Vamos a imaginar:
un país sin ciencia neoliberal, sin expertos y sin excelencia académica

En un texto que escribí en este mismo foro en mayo del año pasado, dije lo siguiente sobre la brecha que existía desde entonces entre la comunidad académica mexicana y el CONACYT: “…lo que no puede seguirse abriendo es la brecha que existe entre la comunidad académica mexicana y el CONACYT y, por ende, el gobierno actual. El precio que la comunidad en su conjunto y el país entero terminarán pagando no puede cuantificarse, pero no se necesita ni medio dedo de frente para saber que será altísimo”. A un año de distancia, la brecha sigue ampliándose. Los motivos que la explican están a la vista de quienes se interesan en la ciencia, en la vida académica, en las políticas gubernamentales, en las instituciones universitarias, en la docencia, en la investigación, en la vida social a secas. El resultado de este año y medio de ataque al conocimiento por parte de algunas de las autoridades de este gobierno es una desazón generalizada en la comunidad académica mexicana. Una desazón que hace unos días se convirtió en desconcierto absoluto cuando la titular del CONACYT salió a explicarle al público de México una expresión que salta a la cara, al sentido común y al más rupestre de los entendimientos: la ciencia neoliberal.

No voy a sacar aquí a colación al nazismo o al estalinismo, como se ha hecho a raíz de la explicación que dio hace unos días la Dra. Álvarez-Buylla sobre esa creación suya, la “ciencia neoliberal”. Supongo que toda torpeza política, social, económica o intelectual tiene progenie o antecedentes, pero siempre he pensado que con las analogías históricas hay que irse con tiento. A mí lo que me interesa es esa brecha con la que comencé estas líneas. Ahora ya no es sólo el menosprecio por la comunidad académica que yo detectaba hace un año en la titular del CONACYT. Ahora es burlarse de la inteligencia de toda la población mexicana, incluida por supuesto dicha comunidad.

Ilustración: Oldemar González

Una cosa es estar en desacuerdo con la manera en que ciertos gobiernos, en México y en el resto del mundo, han planteado y aplicado políticas vinculadas a la ciencia y al desarrollo tecnológico; otra muy distinta es añadirle el adjetivo “neoliberal” a la ciencia que supuestamente hacen… ¿quiénes? ¿Los funcionarios que la proponen? ¿Los diputados que asignan presupuestos para esa política científica? ¿Los políticos que la aplican? ¿Los científicos que la avalan y que participan de diversas maneras en ella? ¿Los funcionarios y académicos que la legitiman? ¿Las universidades que colaboran en su desarrollo y se benefician de ella de diversas maneras? ¿El CONACYT pre-diciembre 2018? ¿Algunos sectores y algunos funcionarios del CONACYT pre-diciembre 2018? ¿Todos quienes participan en alguna de las etapas del largo y tortuoso proceso recursos públicos-presupuesto federal-políticas científicas-políticas públicas-implementación de las mismas? ¿Los 26 Centros Públicos de Investigación (CPIs)? ¿Sólo algunos de ellos? ¿Sólo algunos de sus investigadores? ¿Las empresas del sector privado que se benefician económicamente de  la ciencia en cuestión? ¿Todas y todos los anteriores?

La Dra. Álvarez-Buylla participó el jueves 23 de abril en la conferencia de prensa vespertina que presidió, como casi todos los días desde hace algún tiempo, el Dr. López-Gatell. En ella, después de referirse muy elogiosamente al actual gobierno con expresiones como “el liderazgo del licenciado Andrés Manuel López Obrador, nuestro presidente”, la titular del CONACYT afirmó que la pandemia de coronavirus que estamos enfrentando nos invita a “repensar la organización mundial” y el “sistema neoliberal”. Asimismo, afirmó que lo que estamos viviendo “es un síntoma del fracaso de un modo civilizatorio, de un sistema neoliberal”, para terminar aseverando que desde un punto de vista científico es momento de “repensar este orden mundial”. Que el “orden mundial” necesita ser repensado está fuera de duda, aunque solo fuera por dos temas: la contaminación ambiental y el calentamiento global. Que una crítica profunda a cierta manera de ver el mundo, al liberalismo económico a ultranza (si a esto se le quiere denominar “neoliberalismo” no tengo ningún problema) y a toda una panoplia de desigualdades sociales aberrantes y de privilegios inaceptables, que una crítica a todo esto, decía, debe ser parte de ese “repensamiento” también está fuera de duda.

Dicho lo anterior, no necesitábamos la pandemia de coronavirus para saber que el orden económico actual debe ser repensado en profundidad si queremos no sólo sociedades menos desiguales, menos consumistas y menos dispendiosas, sino si queremos sobrevivir como especie en el largo plazo. Lo que me parece inaceptable es que se tome a la pandemia actual, que ya de por sí provoca una enorme desazón entre la población (los ataques al personal médico de todos los niveles no son más que la cereza del pastel de miedo que se está comiendo toda la población mexicana), para hacer profesiones de fe política, para exhibir apoyo incondicional no solicitado, para establecer causalidades dudosas y, sobre todo, tratándose de la principal responsable de la ciencia en este país, para criticar gobiernos y políticas anteriores con base en una “categoría” (la ciencia neoliberal) cuya carga ideológica es tan burda que resulta realmente increíble que sea con base en ella que se pretenden justificar las actuales políticas científicas y las actuales políticas públicas en el ámbito de la ciencia. Por lo demás, creo que algunas funcionarias y algunos funcionarios del presente gobierno no debieran subestimar a la ciudadanía mexicana en general y a la comunidad académica en particular.

Cabe apuntar que el manifiesto de académicos holandeses al que se refirió favorablemente la Dra. Álvarez-Buylla en algún momento de la misma conferencia de prensa de ese 23 de abril, firmado por 170 académicos de ocho universidades de Holanda, coincide plenamente con ella en que el modelo económico que ha prevalecido en el mundo durante las últimas décadas debe ser modificado de forma radical, pero ese documento es muy claro también en algo que se ubica en las antípodas de las políticas que ha defendido y aplicado este gobierno: la protección decidida del medio ambiente y de la ecología. En dicho manifiesto se puede leer lo siguiente: “Los expertos advierten que si continúa la degradación de los ecosistemas —un escenario que cabe esperar bajo el modelo económico prevaleciente— las posibilidades de otros y más severos brotes virales, encima de las catástrofes que ya vivimos actualmente, se pueden convertir en realidad.” Escojo este pasaje porque quienes afirman lo anterior son “los expertos”, esa categoría tan vilipendiada a lo largo de este sexenio… hasta que llegó el coronavirus y entonces resultó que ser experto en algo tiene sus ventajas. Me refiero concretamente a las palabras que el presidente López Obrador ha empleado en más de una ocasión para expresarse sobre el Dr. López-Gatell, como un gran “experto” en su campo; un experto que, sugiere el presidente y espero que tenga razón, nos permitirá salir del trance en el que nos encontramos de la mejor manera posible. Regreso a la situación que viven actualmente muchos académicos de instituciones públicas mexicanas (el énfasis no es gratuito).

Como ya lo expresé, la brecha a la que me refería más arriba se sigue ensanchando. Hace un par de días apareció un artículo de Esteban Illades en El Universal sobre la excelencia académica en nuestro país y poco después un comunicado de aclaración por parte de Sergio López Ayllón, director general del CIDE. En su artículo, Illades se refiere a la enorme incertidumbre que ha creado en el CIDE la nueva instrucción de la Secretaría de la Función Pública (SFP) de extinguir los fideicomisos públicos con base en el decreto presidencial del 2 de abril del año en curso. Como expresa ahí Illades, dos de esos fideicomisos son fundamentales para que el CIDE pueda seguir funcionando. Es básicamente por este motivo que escribió un artículo con el que intentaba crear conciencia respecto a una serie de políticas que, de continuar, terminarán con lo que él en su artículo denomina “excelencia académica” (refiriéndose no solo al CIDE, sino también al Colegio de México). El comunicado de Sergio López Ayllón me sorprendió por la manera en que descalifica el artículo de Illades, como si estuviera lleno de inexactitudes. La verdad es que fuera de lo que el periodista afirma sobre la supuesta petición del gobierno a los profesores del CIDE de reducirse voluntariamente el salario en 25% y el énfasis del director general del CIDE en que con quien están dialogando es con la SHCP (no con la SFP), no veo otra diferencia sustantiva entre el artículo y el comunicado. En cualquier caso, me parece que lo anterior no justifica referirse al artículo como un texto “que hace diversas afirmaciones inexactas y fuera de contexto”. Entiendo que no es lo mismo ser un periodista que el director de una institución académica pública, sobre todo en los tiempos que corren, pero el artículo de Illades tenía un valor en el que quizás habría que reparar: fue escrito por alguien que no pertenece y que no estudió en el CIDE, en el COLMEX o, en todo caso, en cualquier Centro Público de Investigación. Esto puede parecer irrelevante, pero no creo que lo sea.

Explicaré lo anterior en los dos últimos párrafos de estas líneas, pero antes de hacerlo quiero expresar mi sorpresa ante el hecho de que las medidas recientes respecto a los fideicomisos parecerían afectar solamente al CIDE. Sé que no es así y por eso me llama la atención que todos los focos mediáticos se concentren en uno solo de los 26 CPIs. En México, la excelencia académica no se encuentra solamente en una o dos instituciones. Está repartida,  de manera muy desigual sin duda (como todo en este país), en varios CPIs y en otras instituciones de educación superior. A este respecto, baste decir que yo me he topado con ella en no pocas de las instituciones con las que he tenido contacto a lo largo de mi vida profesional, pues en todas ellas hay investigadores de calidad (regresaré a este tema en el párrafo siguiente). Si caen algunas de esas entidades, me temo, terminarán cayendo todas. Aunque solo fuera por eso, se echa de menos una mayor solidaridad interinstitucional, más allá de pertenecer  o no a un CPI. Por eso, entre otras razones, me llama tanto la atención que los investigadores de la UNAM, también conocida como “la máxima casa de estudios”, hayan estado tan callados (hasta donde yo alcanzo a ver o escuchar y considerando la enorme cantidad de académicos que ahí laboran) respecto a un tema que vaya que les atañe, aunque sea solo en principio.

De un tiempo a esta parte, ser académico, investigador, científico o “experto” en cualquier cosa en este país es como vivir en el error, es como no servir para nada, es como estar de más en esta sociedad. El ataque al conocimiento de cierto nivel, sobre todo en las ciencias sociales y las humanidades, ha sido ininterrumpido desde que comenzó esta administración. No sólo de palabra y de retórica, sino también en los hechos. Considerando solamente los CPIs, tengo colegas en el Instituto Mora, en el Colef, en el Colmich y en el propio CIDE. Fuera de ellos tengo trato continuo con colegas de la UNAM y en menor medida con profesores-investigadores del Cinvestav y de la UAM. Algunas y algunos son investigadoras e investigadores de primer nivel. Desafortunadamente, desde hace casi año y medio, los primeros se ocupan más de lidiar con las adversidades que enfrentan debido a la nueva situación laboral y profesional creada por este gobierno que de sus responsabilidades académicas. No tengo conocidos en los otros 22 CPIs y no estoy en las redes sociales, por lo que la cantidad de información que recibo no es tan completa como la que podría tener, pero con lo que leo y con lo que me entero basta para saber que la están pasando mal. Que muchas cosas podían y debían cambiar en la academia mexicana me parece irrefutable, pero lo que está pasando no se puede justificar escudándose bajo la “ciencia neoliberal” y el mantra de la “austeridad republicana”. En cualquier caso, sin entrar en dilucidar  cuál de los CPIs está un poquito mejor o un poquito peor, me surge un par de dudas: ¿por qué los CPIs, 26 en total, no se expresan más en conjunto y por qué no mantienen, en conjunto, más enterada a la sociedad de la situación que todos ellos, de una u otra manera, están enfrentando?

La pregunta que planteaba al gobierno actual y al CONACYT en el texto que escribí sobre estos temas hace un año era “¿hasta cuándo?”. Como parece que esta situación seguirá por tiempo indefinido, me parece que lo que ahora procede es preguntarle con toda seriedad al presidente de la república y a la directora general del CONACYT a dónde quieren llegar con sus políticas. ¿De veras quieren acabar con los “expertos”, con la excelencia académica, con la investigación seria, con la búsqueda desinteresada de conocimiento, con el rigor académico y, last but not least, con las humanidades? Vamos a imaginar, aunque solo sea por un instante, que lo logran; que alcanzan el objetivo de que en México no haya “expertos” en nada, que erradican la “ciencia neoliberal”, que los científicos que sobrevivan en el medio académico mexicano hacen todos ciencia comprometida y dirigida exclusivamente a resolver las necesidades inmediatas de los más necesitados, que terminan por asfixiar a las instituciones académicas públicas más exigentes de este país, es decir, que logran desmotivar a las mejores investigadoras y a los mejores investigadores de las instituciones públicas de México, quienes deciden entonces dedicarse a otra cosa que no sea enseñar a la juventud a estudiar con cierto rigor, a aprender con cierto rigor y a investigar con cierto rigor.

Vamos a imaginar…

 

Roberto Breña
Profesor-investigador de El Colegio de México.

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Publicado en: Ciencia, Educación, Política

20 comentarios en “Vamos a imaginar:
un país sin ciencia neoliberal, sin expertos y sin excelencia académica

  1. Si el término “ciencia neoliberal” se hubiera expresado en algún foro sobre filosofía de la ciencia o una cátedra economía, las discusiones hubiesen sido otras. Tal vez la controversia radica en el contexto en el que se declara y en la portavoz de una institución tan emblemática para la investigación en México, como lo es el CONACYT.
    El problema es el uso indebido y generalizado del término “neoliberal” que el presente régimen ha acuñado casi como un mantra. El problema es la negligencia (o más peligroso, la intencionalidad) con la que este término decide emplearse. El actual gobierno usa “neoliberal” a diestra y siniestra, usualmente como herramienta de estigmatización. El término está presente en todas sus discusiones, declaraciones o iniciativas y es la excusa de los errores y le impericia del partido en turno. Al parecer, todo funcionario tiene la religiosa obligación de recordarlo, sin importar si era o no relevante.
    El asunto no es negar o aceptar la existencia de una ciencia neoliberal, sino ofrecerla como única excusa para justificar todas y cada una de las dolencias del CONACYT, lo que hace que se cuestionen las verdaderas intenciones de la funcionaria tras dicha declaración, porque o bien lo hace pecando de una gran ingenuidad o su discurso forma parte de la maquinaria de adoctrinamiento del partido en turno, porque no hay duda que esa es la píldora que intentan que todos y cada uno de los mexicanos nos traguemos como única respuesta a las deficiencias de este país (pero lo cierto es que las causas de esta realidad son mucho más complejas). Sin embargo, en línea con la terminología de este régimen, hay un factor que sí ha causado el estancamiento de la investigación científica de México, ésta es “la mafia del poder”, aunque yo no la concibo de la misma forma ni con los mismos actores que este gobierno; para mí son las malas políticas económicas y de presupuesto que cada partido en turno se ha encargado de implementar porque no es sorpresa saber que el desarrollo de la ciencia está entre las últimas prioridades de la clase política al momento de repartir el dinero. Su relevancia para ellos está en el escalafón más bajo, junto a salud y cultura. No es algo que genere votos o que pueda producir nóminas clientelares. Y no cerremos los ojos, TODOS los partidos piensan primero en esto. Para mí, la denominada “mafia del poder”, es la malograda clase política de este país que se recicla sexenio con sexenio (y para nuestra trágica realidad, ahora ya tienen la facultad de reelegirse).
    Hace bastante tiempo que me encuentro alejada de la academia, decidiéndome por ejercer la forma práctica de mi profesión. Sin embargo, conozco de varias fuentes cercanas lo complicado que resulta sobrevivir siendo investigador —un camino que en este país no sólo exige de habilidades intelectuales de alto nivel, sino una buena dosis de pasión, perseverancia y paciencia—, algunos de los que conozco incluso tuvieron una beca CONACYT en su momento, becas en extranjero y todo eso. Ninguno de ellos se dedica 100% a la investigación, algunos decidieron olvidarse de eso y cambiar el rumbo de la profesión. Lo que pasa con el desarrollo científico en este país tiene poco que ver con lo “neoliberal”, porque si realmente los académicos estuvieran “vendiendo” ese conocimiento y tecnología, si estuvieran en verdad “secuestrados” por las maléficas empresas llenas de corrupción y de lucro, serían miembros de una clase social mucho más pudiente, serían los Mark Suckerberg o los Bill Gates ¿conocen algún científico así emergido del CONACYT u otra institución pública de investigación?
    Para este régimen político, bajo una cerrada perspectiva ideológica, “neoliberal” es casi una asociación de malignidad y corrupción. Debo decir que tras dos años de escuchar este término una y otra vez, con mayor frecuencia parece sentirse como un insulto, absurdo claro, pero la narrativa de este gobierno ha fomentado que el concepto cambie en relación al contexto. Empezaré por decir que nada en la ciencia es gratuito. No existe el blanco y el negro, la ciencia “buena” y la “neoliberal” cuestión por la cual la ética siempre está metida en camisa de once varas. Por desgracia, no todo en ciencia viene de una caja de Petri o tubo de ensayo, gran parte nuestros avances tecnológicos y científicos se los debemos a las guerras. Como si eso no fuera suficiente, los intentos de polarizar son un síntoma preocupante que de inmediato enciende las alarmas, porque es una práctica que ya se ha usado en la historia de los gobiernos totalitarios, concretamente el comunismo. Hace unos meses, cuando el coronavirus no era más que una enfermedad exótica recluida en un país muy muy lejano, me puse a leer cierta novela de ciencia ficción titulada “El problema de los tres cuerpos”, de Liu Cixin, una rareza si se considera que gran parte de este género lo acapara la literatura anglosajona. Recomiendo el primer capítulo (no importa si nunca han experimentado con el género, no necesitan comprometerse a leer más y google lo publica de forma libre), porque da un contexto histórico de la Revolución Cultural china y su concreta estigmatización hacia la clase intelectual. Tras leerlo y compararlo con estos “nuevos tiempos”, hay cosas ahí tremendamente cercanas en nuestra realidad. Cuando Álvarez Buylla pronunció “ciencia neoliberal”, mi cerebro, en automático, me transportó a ese primer capítulo. Finalmente, hay una interesante entrevista a Siobhan Guerra, doctora en filosofía de la ciencia de la UNAM, a propósito del tema: https://nmas1.org/news/2020/05/01/ciencia-neoliberal

  2. Me parece que ni siquiera México ha podido, sabido o querido en verdad tener una ciencia «neoliberal». Nuestro sistema científico es pequeño y aun con ello tiene calidad. Aún a pesar de todo el amiguismo que existe en la asignación de recursos a proyectos y de la forma totalmente obsoleta de evaluación del trabajo de los investigadores.

  3. Es que no es necesario imaginarlo, ya es una realidad. Y no sólo sin ciencia «neoliberal», ya vivimos en un país sin ciencia a secas, sin expertos y sin excelencia académica. Voy a plantearlo sin eufemismos, la «comunidad científica mexicana» ha estado y permanece encerrada en su torre de marfil, en sus peleas palaciegas e intrigas internas, pero eso de involucrarse en la resolución de los problemas nacionales, muy poco, tendiendo a nada.
    No lo ha hecho en el pasado, no lo está haciendo ahora y no lo hará en el futuro. Si la gestión de los administradores de la política científica pasados fue mala, tendiendo a la irrelevancia, la de ahora es pésima con una clara proclividad a la inmolación en nombre de sus nuevos dogmas.

    En conclusión, la relación entre la sociedad mexicana y el sector científico es inexistente.

  4. Que sería está mundo sin MIGUEL ÁNGEL, sin Leonardo da Vinci,, que lástima teniendo todo,,,

  5. El concepto de «ciencia neoliberal» se alinea plenamente con la forma dominante de gobernar de AMLO, planteando permanentemente la división para crear bandos antagónicos. El punto es que, en el caso de la comunidad científica, se ha generado tensión entre CONACYT y el Foro Consultivo; entre CONACYT y las empresas que hacen desarrollo tecnológico, sin importar su tamaño u origen del capital; entre CONACYT y ProCiencia por atreverse a hacer propuestas; entre CONACYT y los consejos estatales de ciencia y tecnología por los Fondos Mixtos; y, por supuesto, con Antonio Lazcano y el juez que falló a su favor. Agreguemos a esto el hecho de que quien le explica a AMLO cuestiones sobre investigación es la directora de CONACYT, por lo que el presidente empezó a pensar que los investigadores somos una élite inútil para el país. Es por eso que ha habido recortes importantes a los presupuestos de CTI administrados por el gobierno federal, los de las instituciones, los destinados a cátedras y becas. El último recorte deriva de la extinción de fideicomisos y ha resultado sorprendente que AMLO dijera que «la directora de CONACYT que con dos que queden es suficiente». ¿Cómo es posible que la titular de CONACYT no defienda sus recursos, de por si limitados? ¿Será que la ciencia no neoliberal, la del pueblo bueno, no requiere infraestructura, insumos y, como insinúa el autor del artículo, investigadores?

  6. Coincido plenamente con Sara. México se encuentra fuera de los 30 mejores productores de ciencia, según métricas del grupo Scimago. Los pocos estudios bibliometricos que se han hecho sobre la producción nacional solo describen de manera tendenciosa el incremento del volumen, pero no se hacen comparaciones o se pondera por el número de autores totales, y por el PIB. Es urgente que se hagan evaluaciones bibliometricas y cienciometricos para la mejor asignación de recursos, mejorar la calidad de los trabajos científicos, buscar la innovación científica y tecnológica. Investigadores cubanos y brasileños tienen un índice H mayor que el de los investigadores mexicanos.

    1. No veo el sentido del título, las ciencias y las artes son universales, lo que ha sucedido en caso concreto de México es que durante el Neoliberalismo se cancelaron las líneas inversiones así como en salud y educación. Lo demás es pura narrativa pseudopolitica

  7. Pues qué te puedo decir. Aunque en general pienso que es posible hacer ciencia sin apellidos, es verdad que las políticas científicas y en particular los políticos siempre tienen tendencias a apoyar los proyectos que están de acuerdo a su proyecto ya sea neoliberal, social, humanitario, fascista, comunista etc. La ciencia forma parte del conocimiento y el conocimiento es poder, aquel que sepa cómo usar el conocimiento podrá realizar sus objetivos de manera más eficaz y pronta. En este sentido la ciencia no está separada de las políticas públicas y de los intereses propios del sistema. Ojo que no sólo la ciencia, el arte, la cultura y casi cualquier manifestación humana se ve influenciada y dirigida por estos mismos intereses. La ciencia hace más ruido pues los conocimientos que se generan con la ciencia tienen fuerte capacidad de modificar la realidad, de generar tecnología específica y de resolver problemas de manera muy efectiva.

    Algunos científicos, y me imagino que también no científicos, se quejan mucho de que se llame «ciencia neoliberal» o «ciencia elitista» o varios más arguyendo que la ciencia es una y que «la curvatura del espacio» o «las leyes de Mendel» son independientes de la postura política o del interés económico de moda o en turno. Eso es verdad, pero NO es a eso a lo que se refieren los sociólogos y los politólogos o los políticos que usan este término. Se refieren más bien a la forma en la que es usada la ciencia (aunque es verdad que muchos confunden el uso de la ciencia con la ciencia en sí), y sobre todo, en los proyectos que se apoya o se impulsa desde las organizaciones gubernamentales y sobre los objetivos de éstos.

    Yo defino, y creo que, mutatis mutandis, lo que se entiende en general como ciencia neoliberal lo siguiente:

    DEFINICIÓN: La ciencia neoliberal es la la ciencia que se produce o es impulsada por los intereses de políticas neoliberales.

    Ejemplo: la realización de modelos matemáticos para mejorar la producción y venta de Coca-Cola y con el que se garantice su distribución en todo el país maximizando las ganancias y minimizando costos.

    Ejemplo de Ciencia no-neoliberal: estudio y generación de modelos matemáticos para crear una red de distribución de agua potable de tal manera que se garantice el suministro a todas las comunidades y de manera suficiente. El proyecto contempla la implementación de plantas purificadoras de agua extraída del subsuelo y concientización social sobre la importancia de mantener los cenotes y ojos de agua limpios.

    Me parece que EAB usa, y con justa razón, este término y en sentido. Concretamente puedo decir que Cabrero, el antecesor de Elena ante el CONACyT impulsaba, aunque no de manera exclusiva, por supuesto, los proyectos de investigación que tuvieran que ver con la industria, con las empresas, con la ganancia de dinero y no necesariamente con resolver problemas sociales y comunitarios, por ejemplo: varias de las últimas cátedras CONACyT que asignó eran para consorcios en los que los investigadores eran básicamente empleados de las grandes empresas, GM, Coca-Cola, etc., desarrollando los proyectos científicos y tecnológicos que las empresas requirieran para mejorar su producción; las convocatorias para proyectos científicos se extendieron a empresas y no sólo a instituciones de educación o centros de investigación, otorgando así apoyo económico para que las empresas desarrollen investigación científica de su interés (que en la mayoría de los casos tenía que ver con mejoras a su producción y obtención de más ganancias), se justificaban muchas veces con la generación de empleos, aunque mal pagados, pero empleos. Ahora, en cambio, la última convocatoria del CONACyT para estancias postdoctorales salió para proyectos enfocados en resolver y entender y dar solución al problema del covid-sars-2.

    El CONACyT es la institución gubernamental encargada de apoyar los desarrollos científicos y tecnológicos que están de acuerdo al proyecto de nación, por supuesto que éste proyecto responde a las necesidades e ideas del sistema que el gobierno está impulsando. En la época de Salinas-Peña, el proyecto neoliberal era el que regía y dictaba los proyectos que se impulsaban y la forma en que esto se hacía. Ahora se pretende que no sea así. Esto de ninguna manera se debe entender como que «no está bien» o que «no se debería» de hacerse ciencia para ayudar a las empresas para mejorar su producción o mejorar sus ingresos, que es mucho de lo se impulsó en el periodo Salinas-Peña, pero esto debería de ser pagado y subsidiado por las empresas mismas y no por el estado, al menos desde la perspectiva anti-neoliberal. Yo estoy de acuerdo en general con esta idea.

    1. El actual gobierno comunista gusta de denostar cualquier intento de superación y crecimiento que no elogie sus métodos autodenominados de transformadores, la ciencia es una expresión libre y humana del entendimiento de nuestro medio, no es propiedad de ideologías políticas sino de quién la procura y a su vez la comparte con el mundo. Es cierto que este proceso genera ganacias y gracias a esto se puede seguir investigando. La ciencia enaltece el crecimiento personal tan temido por el comunismo que solo busca debilitar la libertad.

    2. El como se utilice la ciencia no la define, nadie dice la ciencia comunista, además que el pensamiento económico echeverrista o populista de estegobierno y de los 70 dejo unos científicos podridos laboralmente, m.entalmente y ahora apunta a lo mismo.

      1. La ciencia no requiere de adjetivos políticos, desafortunadamente durante 36 años el rubro científico fue casi ignorado, de allí la fuga de cerebros o la escasea de recursos destinados a su avance, ya nada tiene que ver él o los tratados de Bucareli, es el momento en que nuestro país esté a la altura de otros como Korea del sur que en 40 años nos ha superado con creces. Ahora es el momento en que la comunidad científica sea apoyada con lo justamente necesario para paliar su enorme retraso. Es mi sugerencia( estuve al frente de la Dirección gral de Investigación Cuentifica de una Universidad de provincia , por ello creo que puedo y debo opinar sobre el punto GRACIAS.

  8. A propósito del artículo del Sr. Dr. Breña: ¿Acaso existe algún momento en la historia de las últimas décadas de la ciencia mexicana en la que los académicos hayamos formado una fuerte organización nacional para plantear mayoritariamente nuestras visiones sobre la forma de inducir y mejor la creatividad y la formación de nuevos valores? Han sido hechos aislados, valiosos pero aislados, los que le han imprimido una cierta dirección.
    Los aciertos, y por supuesto los defectos, de la ciencia llevada a cabo en la ex-Unión Soviética, durante las guerras del siglo pasado, en el mundo occidental del siglo XX y XXI; y las estrategias algo recientes de China, Corea, India, Brasil y otros, nos deben servir de antecedentes para diseñar nuestro camino a seguir.
    Los académicos estamos obligados a propiciar ese gran frente nacional que busque coincidencias y que propiciemos que nuestros representantes a nivel federal, regional, estatal y municipal tomen conciencia, del nuevo papel que hay que generar a partir de las etapas iniciales del post-coronavirus.
    Uno de los grandes eventos de la ciencia mexicana ocurrió con la creación del Sistema Nacional de Investigadores; y con el establecimiento de centros regionales de educación e investigación. Es momento de iniciar otra etapa que intensifique los aciertos previos y corrija las debilidades; pero también que se propicien estrategias adicionales que conduzcan a la generación endógena de conocimientos y de habilidades que otras sociedades sí han logrado o sí están procurando hacerlo. Menos querellas internas y más creatividad.

  9. Tampoco pasaría nada…

    El abismo entre la Ciencia de los países desarrollados y el nuestro jamás se podrá remontar. La mayoría no tiene ni idea de la gigantesca y poderosa maquinaria científica de los países anglosajones (y ahora también la ciencia China, por que la UE se durmió -literalmente- en sus laureados).
    Vivimos la ilusión de ser una país soberano (y para ello qué mejor que un presidente populista) mientras la deriva de la integración con norteamerica continúa inexorable.
    Al final (y pasará en muy poco tiempo) simplemente seremos el recuerdo de un país que no pudo lograr el desarrollo por méritos propios (sus élites precientífico-escolásticas fracasadas ante el reto histórico de la modernidad).

    PD. y entonces hubo una subasta de un busto hallado en un pantano al sur del trópico de Cáncer…

    1. Es uno de los pocos temas que se han comentado respecto a las políticas públicas respecto a la ciencia. Y me intriga y más me sorprende es algo en lo que no había reparado, siendo o presuponiendo de que los académicos y científicod, siendo la inteligencia del país, no de hallan pronunciado en conjunto, independientemente de la institución en qué laboren

    2. Sara, agradezco tu comentario, pero no veo la relación directa entre la situación hipotética que yo sugerí al final de mi texto y el abismo que existe en términos científicos entre los países en desarrollo y los países desarrollados. Tampoco comparto tu pesimismo respecto a que estamos condenados a convertirnos en un país “que no pudo lograr el desarrollo por méritos propios”. En esto, como en prácticamente todo, creo que siempre hay margen de maniobra. Por último, perdón, pero no entendí tu PD. Aprovecho la oportunidad para aclarar algo a lo que tú no hiciste referencia en tu comentario, pero que me parece importante: cuando escribí que la expresión “ciencia neoliberal” era creación de la Dra. Álvarez Buylla, debí de haber agregado que me refería al contexto mexicano, pues la expresión tiene sus años. La referencia más antigua que encontré en la red, en español o en su traducción al inglés, es un extenso artículo del sociólogo venezolano Edgardo Lander, que apareció en 2005 en la “Revista venezolana de economía y ciencias sociales” y que se titula justamente así: “La ciencia neoliberal”. Para los lectores interesados, anexo el vínculo: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=17711209

      1. Ese texto «la ciencia neoliberal» es propaganda y paranoia pura. La mano comunista del siglo XX europeo moviendo los dedos de Lander (pues su cabeza nada original aporta). Y en pleno siglo XXI la 4T se atiene a esas patrañas?
        Según este autor es cuestionable obtener provecho del conocimiento que se obtiene desentrañando la Naturaleza. Felices de vivir sin saber hacer fuego!
        Y la vileza de su remate final no tiene desperdicio. Qué rojas y apetitosas manzanas envenenadas nos ofrece Lander!

        Por cierto, los científicos no buscan la verdad, buscan entender la naturaleza.

    3. Ante tal afirmación, no exenta de alguna dosis de verdad, lo más honesto y responsable que se tendría que hacer es la disolución inmediata del conacyt, el SNI y el cierre de todos lo centros de públicos de investigación (CPI), y así se podrían reasignar los 98317 millones de pesos que actualmente se destinan a la operación, financiamiento de proyectos, pago de estímulos y gastos de los investigadores en el país y en el extranjero, y entre otros menesteres, el comedor gourmet que sirve alimentos orgánicos en las oficinas centrales del conacyt.

      1. Siendo prácticos, serios y objetivos, lo que debería hacer este gobierno y la titular del conacyt (si tantita imaginación y audacia tuvieran) es proponer, impulsar y encaminar un tratado de libre comercio en norteamerica de equipos, insumos, reactivos, materiales y todo lo necesario para acelerar la producción científica en el país (aunque «empresarios» como el hijo de bartlett, por ejemplo, se quedaran sin sus «empresas»).

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