Día 1: El cerro de las jaras.
Quizá hay pocas ciudades en México donde la política del siglo XX está tan presente en la vida cotidiana como en Toluca. Al entrar en la ciudad, una estatua de Carlos Hank González, patrono del grupo Atlacomulco, da la bienvenida a los visitantes; sus avenidas llevan nombres como Alfredo del Mazo o Isidro Fabela. En época de elecciones el efecto se multiplica.
A pesar de que, como indica la ley electoral, mucha propaganda ya ha sido retirada, todavía es posible observar desde el Paseo Tollocan los rostros ampliados de Eruviel, Bravo Mena o Encinas. En los automóviles particulares y las fachadas de las casas cuelgan las mantas con mensajes de apoyo, casi siempre para el candidato priista.
Para el PAN y el PRD, vencer al PRI en la capital del estado, el centro de poder de su pasado y futuro político, parece una tarea imposible. La red política que nace en Toluca y se extiende a muchos municipios mexiquenses es intrincada y añeja. Paradójicamente, para entenderla es necesario alejarse un poco del lugar donde ocurren los discursos y los eventos masivos.
A poco más de media hora del palacio de gobierno del Estado de México, se encuentra el poblado de Santiago Tlacotepec. Una población con cerca de 20 mil personas, dominada por un cerro de donde emanan manantiales de agua que nutren a la zona sur del valle de Toluca. La vegetación dominante de este cerro es la jara o tlácotl. Este domingo será también un campo de batalla más en las elecciones para gobernador.
A pesar de pertenecer al municipio de Toluca, Santiago Tlacotepec todavía se puede considerar un pueblo aislado de la agitación citadina. Quizá en unas cuantas elecciones más será parte de la mancha urbana de la ciudad pero hoy todavía es un lugar donde los lazos sociales se observan a simple vista. Aquí, un apellido revela si se es original del pueblo o foráneo. Las fiestas locales son respetadas y celebradas por la mayoría de sus habitantes, los funerales no se limitan al círculo cercano sino que se espera que al menos un representante de cada familia del pueblo acuda
Santiago Tlacotepec es un punto ideal para el desplegado de una maquinaria electoral particular, un híbrido entre la que se lleva a cabo en la zona conurbada de la ciudad de México y la que ocurre en las zonas más alejadas de la sierra mazahua.
Aquí ninguno de los candidatos a gobernador hizo campaña personalmente, sólo sus representantes vinieron a presentar propuestas; quienes no faltaron, según comentan algunos de sus habitantes, fueron los emisarios solicitando la copia de la credencial de elector a cambio de enseres de cocina o impermeables.
En sus paredes mucha propaganda ya ha sido cubierta por anuncios de grupos musicales o conciertos próximos. Igual que en la ciudad las casas ostentan apoyo a los candidatos, al igual que en la capital casi todas las mantas son para el candidato de la alianza Unidos por Ti, Eruviel Ávila. La única pinta que sobrevive, cerca de la iglesia principal, es también la del lema de campaña del priista.
Todo indica que aquí el PRI y su alianza política ganarán fácilmente, su único rival real es el PAN y, en comparación, su presencia es muy débil. Sin embargo, ese triunfo anunciado no puede ser explicado por las propuestas políticas ni por las mantas de apoyo, tampoco por los tupperwares a cambio de la copia de la credencial del IFE. Una respuesta más adecuada podría estar en los conflictos relacionados con la tierra y el agua.
Edgar Franco. Estudiante del posgrado en Política Pública en Stanford University.
solo quiero comentar que cierta información dada sobre el poblado de Santiago Tlacotepec está equívoca.