fauces abiertas y salpicadas de colmillos afilados y babeantes, a la democracia representada como una mujer pequeña y desnuda con un gorro frigio. La leyenda rezaba: “¡NO A LA DICTADURA DE LA 4T! ¡DEFENDAMOS A NUESTRO INE! EN LA 4T SE MATA A: PERIODISTAS, NIÑOS CON CÁNCER, MADRES BUSCADORAS, LUCHADORES SOCIALES, DISIDENTES, … ¡Y SE ABRAZA A DELINCUENTES Y SICARIOS! NIETO/22”.
La industria de los movimientos sociales
Conforme avanzábamos por avenida Reforma, percibí que aumentaba la presencia de espectadores de la marcha. Los primeros eran deportistas, ciclistas y turistas, que usualmente ocupan este espacio los domingos y lo hacen suyo. También estaban los empleados de alcaldías y el gobierno de la Ciudad de México, que los domingos ofrecen un conjunto de actividades recreativas gratuitas para todo público: cursos de tai-chi, bailes colectivos, ejercicios de gimnasia grupal, préstamos de bicicletas, atención ciudadana en general y, por supuesto, policías de tránsito y encargados de garantizar la seguridad de los asistentes.
Los más llamativos, sin embargo, eran los “proveedores de servicio”, es decir, los vendedores ambulantes que aprovecharon la gran concurrencia para vender sus productos: desde sombreros, gorras y gafas de sol hasta agua embotellada, refrescos, fritangas y dulces, pasando por los vendedores de frutas y antojitos, muñecos de peluche y banderas mexicanas. A mediados de noviembre, hicieron su agosto adaptándose a las necesidades del “marchante” en turno en marcha.
La protesta simbólica y la disputa por la historia patria
Quizás uno de los elementos más llamativos en la Marcha por la Democracia fue la protesta simbólica escenificada por sus integrantes y contestada por su opositores in situ.
En primer lugar, la ruta de la marcha supone ya una disputa por el espacio público y la historia patria: del Ángel de la Independencia, por el Paseo de la Reforma, hasta llegar al Monumento a la Revolución. Con esta selección se desafió, precisamente, la conculcación de la historia de México por la autodenominada “Cuarta Transformación” que el presidente y su partido dicen encabezar y llevar adelante. En los últimos cinco años, ellos han pretendido monopolizar para sí el significado y la representación de la historia mexicana, con lo cual han denostado a los que piensan diferente y sus opositores como supuestos “traidores a la patria” y “conservadores” y los han excluido, simbólicamente, como integrantes del “pueblo” de México.
El trazo de la ruta de la marcha objetó esta pretensión de monopolio y exclusión. De allí las consignas coreadas a lo largo de la manifestación —como “México, México” o “¿De quién es el zócalo? ¡De todos!”13— o, al final del mitin, el canto colectivo de las primeras estrofas del himno nacional. Con ello, los asistentes afirmaban ser patriotas, parte integrante del pueblo y que la historia nacional también es suya. Así, por ejemplo, se podía observar en una pancarta la siguiente leyenda: “Si Juárez viviera, aquí estaría en la marcha”. En el mismo sentido era el performance de un asistente, que se vistió como Miguel Hidalgo —“el padre de la patria”—, portaba en una mano cadenas rotas y, en la otra, el estandarte guadalupano al que le colgaba una pancarta con la leyenda “El INE no se toca, patria y libertad”.
El mismo paso de la marcha con mucho respeto por la exglorieta de Colón —ahora denominada por el nuevo movimiento feminista como “la glorieta de las mujeres que luchan”— o la escultura +43 en memoria de los estudiantes asesinados en Iguala, en la intersección de las avenidas Reforma y Juárez, señalaba que los integrantes de la marcha también se ven a sí mismo como actores de las luchas sociales y políticas de la historia nacional contemporánea.
Por otro lado, aunque en un número ínfimo, simpatizantes de López Obrador, Morena y la 4T también se hicieron presentes en la marcha para manifestar su oposición a la misma: la protesta en contra de la protesta. Una de las expresiones más originales y potentes de esta oposición fue, sin duda, el performance de una mujer inmóvil y con los brazos cruzados, vestida de rojo y cubierta de un manto enorme de plástico de este mismo color, que simulaba un baño de sangre y que se extendía un par de metros alrededor suyo. Su rostro era hierático; su mirada, dirigida hacia abajo, tenía un efecto de generar en el espectador una gran distancia física, emocional y existencial. Su cabellera estaba tocada con flores rojas y amarillas que remataban, en el centro, en una calavera con una corona de oro. Sobre ese mar de sangre, había un conjunto de mensajes y fotografías de expresidentes del país, políticos, exgobernadores y de víctimas de la violencia, secuestro y la guerra contra el crimen organizado. Todas ellas enmarcadas por el lema “DONDE HAY MEMORIA, NO HAY OLVIDO”. Entre los mensajes, se podían leer los siguientes: “Margarita Zavala, Defiende al INE Pero no defendió a niños que murieron quemados vivos”;14 “El caso Cassez-Vallarta: Una novela criminal…”; “2 de octubre no se olvida 68”, “VAN 21 EX GOBERNADORES DEL PRI Y EL PAN EN LA CÁRCEL Y LOS QUE FALTAN…”; “NOS FALTAN 43”; “YO QUIERO UNA REFORMA ELECTORAL…”; “ERES [FELIPE CALDERÓN] LO PEOR QUE LE HA PASADO A MÉXICO”. El performance expresaba con elocuencia la corrupción, impunidad y violencia que han caracterizado a los gobiernos de la transición. Por un efecto de metonimia, a través suyo se descalificaba a los organizadores de la marcha, manifestantes y sus objetivos.
En el monumento a Cuauhtémoc, había también un grupo de manifestantes que coreaban consignas en contra de la marcha y portaban pancartas con las siguientes leyendas: “¡FUERA! LORENZO CORDOBA. -RASISTA-CLASISTA-CORRUPTO”; “INE NIDO DE RATAS”. Asimismo, no muy lejos de allí, a la orilla de la banqueta, una persona, con megáfono en mano, se preguntaba “¿Dónde está su jefe?15 ¿Dónde está el que les paga? ¿Por qué no está en la marcha? ¿Es que no se quiere cansar [caminado bajo el sol] y sólo quiere subirse al templete para mentir?”. El señor portaba una manta impresa en la que se veían a los presidentes de los partidos de oposición acompañados de la leyenda: “…¡NO VOTOS! A ESTOS TRAIDORES. LAS PRÓXIMAS ELECCIONES DE JULIO DE 2024 QUE LOS CIELOS Y LA TIERRA RETUMBEN PARA MALDECIR A LOS TRAIDORES QUE ENTREGARON A SU PAÍS Y A SU GENTE A UNA NACIÓN EXTRANJERA; QUE SUS ALMAS NO ENCUENTREN REPOSO HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS PORQUE LO MÁS SAGRADO QUE TIENE UN HOMBRE ES SU HONOR…”.
A pesar de las opiniones políticas enfrentadas en este espacio en disputa, no presencié ningún acto de violencia o provocación entre los presentes.
El mitin
Como iba solo y me movía con agilidad de un lado a otro entre manifestantes para asomarme a diferentes puntos y momentos de la marcha y percatarme de lo que allí acontecía, también pude llegar con cierta “anticipación” a la plaza del Monumento a la Revolución. Allí se hizo más difícil avanzar, porque estaba abarrotada.
La gente se veía encantada de estar allí, se fotografiaba, hacía videoclips, observaba otros puntos de la marcha en las macropantallas, comía algún antojito, se refrescaba con botellas de agua y trataba de guarecerse del sol implacable. A la vez, coreaba consignas, cantaba a grito pelado la popular canción ranchera “Viva México” —otra manera de enfatizar que los participantes a la marcha son también mexicanos o, como dice la balada, “soy puro mexicano”.
En el templete del mitin había dos organizadores de la marcha, un hombre y una mujer, cuyo nombre no alcancé a oír, y que se encargaban de mantener a la concurrencia ocupada lanzando consignas a corear, pidiendo que esperaran con paciencia el arribo de José Woldenberg y explicando la importancia de estar reunidos en el lugar. Conspicuamente, el varón era el que acaparaba la palabra para dirigirse a los manifestantes. La mujer parecía relegada al papel de edecán —a juzgar por su función de pasar tarjetas o mensajes al locutor. Esa diferencia refleja la existente asimetría de poder entre los géneros inclusive al interior de protestas que se conciben a sí mismas como democráticas y progresistas. Por lo demás, era muy llamativo que en el templete sólo había “güeros” de las clases medias y altas, a diferencia de la heterogeneidad social, fenotípica y socioeconómica de la mayoría de los manifestantes.
El orador-animador comentaba con entusiasmo: “La gente nos desbordó y rebasó a los organizadores”. Pedía, además, que, tras la alocución de Woldenberg y el canto del himno nacional, nos mantuviéramos en nuestro lugar para hacer una fotografía aérea como testimonios del número de los participantes. En dirección del gobierno decía: “Nos tienen que contar bien […] Somos un chingo, para ser más precisos […] No contaban con todos nosotros, para citar a un comediante de la televisión […] Los que hicimos historia hoy, somos nosotros […] No somos acarreados, somos libres y salimos a defender la democracia […] Que se cuente bien [cuantos somos], que no se vaya a caer otra vez el sistema […]”.
Mientras se esperaba el momento culminante de la marcha, él mismo explicaba su sentido de acuerdo con la narrativa de los propios organizadores: “Cada voto vale lo mismo. Todos valemos lo mismo […] Esta es la marcha de todos […] El pueblo somos todos, en este México cabemos todos, ellos y nosotros […] Quien es hoy minoría, mañana puede ser mayoría. Eso es la democracia […] Quien cree en la democracia, [la asume] como forma de vida […] Sin la sociedad civil, los mexicanos no hubiéramos conquistado la democracia. Ahora, AMLO la descalifica […] Nos oponemos a la manipulación facciosa de la democracia […] Este país necesita la reconciliación: la convicción democrática nos puede reunir [de nuevo]”.
En un momento, subió un grupo de jóvenes, cercanos a los organizadores. Y uno de ellos habló en su nombre: “Bienvenidos los jóvenes con su responsabilidad por ‘la democracia del INE’ (sic). La juventud ya despertó […] Lo vamos a sacar [a López Obrador] en 2024 […] Los jóvenes no quieren el regreso al pasado autoritario”.
El orador pidió, asimismo, un minuto de silencio por los más de un millón de muertos por la pandemia y la violencia. Una mujer detrás de mí gritó: “¿Y [por] los feminicidios [no vamos a guardar también un minuto de silencio]?” El silencio de la multitud resultó impresionante.
Finalmente, arribó José Woldenberg, el primer presidente ciudadano del Instituto Federal Electoral. A su llegada, la gente gritaba “Pepe, Pepe, Pepe…”, como si se tratara de una estrella de rock. El también profesor universitario, izquierdista liberal e intelectual público invitó a “defender la democracia y su sistema electoral construidos por varias generaciones, porque es un patrimonio común”. Habló de la importancia de las elecciones libres, disputadas y creíbles, congresos plurales, pesos y contrapesos. Recordó que la alternancia constitucional y pacífica ocurrió gracias a un largo proceso democratizador después de 200 años de independencia. El INE, dijo, es el edificio culminante de ese proceso, pero no su punto final. Hoy buena parte de lo edificado se quiere destruir desde el gobierno, afirmó, con lo cual se perdería la oportunidad de procesar nuestra vida política en un formato democrático. Finalmente, exigió que todos los parlamentarios defendieran la democracia y su sistema electoral para asegurar la existencia de un México para todos, en el que la diversidad sea posible.
Después de cantar el himno nacional, que resultó muy emotivo, el orador-animador despidió a los asistentes con “3 tareas” a realizar por cada uno de los manifestantes: 1) poner en casa mantas y pintas de color rosa para defender el INE. 2) Organizarse en comités de defensa de la democracia. Y, 3) mantenerse pendientes de las discusiones y votación en la cámara de diputados para volver a salir a la calle y presionar a los representantes populares.
Entonces, la gente se fue dispersando. Algunos aprovecharon para meterse a almorzar a restaurantes y cafés de la zona. Otros nos dirigimos a las estaciones del metro y metrobus.
Reflexiones finales
¿Puede formarse un movimiento social a partir de la Marcha por la Democracia? Hay grandes oportunidades de movilización gracias al uso de las TIC; sin embargo, por la diversidad de las organizaciones convocantes, por un lado, y de los manifestantes (auto)convocados, por el otro, la oportunidad de construir la organización de un movimiento se antoja difícil. La heterogeneidad social y la pluralidad política es muy amplia como para erigir estructuras y mecanismos efectivos de reclutamiento, integración, organización y movilización de los manifestantes. Sin ellos, la protesta del domingo 14 podría quedar en un evento episódico y volátil.
Sin embargo, la esfera de lo político se caracteriza por su contingencia, por lo que lo que hoy día parece difícil, no es improbable en el futuro. En este sentido, la marcha fue, en realidad, el mensaje mismo de la protesta, a saber: la disposición activa de diferentes sectores de la sociedad a tomar la palabra y apropiarse del espacio público más allá (y quizás en contra) de partidos, organizaciones y liderazgos sociales y políticos.
En efecto, si bien la marcha se articuló discursivamente en torno a la defensa del INE, no obstante la masiva asistencia de manifestantes tan heterogéneos y plurales devela un profundo malestar en la sociedad por los resultados del gobierno del presidente López Obrador en materias como seguridad pública, servicios de salud, educación, reducción de la pobreza y desigualdad, falta de una reforma fiscal progresiva, migración y un estilo de hacer política con base en la polarización, la estigmatización y la exclusión de los otros para concentrar el poder político.
Por otro lado, la identidad de los manifestantes, el sentido de la marcha y sus objetivos está muy subordinado al discurso de López Obrador. Impera su hegemonía ideológica. Por esta asimetría, no pueden (aún) desafiarlo desde fuera con otros significados. El reto para la “ciudadanía” autoorganizada consistirá en construir un proyecto político alternativo elaborado más allá de la oposición a la 4T —proyecto que deberá tomar muy en serio la superación de la profunda desigualdad social del país para volverlo atractivo a los grupos que votaron por Morena, pero que también están decepcionados por sus gobiernos.
Un primer efecto de la Marcha por la Democracia ha sido, por ahora, el de señalar a los partidos políticos el alto costo en pérdida de votos que significaría, en las elecciones de 2024, apoyar la reforma constitucional promovida por López Obrador y Morena. El presidente de la República ya ha reculado al respecto, de manera parcial, y ha empezado a hablar de un “plan B”. Por lo que vimos el domingo pasado, es muy probable que la gente vuelva a salir a la calle para manifestar su oposición.
14 de noviembre de 2022
Marco Estrada Saavedra
Profesor-investigador de El Colegio de México. Sus últimos libros son El uno y los muchos (2019) y Contornos de lo político (2019).
Agradezco los comentarios de María Inclán, Gustavo Urbina, Beatriz Urías y Ariel Rodríguez Kuri a una versión anterior de este artículo.
1 Los poco nutridos contingentes partidistas se agruparon, sin mayor distintivo, alrededor de algún líder político, como el de Alejandro Moreno, presidente nacional del PRI, o Margarita Zavala, diputada federal del PAN, por ejemplo. Por decirlo así, los liderazgos partidistas presentes en la marcha se travistieron, de manera estratégica, de ciudadanía.
2 Sobre los organizadores de la marcha, anotaré algo más adelante.
3 Acaso podemos hablar de la posibilidad de una incipiente red de diferentes organizaciones de distinto tipo.
4 Más adelante apuntaré algo sobre otra identidad colectiva que se escenificó simbólicamente en la marcha: la de ser parte del pueblo y México.
5 Salvo los partidos políticos, me parece que ninguno de los convocantes a la marcha posee de la organización y membresía para movilizar bases sociales.
6 Sobre este tema, haré algunas observaciones más abajo.
7 De manera genérica, el presidente los denostó de católicos conservadores e hipócritas.
8 Esta identificación católica pública de algunos asistentes puede leerse, quizás, como un posicionamiento en contra de las simpatías y relaciones que López Obrador mantiene con las iglesias evangélicas y pentecostales. Obrador mismo es de confesión evangélica. En fin, esta descalificación es, sin duda, un episodio más de la Kulturkampf interconfesional en el cristianismo en México.
9 Algo parecido sucedió al inicio del movimiento #YoSoy132: los grupos de clases medias tuvieron que aprender parte de los repertorios de protesta de otros sectores sociales para darle forma a su protesta y tener mayor resonancia entre la población. Sobre el tema, consultar mi artículo “Sistema de protesta: política, medios y el #YoSoy 132” (2014).
10 Otros ejemplos son: “Obrador, traidor, el INE no se toca”; “México, México”; “De tanta pendejada, la gente está cansada”; “El INE no se toca”; “No a la reforma, el INE no se toca”; “Fuera Obrador, fuera la dictadura”; “Fuera el Peje”; “Fuera López”; “Fuera Alito”; “Dame una I, dame una N, dame una E, ¿qué dice? INE. ¿Qué dice? INE, mil veces, INE”, etcétera.
11 Al día siguiente, el gobierno de la Ciudad de México mencionó que la marcha contó con una asistencia de 12 mil personas. Un día después, la jefa de gobierno corrigió la cifra para colocarla alrededor de los 60 mil asistentes. Los organizadores y varios medios de comunicación hablaron de 100 mil, 200 mil y hasta 500 mil personas sólo en la Ciudad de México.
12 Extrañamente, la leyenda está acompañada de una imagen de una protesta en un país anglosajón en el que se leen pancartas como “Silence is violence” y “Silence is complicity”.
13 Incluyo la consigna sobre el zócalo, porque se discutió en el espacio público la conveniencia o no de marchar a la plaza principal del país. Plaza en la que, en su uso, se disputa, con frecuencia, la legitimidad y representatividad nacional de las demandas sociales y políticas de los grupos que la ocupan. La negativa de los organizadores a dirigirse al zócalo quizás tenga que ver con su rechazo a dejar que el presidente López Obrador definiera, hegemónicamente, parte del sentido de la marcha y su significado simbólico.
14 En referencia a los niños muertos en el incendio de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora, el 5 de junio de 2009. Los padres de los niños responsabilizaron al gobierno de Felipe Calderon, que subrogó guarderías del IMSS sin garantizar condiciones de seguridad para su funcionamiento.
15 En referencia a José Woldenberg, el orador único del mitin.
Interesante reseña.
Me parece claro que las oposiciones a López Obrador, tendrán razón, pero no configuran un «algo» que les dé integración, aglutinamiento y cohesión ideológica. Parece una protesta contra Andrés Manuel y nada más; no hay una convicción social y política.
Tal vez llegamos al punto de una nueva forma en que la sociedad deba organizarse.
¿será el declive de los partidos políticos? ya nadie cree en ellos; sólo buscan sus intereses y el poder.
¿será el momento que los poderes fácticos deban someterse a las necesidades de la sociedad y no sólo a sus propios intereses?
¿estaremos frente a un cambio de paradigma?
Tal vez los riesgos son muy grandes: la perpetuación ideológica en el poder, que cada vez es más rechazada, por un lado; del otro, los extremos de la derecha que parece inclinarse a la xenofobia, el neonazismo, la intolerancia, el racismo, la discriminación.