Violencia y desinformación


Foto: nyki m
Foto: nyki m

¿Cubren los medios bien o mal los eventos de violencia que acontecen en la guerra contra el narco? Para el tipo de eventos —como la masacre de Juárez— que estamos presenciando, me parece que una buena cobertura mediática debe poseer, al menos, las siguientes cinco características: 1) un registro detallado de lo que sucedió, dónde sucedió y cómo sucedió; 2) una inferencia, basada en la información del inciso anterior, sobre si el evento está o no está vinculado con el crimen organizado; 3) en caso de que el evento esté vinculado con el crimen organizado, ofrecer información puntual sobre las pandillas, bandas o carteles que operan en la zona del crimen y cuál es su modus operandi típico; 4) averiguar si las víctimas tenían o no tenían vínculos con el crimen organizado; 5) proponer, con base en la información del inciso anterior y otra recolectada en tareas de investigación, algunas hipótesis sobre los motivos e identidad de los agresores; y 6) dar seguimiento al desenvolvimiento del evento criminal (en los ámbitos social y judicial) y, si es posible, rastrear sus conexiones probables con otros crímenes.

Un buen reportero debe ser capaz de cumplir con los primeros tres puntos de modo casi instantáneo, pues se trata de información que no debe ser difícil de conseguir o con la que el reportero debe contar previamente. En cambio, el cumplimiento de los puntos 4, 5 y 6 es menos sencillo, pues requerirá de labores de investigación que arrojarán resultados varios días después. En el punto 4 los periodistas cometen frecuentemente el error de suponer que todas las víctimas de las (multi)ejecuciones están ligadas al crimen organizado (prejuicio fomentado activamente por el gobierno federal, por cierto). Pero en muchas ocasiones, los delincuentes (perseguidos por otros delincuentes) se ocultan en grupos de civiles inocentes, y el comando termina matando al grupo completo. Por último, averiguar quiénes eran los blancos originales del ataque criminal o, como lo indico en el punto 5, cuáles eran los posibles motivos e identidad de los agresores, requerirá que el periodista indague ampliamente y, esto, indagar, es un acto de riesgo extremo en algunas zonas de ciudades como Ciudad Juárez, Tijuana y Culiacán, donde gobierno y sociedad están altamente infiltradas por el crimen organizado. Ahí, algunas preguntas indiscretas de un periodista a un taxista, un velador o un simple transeúnte pueden propiciar que el atrevido interrogador se convierta en el blanco de la siguiente ejecución.

¿Qué podemos y qué no podemos entonces demandarle a los medios? Me parece que, primero, la ciudadanía debe exigirle a los medios información veraz, oportuna y puntual sobre los hechos violentos que, día tras día, se acumulan en esta guerra. Segundo, también podemos pedirles que la descripción del evento esté ricamente enmarcada por información contextual que sirva para entender mejor lo qué sucedió y en qué condiciones sucedió. Tercero, podemos ir un poco más allá y solicitar también a los medios que no mezclen o que distingan claramente los hechos delictivos de las reacciones emocionales que suscitan. Ambos asuntos merecen ser cubiertos pero deben mantenerse separados para no confundir al observador. Cuarto, me parece que no podemos exigirles a los medios que sus reporteros o enviados investiguen los crímenes si al hacerlo ponen en riesgo su vida o integridad física. Lamentablemente la propia inseguridad del entorno en que suceden estos crímenes puede afectar la calidad informativa de las notas. Quinto y último, los medios deben denunciar dos omisiones en que los gobiernos de los tres niveles están incurriendo en esta guerra y que fomentan la desinformación ciudadana: no proveer información mínima sobre el comportamiento y ubicación de los delincuentes, y el desempeño de las agencias de seguridad (información que con sólo difundirse salvaría muchas vidas y ahorraría mucho dolor), y no garantizar la seguridad mínima de quienes laboran en los medios y tienen la delicada tarea de investigar para informar.

Eduardo Guerrero Gutiérrez. Ha sido profesor e investigador de El Colegio de México y del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades de la UNAM

Sobre el mismo tema, el día de ayer dos participaciones en radio, una de Héctor Aguilar Camín con Carlos Puig, y otra de Gabriela Warkentin con León Krauze.


4 comentarios en “Violencia y desinformación

  1. Carlos:

    Las multiejecuciones, por su impacto social y hasta político, se han convertido en un objeto de indagación periódística en los últimos dos años. Ante el fracaso de las policías ministeriales y judiciales para aclarar estos casos terribles y escandalosos, y la demanda de información por parte de la gente, se ha formado un nutrido ejército de periodistas que investigan estos crímenes a pesar de todos los riesgos. Esto ya no lo hacen solamente algunos diarios y revista nacionales como Reforma, El Universal, La Jornada, Milenio, Proceso, etc., sino diarios y revistas locales como El Norte de Monterrey, El Diario de Chihuahua (especialmente su edición de Ciudad Juárez), El Noroeste de Culiacán, Frontera de Tijuana, y los semanarios Río Doce de Culiacán y Zeta de Tijuana, por mencionar algunos. Y desde hace algunos meses están llegando varios periodistas gringos a ciudades de la frontera a armar notas sobre eventos de violencia colectiva. Ya no sólo son Charles y Mark Bowden (que, en efecto, parecían personajes salidos de leyendas o novelas, por su temeridad), sino un puñado de jóvenes periodistas de El Paso Times y Dallas Morning News, por mencionar un par de ejemplos. En este nuevo periodismo pense cuando escribí la nota. Saludos.

  2. Eduardo,

    El punto 4, del que se desprenden el 5 y 6, son tarea de la policía o la autoridad judicial. El periodista como detective o Ministerio Público es una peligrosa leyenda propia de novelas y películas.

    Por otra parte, estoy absolutamente de acuerdo que una víctima de esta lucha ha sido la presunción de inocencia. Gobierno y medios cómplices en su asesinato….

  3. Cuando lees reportajes tan completos como el de» la ruta de sangre de beltran leyva», terminas pensando que no, que los medios no cumplen su papel, que MEDIO cubren la información y te muestran lo que la linea editorial les indica y termina uno sabiendo verdades a medias.

Comentarios cerrados