
Un reto inevitable con la medición continua de la pobreza es la necesidad de actualizar las preguntas de una encuesta mientras se mantiene la comparabilidad en el tiempo. Los recientes cambios en la medición de acceso al agua ejemplifican los problemas que se generan cuando una actualización de preguntas se convierte en un cambio injustificado en el criterio de medición.
En diciembre de 2009 el entonces Coneval adoptó la metodología para la medición multidimensional de la pobreza (MMP), la cual resulta de la combinación de indicadores de ingreso de la población (bienestar económico) y seis carencias sociales sobre el ejercicio de los derechos sociales. Una de estas carencias es el acceso a servicios básicos en la vivienda, que combina la falta de acceso a agua, drenaje, energía eléctrica y el tipo de combustible utilizado para cocinar. De acuerdo con la MMP, una vivienda carece de acceso a agua cuando “el agua se obtiene de un pozo, río, arroyo, pipa; o bien agua entubada obtenida mediante acarreo de otra vivienda, o de la llave pública o hidrante”.[1]
Este año el Inegi asumió la responsabilidad de definir, medir y estimar la pobreza, comprometiéndose a mantener la comparabilidad de la MMP. En su reporte de resultados afirma que “entre 2022 y 2024, el porcentaje de la población con esta carencia [acceso a servicios básicos en la vivienda] disminuyó de 17.8 % a 14.1 %”; esto implica una comparación donde la falta de acceso al agua bajó de 7.1 % (9.2 millones) a 3.5 % (4.5 millones de personas). Pero, ¿se compararon manzanas con manzanas?
La fuente de datos de pobreza
La pobreza multidimensional se mide cada dos años mediante la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH). El Inegi frecuentemente actualiza el cuestionario para mejorar los datos y publica la justificación de cada modificación.
Para medir el acceso al agua, la ENIGH 2022 utilizó una sola pregunta con siete opciones de respuesta. Las respuestas combinaban si la vivienda tenía agua entubada (punto de acceso) con la fuente de abasto: llave pública, pipa, ríos, entre otros. Con esta redacción, la estimación estadística seguía dos rutas. Una vivienda no-carente era aquella con agua entubada dentro o fuera de su vivienda (opción uno o dos). Adicional, una vivienda era carente si respondía a cualquiera de las demás opciones de respuesta (opción tres, cuatro, cinco, seis o siete). Entre las opciones de respuesta que indican carencia, todas aluden a una fuente de agua y sólo en algunas se explicita que el punto de acceso es agua entubada (Figura 1, panel A).
El Inegi afirma que modificó el cuestionario de la ENIGH 2024 para armonizarlo con las preguntas del Censo de Población y Vivienda. Los cambios se observan en tres aspectos: 1) Desagregación en tres preguntas: agua entubada o no entubada (punto de acceso), fuente de abasto de agua entubada y fuente de abasto de agua no-entubada (acarreo); 2) Cambios en la redacción de las preguntas: desaparece cualquier mención explícita a “agua entubada” y en su lugar aparece la referencia a “llaves o mangueras”; y 3) Modificaciones en opciones de respuesta: se añade “servicio público” y se eliminan las opciones “llave pública (o hidrante)” y “agua entubada que acarrean de otra vivienda” (Figura 1, panel B).
El Inegi presentó una prueba estadística en la que reporta y justifica estas modificaciones a la ENIGH. Los resultados muestran que, para las viviendas con agua entubada, las estimaciones son tan parecidas a las del Censo como para no generar preocupación. Sin embargo, para las viviendas sin agua entubada, no se explica la decisión de “homologar” en 2022 todas las opciones de respuesta dentro de la etiqueta “no disponen de agua entubada”, cuando la opción tres y cinco explícitamente dicen entubada; en otras palabras, la prueba estadística compara peras con manzanas.
Figura 1. Cambios en las preguntas en la ENIGH 2022 y 2024 y modificación de los criterios de estimación de carencia por acceso al agua (recuadro amarillo).
Panel A Panel B

Fuente: Cuestionario de Hogares y Vivienda de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), ediciones 2022 y 2024
La estimación del acceso a agua
El reto del Inegi era conciliar la definición de Coneval de acceso al agua con el nuevo cuestionario de la ENIGH 2024. La manera en que el Inegi atendió el problema fue definiendo como carente a quien responde que “no tiene agua entubada”. Aun cuando la edición 2024 cuenta con tres preguntas de acceso al agua, Inegi decidió utilizar sólo una.
Una debilidad de esta solución es que cambia el criterio original de Coneval: la fuente de agua –la segunda pregunta– no es considerada para la estimación de la carencia. Esta decisión tiene dos consecuencias. La más evidente es la omisión de dos casos de carencia previstos en la definición original, en particular, el agua entubada de llave pública e hidrante y el agua entubada acarreada de otra vivienda. Y la adición de preguntas genera nuevas combinaciones que por default son consideradas como no-carentes; esto es, la clasificación como no-carente de viviendas que obtienen el agua entubada de fuentes poco confiables. Por ejemplo, en 2024 sale de la medición de pobreza una vivienda con agua entubada que obtiene el agua de pozo y también sale una vivienda con agua entubada que se abastece de pipas. La nota técnica del Inegi que describe el cálculo de pobreza multidimensional omitió justificar por qué ya no toma en cuenta la fuente de abasto de agua para calcular la carencia.
¿Qué tanto afectan estos cambios a los resultados en pobreza?
A pesar de los cambios en el cuestionario, con los datos disponibles en 2024, el Inegi pudo haber optado por una solución distinta que se apegara más a la definición de Coneval. Contrastamos la solución del Inegi con una alternativa para estimar la falta de acceso a agua y sus consecuencias en los resultados en pobreza. El criterio del Inegi para estimar la carencia fue considerar como no-carentes a viviendas que reportan tener agua entubada y como carentes a quienes no la tienen. En cambio, una solución consistente con Coneval implica considerar la pregunta de fuente de abasto; esto supone clasificar como no-carente a una vivienda con agua entubada cuya fuente de abasto es el servicio público, y a una vivienda en carencia cuando su fuente de abasto es de pozo comunitario, pozo particular, pipa, otra vivienda, lluvia o cualquier “otro” lugar.
La solución adoptada por el Inegi indica que el 3.5 % de la población (4.5 millones de personas) reportó falta de acceso al agua mientras que en la solución más consistente con Coneval sería de 16.3 % (21.2 millones de personas). El efecto del cambio en la carencia por servicios básicos en la vivienda es menor porque el acceso al agua sólo es uno de los cuatro componentes. Mientras que el Inegi reportó que 14.1 % de la población presentó esta carencia en 2024 (18.4 millones de personas) con el escenario cercano al criterio de Coneval sería de 22.8 % (29.7 millones) –lo cual supondría que la carencia aumentó de 17.8 % en 2022 a 22.8 % en 2024 (Gráfica 1).
Manteniendo constante la estimación de todos los demás indicadores de pobreza, con la solución del Inegi, la pobreza multidimensional es de 29.6 % (38.5 millones) y con la solución consistente con Coneval sería de 30 % (39 millones). A su vez, con la solución del Inegi la pobreza extrema es de 5.3 % (7 millones) y con la consistente con el criterio Coneval sería de 5.6 % (7.4 millones).
Gráfica 1. Dos soluciones para el cálculo de indicadores de acceso al agua y pobreza, ENIGH 2024

Fuente: Cálculos propios a partir de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), 2024
¿Por qué es pertinente alertar acerca de un cambio así?
Hay dos argumentos de fondo. Al eliminar la fuente de agua de la estimación de la pobreza cambia el criterio original de la MMP para estimar la carencia de acceso a servicios básicos en la vivienda. Independientemente de si ahora se mide mejor en la ENIGH, cualquier cambio de criterio debe hacerse explícito, justificar los motivos y argumentar en qué medida se mantiene la comparabilidad; todo esto previo a la publicación de los datos. Este argumento no es numérico, se sostiene tanto si hablamos de una diferencia de 0.4 % en la pobreza multidimensional como si señalamos una de 12.8 % en el acceso a agua. El segundo argumento es que, a pesar de los cambios en la ENIGH, sí hay una solución que se acerca más a la definición original de Coneval de acceso al agua –y que el Inegi decidió no utilizar. Será importante escuchar las razones de esta decisión, ya que la consecuencia es una reducción en las cifras de pobreza atribuible a criterios metodológicos.
Aún cuando se le reconoce al Inegi que la mayor parte de la MMP se mantuvo igual que en años previos, el ejercicio que presentamos muestra por qué con el acceso a agua se afecta la comparabilidad en la medición de pobreza y se distorsionan los éxitos reportados. Inegi requiere mejorar su explicación de decisiones sensibles. Y corresponde a la sociedad civil vigilar (y alertar) acerca de los cambios y omisiones en la medición de la pobreza. Importa cuestionar si comparamos peras con manzanas.
Pablo Gaitán Rossi
Director del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide) de la Universidad Iberoamericana. Coordina la Red Latinoamericana y Caribeña de Inseguridad de Agua (WISE-LAC). Editor en Jefe del International Journal for Equity in Health.
Lucía Félix Beltrán
Doctora en Administración y Políticas de Sistemas de Salud por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Actualmente coordina proyectos de investigación de inseguridad del agua en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide) de la Universidad Iberoamericana.
Ximena García Ruiz
Licenciada en Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Actualmente es asistente de investigación en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide) de la Universidad Iberoamericana.
[1] A partir de 2016 las personas en viviendas con un sistema de captación de agua que cumpla con la normatividad de Conagua se consideran fuera de carencia.