En la exposición de motivos de las propuestas de Reforma Política de Felipe Calderón, y de los Senadores de PRI, hay una coincidencia sobre la "gobernabilidad" y la "eficacia" del gobierno. Ambas pretenden atender lo que consideran un problema, de diferentes maneras, vinculado a la ausencia de mayorías de un solo partido en el poder legislativo. Sin embargo desde hace unos meses circula otra propuesta que según los periódicos el día de hoy los diputados del PRI harán suya: quitar el candado de sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados (este candado lo que hace es que un partido que sacó X% de votos sólo puede tener hasta ese % más 8% de la composición de la cámara. El objetivo es que no haya una distancia muy grande entre el apoyo electoral a un partido y su fuerza en el poder legislativo).
La propuesta es sumamente controvertida pues suele ir acompañada de otra propuesta posible que es la creación de una cláusula de gobernabilidad que le daría automáticamente el 50%+1 de votos en la cámara de diputados la partido que saque 35% de los votos o más. Sobre este tema Héctor Aguilar Camín escribe:
Lo cierto, en mi opinión, es que, sin atentar contra la representación proporcional, debemos inclinar nuevamente la balanza hacia el principio de mayoría, y fortalecer la Presidencia, que hemos ido menguando hasta hacerla poco efectiva.
Nadie pide volver a las mayorías abusivas de antaño, pero las minorías paralizantes de hoy tampoco son una solución.
Haciendo eco a esa argumentación sobre las mayorías presidenciales, Enrique Peña Nieto publica un artículo la semana pasada:
Como es claro, existen diversas opciones para crear mayorías en el presidencialismo democrático de nuestro país; es fundamental que las incorporemos al debate. No podemos perder de vista que el principal reto de nuestro sistema político es formar mayorías para gobernar. Mayorías para construir las reformas que nos permitan tener un Estado eficaz que lleve al país a crecer a su verdadero potencial y garantice, en la práctica, todos los derechos a todos los mexicanos.
Sin embargo el argumento de las mayorías electorales para obligar las mayorías de gobierno tiene varios críticos. Gustavo Gordillo el sábado pasado en La Jornada escribe:
En síntesis, su argumento central parece ser que dado que los ciudadanos no han dado ni presumiblemente darán a ninguno de los tres partidos principales una mayoría legislativa, es necesario construir esa mayoría a través de las reglas electorales. Es decir, lo que los electores no te dan, que te lo den las fórmulas.
Estas propuestas forman parte de una estrategia política de largo alcance para defender el statu quo que, empero, sufre ya resquebrajaduras por el creciente divorcio entre elites y ciudadanos.
El domingo Jesús Cantú también escribe en El Siglo de Torreón:
Ambos olvidan que ese es uno de los grandes riesgos del sistema presidencial, en todo caso si quieren que el Ejecutivo cuente con mayoría en el Congreso, sin violentar la voluntad popular, lo que tienen que proponer es transitar al sistema parlamentario o semipresidencial, que tienen sus propias dificultades.
Pero en el pretendido dilema representatividad versus gobernabilidad, particularmente Peña Nieto se decanta por la gobernabilidad en detrimento de la representatividad, lo cual desde luego va en detrimento de la democracia, pues se establecen reglas para burlar la voluntad popular creando mayorías artificiales.
El día de ayer en el periódico Reforma Jesús Silva-Herzog Márquez nos recuerda lo que han sido los gobiernos de mayoría en México:
Cuando había mayorías en México, cuando el Congreso le era fiel al Presidente, no disfrutamos del beneficio de grandes reformas visionarias. Hoy mismo, los estados que cuentan con gobiernos mayoritarios no se destacan por su prisa innovadora. Regalarle al presidente una mayoría adicta es un atajo y puede ser una trampa.
El día de hoy Jorge Alcocer en le periódico Reforma advierte la distorsión implícita en las propuestas:
Senadores de los tres mayores partidos están claros de la problemática y resultados que supone torcer la ley electoral a extremos tales que produzcan una mayoría absoluta artificial, alejada de la voluntad de los electores no por "hasta 8 puntos porcentuales", sino por mucho más que eso; estaríamos hablando de que un partido con el 36% de los votos obtiene el 50% más uno, o mucho más, en cualquiera de las dos cámaras. La gobernabilidad no puede tener como base la distorsión exagerada de la voluntad de los ciudadanos.
Lo curioso de este dilema entre gobernabilidad y representatividad es que pese a que quienes quieren reducir las representatividad con el argumento de que no existen mayorías legislativas, tal vez logren una mayoría legislativa para aprobar estas propuestas. Al día siguiente de que Enrique Peña Nieto escribió su artículo, el Senador del PAN Santiago Creel escribió otro, con el mismo argumento:
Habrá que subrayar que la reforma política es, por decirlo de una manera sencilla, la reforma de reformas. Difícilmente se podrá hacer un cambio estructural o de fondo, si no se concluye el proceso de modernización del sistema político que permita aspirar a una democracia socialmente eficaz. Una democracia en donde la mayoría de los ciudadanos esté adecuadamente representada y que además pueda transformarse en una mayoría política estable, que le de funcionalidad a nuestro sistema político.

Uno de los hechos fundamentales que deben entender los promotores de las mayorías legislativas es que la democracia en un régimen presidencial no tiene mayorías. La pluralidad es condición sine qua non de la democracia. El hecho de que un presidente no tenga mayoría en el Congreso no tendría porque llevarnos -y en la realidad, no nos ha llevado- a la parálisis nacional. Es cierto que ha resultado díficil que los partidos políticos se pongan de acuerdo sobre iniciativas de ley (puesto que, hay que reconocerlo, todos ven por sus intereses), pero de ello no se puede concluir que haya parálisis legislativa. Que si las leyes aprobadas no son las más eficaces para apuntalar el crecimiento económico es otro asunto. Si el presidente quiere que sus iniciativas se aprueben lo más cercano posible a como él las propuso, debe cabildear con oficio de estadista. Claramente Calderón no tiene oficio de estadista y esta deficiencia pretende sustituirla con reformas a la ley electoral. Es de pensarse que los intelectuales que proponen la mayoría legislativa lo hacen de buena lid, pensándo que realmente llevaría a una toma de decisiones más eficaz. Pero una propuesta de esta naturaleza en manos de partidos políticos cuya cultura política no ha dejado de ser autoritaria es muy peligroso. Ninguno de los partidos -incluyéndo al PAN- escapa al molde autoritario que dejó arraigado el viejo sistema autoritario en lo que se refiere a las prácticas políticas de corrupción y autoritarismo. El ciertos actores políticos con aspiraciones presidenciales suscriban la propuesta de las mayorías legislativas no es una casualidad, pues ven en ello la oportunidad de ejercer una gran poder en caso de llegar a la presidencia. En un clima político en el que el PRI es el partido más fuerte electoral y territorialmente, y en el que uno de sus gobernadores se perfila como uno de los suspirantes más fuertes a la presidencia ¿están seguros los promotores de la propuesta en cuestión de que sería para bien de México?, ¿No postulariamos con ello un retorno del autoritarismo al poder, cuya hegemonia se las estariamos facilitándo con este tipo de propuestas? Esto sería un auténtico autogol para la democracia.
El asunto de fondo es, pues, construir un sistema político que sea eficaz y que al mismo tiempo tenga carácter democrático (en el que la piedra de toque ha de ser la pluralidad). Para ello, la salida más viable planteada hasta ahora es transitar a un sistema semipresidencial o parlamentario.
Y la falta de minorías no ha significado la reducción de la impunidad y la opacidad tampoco. A pesar de los contrapesos y la pluralidad que tenemos a nivel federal y en algunos estados la corrupción ha seguido. La discusión de la reforma política no se relaciona directamente con el tema de la corrupción. Igualmente, la situación actual no ha impedido que aquellos que se beneficiaron de reformas aprobadas en un contexto de gobierno autoritario y menos transparente, sigan influyendo en los legisladores sin importar el partido y sigan haciendo prevalecer sus intereses. Tampoco la diversidad política ha logrado que se castigue a políticos corruptos (caso Mario Marín por ejemplo).
El balance actual de fuerzas en el congreso quizá refleja con mayor cercanía la diversidad política del país (por lo menos en la Cámara de Diputados). Pero esto no quiere decir que el fortalecer la creación de mayorías sea antidemocrático. Ejemplos sobran en el mundo para sostener este argumento. No me parece lo mejor dar automáticamente una mayoría al partido que reciba más votos pero se puede permitir un margen de sobrerrepresentación que facilite que un partido, EL QUE SEA, impulse una agenda en particular. Y si no le gusta a la gente que los saque del poder a través de los votos.
Lo que tenemos que hacer paralelamente es fortalecer la competencia política, reducir los presupuestos a los partidos y obligarlos a transparentar el manejo de los recursos; limitar el gasto electoral y acabar con el duopolio televisivo, entre otras cosas. Y ¿por qué no? plantear eliminar los sexenios y someter a los gobernantes al juicio del electorado más seguido. Seis años son demasiado tiempo para aguantar presidentes y gobernadores impopulares.
El miedo a las mayorías así como el miedo a la relección para mi gusto dicen mucho de lo poco que creemos en México en nuestra capacidad para influir como ciudadanos en el proceso político. Es cierto, los ciudadanos en México somos aún débiles pero el esperar a que los políticos tengan la voluntad de sentarse a negociar y ser más responsables es ilusorio; no nos lleva a ningún lado. Muchos países han experimentado con distintas fórmulas y a veces han tenido que corregir el camino pero creo que vale la pena intentar hacer cambios sin miedo.
En muchos estados las mayorías legislativas han sido sinónimo de impunidad y opacidad…. Estado de México, Oaxaca, Querétaro, Baja California Sur, Distrito Federal, Guanajuato, Chiapas, etc… Sin contrapesos, es decir sin pluralidad, lo que hay es corrupción… En democracia, o sea hoy hoy hoy, las mayorías legislativas no garantizan per se mejores resultados legislativos o de generación de iniciativas que reformen y resuelvan los problemas históricos. Con todo respeto para la generación del SI SEÑOR PRESIDENTE, si las mayorías artificiales del autoritarismo del PRI no pudieron hacer las reformas estructurales, en democracia esto es más difícil porque hay que negociar. Por otro lado, las reformas estructurales que hicieron son económicamente un fracaso. Tenemos bancos privatizados carísimos, subsidiados por los impuestos federales y malos, telefonía deficiente y muy cara, el campo abandonado y concentradas las mejores tierras en unas cuantas manos improductivas y monopólicas (caso Bachoco, Maseca y anexas), ferrocarriles que no son de pasajeros, y con mucha, mucha más importación de granos y leche en polvo y muchos mas muchos más pobres después de sus reformas estructurales. Entonces para qué quieren mayorías? Para privatizar la electricidad y el petróleo. Y el manual o biblia que consultan los tecnocratas dice "todo lo privado es bueno" porque hay competencia. Se ve, ahí están los bancos, Telmex, Televisa, TV Azteca, Maseca, Bachoco, Radio Centro, Radio Fórmula. Y la lista es larguísima
La cita de Jesús Silva-Herzog resulta engañosa porque en la época a la que se refiere no existía la democracia electoral. Mientras exista la posibilidad de quitar a un partido del poder a través de las elecciones es posible tener contrapesos a las medidas tomadas por las mayorías. Permitir la sobrerrepresentación no va a solucionar nuestros problemas pero tampoco implica necesariamente una amenaza a la democracia.
Valiente nota del blog editorial… la falsa salida de las mayorías forzadas debe cuestionarse duramente, y la cláusula "50+1 por sólo 36" es una de sus expresiones más nocivas. Sería una tragedia muy lamentable que la reforma política, una con la que quizá se pueda reformar el excesivo control central sobre nuestros representantes, termine por solidificar el status quo con esta fórmula. Este tipo de sobre-representación es un vicio del que el parlamento británico se ha querido deshacer desde hace años, porque claramente afecta a muchas agrupaciones legítimas, propositivas y bastante populares (como los Liberal Democrats). Sin embargo, una vez que la regla entra en acción, se benefician tanto los partidos más grandes y se enquistan tanto sus intereses, que ya es muy difícil que haya vuelta atrás. Es un veneno muy peligroso para la pluralidad y la representatividad que una vez que entra ya no vuelve a salir. Más vale pararlo de cuajo. Hay otras maneras de cultivar la gobernabilidad: una gobernabilidad producto de facilitar el diálogo y la negociación entre representantes más autónomos y más representativos de lo que hoy lo son.
Estoy de acuerdo sobre el carácter controvertido de estas propuestas. Para profundizar sobre el punto, remito a mi artículo "La Falacia Mayoritaria", recien públicado en la Mesa Política de Nexos, en http://mesapolitica.nexos.com.mx/
Saludos,
Gabriel Negretto