Terrorismo en Kenia

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Varias personas escapan del centro comercial Westgate, en Nairobi. (Foto: Reuters)

El sábado 21, alrededor de las 12 del día (4 de la mañana en México), varias explosiones retumbaron en el centro comercial Westgate en Nairobi, Kenia. Después vinieron los disparos. Y, finalmente, según testigos, los asesinatos selectivos: aquellos que consiguieron recitar versos del Corán, nombrar a la madre de Mahoma y demostrar que eran musulmanes, tuvieron permiso de escapar. Aquellos que no lo lograron fueron ultimados con rifles AK-47 (“cuerno de chivo” en nuestro país).

Al 24 de septiembre hay 61 civiles muertos (incluyendo a tres atacantes y seis soldados), 11 detenidos, más de 175 de heridos, y el ejército y policía kenianos apenas han terminado de recuperar el control del mall.

El ataque es el peor en el país desde 1998, cuando un camión cargado de explosivos (y otro de manera simultánea en Tanzania) detonó afuera de la embajada estadounidense, con un saldo de 224 muertos y 4,000 heridos. El 7 de agosto, día de los bombazos, es considerado como la fecha que dio inicio a la guerra contra el terror de Estados Unidos, pues fue el primer ataque terrorista a gran escala en el extranjero en contra de ciudadanos de su país. Osama Bin Laden, entonces líder de Al-Qaeda (“La base”), se adjudicó el atentado.

En esta ocasión, una organización vinculada con Al-Qaeda, Al-Shabaab (o Al-Shabab, en ambos casos “La juventud”), fue la que se hizo responsable de la masacre. Y lo hizo con una serie de tuits, en una cuenta (@HSM_press) que ya fue suspendida (ha renacido de manera periódica en otras iteraciones, como @HSMpress1 y similares). De hecho, la “vocería” del grupo estuvo tuiteando en tiempo real lo que sucedía. Lo mismo hicieron varias personas dentro del centro comercial, pero sin tener claro qué ocurría.

Parece ser que el ataque tiene dos motivos: retribución y simbolismo.
Al-Shabaab tiene su origen en Somalia, y se crea por una escisión de Al-Itihad (“La unión”), un grupo extremista salafi. Los salafis (“ancestros”) son musulmanes que abogan por una sociedad ultra-conservadora regida por la sharia, la ley religiosa musulmana. (Cabe resaltar que hay muchos grupos salafis que están en contra de la violencia.)

Somalia, uno de los pocos países a los que el mundo concuerda en denominar “estado fallido” ha sido controlado, durante la última década, en su mayoría –ciertas provincias siguen en su poder– por Al-Shabaab y otros grupos comandados por señores de guerra. Somalia tiene un ejecutivo sumamente endeble que gobierna zonas de la capital, Mogadishu, pero el resto del país es tierra de nadie. (The New Yorker publica un gran perfil esta semana de un chef somalí, cuyo restaurante ha sido atacado tres veces distintas por personas que se han hecho explotar.)

Cuando contingentes de soldados etíopes y ugandeses entraron al país para expulsarlos del poder, Al-Shabaab respondió con atentados suicidas. Por ello, ahora que el ejército keniano ha incursionado en Somalia, y echado a Shabaab de Kismayu, el puerto más importante del país, no resulta extraño que los terroristas reaccionen. (La fotogalería de la liga anterior tiene imágenes fuertes.)

El segundo motivo se debe a lo que representa el centro comercial Westgate. Abrió sus puertas en 2007, y cuenta con cinco pisos de tiendas, los cuales incluyen sucursales de cadenas occidentales. Westgate se localiza en Westlands, el distrito más rico de Nairobi, que también es hogar de gran parte de la comunidad extranjera en la capital. Westgate es lugar de diplomáticos y de trabajadores de las Naciones Unidas, cuya sede principal en África se localiza en la zona. Por ende, los fines de semana se encuentra repleto de extranjeros. (Al menos seis británicos murieron en el ataque.) Y también de la clase alta keniana. Un sobrino del presidente también fue víctima. Kenia es de los principales aliados de Estados Unidos en África.

Kenia no es el único país del continente que construye centros comerciales lujosos. El sur de África ha tenido un auge de construcción de malls, debido a que su población se está urbanizando, y debido a lo que George Soros llama “la clase media que más rápido crece en el mundo”. Las constructoras sudafricanas están erigiendo almacenes en Uganda, Zimbabwe y Mozambique, entre otros países. Pero con los centros comerciales llega lo que puede ser considerado como “la colonización” de las cadenas y estilo de vida occidentales. Nike es parte de Westgate, y Gap está por entrar al sur del continente. Las mujeres de Zambia, por ejemplo, utilizan minifaldas en centros comerciales pero no en la calle, porque está mal visto por la sociedad. El distanciamiento de las costumbres locales y adopción de las extranjeras están encarnados en las nuevas construcciones. Es contra esto, principalmente, que los extremistas han guerreado desde 1998.

Una vez terminado el cerco a Westgate, queda saber qué seguirá: ¿Tomará el gobierno el camino estadounidense e inundará el país de aparatos de seguridad? ¿Se alejará el turismo? ¿Se confirmará que algunos de los terroristas son ciudadanos estadounidenses y británicos? Y de paso, ¿se olvidarán los kenianos que su presidente es buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad?

Esteban Illades es editor de Nexos en línea.