Una charla con la ministra presidenta Norma Piña

En momentos en que la memoria es frágil y el olvido opera de forma negligente, al fin concluye un año cargado de retos y aprendizajes; un 2024 en el que la indeterminación y la incertidumbre han sido las notas distintivas de nuestro devenir colectivo.

La ingente cantidad de reformas a la Constitución que ha realizado el poder político en las últimas semanas no sólo ponen en evidencia la falta de consenso y planeación estratégica, sino que dejan en claro que cuando la estridencia determina el rumbo de la vida pública, los intereses inmediatos suelen prevalecer sobre el bienestar común y la estabilidad institucional.

Por eso, vale la pena tomarse unos momentos para reflexionar sobre el rol que ha desempeñado la ministra presidenta Norma Lucía Piña Hernández en todo este contexto tan desmedido como voraz; un personaje singular —atípico, diría yo, para la política actual—, discreto, que rehúye los reflectores y prefiere la sobriedad en su actuar, muy en línea con las virtudes judiciales que exigen los estándares de conducta moral en la difícil función de impartir justicia.

Así, en el marco de su segundo informe de labores, tuve la oportunidad de reunirme en su oficina en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y charlar con la primera mujer que representa a la judicatura federal en la historia de México y, paradójicamente, la última de esta etapa de la justicia constitucional. Esto en ocasión de una reforma judicial impulsada por el oficialismo que desarticula y manda por la borda años de trabajo dedicados a consolidar un sistema de equilibrio y contrapesos que garantizara la independencia del Poder Judicial frente a las injerencias del poder político.

Con la ministra no solo me une un vínculo universitario respecto a su pasado en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, sino también una afinidad académica, pues compartimos nuestros estudios de posgrado en la Universidad de Alicante, España, cursando la maestría en argumentación jurídica que desde hace varias décadas dirige el profesor Manuel Atienza.

A continuación, un intercambio de diez preguntas que si bien nace desde el respeto y la amistad, también se erige a partir de la crítica y el compromiso con la responsabilidad institucional y nuestro contexto.

Ilustración: Adrián Pérez

JJGO: Primero que nada, ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes hoy, en la antesala de finalmente acabar este 2024 que parecía interminable?

NP: Preocupada. Como bien dices ha sido un año largo y complejo. Un año que nos impuso innumerables retos sin precedentes. El Poder Judicial de la Federación, sus integrantes, nos vimos en la necesidad de salir a las calles, de marchar, de gritar frente a una reforma que transformó la judicatura mexicana, que demolió uno de los pilares fundamentales de este Poder del Estado: la carrera judicial. Nuestras preocupaciones, nuestros argumentos, nuestras advertencias no fueron escuchadas. Lo cierto es que previo a esta reforma no existió un diálogo real con la judicatura. Y no sólo no existió diálogo, esta reforma se hizo sin diagnóstico. No sólo lo digo yo, lo dijo el representante del Estado mexicano en la audiencia frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Así, nos encontramos ante un experimento a nivel internacional, sin diagnóstico, que nos coloca en un estado de gran incertidumbre. Me parece que las condiciones actuales del país, la situación tan compleja y delicada en la que se encuentran las víctimas, no permite la improvisación. No hay espacio para la incertidumbre.

Ahora dentro de mi preocupación tengo que decirte que hay un espacio de tranquilidad. Me siento tranquila porque actué, en todo momento, acatando el mandato constitucional. Se dice más fácil de lo que es. Estoy tranquila porque aún cuando sin duda existieron muchos caminos posibles en la toma de decisiones de este año, lo cierto es que detrás de cada decisión, de cada movimiento, estuvo la defensa de la independencia judicial y de nuestra democracia constitucional. 

JJGO: El ministro Juan Luis González Alcántara afirmó que a partir de la decisión de la Guardia Nacional se marcó en términos generales un distanciamiento insalvable con el expresidente Andrés Manuel López Obrador, ¿comparte esa opinión respecto a la relación institucional que tuvo el mandatario con la Suprema Corte? O, según usted, ¿qué fue lo que llevó a tensar la cuerda hasta el extremo?

NP: Comparto absolutamente la visión del ministro González Alcántara, pero déjame decirte que no somos dos ministros los que observamos esta tendencia de ataques a la judicatura frente a decisiones contrarias al proyecto político mayoritario. Existen ya diversos estudios académicos sólidos que reflejan esta realidad. Son hechos públicos, constatables. En mi informe de labores mencioné tres casos muy claros que detonaron ataques hacia las y los integrantes de la SCJN: Guardia Nacional; la invalidez de la clasificación como de interés público y seguridad nacional de todos los proyectos que el gobierno determinara como prioritarios; y el denominado “Plan B”.

JJGO: Aquí en confianza, y ya que andamos en estas, entonces queda clarísimo que el distanciamiento no fue porque no se paró en aquel 5 de febrero en Querétaro…

NP: (Risas) Ya habrá tiempo para ahondar en esos detalles, materia de un libro que escribiré en los próximos meses.

JJGO: Una de las principales críticas a su gestión, lanzadas por periodistas ajenos al entendimiento del Derecho, insistió en su falta de oficio político para poder presidir al Poder Judicial en un momento como este, ¿qué podría responder? ¿Cree que el hecho de ser mujer influyó en la forma en cómo se desarrollaron ciertas críticas y perspectivas hacia sus labores?

NP: Sin duda el componente de género influyó en el todavía muy complejo —por decir algo— trato que existe hacia las mujeres que tenemos cargos de mucha responsabilidad. Con decirte que, quienes llamaban “presidente” a los que me antecedieron, a mí me decían “señora”. Así es que no puedo negar que fue un componente adicional, una raya más al tigre.

Por otro lado, creo que muchos de aquellos que me califican de falta de habilidad política, entienden por “política judicial” darle línea a jueces y magistrados. Es algo que nunca he hecho y nunca haré. En ese sentido, es un halago esa “falta de habilidad política”. Hace rato te hablaba de un sentimiento de tranquilidad dentro de mí, en buena medida descansa precisamente en que siempre actué acorde a la independencia judicial, tanto propia, como hacia mis colegas ministros, magistrados y jueces.

JJGO: También desde diferentes trincheras una crítica común a su mandato es que se tardaron mucho no sólo en presentar una especie de contrapropuesta de reforma, sino también en renunciar al cargo como ministros para ofrecer una salida política, ¿cree que debieron haber tenido una postura más proactiva?

NP: Sobre la “contrapropuesta” te diría que yo siempre he estado convencida de que, analizado en su integridad el sistema de seguridad y justicia —sin dejar de advertir que todo sistema siempre es perfectible— lo más urgente en este país sin duda no era transformar el poder judicial, menos aún, el poder judicial federal. Hace apenas tres años se aprobó una importante reforma judicial que, entre otras cosas, fortalecía la carrera judicial. Estábamos en proceso de implementación de esa reforma. Entonces, ¿por qué no hice una contrapropuesta el primer año de mi gestión? Poque estábamos implementando una reforma judicial, además de una civil, laboral, penal y otra de mecanismos alternativos. Porque dentro de las necesidades del sistema de seguridad y justicia, primero debiéramos voltear a ver a las fiscalías, a las policías, a las comisiones de víctimas.

El segundo año de mi gestión comenzamos el Encuentro Nacional por una Agenda de Seguridad y Justicia. Tú lo sabes mejor que yo, escuchamos a miles de personas por todo el país, usuarios, organizaciones de la sociedad civil, policías, fiscales, jueces federales y locales. Escuchamos una y otra vez que la justicia es distante, que es una pesadilla, que la justicia es inhumana. Pero, ¿qué se entiende por justicia? Como he repetido ya, la justicia no sólo es una cuestión de tribunales. El funcionamiento y la integración de los tribunales sólo interesó al 9% de los participantes. El 75% optó por cuestionar los derechos de las víctimas y diversos temas relacionados con seguridad pública.

A partir de este ejercicio presentamos propuestas concretas de mejora al sistema de seguridad y justicia visto en su integridad. Evidentemente estas propuestas, este diagnóstico, no fueron atendidas, siquiera valoradas.

Sobre la proactividad de los ministros y sus renuncias: sí existió desde un inicio, sin embargo, no había ninguna voluntad, ningún incentivo tampoco, para ese tipo de negociación.

JJGO: ¿Qué hacer con todos esos diagnósticos y trabajos que, desde la academia y la sociedad civil, dejaron constancia de que para que realmente cambie la justicia en este país no se necesita elegir a los jueces por medio del voto popular sino entrarle a temas como la justicia local, las fiscalías, las cárceles, y muchos otros más?

NP: Lo dices bien, esos estudios dejan constancia. Me parece que todos esos diagnósticos serán fundamentales para aquellos que en unos años evalúen qué sucedió con la Reforma Judicial.

JJGO: Ante las amenazas hacia usted y hacia quienes han adoptado posturas no afines al oficialismo desde la judicatura, que van desde juicios políticos, pasando por presiones, descalificaciones y mentiras públicas, hasta insultos y violencias sistemáticas, ¿cómo manejan esta situación?, ¿logra dormir tranquila, ministra? ¿No teme algún tipo de represalias en un futuro?

NP: Tener una conciencia tranquila, poder dormir bien —que sí lo hago— me da la serenidad para enfrentar el presente y el futuro con esa sensación de la que te hablaba al principio, de haber sido fiel a la Constitución y a mis convicciones. Sin embargo, creo que sería ingenuo, y tal vez un error, ignorar que la prudencia demanda reconocer los riesgos inherentes a un mundo convulso, a un entorno polarizado, violento y amenazante. La paz de la conciencia, la satisfacción del deber cumplido, aunque luminosas, no siempre protegen de las sombras que las rodean.

JJGO: En su intervención de aquel martes fatídico, usted menciono que aceptar la reforma judicial significaría aceptar que la Constitución avale el “suicidio” de la democracia. Un poco en esa línea, hace tan sólo unas semanas el profesor Atienza afirmó respecto a la reforma judicial que México había dejado de ser un Estado de Derecho. ¿Qué le depara a la justicia mexicana el día de mañana?

NP: Nadie sabemos bien a bien qué le depara a la justicia en México. Y no lo sabemos en buena medida porque estamos frente a un modelo que no se ha aplicado en esta dimensión en ninguna parte del mundo. Sin embargo, muchos hemos expresado nuestras preocupaciones sobre las posibles consecuencias de la reforma, no sólo para la judicatura, sino para nuestra democracia constitucional. Mis argumentos se basan, primero, en mi experiencia como juzgadora de más de tres décadas. Ser juzgadora, particularmente, ser juzgadora federal, exige no sólo vocación, sino muchísima preparación y ética. Tu sabes que los juzgadores federales, vía amparo, analizan actos de autoridad, lo que implica no sólo una complejidad técnica sino también la necesidad de una autonomía e independencia fundamental para realmente poder resolver como lo mandata la ley y nuestra Constitución.

Por otro lado, si bien no existe experiencia internacional enteramente aplicable, lo cierto es que la selección de jueces por voto popular en otros países —Estados Unidos, Bolivia— ha demostrado no sólo no abonar a la legitimidad judicial, sino en algunos casos se torna contraproducente. Se demuestra que lo que importa a las personas, lo que legitima a los jueces, es la calidad de sus sentencias, no el método de selección. Además, las elecciones judiciales resultan ser elecciones desinformadas; la selección de los candidatos rara vez responde al perfil o a las competencias necesarias para ser juez.

JJGO: Después de toda esta tormenta, cuando amainen las aguas, ¿cómo le gustaría que la recordaran al finalizar su mandato como presidenta y su cargo como juzgadora?

NP: A pesar de las grandes complejidades de estos últimos años, ha sido en todo momento un honor encabezar al Poder Judicial Federal, que me formó, que me dio una oportunidad profesional, una oportunidad de vida; al mismo tiempo es la institución a la que, a lo largo de toda mi carrera, le entregué muchísimo. Años y años en los que mi prioridad ha sido mi responsabilidad jurisdiccional.

Fueron los aprendizajes de todos estos años, el profundo amor y respeto por nuestra institución, los que me dieron muchas de las respuestas a las muy complejas decisiones que tuve que tomar. En ese camino claro que me equivoqué, lo acepté, lo asumí y retomé a partir de lo aprendido. Mis respuestas, mis decisiones tuvieron siempre al centro la independencia judicial, esa independencia judicial que yo tuve a lo largo de mis más de treinta años de carrera. 

JJGO: ¿Qué les diría a todas esas personas del Poder Judicial que en cuestión de meses han tenido que cambiar sus planes y proyectos de vida en ocasión de una reforma que parecería más bien un capricho?

NP: De entrada, me gustaría expresar mi más profundo respeto por aquellas juzgadoras y juzgadores que sirvieron de manera íntegra y responsable en el Poder Judicial Federal. Sinceramente no me siento en posición para dar consejos o mensajes. Este tipo de decisiones, decisiones de vida, las debemos de tomar cada uno de nosotros a partir de nuestras posibilidades, de nuestros principios, en el seno de nuestra familia.

JJGO: ¿Qué consejo le darías a una joven estudiante que ha decidido emprender su camino en la carrera de Derecho en este contexto político?

NP: Una de las experiencias más alentadoras de este año fue convivir con las y los estudiantes de Derecho; escucharlos en relación con sus posiciones sobre la reforma judicial. Me impresionó, positivamente, su fuerza, su claridad y su determinación en relación con asuntos que afectan a nuestro país. Les diría que sigan así, que estudien mucho, que cuestionen y propongan soluciones conforme a la realidad que les ha tocado vivir. 

A lo largo de estos años, he sido testigo del profundo compromiso de Norma Piña con la justicia y la defensa de la Constitución. En lo personal, no tengo la menor duda de que, cuando todo esto pase —porque claramente tarde o temprano pasará—, su integridad y sus convicciones quedarán para la historia. No por nada, no fue una sorpresa que al pronunciar su discurso más reciente, evocara a Renato Leduc y su célebre apelación a “la sabia virtud de conocer el tiempo”; la referencia más que una reflexión sobre la importancia de la paciencia y el juicio ponderado en tiempos convulsos, es una invitación a aprender que el paso del tiempo nos obliga a ser más honestos: con nosotros mismos, con nuestra historia y con el porvenir que queremos construir.

Juan Jesús Garza Onofre

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y profesor de Filosofía del Derecho en el ITAM

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Publicado en: Justicia