El debate sobre las mayorías electorales y de gobierno continua en los medios impresos:
El día de ayer Leo Zuckermann contesta a Jesús Silva-Herzog Máquez en su columna en Excélsior:
Movernos a un sistema de más representación territorial en lugar de proporcional ciertamente generaría una sobrerrepresentación del partido ganador del Congreso. Si el Presidente es del mismo partido, esto favorecería la gobernabilidad en detrimento de la pluralidad. Si así lo desease el electorado, se generarían gobiernos fuertes que ya no tendrían pretextos para resolver los problemas del país y enfrentarse a los poderosos intereses de los grupos beneficiarios del statu quo. Esto es muy diferente a decir, con un toque de exageración, que se trata de “un acto de violencia contra el pluralismo”.
Al mismo tiempo, Gabriel L. Negretto en La Mesa Política de Nexos, advierte el problema de entrar a la lógica de "faciliatar" los gobiernos a partir de mayorías fuertes:
En verdad, quienes postulan que lo importante para una democracia es que existan gobiernos con mayorías para gobernar, no les preocupa demasiado cuál es el grado de congruencia entre las mayorías institucionales y las mayorías sociales. Por eso creen que es un detalle menor que un gobierno supuestamente “mayoritario” tenga en realidad el apoyo de un 35 o un 40 por ciento del voto de los ciudadanos. Si lo más importante para una democracia fuese crear gobiernos fuertes sin importar su grado de representación, no queda claro cual es la ventaja de tener una democracia en vez de una dictadura, en la que decide uno solo, o un régimen oligárquico, en el que deciden unos pocos. De hecho, a muchos tecnócratas o intelectuales que creen saber cuáles son las reformas que necesita el país y que se sienten confiados en ser escuchados por el gobierno de turno, no les queda muy clara esa diferencia.
El día de hoy en el periódico Reforma Luis F. Aguilar duda de la capacidad de un presidente con mayoría para solucionar los problemas del país:
El centro de dirección de la sociedad está en el Presidente que dispone de una mayoría legislativa alineada, dependiente, disciplinada, compacta. Se facilitan obviamente las decisiones directivas de reforma, pero dudo mucho que esas decisiones de aplanadora, como en los viejos tiempos, ahora con decoración democrática, vayan a arrojar resultados sostenidos, si las decisiones han sido impuestas más que pactadas. Para la eficacia del gobierno democrático se requieren mayorías, pero no artificiales, además de otros requisitos.
Como parte de la misma discusión el diputado del PRI Omar Fayad, presentó el día de ayer una iniciativa de ley con la que pretende extender el periodo de los diputados a seis años, prescindir de las elecciones intermedias, y únicamente renovar a los diputados electos por la vía plurinominal cada tres años "sin que para esto, medie proceso electoral alguno".
Es decir, si un presidente es electo acompañado de una mayoría legislativa, con la propuesta del diputado Fayad, no correría el riesgo de perderla en una elección intermedia. O claro podría ser al revés y garantizar tener minoría los seis años de gobierno. Sin embargo parece que el diputado Fayad tiene una especulación implítica en su propuesta sobre quién tendría mayoría en las pŕoximas elecciones.

Un comentario en “Un falso dilema: ¿pluralidad o gobernabilidad? (II)”
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