En días recientes el PRI y el PAN han sostenido un debate sobre la negociación del presupuesto del año que entra. El PRI sostiene que la negociación debe incluir una modificación en las transferencias totales que hace el gobierno federal a los estados, para que reciban más dinero los gobiernos estatales. El PAN sostiene que otorgar más recursos a los estados implicaría cortar el presupuesto de programas federales como Oportunidades, y que el verdadero objetivo es financiar la deuda que ha crecido de manera importante en los estados gobernados por el PRI.
La discusión es importante en un contexto más amplio en el que los gobiernos estatales cada vez gastan más recursos públicos en relación al gasto que hacen los distintos niveles de gobierno como se puede ver en la gráfica de abajo.

En la discusión también ha salido a relucir el hecho de que los gobiernos estatales generan muy pocos ingresos propios, al mismo tiempo que a través del poder legislativo han logrado incrementar las transferencias federales, como se puede ver en esta segunda gráfica.

Aunque a grandes razgos puede ser una buena idea que los gobiernos locales tengan más atribuciones y más recursos que ejercer, lo que es cierto es que cada vez más los gobiernos locales actúan con irresponsabilidad y poca transparencia a la hora de ejercer estos recursos.
En el texto "Reforma fiscal y relaciones fiscales intergubernamentales" Horacio Sobarzo, académico del Colegio de México, plantea el problema de la siguiente manera:
Lo anterior parecería razonable, de no ser por el hecho de que, a diferencia del gasto federal que se ha transparentado en un grado importante, la transparencia y rendición de cuentas en el ámbito de los gobiernos estatales y municipales deja mucho que desear. Más aún, la marcada dependencia de los gobiernos estatales en materia de transferencias federales no ha contribuido a la creación de mecanismos de responsabilidad fiscal en las entidades federativas, ya que su esfuerzo tributario tiene poca o nula vinculación con los recursos a gastar y, particularmente, con la forma en que éstos se ejercen (Sobarzo, 2006). Es curioso, por ejemplo, que una práctica de los gobiernos estatales frente a este aumento fue la de canalizar parte de los ingresos por participaciones, que con anterioridad se destinaban a gasto de inversión, hacia gasto corriente.
El asunto es complicado y no está claro cuál sea la forma de salir de un círculo vicioso en el que los estados cada vez reciben y ejercen más recursos públicos federales, al mismo tiempo que tienen menos razones para recaudar impuestos localmente. Desde el punto de vista de quienes pagan impuestos tiene más sentido que los estados reciban menos transferencias hasta que no transparenten y rindan cuentas sobre el gasto, y complementar ese gasto cada vez más con impuestos locales de tal manera que los gobernadores dediquen menos tiempo a la negociación de las transferencias en el Congreso, y más a la "negociación" del cobro y gasto frente a sus gobernados.
Gastar más de lo que se recibe, ¿ No es acaso un reflejo de lo que consumidores promedio hacen con su ingreso ?