Cuando el 21 de julio pasado elegí el dibujo “Saqueadores” de la serie “La caída de Londres” de James Boswell (1933) para mi artículo anterior, no imaginé que resultaría más adecuado, de modo literal, para los últimos sucesos en la capital británica. Para estos momentos es muy posible que el que lea ésto ya esté enterado de los hechos principales, aunque espero que una perspectiva local desde Londres pueda quizás agregar algo al exceso de información disponible sobre todo en la red. (Aquí compartí unas lecturas en inglés que considero importantes al respecto).

Una simple cronología de los hechos explicaría que todo comenzó el jueves 4 de agosto del 2011, cuando la policía persigue y dispara fatalmente a Mark Duggan, un hombre de 29 años en el vecindario de Tottenham, en el norte de Londres. El enojo causado por su asesinato y la lentitud con que las autoridades establecieron comunicación clara con los familiares de la víctima y el resto de la comunidad local, movilizó dos días después a unos 300 manifestantes, en su mayoría provenientes de Tottenham y de raza negra, que se expresaron de forma pacífica frente a la estación de policía de la localidad y marcharon a través de los multifamiliares de Broadwater Farm alrededor de las 5 de la tarde.

En Tottenham y zonas cercanas (Tottenham Hale, Wood Green), sin embargo, ese sábado todo devendría en violencia directa en cuestión de horas.  La presencia de policía montada para dispersar a la multitud parece haber tenido un efecto negativo, y la violencia, en forma de botellas lanzadas hacia la policía, comenzaría a las 8:20 horas de la noche.

Perpetrada por una multitud conformada por adolescentes y jóvenes (pero también adultos) británicos de varias razas y procedencias, algunos pertenecientes a la comunidad de ese barrio del norte de Londres y otros no, la calle principal se convirtió en una zona sin ley dominada por vandalismo y saqueo, sobre todo de negocios grandes y pequeños pero también de casas de particulares, ante la mirada atónita de una fuerza policiaca y servicios de emergencia superados.

Automóviles, cajeros automáticos, edificios y los mundialmente famosos autobuses rojos de dos pisos ardieron sin parar contra la noche londinense. Tiendas de ropa, abarrotes, electrodomésticos, restaurantes, casas de empeño, simplemente todo lo que estuviera al alcance de la multitud fue atacado a patadas, utilizando botes de basura, palos, etc. La destrucción y el caos imperaron. Mientras, Theresa May, secretaria de gobierno, Boris Johnson, alcalde de Londres, David Cameron, primer ministro, y hasta Ed Milliband, líder del partido laborista, estaban de vacaciones dentro y fuera de la isla. (Milliband y May volverían a Londres el lunes; Cameron el martes; de Boris no se sabe nada hasta el momento de escribir estas líneas).

Conformada en su mayoría por jóvenes de apariencia “urbana”, vistiendo ropa deportiva de marcas reconocidas (muchas veces con sudaderas de capucha, preferidas para el clima lluvioso característico de la ciudad y eficientes para cubrirse el rostro), esta multitud causó disturbios sociales no vistos en Londres en al menos 30 años, destruyendo totalmente edificios centrales de la comunidad.

Sin embargo, como ya todo el mundo sabe, los disturbios nocturnos de Tottenham se han ido replicando a otras zonas de la ciudad durante las noches siguientes y hasta hoy martes, con diferentes grados de intensidad, al norte (Enfield, Islington Walthamstow) oeste (Ealing, Oxford Circus, ) este (Hackney, Bethnal Green) y suroeste y sureste (Battersea, Clapham, Brixton, Lewisham, Croydon, Catford, West Croydon, etc.). (Ver mapa y cronología de los disturbios en la BBC aquí).

Para el tercer día, los disturbios habían tenido repeticiones en Birmingham, la ciudad británica más grande después de Londres, así como Bristol y Liverpool, ambas ciudades con una rica historia de activismo y tensiones sociales. Tras interrumpir sus vacaciones, May definió los disturbios “simple criminalidad” ayer lunes por la mañana, y Cameron repetió la frase, prometió incrementar el número de policía y amenazó con que los culpables pagarían todo el peso de la ley. Desde entonces una y otra vez los medios no han parado de repetir que los disturbios son “violencia pura” y “violencia inconsciente” (“mindless”). A pesar de la difusión de voces liberales y moderadas llamando a entender las causas con argumentos, en general, al menos en los medios sociales,  éstas han sido acusadas de hacer apologías de la violencia.  Hasta la fecha ni medios ni gobierno han sabido comunicarse con integrantes de las multitudes que han participado en los disturbios y no ha habido mensaje verbal claro (o difundido) de la razón detrás de su conducta, lo cual ha servido (fundamentado fácticamente también en la atroz forma en que jóvenes londinenses están destruyendo los lugares en donde viven) para justificar opiniones mayoritariamente conservadoras clamando por castigo y represión sin cuestionar o discutir los motores de estos serios conflictos.

Aunque no haya una clara agenda política o ideológica detrás de los disturbios, se sabe que los sucesos del domingo en Tottenham tuvieron un efecto dominó, no casual sino organizado, y que según algunas fuentes fueron coordinados a través de el sistema de mensajería electrónica de Blackberry. Los manifestantes pacíficos de la marcha del sábado y los familiares de Duggan se han deslindado y censurado la violencia, pero sería una necedad ignorante no reconocer que a pesar de lo que podría parecer al espectador externo como actos sin sentido son también actos políticos ocurriendo en la esfera más pública de lo público: las calles mismas.

No es que todo Londres y mucho menos todo el Reino Unido esté dominado por los disturbios. La violencia ha sucedido en momentos específicos en lugares muy específicos, y aunque las imágenes en los medios y la red son espectaculares, la verdad es que la gran mayoría de los británicos no han sido afectados directamente o en los lugares donde viven o trabajan.

Sin embargo, estos sucesos han despertado a una sociedad civil que hasta hace poco no había estado unida ni por la copa mundial. Recesión económica sin precedentes, elecciones generales, cambio de gobierno, severísimos cortes al gasto público, desempleo extendido para la mayoría de los graduados, el cierre de puertas a la mayoría de la juventud de los estudios universitarios, la corrupción de medios y gobierno, nada de ésto había logrado causar tanto tumulto discursivo como la toma de algunas calles de Londres por una multitud enardecida que ha violentado, sin explicar jamás sus acciones, el corazón de sus propias comunidades y las de sus vecinos y conciudadanos.

Como lo dijo el profesor Clifford Scott, especialista en psicología de masas de la Universidad de Liverpool, “describir estos disturbios como sin sentido es de hecho negarnos la oportunidad de que debemos entenderles si es que queremos tomar las medidas adecuadas para prevenirles en el futuro.”

Entre repetitivas cantaletas retóricas sobre si los disturbios fueron causados por Twitter, Facebook, avaricia, estupidez, cortes al presupuesto, aburrimiento o el calor y los largos días del verano londinense, el Reino Unido tiene ante sí una ocasión única para revisar su historia y las condiciones específicas que han llevado a un sector importante de su juventud a saquear y destruir sus propios espacios vitales sin motivo declarado. Es obvio que la violencia es y será siempre inaceptable, pero sólo se podrán hallar soluciones si se comprende por qué está sucediendo.  Una vez que la violencia cese, y esperamos sea pronto, será fundamental que  sociedad, medios y gobierno se miren cara a cara y se escuche directamente a aquellos silenciados cuyo lenguaje y expresión reprimidos ha explotado estos días en violencia destructiva. La total represión y criminalización de una juventud ya de por sí extra-enajenada no puede ser la solución. Sin embargo, el Londres joven, excluido, mudo y feroz tendrá también que probar que es capaz de decir algo más allá del saqueo y los incendios.

Ernesto Priego. Doctorado en Estudios de la Información por University College London.

Te recomendamos: