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Sí: es pregunta. La afirmación no deja de escucharse. “¡Fue el Estado!”. La acusación se ha instalado rápidamente en los clamores de estos días y de maneras distintas: se dice en las protestas, en las marchas; lo dicen periodistas, académicos, líderes de organizaciones civiles en la radio, televisión y prensa escrita; se repite sin parar en las redes sociales. Se trata, pues, de una aseveración muy común y (muchas veces) vehemente en la opinión pública. No es cualquier cosa. “¡Fue el Estado!” ¿Qué significa esto exactamente? La respuesta depende de qué entiendan por “Estado” quienes aseguran esto (y como son muchos, es probable que sean ideas distintas).

Para algunos que sostienen la acusación, decir “Fue el Estado” es sinónimo de “Fue crimen de Estado”. María Amparo Casar ya explicó en su columna en el Excélsior que Ayotzinapa no es un crimen de Estado porque no satisface sus características: no se trata de destrucción masiva e indiscriminada en la que participan todas las órdenes de gobierno y que intenta justificarse como necesaria para alcanzar un bien mayor; además, se busca construir a las víctimas como escoria.

Sin embargo, no todos los que sostienen la acusación quieren decir que se trata de un crimen de Estado. Todo apunta a que la mayoría sí se refiere al gobierno (insisto, sin indicar, necesariamente, que fue un crimen de Estado). Es decir, por “Estado” entienden gobierno. Culpan al gobierno, al gobierno federal en particular y (muchos) a Enrique Peña Nieto. ¿El gobierno federal es responsable de las desapariciones? Directamente no: ellos no secuestraron a los normalistas. ¿El gobierno federal está completamente exento de responsabilidad? No, pero debe atribuírsele únicamente lo que le corresponde. Bajo una lectura muy estricta y simplista, la falta de seguridad en México es responsabilidad completa del gobierno, porque está incumpliendo una de sus obligaciones constitucionales (la más importante, tal vez): garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Sin embargo, una perspectiva como esta no es útil para empezar a entender el problema. La inseguridad en México es estructural y vieja, muy compleja: ni Enrique Peña ni ningún otro ser humano puede desaparecer el problema de inseguridad en tres días (y muy probablemente, tampoco en un sexenio). Acusar al gobierno federal o al presidente de un delito que no cometió ayuda poco.

Aclarar que el gobierno federal no es directamente responsable de los sucesos de Ayotzinapa es importante por una razón práctica. Los objetivos son resolver el caso y encontrar las opciones que nos lleven a la paz en México. Mucha de la  energía política que se ha movilizado se está gastando (desperdiciando) en imputar al gobierno federal un crimen que no cometió. Mantener la narrativa “Fue el Estado” sólo enturbia nuestra discusión pública y marca líneas de acción que poco o nada pueden contribuir a avanzar en los objetivos principales. Esas líneas de acción son, por ejemplo, ocupar tiempo y esfuerzo en el hecho mismo de continuar la acusación o intentar probar el la autoría del delito. Sería infinitamente más útil y conveniente usar esa energía, por ejemplo, para exigir al gobierno mismo que termine de resolver el caso correctamente o exigir también diseño e implementación de políticas de seguridad que lleven a solucionar la crisis de seguridad.

Quienes dicen “¡Fue el Estado!” plantean una pregunta muy importante. Tal vez sí fue el Estado, pero no únicamente uno de sus componentes: el gobierno federal. Tomemos una de las definiciones más útiles de Estado. Un ente jurídico-político que se compone de tres elementos: territorio, población y gobierno (la definición de Jellinek que nos enseñan en la preparatoria, pues). Es útil por ser acertada y simple (las definiciones más sofisticadas la suponen ―incluida la de Weber, favorita de muchos). Tal vez algunos que afirman “¡Fue el Estado!” se refieran a esta definición, en la que participamos población y gobierno. Esto resulta (o resultaría) mucho más atinado e interesante. ¿Somos todos responsables? ¿Nunca haber participado para reducir la inseguridad nos hace responsables de la desaparición de los normalistas? Tal vez. Vivimos esta crisis desde hace lustros. Hay miles de desapariciones cada año: ¿cómo hemos ayudado a mejorar la situación?

Conmino a que cada quien haga (hagamos) lo que esté en sus posibilidades para que resolver esta situación tan grave: marchar, gritar, escribir, participar en iniciativas ciudadanas, propuestas de política, trabajar en el gobierno, en asociaciones civiles. Lo que se considere necesario y esté en las manos. ¿Exigir al gobierno que garantice nuestra seguridad es sensato? Por supuesto. ¿Culpar directamente al gobierno (o al presidente) por un crimen que no cometió es sensato? ¿Ayuda en algo? Me parece que no.

Eduardo Alamillo es estudiante de Política y Administracion Pública en El Colegio de México.

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