El domingo 14 de enero, en un acto de cierre de precampaña en la Arena CDMX, Xóchitl Gálvez dijo el primer discurso serio de la campaña presidencial.
Fue un discurso elocuente, conectado con su audiencia, capaz de resumir en unas pocas y eficaces palabras el país, el gobierno y el presidente que ella rechaza como candidata, y el México alternativo que ella propone construir y reconstruir.
Creo que todo mexicano preocupado por lo que pasa en el país coincidirá con Xóchitl Gálvez en que la sociedad mexicana y su gobierno han perdido el rumbo en tres cuestiones fundamentales: el valor de la vida, el valor de la verdad y el valor de la libertad.
El primer rasgo notable de este discurso es que sus alegatos son reales, describen disminuciones medibles del espíritu público y de las prioridades del gobierno de la nación.
Comprobable y medible es el hecho de que la vida ha perdido valor en México. Quien sume homicidios, desaparecidos y muertes por negligencia gubernamental en la pandemia, tiene que preocuparse por la insensibilidad mexicana y la de su gobierno ante la muerte, por la pérdida nacional del aprecio por el valor de la vida.
Quien se asome, aunque sea someramente, a las conferencias mañaneras del presidente, coincidirá en que el valor de la verdad ha perdido terreno, y lo pierde cada día, frente al torbellino de mentiras y verdades a medias, que son la especialidad comprobable, medida, de la palabra presidencial.
Quien registre la secuencia de actos de autoridad destinados a minar los equilibrios democráticos, a concentrar y militarizar el poder, coincidirá también con el discurso de Xóchitl Gálvez en que la sociedad mexicana ha ido perdiendo conciencia del valor de su libertad, de sus libertades.
A quienes dicen que la oposición no tiene nada que ofrecer, Xóchitl Gálvez les respondió que el país debe recobrar su compromiso con los valores esenciales que va perdiendo: el valor de la vida, el valor de la verdad y el valor de la libertad.
La candidata del Frente dio con lo que no tenía: una narrativa de oposición. Nada más, pero nada menos.
La narrativa incluye un diagnóstico de los fracasos del gobierno y un tono de combate que no había.
También un lema, Vida, verdad, libertad, derivado de su diagnóstico: la indiferencia del gobierno ante el millón de muertos de su gestión, las mentiras sin fin del presidente y su voluntad de concentrar el poder a costa de las libertades de la República.
Lo que se juega en 2024, concluye Xóchitl Gálvez, es elegir entre Dictadura y Democracia.
El tono de combate no se dispersa, apunta sólo a dos blancos: el presidente y su candidata.
Contra el presidente, por su indiferencia ante la muerte, por sus mentiras, por su asalto a los contrapesos del poder.
Contra la candidata oficial porque “no entiende a México”, “viene del privilegio”, “siempre ha vivido del presupuesto” y porque, como candidata impuesta, decir “Claudia es claudicar, rendirse, agacharse obedecer, conformarse”.
La conclusión de esta narrativa es elocuente:
“Tenemos que luchar para traer la vida donde hoy se pasea la muerte. Tenemos que luchar para traer la verdad a donde hoy reina la mentira. Tenemos que luchar por traer la libertad, ahí donde hoy gobierna el miedo”.
“Vida, verdad, libertad”.
La narrativa de Xóchitl Gálvez sobre lo que hay que recobrar ya es un programa de gobierno. Pero el discurso traza también lo que quiere la candidata, aparte de lo que critica. Aquí unas muestras:
“Tenemos que ofrecer futuro, esperanza”.
“Quiero ver un México donde los pobres dejen de ser pobres. Un México donde la clase media sea más fuerte”.
“Un país que recupere la seguridad y la justicia”. “Que los mexicanos podamos vivir con paz y tranquilidad”.
“Garantizar el cumplimiento de la ley”.
“Formar mexicanos preparados para los retos del siglo XXI”. “Traer las mejores inversiones del mundo”.
“Dejar atrás la división, el odio. Construir el futuro con unidad, con amor, con armonía”.

Sheinbaum y la continuidad
Desde el punto de vista del discurso, la opción de la continuidad adoptada por Claudia Sheinbaum es débil frente a la del cambio y la defensa de valores fundamentales —vida, verdad y libertad— de Xóchitl Gálvez:
La opción “más de lo mismo” está atada a los resultados del gobierno, resultados pobres en crecimiento económico y en reducción de pobreza extrema; catastróficos en violencia y salud.
La opción “más de lo mismo” no sólo se plantea defender cosas indefendibles, sino ponerles un segundo piso, duplicar el daño.
También impide hablar de cosas nuevas porque, salvo en el margen, ya todo está trazado, no hay más que seguir el camino de López Obrador, que ahora incluye someter al Poder Judicial y a las instituciones electorales.
Es la oferta de una presidencia que busca controlar las elecciones y, a través de ellas, a los otros poderes. Una oferta de orientación autocrática, dictatorial.
Xóchitl Gálvez está libre de restricciones discursivas. Puede decir: “México está peor que cualquier país en estado de guerra. Con un millón de muertos, ¿cómo pueden ofrecer continuidad? Continuidad es impunidad. Continuidad es mediocridad. Continuidad es inseguridad”.
Los discursos no ganan elecciones, pero tampoco puede ganarlas la apuesta por el quietismo, por la duplicación de políticas ruinosas y el horizonte de una autocracia.
La cancha dispareja en que se da la elección puede inducir al oficialismo a desdeñar la nueva narrativa oposicionista, pensando que puede acallarla en los medios y dejarla sonando en el vacío.
Desoír los aciertos del opositor está en la lógica de la prepotencia, inherente a una elección de Estado como la que el gobierno busca restablecer en México.
Pero la democracia tiene sus propios escondrijos y los ciudadanos, el poder de votar. La imposición tiene un límite y uno de esos límites es la rigidez, la falta de frescura, la repetición ofensiva de los “otros datos” que impera en el gobierno.
Sheinbaum en do mayor
Claudia Sheinbaum emitió también un discurso central de cierre de su precampaña, el viernes 19 de enero.
No es el discurso lo que tiene a Claudia Sheinbaum arriba en la carrera presidencial, sino la ventaja acumulada como candidata del gobierno. Por lo mismo, no es la calidad de su discurso lo que puede hacerle perder o aumentar la ventaja que lleva.
Aun así, el discurso de Sheinbaum fue revelador. Volvió a quedar claro que imita mal y recrea sin fuerza la retórica del presidente de la República.
Pero no se priva de nada y aun le sube un grado a la versión oficiosa de que el país vive una transformación histórica, y seguirá su velocidad de meteoro cuando la hoy candidata tome la estafeta presidencial.
Algunas muestras:
“No creo exagerar al decir que somos el movimiento social político más fuerte de todo el planeta”
“Hoy México es respetado en el mundo entero y es una referencia, es ejemplo de buen desempeño económico”.
“Encabezamos un proyecto que representa la única opción en el México de hoy de prosperidad a su pueblo”.
“Hemos hecho a lo largo de todos estos años, lo que parecía imposible, la revolución de las conciencias, de la mente del pueblo de México”.
“Estamos dando un ejemplo al mundo y lo vamos a seguir haciendo”.
Las frases que cito son los momentos más descontrolados de un discurso que hay que leer, que no se ahorra elogios para los logros del gobierno, pero que permite ver el tamaño de la continuidad asumida por Claudia Sheinbaum.
Una continuidad en do mayor.
No hay fisura en sus aciertos relatados, ni en el lenguaje épico burocrático que abusa de grandes palabras, como libertad, honestidad o democracia.
A fuerza de oír las palabras democracia y libertad, uno se pregunta qué pensará Sheinbaum de la diaria violación de las leyes electorales del presidente López Obrador.
O de lo que pasa en Cuba, en Venezuela, en Nicaragua, países con los que el gobierno que la postula tiene orgullosas afinidades políticas.
Cuando usa la palabra honestidad como piedra de toque, uno se pregunta qué dirá Sheinbaum de la abundancia de dinero bajo la mesa que acompaña su campaña, o de los escándalos de deshonestidad del gobierno, empezando con Segalmex, terminando con las denuncias de corrupción familiar en Palacio.
Cuando ostenta combativamente la caída de 20 % en homicidios dolosos desde 2018, queda pendiente la opinión de la candidata sobre los más de 176 000 muertos que esconde ese porcentaje.
La promesa de completar el diseño del IMSS-Bienestar que Sheinbaum hereda, ¿incluye devolverle el acceso a la salud a los 50 millones que la perdieron cuando este gobierno deshizo el Seguro Popular?
Una parte interesante del discurso de Sheinbaum es la lista de diecisiete propósitos que asume para su posible presidencia.
Aquí sí hay una pequeña mezcla de lo que Sheinbaum hereda con políticas que este gobierno ignoró o rechazó
A mi juicio, las novedades son estas (respeto el numeral que tienen en el discurso):
7. Acceso a una vivienda digna.
9. Formar un verdadero sistema de cuidados para las mujeres de México.
10. Fortalecer los derechos de la diversidad sexual.
11. Aprovechar la posición estratégica de México con el tratado comercial de América del Norte para impulsar y atraer las inversiones al país, generando empleos y salarios dignos.
12. Impulsar el desarrollo científico y tecnológico.
13. Acelerar la transición energética hacia fuentes renovables de energía.
14. Impulsar una política de protección y restauración de los recursos naturales, en la perspectiva de adaptación al cambio climático.
15. Garantizar el derecho al agua, promoviendo una visión del recurso, obras estratégicas y al mismo tiempo tecnificación y uso eficiente del agua.
Creo que ninguna de esas cosas ha recibido atención en estos años y algunas han sido rechazadas, como las del sistema de cuidados, la transición a energías renovables y la investigación científica.
Todas estas políticas son importantes para el futuro económico, social y moral de México. No las desestimo, pero está claro que no miran de frente a las grandes carencias estratégicas del país: la violencia y la inseguridad, la corrupción que emerge con los estertores del sexenio, la desprotección institucional a la salud de millones de mexicanos o el crecimiento de la pobreza extrema.
Enredos con la historia
Hay en el discurso de Sheinbaum otro aspecto digno de comentario, que es el de sus definiciones históricas.
Para Sheinbaum, como para López Obrador, hay una historia buena, la de su causa, y una historia mala, la de sus adversarios.
Según Sheinbaum, ella y Morena representan a Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Zapata, Cárdenas y, ahora, también a las Adelitas, las sufragistas, el movimiento del 68 y la lucha por la democracia desde la izquierda a partir de 1988.
La oposición, en cambio, representa a Iturbide, Santa Anna, Porfirio Díaz, a “quienes fueron al extranjero a pedir que un emperador austriaco nos gobernara” y a “otros neoliberales que no vale la pena mencionar”.
No hay sorpresas en esta caricatura, pero si vamos a traer la historia de Morena y de su candidata hasta la transición democrática posterior al 68, entonces faltan al menos dos hechos históricos grandes.
Primero: durante décadas, no fue la izquierda sino el PAN quien sostuvo la causa de la democracia y peleó por elecciones libres. La izquierda peleaba por la revolución y sus variantes, como el sindicalismo independiente.
Segundo: el salto de la izquierda a la competitividad electoral no vino del movimiento del 68, sino de la escisión del PRI encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas en 1987.
Aquella ruptura fue la que dio paso a la elección competida de 1988, protestada por los cardenistas, pero también por los panistas con Manuel Clouthier a la cabeza, y por Rosario Ibarra de Piedra, entonces candidata del PRT. Protestó toda la oposición. La protesta tuvo por eso fuerza para acelerar las reformas democráticas que terminaron en la alternancia del año 2000.
La escisión del PRI con el segundo cardenismo, el de Cuauhtémoc, creó al PRD, reclutó a López Obrador de las filas del PRI y lo puso, primero, en la presidencia del partido, luego en el gobierno de la Ciudad de México, el mismo año 2000.
El linaje histórico más cercano de lo que Claudia Sheinbaum encabeza hoy, es la escisión del PRI encabezada en 1987 por Cuauhtémoc Cárdenas, a la que siguió la fundación del PRD.
Una historia borrada en su discurso.
Xóchitl y Claudia: dos países
Los discursos de Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum divergen radicalmente. Las dos candidatas se disponen a gobernar países muy distintos.
Para Sheinbaum “estamos viviendo un momento extraordinario. México ha cambiado profundamente, para bien, en lo económico, en lo político, en lo social, pero también en la consolidación de esta nueva forma de pensamiento, el Humanismo Mexicano basado en nuestra historia y en un profundo sentido de fraternidad”.
Para Xóchitl Gálvez, estamos en un país donde se van perdiendo valores fundamentales de cualquier sociedad civilizada: el valor de la vida, dada la violencia que lo azota; el valor de la verdad, dado el discurso oficial que lo gobierna; y el valor de la libertad, dado el proceso de concentración del poder, militarización y erosión democrática de la presidencia de López Obrador.
Es lógico que el discurso de la candidata oficial vea un país mejor que la candidata opositora. Pero la distancia que hay entre los países que ven ambas candidatas, no es de matices o de énfasis. Son discursos y países divergentes, inconciliables entre sí: un país que ha encontrado el camino al bienestar y otro que está perdiendo los valores de la vida, la verdad y la libertad.
Uno de los dos países es falso o se separa más de la verdad que el otro. Creo que cualquier persona medianamente informada coincidirá con el retrato crítico de Xóchitl Gálvez más que con el triunfalista de Claudia Sheinbaum.
Pero lo que nos dicen las encuestas, algunas desorbitadamente, es que la percepción de la mayoría de los votantes prefiere el retrato de Claudia y quiere su continuidad.
El retrato de Xóchitl, siendo más real, es compartido por menos votantes. En la lucha de las percepciones se definirá la elección.
El discurso de Gálvez tiene que cruzar el muro de las percepciones e imponer su verdad. El discurso de Claudia necesita sólo conservar lo que tiene y no perder demasiado con la fragilidad de su relato.
Las dos compiten, eso sí, por la rifa del tigre, y en eso están parejas: heredarán un país peor que el que había en 2018.
Héctor Aguilar Camín
Historiador y escritor
Con textos publicados en Milenio entre el 18 y el 26 de enero de 2024