Una día perfecto para el pez del plátano

banafish

Nota y traducción de Luis Miguel Aguilar

Rescatamos un texto de J. D. Salinger que se publicó originalmente en la antología Cuentos y relatos norteamericanos del siglo XX (SEP/UNAM, 1982) y la nota que lo acompañaba.

“El favorito de todos” con algunas excepciones, la reticencia de J.D. Salinger (1919- ) no imaginó el éxito que iba a acarrearle la publicación de The Catcher in the Rye en 1951. La novela va siguiendo las aventuras de Holden Caulfield, un adolescente excepcional y con expectativas morales, culturales y de vida contrarias al común norteamericano. De ahí que la crítica identificara de inmediato en el personaje de esta novela a un nuevo Huckleberry Finn. Todos los personajes de Salinger tienen un encanto y un poder de seducción no sólo difícil de encontrar en otros narradores norteamericanos, sino también difícil de precisar a no ser remitiéndose a la misma obra de Salinger.

La mayoría de estos personajes pertenecen a la familia Glass –Holden Caulfield sería incluso un desprendimiento narrativo de ella—y los textos de Salinger se han dedicado a iluminarlos en diferentes etapas de sus vidas. Seymour, el personaje de “Un día perfecto para el pez del plátano”, es el mayor de los hijos Glass. Salinger “ha completado” el personaje de Seymour en otras dos noveletas: Raise High the Roof Beam, Carpenters! (tomado de Safo: “Levanten alto la viga, carpinteros” en un epitalamio o canto en honor a los novios), y que relata con variass digresiones el día de la boda de Seymour con la Muriel que aparece en “Un día perfecto…”; la otra noveleta es Seymour. An Introduction. Las dos están contadas por Buddy Glass, el hermano que sigue en edad a Seymour, y en ellas puede reconstruire a un Seymour hipersensible, redactor de poemas y reacio a publicarlos, capaz de leerle a una hermanita de diez meses enferma de paperas un relato taoísta; autor de un diario que al ser reproducido en partes no sólo logra varias de las mejores páginas de Salinger sino que, a efectos de presentar el cuento que aquí incluímos, informa desde otro lado y tiempo previo sobre la índole o el carácter de Seymour quizá más ocultos en “Un día perfecto para el pez del plátano”, aunque, claro, es un cuento perfectamente autónomo (y que por cierto, también estaría narrado por Buddy Glass). Este es un fragmento del diario de Seymour donde habla sobre Muriel: “Fue a la estación conmigo en el taxi. Qué bien se veía, y estaba de mejor humor. Trataba de enseñarme a sonreír, estirando con sus dedos los músculos alrededor de mi boca. Qué hermoso es verla sonreír. Dios mío, soy tan feliz con ella. Si ella tan sólo fuera más feliz conmigo. A veces la divierto, y parece que le gusta mi cara y mis manos y hasta mi nuca, y siente una gran satisfacción cuando les dice a sus amigas que va a casarse con el Billy Black que salía hace años en el programa “Es un niño prodigio”. Y creo que en términos generales, ella siente hacia mí una mezcla de impulso maternal y sexual. Pero en el conjunto no la hago realmente feliz. Dios mío, ayúdame. Mi única consolación terrible es que ella tiene un amor vivísimo, básicamente irrevocable por la institución misma del matrimonio. Tiene una urgencia básica por manejar una casa de modo permanente. Sus objetivos de matrimonio son tan absurdos y conmovedores. Quiere quemarse al sol y llegar al mostrador de un hotel de primera y preguntarle al empleado si su Esposo ya recogió la correspondencia. Quiere ir de compras por cortinas. Quiere ir de compras por ropa de maternidad. Quiere salirse de casa de su madre, así sea consciente o no de eso, y a pesar de su cercanía estrecha con ella. Quiere tener hijos—hijos hermosos, que se parezcan a ella y no a mí. Siento también que quiere tener sus adornos de Navidad para sacarlos de la caja cada año y ponerlos en su propio árbol, no en el de su madre”.

Se le ha criticado a Salinger que sus personajes son siempre superiores a su entorno y que esto resulta un acto de inmoralidad narrativa; la objeción es dudosa porque omite la delicadeza de Salinger y el modo en que sus personajes no se regodean en su propia excepcionalidad, el modo en que son, en efecto, productos y vehículos de un encanto natural.

En “Un día perfecto para el pez del plátano” hay dos alusiones a poetas sin mencionar sus nombres. El segundo es fácilmente reconocible cuando Seymour cita “Mezclando memoria y deseo” de T.S. Eliot; del primero, del poeta alemán, no hemos encontrado pistas en la populosa salingeralia que ha acompañado a su obra. Aventuramos por eso, y en atención a esa “cosa de Seymour con los árboles” mencionada en el cuento, que se trata de Rainer María Rilke cuyas Elegías del Duino están surcadas por árboles (desde la primera: “Nos queda tal vez un árbol en la colina al que podamos ver cada día…”) tanto o más que por ángeles.

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