Coordinador Zaldívar

A semanas de que finalice el mandato del presidente López Obrador, más allá de los evidentes desastres en materias como salud, educación, seguridad o combate a la corrupción, destaca la cantidad de absurdos personajes que nos hereda este sexenio.

Burócratas improvisados dispuestos a conseguir sus turbios intereses a costa del bien común; supuestos funcionarios públicos que han ultrajado la honorabilidad del cargo.

Sobran ejemplos: desde la pseudoperiodista Liz Vilchis que con su exquisita fonética se encargó de cobrar un sueldo por combatir la desinformación con más desinformación, pasando por Ana Guevara o Ignacio Ovalle, cuyas finanzas personales se encuentran más sanas que la propia Conade o Segalmex, hasta la resurrección de octogenarios como Manuel Bartlett y Alejandro Gertz Manero que no necesitan presentación.

De cara a la sucesión presidencial, no es que Claudia Sheinbaum tenga que esforzarse mucho por llenar los zapatos de ciertos funcionarios que dejan sus puestos.

Meses después de que la próxima titular del Ejecutivo anunciara sus primeros nombramientos, una vez que las principales secretarías fueron ocupadas y la emoción inicial de encontrar nombres como los de Alicia Bárcena, Rosaura Ruiz o Juan Ramón de la Fuente, pasó al desencanto habitual en figuras como las de Mario Delgado, Ernestina Godoy, Leticia Ramírez o Rosa Icela Rodríguez, la presidenta electa, a pesar de que la caballada está flaca y la vara por los suelos, decidió superar expectativas.

Así apareció una de las figuras más lúgubres de estos tiempos morenistas, alguien que de manera paradójica incursionó en la vida pública de la mano de Felipe Calderón cuando fue propuesto con apoyo del PAN y el PRI para ser ministro de la Suprema Corte.

Arturo Zaldívar, ese mismo que defendía al Poder Judicial y ahora se encarga de dinamitarlo, quien al ser ministro juró respetar la Constitución y años después la ignoraría para renunciar al cargo, el que se llenaba la boca hablando de independencia y después fue acusado de presionar magistrados, la mismísima persona que estaba contra la elección popular de jueces y de repente hace intentos por justificarla, ese y nadie más, fue elegido por Sheinbaum para que la acompañe en su equipo de trabajo.

No cabe la menor duda de que son tiempos extraños, donde la memoria es endeble y el populismo potente. Y es que un perfil como el de Zaldívar en cualquier entorno más o menos serio debería quedar relegado de la administración pública. Sus acciones han sobrepasado todo límite y su obscenidad sólo es equiparable a su hipocresía.

Y aunque ya se ha escrito de este personaje en ocasión de su metamorfosis política y sus sinsentidos jurídicos, sobre cómo su ego y sus mentiras lo harán pasar a los anales de la historia, es importante decir algo respecto a su próximo encargo.

Ilustración: Víctor Solís

Su nuevo puesto

Durante estos meses que no era ni ministro ni nada, lo cierto es que a Zaldívar se le vio bastante cómodo. Opinando ocurrencias en radio, debatiendo enojado en la televisión, aceptando y ofreciendo entrevistas a modo, revisando los articulitos que firma a su nombre en el periódico… Uno pensaría que antes que funcionario público, este tipo tenía todo para ser influencer. Pero Zaldívar adolece de esa maldita costumbre del proletariado, que es trabajar y, en tal sentido, sus ínfulas de grandeza no caben dentro del papel que estaba desempeñando.

Ahora bien, pongamos las cosas en su justa dimensión. Tampoco es que la Coordinación General de Política y Gobierno sea un puesto relevantísimo. Quien soñaba con ser fiscal general o incluso secretario de Gobernación terminó con un encargo menor, una posición que inventó la administración de Peña Nieto, una oficina más de asuntos sin importancia.

Aunque no deja de sorprender que el ministro renunciado siga cerca de la élite política después de tantos escándalos y traiciones, sí es muy significativo que la futura presidenta lo mantenga tan cerca, sin autonomía de gestión y con una oficina muy pequeña, quizá para poder vigilarlo y evitar que su margen de acción se amplifique.

Ingenuo es creer que quien fungió como un político con toga de la noche a la mañana se comportará con probidad y lealtad hacia su nueva jefa. Como ya se ha dicho, un lobo con piel de oveja es la mejor manera para describirlo. Suerte, entonces, a la presidenta con su rebaño.

Su nuevo sueldo

El nuevo salario de Zaldívar ascenderá a más de 180 000 pesos mensuales, una cantidad nada despreciable considerando que la pensión por haber sido ministro oscila alrededor de los 190 000 pesos al mes. Con ingresos muy superiores a la mayor parte de las personas que habitan este país, no cabe la menor duda de que el flamante coordinador general de Claudia Sheinbaun podrá solventar un estilo de vida selecto y suficiente para seguir costeándose viajes a Nueva York o boletos para los conciertos de Taylor Swift.

A sabiendas de que el salario mínimo mensual en México es de 7468 pesos, y conociendo las profundas desigualdades económicas que tanto le pesan y ahora quiere remediar desde una supuesta izquierda partidista, sería interesante saber si Zaldívar sigue el ejemplo de la abogada que ocupó su lugar en la Suprema Corte, la autodenominada “ministra del pueblo”, y está dispuesto a renunciar a los seguros privados para atender cualquier emergencia médica en la seguridad social que brinda el ISSSTE.

Eso de que ningún servidor público debe ni puede ganar más que el presidente de la República es algo que suena bien en la cabeza de López Obrador, pero poco más. La idea de austeridad republicana tiene potencial siempre y cuando no se lleve a la práctica. Dejémonos de engañar. Zaldívar encarna a la perfección los ideales de la cuarta transformación. Funcionario rabanito: rojo (o guinda) por fuera, blanco por dentro.

Su (renovado) feminismo

Ser parte del equipo de la primera mujer presidenta en la historia de México debe significar algo para un hombre que se asume como feminista. No obstante, no queda del todo claro que Zaldívar sea ese hombre, pues en los últimos años ha lucrado por medio de producciones millonarias con la figura de un feminicida, tiene denuncias anónimas de abuso y acoso laboral, y hace poco dijo que la primera presidenta de la Suprema Corte no hubiera podido ser ministra sin su ayuda.

Quien confiesa haberse dejado influenciar por las feministas que lo rodean, se nota a leguas o que no les hizo mucho caso, o bien que no son tan feministas como le dijeron.

De poco sirve que Sheinbaum diga que su gobierno será feminista cuando tiene a esos personajes cerca de ella. Este tipo de contradicciones evocan a un presidente que presumía tener el primer gabinete paritario de la historia y meses después terminó descalificando al movimiento feminista por querer “afectar” su Gobierno y las calificó de conservadoras.

Para concluir

Quedó clarísimo aquello que dijo López Obrador de que en su administración lo que le importaba era tener subordinados con 90 % de honestidad y sólo 10 % experiencia.

Si la excepcionalidad de estos tiempos ha permitido socavar los procesos de renovación de puestos gubernamentales en su incesante intento de mejora, haciendo que perfiles políticos antes que aportar conocimientos y valores durante un tiempo determinado al fortalecimiento del Estado, terminen por desmantelarlo, habrá que ser conscientes de que más tarde que temprano estos personajes deberán rendir cuentas y hacerse responsables por los desastres que causen.

Reza el dicho que no hay mal que dure cien años, ni mexicano que los aguante. El factor temporal en la política no sólo sirve como límite al poder sino también como imperativo ético para que las personas encargadas de la administración pública sean relevadas en aras del cumplimiento de los objetivos que se trazan. La presencia de Zaldívar en la administración de Sheinbaum mancilla sus promesas de combate a la corrupción, austeridad, y visión feminista. Lo que mal empieza, mal acaba.

 

Juan Jesús Garza Onofre
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y profesor de Derecho Constitucional en El Colegio de México

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Publicado en: Política

3 comentarios en “Coordinador Zaldívar

  1. Buen artículo. Retrato breve de un personaje que se fue haciendo chiquito. Vamos, disminuyendo en todo, menos en su ego y ambición.

  2. Arturo Zaldívar, un personaje siniestro que se acomoda bastante bien bajo la secta de morena, traidor y sencillamente sinvergüenza, se dedicaba a extorsionar a los jueces y magistrados para resultados «a modo» de sus intereses, sera sin duda una piedra mas en la zapatilla de la Sheinbaum, pero debe de estar cierto que ante los primeros problemas incómodos que genere sera puesto quieto y enviado al rincón de castigo de morena.

  3. Gran artículo. Retrata de manera exacta lo irretratable. No hay muchos Zaldivars en México.
    Espléndida radiografía. ¡Felicidades por el texto!
    Arnoldo Kraus

Comentarios cerrados