Yihad en Irak y Siria

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El llamado y el estruendo

La naturaleza y origen de la organización actualmente en poder de importantes poblaciones y posiciones estratégicas en Irak y Siria, y que dice dominar amplios territorios de límites fluidos y poco claros aún, en suelo que formalmente pertenece a los estados mencionados produce bastante confusión. ¿Quiénes son esos terroristas barbudos? ¿De dónde salieron? ¿Qué hay que esperar?

Desde el nombre empieza el enredo, por ello es importante establecer el original: al-Dawla al-Islamiyya fi al-‘Iraq wa-al-Sham, cuya traducción más clara es: El Estado Islámico en Irak y el Levante. No obstante, es común que la prensa haga eco de las siglas inglesas ISIS, que sustituyen Levante por Siria, denominación que emplearé en lo porvenir. Para simplificar las cosas, baste con que al-Sham es a “la izquierda”, puesto que la referencia es Meca, pero refiere al territorio que holgadamente corresponde a la provincia bizantina de Siria, sitio que los poderes coloniales dividirían luego de la expulsión de los turcos y de derrotar al efímero reino árabe de Faisal entre los hoy estados de Siria, Líbano, Irak, Kuwait, Jordania, Palestina e Israel. Es decir que existe un reclamo arabista sobre la región que antecede al ISIS y que éste capitaliza inteligentemente.

La sorpresa del gran público no es gratuita y en parte se debe a la extrañeza del evento en sí mismo, pero también a la pobre cobertura noticiosa dada a la región. La narrativa dominante sobre el tema se circunscribe a la llamada guerra contra el terrorismo, misma que iniciada después del ataque a las Torres Gemelas parecía terminar con la muerte de Osama bin-Laden. Ese final entre justiciero y trágico pretendía concluir, al menos discursivamente, con la amenaza global de la Yihad. Y no fue, no podía, ser así. Fundamentalmente, porque el terrorismo de inspiración islámica no fue eliminado como actor político y militar en la vasta mayoría de los territorios donde opera y es posible argumentar que sus alcances incluso aumentaron desde las invasiones a Afganistán e Irak. En el caso concreto de esta nota, hay que resaltar que la descomposición política iraquí lleva años sin suscitar mayor atención de los medios internacionales, puesto que básicamente interesó el involucramiento directo de las fuerzas armadas estacionadas en el país desde 2003.

Para tener una mínima perspectiva, debe recordarse que si bien los excesos y atropellos, las purgas y la corrupción, fueron elementos que distinguieron al régimen de Saddam Hussein junto a su exaltación nacionalista, éstos fueron remedados con fruición por el gobierno de Nuri al-Maliki. De ello, del celo anti-suní y de la concentración del poder para dar salida a las múltiples crisis políticas se desprende buena parte de la explicación sobre la grave situación en curso. Esto es, el agudo deterioro institucional y el progresivo enfrentamiento con las organizaciones políticas sunís condujeron a un estado de cosas sumamente inestable, cuyo rompimiento definitivo tiene en ISIS su principal beneficiario.

Sobre la organización propiamente dicha debe decirse que su primer avatar se remonta a la subordinación que Abu Musab al-Zarqawi prestó a Osama bin-Laden en 2004 y que resignificó a la alianza suelta de militantes suníes como al-Qaeda en Irak. Si bien la contraofensiva de 2006-07 dirigida por Estados Unidos redujo sensiblemente el rango de acción del grupo, la decisión de al-Qaeda enviar a Abu Mohammad al-Golani a Siria cuando el alzamiento contra el régimen alawita era de baja intensidad lo transformó todo. Fue precisamente en Siria donde la rama iraquí de al-Qaeda, al extenderse en una nueva célula, se renombró como Jabhat al-Nusra, al seguir instrucciones de la organización central. En el desorden de la guerra siria y con la formidable capacidad organizativa del grupo, sumado al pronto reclutamiento de efectivos extranjeros, ISIS pudo reconstituirse en 2013 y adoptar el nombre actual. Sin el flujo de combatientes fervientes provenientes de todo el espacio musulmán, al-Nusra, y por consiguiente ISIS, no hubieran podido dar el salto cualitativo presente.

Sobre su líder Abu Bakr al-Bagdadi, sobresale que ganó veteranía en la lucha terrorista contra el ejército estadounidense de ocupación y reclamó para sí la legitimidad sobre los muyahidín. Lo anterior fue algo tremendo por desautorizar al heredero de bin-Laden, Aymán al-Zawahiri, como emir y a todo quien mantenga su lealtad con la organización central de Al-Qaeda. De esta manera, al-Nusra perdió buena parte de su fuerza y en respuesta se lanzó contra ISIS. La fractura redundó en intensos enfrentamientos a lo largo de las zonas bajo su control y beneficia al régimen sirio, pero existen casos de mandos locales de al-Nusra sometiéndose a ISIS y de treguas rotas por ambas partes. Ante el rompimiento, pareciera que los combatientes foráneos siguieron a al-Bagdadi, lo que convierte a Jabhat al-Nusra en un grupo esencialmente sirio.

En cuanto a las bases ideológicas, o preferiblemente teológicas, de ISIS, debe decirse que no se distinguen mayormente de lo establecido por al-Qaeda central hace años en su Credo y camino. Destaco la certidumbre en un llamado a la comunidad que termina en el vértice conceptual de la Yihad, la confianza en la Ummah (nación, comunidad), en acusar de infidelidad a cualquier musulmán distinto a la piedad suní y la veneración del Califato y la tradición profética. Vale mencionar que la Ummah o comunidad de creyentes es un espacio simbólico antes que efectivo, que históricamente contiene las coordenadas identitarias básicas de los musulmanes. Su elaboración se explica en términos sociológicos como mecanismo para mantener la unidad de una fe extendida en un cuerpo de alcances imperiales; su utilización contemporánea responde recurso discursivo que ofrece, además de posibilitar fuentes concretas de recursos valiosos. El Califato sigue de alguna manera el mismo destino como referente moral en lugar de como entidad política efectiva desde que el sultanato selyucí redujo al heredero del Profeta a una posición meramente decorativa en su palacio bagdadí, a pesar de no extinguirse formalmente hasta hace cosa de un siglo.

Jabhat al-Nusra actúa bajo el modelo que establece bases sociales de apoyo en redes al tiempo que construye un brazo armado, todo circunscrito a la verticalidad del liderazgo. La cadena de mando sigue un esquema abiertamente marcial y elabora un discurso que representa a las bases como víctimas y a los enemigos como victimarios en oposición ética e histórica insalvable. La fortaleza en sus bases debe mucho a la provisión de servicios sociales, a la reciedumbre organizacional, al adoctrinamiento y a la extorsión. Este modelo no es novedoso al contrastarse con actores como Hamas, que igualmente recurren a interpretaciones integristas o laxas de la tradición y ley islámica según convenga circunstancialmente. Quienes asumen por su reciente brutalidad que ISIS está al lado radical de Jabhat al-Nusra, como sugiere el cruce de acusaciones reciente, se equivocan en lo fundamental: no hay todavía signos claros de distanciamiento doctrinario o programático. Las últimas brutalidades de ISIS responden a la táctica de aterrorizar a un enemigo que perdió la iniciativa, y la relativa liberalidad de al-Nusra proviene de la necesidad de construir bases en un territorio en pugna. ISIS cuenta, al menos por el momento, con el apoyo decidido de una coalición variopinta de grupos sunís en Irak, surgida de vínculos que se remontan a varios años atrás, mientras la fuerza de al-Nusra depende mucho más del trabajo social que realice ahora. Máxime ante el conflicto aludido.

Buena parte del éxito de ISIS proviene de su estilo de combate que combina la guerra sin cuartel, brutal y atrevida, una de movimientos rápidos y potentes que desequilibran al enemigo. Semejante particularidad descansa en un acercamiento mixto de guerra convenional y no-convencional, que mezcla tácticas de sabotaje y desgaste con enfrentamientos directos. Sin el reciente escalamiento en armamento y equipo disponible, que sólo se acentúa tras la captura de material estadunidense al ejército iraquí, la amenaza sobre Bagdad no sería tan temible. Para agravar lo anterior, las mayores fortalezas del grupo provienen de contar con unidades disciplinadas, moralizadas hasta el fanatismo y tener un sólido financiamiento diversificado y de base local; ello sin renunciar a las operaciones bancarias trianguladas de donantes en países distantes. La presente sofisticación de ISIS y su pasado casi estrictamente clandestino y terrorista demuestra que la vía militar es sólo coyunturalmente limitada a bombazos, y que es real su pretensión califal.

Tal repaso exige mencionar que el mundo del activismo islámico contemporáneo, en su veta militante al menos, puede clasificarse de acuerdo a la cercanía organizacional o teológica, y en el caso del ISIS, su adscripción es al salafismo yihadí en su vertiente radical. Aunque existe la tentación de empaquetar a todo grupo islámico en la misma bolsa, no es quisquilla reparar en sus diferencias, puesto que éstas se extienden al campo diplomático y militar. El involucramiento de Hezbollah en el bando contrario así lo testifica.

Algo indudable es que ISIS, Jabhat al-Nusra, y las unidades kurdas de Peshmerga que las combaten deben entenderse como actores militares, semi-estatales en su orientación y transnacionales en su operación. No ha de minimizárseles ramplonamente como meros terroristas si se pretende comenzar a desentrañar qué ocurre en la región. Mucho menos si la intención es conjurar el peligro que se instaure una versión posmoderna del Califato. Igualmente indudable es que la guerra civil en curso en Irak es únicamente la continuación lógica de la guerra civil siria; que los dos teatros de operaciones se podrán separar analíticamente, pero en verdad constituyen un solo conflicto con ramificaciones y desenlaces todavía imprevisibles.

Pese a que no es aconsejable atender los mapas o comunicados emitidos por ISIS o sus asociados, en que sólo Damasco y Bagdad se salvan de su control, tampoco es razonable ignorarlos por completo. Ciertamente esta organización domina territorios extensos y cuenta ya con el fundamento de una administración sobre los mismos, mismo que no se reduce al cobro de derechos e impuestos o la administración de justicia con cadís, pues llega ya a la emisión de moneda para su uso corriente. El control de ciudades, garitas, puertos, presas, pozos petroleros, carreteras y vías férreas le entrega a ISIS acceso a generoso financiamiento independiente, regulación sobre tráfico de bienes, explotación del principal generador de divisas de la región y dominio sobre aguas y riego. Incluso si la expansión del grupo es detenida temporalmente por la intervención armada de Irán y los disminuidos ejércitos de Irak y Siria, ISIS cuenta ya con la posibilidad real de llevar a cabo su experimento islamista. No se olvide que la meta de todo grupo adscrito al salafismo yihadí es establecer el gobierno justo de inspiración profética, imaginando un retorno a la edad dorada del Islam antes de la corrupción presente. Hoy se presencia la mayor victoria de semejante visión y no es claro qué efectos tendrá.

Luis Enrique Escobar Nieto de Pascual


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