Las relaciones diplomáticas entre México y España han pasado por periodos complejos, desde la plena cooperación y amistad hasta el desconocimiento del gobierno franquista en 1939 con una fraterna y generosa apertura y recepción por parte de México del exilio español, del cual nuestro país se benefició cultural y profesionalmente. El reencuentro oficial entre ambos países se produce finalmente el 28 de marzo de 1977,1 fecha a partir de la cual las relaciones se habían ido fortaleciendo con las visitas a México de los reyes Juan Carlos I y doña Sofía y la presencia del rey Felipe VI en la toma de posesión del hoy expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Los lazos de cooperación y los flujos de comercio e inversión española en México son sumamente relevantes, como lo destaca el propio gobierno mexicano. Por su parte México representó en 2023 el 58 % de la inversión iberoamericana en España.
Hemos visto con sorpresa y no, cabe decir, la decisión del Gobierno de México de excluir al Rey Felipe VI de la invitación a la ceremonia de toma de posesión de la Presidencia de México. Una exclusión que sorprende por lo inopinada y francamente inútil y sin sentido. Una exclusión que no sorprende dado el discurso fácil, distractor y lamentable que se ha adoptado en la relación con España.
Debemos tener presente que conforme al Artículo 56 de la Constitución Española, el Rey de España es el jefe del Estado español, símbolo de su unidad y permanencia, quien arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones españolas. El rey asume la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.
¿Cuál es la comunidad histórica de España? Las naciones Iberoamericanas (Filipinas incluida) y entre ellas México principalmente. No olvidemos además que España desempeña un papel esencial en el diseño de la política exterior de la Unión Europea hacia Iberoamérica y el Caribe, lo que se refleja también en su participación en diversos organismos multilaterales iberoamericanos en calidad de observadores: la Organización de Estados Americanos (OEA), la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi); el Sistema de Integración Centroamericana (SICA); la Comunidad Andina de Naciones (CAN), y fue además el primer país en ingresar como observador en la Alianza del Pacífico, de la que México fue parte fundadora. En el caso de México, además de la relación histórica y cultural, España es país integrante de la Unión Europea, entidad con la que tenemos un Tratado de Libre Comercio en vigor.
El origen de la “no invitación” se dice que es la supuesta “prepotencia” del Rey al no contestar la exigencia del ahora expresidente Andrés Manuel López Obrador de que se disculpara por los agravios cometidos durante la Conquista de México y la falta de respuesta a esa petición, cuando menos disparatada y como veremos, contraria al Tratado de Santa María-Calatrava de 1836.
La carta enviada por el otrora presidente López Obrador al rey pedía “que el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado de su historia común…”.
La explicación posterior de Claudia Sheinbaum, compartida en redes sociales en su versión corregida el 26 de septiembre de 2024, dice que “Lamentablemente, dicha misiva no mereció respuesta alguna de forma directa, como hubiera correspondido a la mejor práctica diplomática de las relaciones bilaterales. En cambio, parte de la carta se filtró en medios de comunicación y posterior a ello, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España realizó un comunicado de prensa”.
Lo más notable de la petición del ahora expresidente López Obrador es que, el 13 de enero de 1990, en el Palacio Municipal de Oaxaca y ante representantes de las siete principales etnias indígenas, el rey Juan Carlos I junto con la reina Sofía lamentó los abusos cometidos durante la conquista por encomenderos y funcionarios que desoyeron en su momento las disposiciones protectoras de los indígenas emitidas por los monarcas castellanos.
Se trata, al menos, de una petición de una acción que ya se había dado. ¿Ignorancia, antihistoria o mala fe?

El Tratado de Santa María-Calatrava
Cabe preguntarse si, en la relación bilateral, es posible exigirnos el reconocimiento de supuestos “agravios causados”, cuando ya desde 1836 existe un compromiso de olvido entre ambas naciones.
El reconocimiento por parte de España de la independencia de México se produjo el 28 de diciembre de 1836, mediante la firma en Madrid del Tratado definitivo de paz y amistad entre México y España, firmado por Miguel Santa María por parte de la República Mexicana y José María Calatrava por el Reino de España. En dicho tratado se señala que se firma el mismo:
…deseando vivamente poner término al estado de incomunicación y desavenencia que ha existido entre los dos Gobiernos y entre los ciudadanos y súbditos de uno y otro país, y olvidar para siempre las pasadas diferencias y disensiones, por las cuales desgraciadamente han estado tanto tiempo interrumpidas las relaciones de amistad y buena armonía entre ambos pueblos, aunque llamados naturalmente a mirarse como hermanos por sus antiguos vínculos de unión, de identidad de origen y de recíprocos intereses…
¿A que nos comprometimos México y España en el Tratado de Santa María-Calatrava? No solamente al reconocimiento de México “…como Nación Libre, Soberana e Independiente la República Mexicana, compuesta de los Estados y Países especificados en su Ley Constitucional”, por parte la Reina Gobernadora de las Españas, a nombre de su augusta hija doña Isabel II, sino ante todo, y fundamental para lo que sucede hoy en día:
Habrá total olvido de lo pasado, y una amnistía general y completa para todos los mexicanos y españoles, sin excepción alguna, que puedan hallarse expulsados, ausentes, desterrados, ocultos, o que por acaso estuvieren presos o confinados sin conocimiento de los Gobiernos respectivos, cualquiera que sea el partido que hubiesen seguido durante las guerras y disensiones felizmente terminadas por el presente Tratado, en todo el tiempo de ellas, y hasta la ratificación del mismo…
Los representantes de ambas naciones tuvieron el buen cuidado de dejar en claro uno de los objetivos fundamentales del Tratado de Santa María-Calatrava: total olvido del pasado. Total olvido de los agravios reales y supuestos; total olvido que no deja lugar a dudas. Total olvido que parece habérseles “olvidado” en la administración del expresidente López Obrador y ahora de la presidenta Sheinbaum, pese a ser un tratado aprobado y ratificado conforme a las disposiciones vigentes en el país y que nos obliga, sin limitaciones, a olvidar para siempre las pasadas diferencias y disensiones.
Por tanto, la exigencia del expresidente López Obrador, base de la exclusión hecha por Claudia Sheinbaum, está fuera de lugar y es contraria no sólo al texto del Tratado de Santa María-Calatrava sino al orden constitucional, que establece claramente que los Tratados Internacionales que estén de acuerdo con la Constitución son Ley Suprema de la Unión; no cabe pedir un reconocimiento a supuestos agravios causados que fueron olvidados y perdonados recíprocamente ¡hace 188 años! Máxime si el rey Juan Carlos I de motu proprio ya lamentó públicamente y a manera de disculpa los abusos de encomenderos y funcionarios en el siglo XVI.
Si bien podría pretender encuadrarse y con ello justificar la petición del gobierno mexicano dentro de una tendencia crítica actual contra la colonización, la realidad novohispana era otra. Al pretender aplicar a Hispanoamérica y a Filipinas la noción de colonia se incurre en un anacronismo y en una impropiedad, ya que “no sólo el término colonia, sino su contenido mismo, es completamente extraño a estos países, a los que desde hacía más de un siglo sólo se conocía como reinos, Estados, provincias y señoríos de las Indias…”.2
Las nuevas unidades políticas y territoriales reciben el nombre de provincias, reinos, Estados, tierras y señoríos, conforme a la terminología política medieval. El término colonia “nunca se aplica a las Indias como tales ni a los países que las componen”.3 Los reinos americanos no fueron colonias, fueron reinos, provincias, gobernaciones, capitanías generales.
La práctica de exigir reconocimiento de agravios históricos llevaría a absurdos como que el Gobierno de Austria exija disculpas del Gobierno de México por el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo; que el Gobierno de Texas y el de Estados Unidos exijan al de México que reconozca los agravios cometidos en El Álamo y desde luego que México exija ese reconocimiento a Francia por la Intervención, a Estados Unidos de América por la Guerra de 1846-1847 y así un largo etcétera, pasando por las debidas disculpas que los visigodos deben a los suevos y alanos por haberlos puesto en orden en la Hispania Romana.
Más comprensible sería que el Gobierno de México ofreciese disculpas a los pueblos y comunidades indígenas por la Ley de desamortización de Fincas Rústicas y Urbanas de las Corporaciones Civiles y Religiosas del 25 de junio de 1856 y su Reglamento del 30 de julio de 1856,4 entendiéndose por tales Corporaciones Civiles y Religiosas las comunidades religiosas de ambos sexos, cofradías, archicofradías, congregaciones, hermandades, parroquias, ayuntamientos, colegios y en general todo establecimiento o fundación que tenga el carácter de duración perpetua o indefinida. Esas disposiciones sembraron la semilla para la Revolución Mexicana de 1910 y arrojaron a la población indígena campesina del país a décadas de explotación laboral. También habría nuestro gobierno de pedir disculpas por las traiciones cometidas a los pueblos indígenas del norte del país así como por el pago ofrecido por cabelleras apaches en el siglo XIX. El gobierno sonorense en septiembre de 1835, al buscar frenar las incursiones apaches, estableció recompensas por cabelleras apaches: cien pesos por aquella perteneciente a un guerrero mayor de catorce años; mujeres y niños serían tomados presos para ser deportados o colocados como sirvientes con familias mexicanas.5
Misma política se seguiría en el caso de Chihuahua, en donde el fin de la guerra contra los apaches no será sino hasta la victoria de Tres Castillos obtenida por el coronel Joaquín Terrazas sobre Vitorio, jefe Chiricahua que fallece en la batalla y más adelante con la muerte accidental de Ju y la rendición en 1886 de Gerónimo quien es hecho prisionero y llevado a Estados Unidos.6
En México, “unos 15 millones de compatriotas pertenecen a comunidades indígenas… y prácticamente desde el siglo XIX prevalece una política de exterminio contra esa población, pues es marginada de las actividades sociales, políticas y económicas centrales”.7 ¿Cómo casar entonces una aparente preocupación que llevó a exigir una disculpa de supuestos agravios, con una política pública que no ha resuelto el problema en México?
¿Qué sigue?
La actitud del Gobierno de México, amén de desaseada y desatinada, no es sino una muestra de un pensamiento antihistórico y dogmático. Un reclamo anacrónico: a una España que no es el Reino de Castilla del siglo XVI, desde un México que no es el conjunto de pueblos y culturas indígenas que habitaron en ese, que ahora es territorio nacional.
El reclamo del expresidente López Obrador y su continuación en la actual administración ven al pasado, ya resuelto institucionalmente y que se intenta resucitar como un distractor más frente a los grandes problemas que enfrenta la nación: inseguridad, militarización, narcotráfico, una corrupción rampante y el rompimiento del equilibrio de Poderes. El diferendo provocado con España apela a la ignorancia y al prejuicio histórico, a la búsqueda de un responsable externo de nuestras miserias humanas, a un México adolescente que parecía habíamos dejado atrás.
España es uno de los diez principales aliados, socio comercial e inversionista en México, ¿qué sentido tiene ofender a un aliado tan relevante con el que compartimos un pasado histórico común? No olvidemos que México tiene más años de existencia como un conjunto de reinos y provincias hispánicas que como nación independiente. Muchos años fuimos, todos, los españoles de América. Hoy un gobierno encaprichado y rencoroso exige una disculpa improcedente, anacrónica y contraria al orden jurídico mexicano.
Nadie mejor que el propio Gobierno de México para destacar, en su página oficial, la importancia de la relación bilateral, muestra de una conducción esquizofrénica cuando menos de la política exterior:
México y España están unidos por fuertes vínculos históricos y culturales, la relación entre ambos países se caracteriza por un extraordinario diálogo y por la amplitud y diversidad de la cooperación en múltiples ámbitos.
España es el país europeo con el que México ha sostenido tradicionalmente el mayor intercambio académico. Ambos países promueven activamente la lengua española como símbolo de identidad y patrimonio común.
Esperemos se rectifique la política respecto a España: se debe ir a más, construir y fortalecer los intercambios y la comunicación institucional y profesional. Ya existe en áreas como la abogacía pero debe extenderse a todos los ámbitos.8 Como decía José Elguero en su obra España en los Destinos de México publicada en 1929: “¿Que sería de cuanto forma el espíritu del pueblo mexicano y lo distingue de los demás si perdiésemos lo que de España recibimos?”. A eso hay que añadir lo que ya se tenía: una riqueza cultural indígena que junto con la cultura hispánica nos hace ser quienes somos.
Ojalá rectifique el Gobierno de México y cumpla lo pactado desde 1836 y vigente en nuestros días: total olvido del pasado y construcción del futuro.
Oscar Cruz Barney
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Vicepresidente del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano; vicepresidente de la Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación. Secretario Regional-Región II (América) de la Union Internationale des Avocats.
1 Véase Ojeda, Mario, “México y España veinte años después de la reanudación de relaciones”, en Foro Internacional, México, vol. XXXVIII, núms. 2-3 (152-153), abril-septiembre, 1998.
2 Bravo Lira, Bernardino, “Hispaniarum et Indiarum Rex, Monarquía múltiple y articulación estatal de Hispanoamérica y Filipinas. Contrastes entre formas estatales de expansión europea y las formas imperiales y coloniales”, en XI Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, t. II, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, Buenos Aires, 1997, p·gs. 413-414.
3 Idem.
4 Su texto en Luis G. Labastida, Colección de leyes, decretos, reglamentos, circulares, órdenes y acuerdos relativos a la desamortización de los bienes de corporaciones civiles y religiosas y a la nacionalización de los que administraron las últimas, Tipografía de la Oficina Impresora de Estampillas, México, 1893, p. 3-6 y 9-13.
5 Véase Almada Bay, Ignacio y Norma de León Figueroa, “Las gratificaciones por cabelleras. Una táctica del gobierno del estado de Sonora en el combate a los apaches, 1830-1880”, en Intersticios sociales, no.11 Zapopan mar. 2016.
6 Sobre el tema véase Cruz Barney, Oscar, Chihuahua. Historia de las Instituciones Jurídicas, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, Senado de la República, 2010.
7 Según afirma Andrés Medina Hernández, académico del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM según cita de López, Patricia, “Prevalece en México política de exterminio contra indígenas”, en Gaceta UNAM, 12 de agosto de 2019.
8 Pienso en los acuerdos de cooperación que tiene el Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México con los Ilustres Colegios de Abogados de Madrid, Sevilla, Oviedo, Barcelona, Valencia y Zaragoza, así como con el Consejo General de la Abogacía Española que en su momento tuve la oportunidad de impulsar y que ahora han sido recientemente renovados.
Estoy absoluta y totalmente de acuerdo con todo el dictado anterior. Esto es debido a que el gobierno en ciernes busca una manera básica y primaria para gobernar al país, a base de confusiones buscando obtener raja política.
Si nos referimos a la actualidad, México puede reclamar que los bancos cobren tasas y tarifas muy superiores a las que cobran en España, con el resultado de que su mayor fuente de ingresos es México. Actualmente se está dando la ciudadanía española a descendientes de los judíos sefarditas expulsados en 1492, así que sí es importante lo que ocurrió hace más de 500 años.
El Tratado de Calatrava sólo se refiere a las consecuencias jurídicas de la guerra de independencia; por ejemplo, gracias al tratado Calleja podría pasear por México sin temor a ser ejecutado.
El perdón que pidió el Rey Juan Carlos se refirió sólo a los actos de encomenderos y autoridades, pero no al acto militar de la conquista. No menciona la matanza de mexicas, los abusos contra los purépechas, la conquista de los mayas, el expulsar pueblos enteros para quedarse con las mejores tierras y dejar a los indígenas en territorios agrestes como la Sierra Tarahumara; la destrucción de estatuas, edificios y códices. La carta de motivos de colón incluía esclavizar a los pueblos de las tierras descubiertas.