Zaldívar: sin ética ni estética

Durante los últimos meses ha quedado en evidencia la necesidad de Arturo Zaldívar por llamar la atención a como dé lugar en la arena pública. Por su particular manera de actuar y reaccionar, tal parece que el ministro retirado aún no encuentra su lugar. Se acabaron los tiempos en los que un ejército de subordinados le escribían sus discursos, le producían sus tik-toks y le cumplían sus caprichos más absurdos con cargo al erario público. Ha llegado el momento en el que vemos, de manera bochornosa, cómo alguien que supuestamente estaba acostumbrado a debatir y deliberar como ministro, ha terminado por perder los estribos.

Ilustración: Adrián Pérez

Así, Zaldívar se enoja, levanta la voz, exige que no lo interrumpan y se queja por las preguntas incómodas. Queda claro que lo único que le acomoda son los espacios a modo, con sus nuevos compañeros de partido, causa y movimiento.

De tal forma que, antes que presentarse como un político moderado o un jurista que pone su conocimiento técnico al servicio de su nueva jefa y candidata de Morena a la Presidencia de la República, Zaldívar ha decidido asumir el rol de propagandista y reventador, alguien que prefiere la estridencia sobre el diálogo y la propaganda por encima de la conversación.

Uno pensaría que, por un mínimo de dignidad y decoro, alguien que hasta hace pocos meses despachaba como juez constitucional y árbitro imparcial, antes que provocar escándalos, hablar desde la arrogancia o estimular la polarización, tendría un poco más de cuidado en los dichos o en los hechos.

“Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí”, reza un dicho popular que tal parece Zaldívar ha asumido no sólo como estandarte sino como estrategia. Y es que, ya con muy poco que perder frente a quienes algún día lo vieron como un jurista decoroso e independiente, no hay duda que quien renunció inconstitucionalmente la Suprema Corte, puede renunciar irreductiblemente a la ética y la estética.

Hay que decirlo: lo que hoy hace Zaldívar está mal y se ve mal, pero realmente ya no sorprende. Habría que recordar, en ese sentido, sus constantes traiciones y deslealtades a lo largo de su trayectoria profesional, así como su camaleónica visión de la justicia.

Si tan sólo hace unos meses Zaldívar se jactaba de ser el único que había podido manejar al propio Andrés Manuel López Obrador, ahora no tiene empacho en callar cuando el presidente confiesa que fue su correa de transmisión. Ayer, Zaldívar presumía que la reforma constitucional que él impulsó era el mejor blindaje para la Corte, hoy no duda en sumarse a las voces que piden una purga de la judicatura. Quien en el pasado buscó consolidar un auténtico servicio de carrera judicial (basado en el mérito, la igualdad de oportunidades y la perspectiva de género), en el presente coquetea con respaldar una iniciativa para que quienes juzgan sean electos por voto popular.

Su reacción frente a su más reciente escándalo —la presentación de una denuncia anónima en el que se señalan posibles ilegalidades habrían cometido él y algunos de sus más cercanos colaboradores, que van desde el enriquecimiento ilícito hasta violencia sexual y de género— nos ofrece un fiel retrato de la estatura moral de este personaje. Para Zaldívar, solo él y sus amigos son impolutos e incorruptibles y no deben ser tocados ni con el pétalo de una investigación.

Sorprende que el expresidente de la Suprema Corte y del Consejo de la Judicatura que se llenó la boca de discursos grandilocuentes en los que decía ser un cruzado en contra de la corrupción y la impunidad, hoy clame exactamente por lo contrario.

Hay que decirlo sin reparo: lo que pide Zaldívar es impunidad pura y dura para su persona y los suyos. Quiere un carpetazo definitivo, que nadie ose preguntarse si las muy graves conductas señaladas en la denuncia son ciertas o no, tampoco si existe alguna responsabilidad de las muchas personas exfuncionarias ahí señaladas. En su mundo, todo es parte de una persecución política, donde claramente y como siempre, él es la víctima, la pobre víctima, la única víctima.

Tan absurda es su defensa, que ha llegado al extremo de afirmar las más burdas mentiras y esgrimir los más falaces argumentos. Ha dicho, por ejemplo, que “la admisión de una denuncia anónima y sin pruebas es algo inédito y muy grave”. Pero olvida que las denuncias anónimas están expresamente contempladas en la normatividad y que el acuerdo que ordenó el inicio de la investigación señala que sí hay “medios de prueba precisados en la denuncia”.

Peor aún, el político Zaldívar ha pasado por alto que en noviembre de 2020 el juez Zaldívar, en su carácter de presidente del Consejo de la Judicatura, votó a favor de una reforma que establece literalmente que “en el caso de denuncias anónimas por conductas de naturaleza sexual o relacionadas con violencia de género, no se requerirá de pruebas documentales”.

Quizá lo único rescatable de este nuevo escándalo de Arturo Zaldívar es que sirve de recordatorio de lo que realmente necesitamos. Frente a la retórica populista y la política espectáculo, se torna indispensable una judicatura sobria, diligente y honesta. Ojalá que, por el bien de todos, se investigue y sancione a quien resulte responsable, sea quien sea. Nunca más un Poder Judicial de la Federación a merced de un ególatra que no solo perdió la credibilidad como jurista, sino también la ética como juez y la estética como político.

 

Juan Jesús Garza Onofre
Javier Martín Reyes
Investigadores del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

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Publicado en: Justicia, Política

4 comentarios en “Zaldívar: sin ética ni estética

  1. Mientras el estado de derecho (leyes) no sean respetados por #elpeorgobiernodelahistoria AMLO y sus aliados Zaldívar. Y el pueblo y los legisladores no intervengan para el cumplimiento de estás, el rumbo de este país se descarrila a la mentira, a la impunidad y a un futuro que será muy difícil de trabajar para hacer de este país un lugar sano, libre y beneficioso para la ciudadanía.
    Necesitamos de dirigentes éticos, capaces y consientes, pero también de ciudadanos participativos, lógicos y trabajadores.

  2. No cabe duda que el dicho popular “ Dios los hace y ellos se juntan” se aplica perfectamente a Andrés Manuel y Zaldívar.

  3. No es un ministro en retiro, es un ex ministro, dado que renunció a su cargo y sin justificación

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