Ucrania no trata de López Obrador

No es sorprendente que cualquier tema en la discusión mexicana pase por los lentes de la polarización presidencial. Una víctima más ha sido el rol de nuestra política exterior con respecto a la invasión de Rusia a Ucrania. Aunque hasta ahora la posición oficial mexicana ha sido clara, quienes desean ver en el presidente a un personaje en favor de Vladimir Putin celebraron que, en la instalación del Grupo de Amistad México-Rusia en la Cámara de Diputados, fuera invitado el embajador de dicho país en México. Para ellos, ansiosos de contribuir a la polarización de la agenda política mexicana y culpar al presidente de ser pro-Rusia, las palabras del embajador y la presencia de legisladores del Partido del Trabajo (PT) fueron oro. Aquí quiero argumentar porque el intento de alinear a México con Rusia en el discurso público no tiene asidero en nuestra acción real en política exterior.

Un argumento muy socorrido de quienes quieren ver a México en favor de Rusia (en muchos casos por razones de política interna: la necesidad de ver a Andrés Manuel López Obrador como pro-Rusia) es referirse a los comentarios tanto del presidente como del canciller Marcelo Ebrard para decir que México es neutral en el conflicto. Nada más lejano de la verdad. Cuando se votó a favor del proyecto de resolución para condenar la invasión en Ucrania en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el embajador Juan Ramón de la Fuente respaldó la resolución, diciendo que México históricamente se ha opuesto a las invasiones desde la Guerra entre México y Estados Unidos y las intervención francesa en el siglo XIX. Que las condenas de México no sean similares a las de los países integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tiene una lógica: nuestra Constitución establece que México debe siempre comprometerse con la solución pacífica de controversias y con la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en asuntos internacionales. Por ley, México no amenaza a otros Estados y busca el diálogo para solucionar problemas internacionales.

Ilustración: Alma Rosa Pacheco
Ilustración: Alma Rosa Pacheco

Otra crítica —a la que se refirió Viktor Koronelli, el embajador ruso en nuestro país — es que México no ha impuesto sanciones sobre Rusia. Como lo dijo el canciller Ebrard: las sanciones que México tendría que imponer sólo se podrían hacer en el marco de los principios constitucionales. Es decir, sólo podría suceder bajo un régimen impuesto por el Consejo de Seguridad de la ONU. Mientras no haya resoluciones vinculatorias, México no acompañará sanciones a ningún otro país. Uno supone que Viktor Koronelli —el embajador ruso en México— está “confundiendo” (o no) la política exterior mexicana para fomentar una oposición entre un país integrante temporal del Consejo de Seguridad de la ONU y los otros integrantes permanentes. De hecho, recientemente la misión diplomática de la ONU en Canadá reveló que Francia y México están organizando una resolución sobre temas humanitarios que no le agrada a la Federación Rusa. Efectivamente, México no está sancionando a Rusia, pero no porque estemos a favor de lo que el gobierno de Putin hace o ha hecho, sino porque lo que promovemos en foros internacionales son medidas humanitarias y no de fuerza.

Además de que sancionar a Rusia sería un acto contrario a nuestra posición de seguir el derecho internacional, sumarse a las sanciones representaría para México una pérdida en términos tanto simbólicos como prácticos. Por un lado, en términos simbólicos, México siempre ha tenido libertad de manejar su política exterior multilateral con independencia de Estados Unidos. Alinearnos con las sanciones reduciría dicha libertad, pues sería una invitación a que nos presionen para hacer más. Por otro lado, en términos prácticos, sancionar a Rusia es ridículo: el comercio de México con Rusia representa apenas el 0.28 % de nuestra actividad comercial anual, y apenas 0.02 % de la Inversión Extranjera Directa en México proviene de allá. Una sanción mexicana no tiene absolutamente ninguna utilidad.

Podría argumentarse que México podría demostrarse virtuoso al sancionar a Rusia. Pero el papel de México ha sido siempre el de un mediador internacional, un país en favor del diálogo y el seguimiento del derecho internacional. Dichos principios pueden ser vistos como una especie de neutralidad cómplice, pero en realidad son un seguro (común a lo largo de América Latina) para poder criticar acciones fuera del derecho internacional por cualquier país, ya sea Rusia el día de hoy o Estados Unidos cuando la invasión a Iraq en 2003. El papel de México y América Latina (con conocidas excepciones, tales como Venezuela o Cuba) ha sido el de una región que defiende el derecho internacional por las razones expuestas por el embajador De la Fuente: somos una región que ha sido invadida y que cree en la libre autodeterminación de los pueblos. En corto plazo se puede llamar al virtuosismo internacional (más mediático que practicó) y a que México se sume a una ronda de sanciones o firme comunicados con lenguajes muy rudos, pero en el largo plazo esto le haría daño a la política exterior mexicana.

Tenemos que afrontar la realidad de la política exterior mexicana: hay regiones donde no tenemos influencia ni mayor asunto que resolver. Europa del Este es una de estas regiones. En términos estratégicos, México tiene poca relación con la región, tanto con Rusia como Ucrania. Sobre todo, tenemos una influencia ínfima, marginal. Nuestra política exterior de “potencia media” siempre termina detenida por la falta de inversión de México en temas cooperación internacional —tales como la ayuda humanitaria o el refugio— donde sí podríamos tener algo que ofrecer. Es mejor aceptar que México no tiene que ser relevante en esta discusión, más allá de nuestro rol en el Consejo de Seguridad de la ONU donde hemos hecho lo que podemos: Votar por resoluciones en favor del derecho internacional y de la solución pacífica de controversias.

Es de notar, también, que no ha faltado quien se ha alineado con la Federación Rusa en una especie de crítica al imperialismo norteamericano y a la existencia de la OTAN. Muchos de ellos (incluidos los diputados del PT y algunos de Morena) han argumentado que la causa última de la invasión a Ucrania es la expansión de la OTAN. Este polo de la discusión mexicana olvida la historia de nuestra izquierda. Por ejemplo: cuando el Partido Comunista Mexicano (PCM) condenó la invasión Soviética a la entonces Checoslovaquia, alejando al comunismo mexicano de los soviéticos rusos. La razón era sencilla: el PCM era un partido auténticamente anti-imperialista y vió la invasión a Checoslovaquia como una pretensión imperial más. Que fuera rusa es otro asunto. Del mismo modo, lo que sucede hoy en Ucrania es una agenda imperial. El imperialismo ruso no se justifica porque se oponga al imperialismo norteamericano.

El problema de nuestra polarización actual es que no podemos discutir si estas líneas de política exterior son valiosas en sí mismas. Es totalmente justificable cuestionar que México siga una u otra línea de política exterior. Pero si este cuestionamiento responde a un deseo o atacar —o endiosar— al presidente por estar en polo político opuesto, perdemos nuevamente la oportunidad de tener discusiones políticas serias y con sustancia. El mundo (afortunadamente) es más amplio que la ridícula “guerra fría” entre el lopezobradorismo y sus opositores. Leer al mundo desde México y a través de tales lentes sólo demuestra, una vez más, la pequeñez de nuestro entendimiento colectivo del planeta. Esto es grave porque aún cuando se trata de otros temas más relevantes —tales como el cambio climático— terminamos en el mismo pantano de discusión pública que tenemos.

 

Raúl Zepeda
Estudiante doctoral en la Escuela de Estudios de Seguridad en King’s College London. Integrante del Grupo de Investigación en Seguridad Medioambiental de la misma Universidad.

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Publicado en: Política

Un comentario en “Ucrania no trata de López Obrador

  1. Muy buen texto, querido Raúl. Suscribo la tesis y mucho del contenido. Lo mismo se podría decir de la posición mexicana entorno a Venezuela, nuestro país tiene una tradición de diálogo y responsabilidad.

    Sin embargo, creo que en la crítica al sector de la oposición que quiere encuadrar un simil Putin – AMLO, obvias que también hay un sector del partido de régimen que quisiera que México formara parte de un bloque anti OTAN o anti estadounidense entorno a Rusia y/o China añorando viejas etapas de estos países como representantes del extinto bloque socialista. Evidenciado en las acciones del PT-Morena en cámara de diputados que descartas rápido como si se tratara de una anécdota solamente y no la posición de un grupo al interior del país que torpedea las posiciones y acciones del servicio exterior y la SRE en los organismos internacionales.

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