Trabajadoras del hogar: la informalidad que escogemos no ver

derechoslaboralesEn un debate reciente en tuiter (sic), le preguntaron a un diputado si pagaba el seguro social de la trabajadora del hogar, que el mismo diputado reconoció tendía su cama entre semana. El diputado, contestó: "mi vida privada te vale madre".

Sería sorprendente que el dueño de una empresa considerara que el contrato entre la empresa y los trabajadores fuera un asunto de su vida privada. En todo caso sería parte de la vida privada de los trabajadores revelar cuál es su salario, pero queda claro que el acceso a los beneficios de las leyes laborales que existen en nuestro país no son un asunto privado, sino un asunto de carácter público.

El 30 de marzo se conmemoró el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. Aquí algunos datos interesantes que publica el Consejo para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) sobre las y los trabajadores del hogar en México:

  • 9 de cada 10 trabajadores del hogar son mujeres
  • 96% de las empleadas del hogar no tienen acceso a servicios de salud por parte de su empleo
  • 80% carece de prestaciones laborales
  • 40.7% de las empleadas domésticas ganan menos de un salario mínimo
  • 6% no recibe remuneración alguna por su trabajo

Los números pueden esconder la experiencia personal de ser una cifra. Ricardo Bucio en 2009 publicó el texto "Esclavas de la Desigualdad" en el que llama a imaginar ser una de las personas que integran esas cifras:

Imagina que la discriminación te es natural: la sufres en la calle, en los comercios y quizá en tu empleo y en tu familia. Imagina que te discriminan por tu nivel social, por tu apariencia, por ser mujer y por tu oficio, que califican con nombres despectivos, estereotipados por los medios de comunicación…Imagina que compartes tu oficio con más de un millón 800 mil personas en México, y que no tienen ni un solo sindicato. Que a pesar de la situación laboral de tantas personas, ustedes no son motivo ni siquiera de promesas electorales…Imagina que en tu empleo no existe escalafón ni forma de ascender, que no acumulas derechos laborales y no tienes siquiera las ventajas de un contrato colectivo. Que en tu oficio el respeto, y a veces el cariño, son vistos por quien te emplea como las mejores prestaciones, en sustitución de las legales….Imagina que nunca serás sujeto de un crédito hipotecario o automotriz. Imagina que trabajas 30 años o muchos más —pues en tu oficio el promedio de edad está entre los 12 y los 29 años— y nunca podrás tener liquidación ni jubilación ni ahorro para el retiro. Imagina que todo eso es visto y asumido socialmente como normal en un régimen democrático en pleno siglo XXI.

Este año Mauricio Merino publicó un texto en el El Universal en el que describe el lugar en la estructura social de nuestro país que ocupa el trabajo doméstico, el cual explica la lógica de la respuesta que dio el diputado arriba mencionado:

De ahí que, bajo el argumento de que comparten el techo y los alimentos y se integran a la familia, las trabajadoras del hogar no tienen seguro social, ni protección médica; no tienen contratos estables, ni sindicatos, ni ayudas externas de ninguna índole y, por lo tanto, dependen de los humores de los patrones o las patronas, que pueden despedirlas por quítame estas pajas en cualquier momento y con total independencia de los años trabajados o de los servicios prestados. El trabajo doméstico, y especialmente el llamado trabajo de planta, es lo más parecido al esclavismo de nuestros días. Y no sólo por las condiciones laborales en las que ocurre, sino por el desinterés del que son objeto.

El artículo previo, hace eco a un artículo publicado hace poco más de un año, de Ricardo Raphael, en el que expresa con mayor claridad la condición de invisibilidad que existe del trabajo doméstico:

Narra Octavio Paz, en Máscaras mexicanas, un episodio personal a propósito de la relación que en nuestro país sostenemos con este sector de la población. Trabajando solo en casa, el poeta escuchó ruido fuera de su despacho. Inquieto preguntó quién andaba por ahí. La respuesta fue aún menos tranquilizadora: “Nadie, señor”.

Y en efecto, el empleo doméstico lo realiza en nuestro país una persona que es asumida, y se asume a sí misma, como nadie. No merece respeto. No es valorada en forma alguna. En la empleada doméstica recaen casi todos los modos discriminatorios de que los mexicanos somos capaces.

En un articulo reciente en el periódico La Razón, Carlos Bravo muestra la contradicción que existe entre los críticos de la economía informal al no querer ver como parte de esta informalidad el trabajo doméstico:

Porque si admitimos una definición mínima de la economía informal como el intercambio de bienes y servicios por el que no se pagan impuestos, que escapa a la regulación por parte del Estado y en el que no se respetan los derechos y obligaciones establecidos en la ley, ¿dónde está nuestra indignación contra la informalidad laboral que padecen, por ejemplo, sirvientas, choferes, nanas, cocineras, jardineros y demás trabajadores que se desempeñan en el servicio doméstico? ¿Por qué nos molesta tanto la economía informal que hay en las calles pero tan poco la que hay en casa?

No es que esta otra informalidad sea invisible. Es que escogemos no verla.

Parte del problema es que cuando el trabajo que se hace en el hogar, aunque sea visible, legalmente es considerado diferente a cualquier otro trabajo. Ana Francisca Vega en El Economista da algunas pistas de la discriminación legal:

Desde el Poder Judicial la discriminación ha tomado forma en al menos dos sentencias dictadas en las que los jueces dictaminaron que el trabajo en el hogar –remunerado o no– cae en el ámbito “familiar”, por lo que no pueden otorgarse los mismos derechos a esas personas que al resto de los trabajadores. El Legislativo también ha aportado su dosis de vergüenza pública: iniciativas congeladas y abierta ignorancia a las convenciones internacionales firmadas y ratificadas por México en temas como, por ejemplo, el trabajo infantil. ¿En castellano? Varios congresos mexicanos se han negado a legislar para prohibir la contratación y explotación de menores de edad para que trabajen como empleados del hogar. ¿Lindo, no?… igual de vergonzoso que las personas que insisten en contratarlos.

En la Ley Federal del Trabajo hay disposiciones que muestran la situación de excepción legal en la que están los trabajadores del hogar:

Artículo 146.- Los patrones no estarán obligados a pagar las aportaciones a que se refiere el Artículo136 (sobre las aportaciones obligatorias al Fondo Nacional de Vivienda) de esta Ley por lo que toca a los trabajadores domésticos.

Artículo 334.- Salvo lo expresamente pactado, la retribución del doméstico comprende, además del pago en efectivo, los alimentos y la habitación. Para los efectos de esta Ley, los alimentos y habitación se estimarán equivalentes al 50% del salario que se pague en efectivo.

Artículo 340.- Los trabajadores domésticos tienen las obligaciones especiales siguientes:

I. Guardar al patrón, a su familia y a las personas que concurran al hogar donde prestan sus servicios, consideración y respeto; y

II. Poner el mayor cuidado en la conservación del menaje de la casa.

La ley sin embargo sí prevé ciertos derechos y prestaciones que deben ser reconocidos por las y los empleadores. En esta intervención en "El Mañanero" Maite Azuela dice que la responsabilidad en el respeto a los derechos laborales no se limita a las leyes y autoridades:

¿Qué tiene que  hacer la sociedad? Las patrones, tendrían que tener por lo menos un contrato escrito…por ejemplo con un periodo de prueba…un salario digno y justo, una jornada laboral justa, porque normalmente los trabajadores del hogar se está levantando a las 5 de la mañana y se están acostando a dormir a las 11 de la noche…que tuvieran seguro social, que estuvieran las vacaciones estipuladas en el contrato, el aguinaldo…

Esta discusión no se limita a México, sobre todo en la relación entre "patrones" y trabajadores del hogar. Hace unos meses en Estados Unidos salió la novela "The Help"(La Ayuda) que trata sobre las trabajadoras del hogar negras en el sur de Estados Unidos en los años sesenta. La novela, escrita por una mujer blanca, no ha estado libre de controversia.


2 comentarios en “Trabajadoras del hogar: la informalidad que escogemos no ver

  1. Nosotros estamos empezando en la Organizacion donde trabajo como Director de organizar, una base de trabajadores domesticos, tenemos varios Anos con el proceso y escribimos un muy interesante estudio en Colorado
    USA. Me encanta que muchos estamos interesados en Los cambios que se necesitan hacer para ganar el respeto y dignidad de trabajadores domesticos en todo el mundo

Comentarios cerrados