Los autoritarios entre nosotros

La democracia mexicana construida tras el fin del régimen priista está en crisis. El aumento en la desconfianza hacia instituciones clave como los partidos políticos y el creciente desinterés en la política sugieren una desconexión entre una parte importante de la sociedad y esa democracia. Este fenómeno no es exclusivo de México: el ascenso de populismos en distintas partes del mundo —como el trumpismo en Estados Unidos o el bolsonarismo en Brasil— refleja una crisis de legitimidad de las instituciones liberales. Su alejamiento, real o percibido, de las preocupaciones ciudadanas impulsa liderazgos que prometen cambio, incluso a costa de desafiar las normas democráticas.

En este contexto, hay una inclinación creciente de muchos mexicanos hacia alternativas autoritarias o, en su defecto, hacia una indiferencia que diluye la oposición entre democracia y autoritarismo. Esta forma de desencanto, desde la perspectiva de las instituciones democráticas, es tan grave como una preferencia directa por el autoritarismo, ya que implica que para muchos ambos sistemas son, sin distinción, buenos (o malos). En 2002, justo después de la alternancia a nivel federal, el apoyo a la democracia rondaba 63 %; veinte años después, en 2023, sólo 35 % de los mexicanos dice apoyar la democracia y 28 % piensa que da lo mismo. En cambio, el respaldo al autoritarismo ha crecido de 20 % a 33 %. Es decir, hoy, uno de cada tres mexicanos considera que, en algunas circunstancias, un gobierno autoritario podría ser preferible a uno democrático.

Este desplazamiento de preferencias desató un debate. Hace poco, The Economist encendió la discusión al señalar que el apoyo al autoritarismo en México ha crecido de manera notable desde el inicio del sexenio de López Obrador, implicando una conexión directa entre obradorismo y autoritarismo. La analista Viridiana Ríos, utilizando los mismos datos, concluyó que el aumento en el autoritarismo está en realidad más vinculado con las clases acomodadas y la oposición, sectores inconformes con el obradorismo.

Nosotros pensamos que este debate es fundamental para comprender los riesgos que enfrenta la democracia en el país, pero también consideramos que el análisis de los datos ha sido, en muchos casos, simplista y coyuntural. Sin una comprensión genuina de quiénes se sienten atraídos por alternativas autoritarias y por qué, cualquier intento por revertir esta tendencia será, con toda probabilidad, ineficaz.

Aquí sintetizamos un análisis de las características de los autoritarios entre nosotros. Nos basamos en los mismos datos del Latinobarómetro que nutren buena parte del debate, y en particular, indagamos en los patrones de 2016 a 2023, antes, durante y después del sexenio de López Obrador. ¿Quiénes son los que miran con buenos ojos al autoritarismo en México?

Ilustración: Belén García Monroy

¿Autoritarios ricos o autoritarios pobres?

Un primer paso es analizar las características sociales de las personas, porque sabemos que el apoyo al autoritarismo suele relacionarse con factores como el nivel educativo, ingreso y la posición social. Además, dado que las actitudes políticas varían a lo largo de la vida y con las condiciones materiales de las personas, conocer cómo se distribuyen las preferencias autoritarias en función de factores como la edad o la escolaridad es fundamental.

Al analizar los datos de indicadores como sexo, edad, educación, ocupación o nivel socioeconómico, encontramos que, en general, la disminución en el apoyo a la democracia y el aumento en el autoritarismo parecen ser transversales, aunque hay pequeñas diferencias. Por ejemplo, entre los hombres, la preferencia por el autoritarismo creció de 19 % en 2016 a 36 % en 2023, mientras que entre las mujeres aumentó de 18 % a 34 %. De manera similar, la preferencia por el autoritarismo parece haber aumentado entre 2016 y 2023 en todos los grupos ocupacionales (independientes, asalariados, desempleados, pensionados y personas dedicadas al hogar), excepto en el caso de los estudiantes, para los que disminuyó de 33 % a 28 %.

Algo parecido ocurre con el estatus socioeconómico. Al usar la evaluación del estatus social aparente, medida en tres categorías (bueno/muy bueno, regular y malo/muy malo), observamos que en todas se redujo el apoyo a la democracia y aumentó la preferencia por el autoritarismo. Esto sugiere que el aumento en las actitudes autoritarias no es exclusivo de las clases altas, aunque, en términos relativos, el porcentaje de autoritarios es mayor en el grupo de estatus bueno/muy bueno que en el de estatus malo/muy malo, mientras que el porcentaje de indiferentes es mayor en este último en comparación con los otros.

Sin embargo, todas estas diferencias relativas (por sexo, edad, ocupación y estatus socioeconómico) son marginales o carecen de significancia estadística. Esto es crucial, al trabajar con datos de encuestas necesitamos algún grado de certeza de que las diferencias observadas no son simple azar, sino que representan patrones reales en la población. En otras palabras: los datos no ofrecen evidencia suficiente para afirmar con seguridad que hay diferencias reales entre grupos respecto a actitudes autoritarias.

La única diferencia con una significancia destacada es el nivel educativo. Como muestra la Gráfica 1, los datos revelan un patrón claro: aunque la preferencia por la democracia disminuyó en todos los niveles educativos, esta caída es más pronunciada entre las personas con menor nivel de estudios. Esto sugiere que el aumento en las preferencias autoritarias no se limita a los sectores más acomodados, ya que una mayor escolaridad suele correlacionarse con mayores ingresos y mejor estatus.

Estos resultados no sorprenden, dado que hay una correlación bien documentada entre el nivel educativo y la valoración de la democracia como mejor sistema de gobierno. Una posible explicación es que mayor educación se asocia con un conocimiento cívico más sólido y una socialización más extensa en valores democráticos. Además, una educación superior también suele vincularse con mejores oportunidades económicas, lo que puede traducirse en un mayor respaldo al sistema.

¿El problema es la polarización?

Si las características de las personas —con excepción de la escolaridad— no explican de manera satisfactoria las variaciones en autoritarismo, quizá la variación en preferencias y afiliaciones políticas sí lo hagan. Un primer aspecto es el contraste entre quienes apoyan al gobierno y quienes respaldan a la oposición. La expectativa es que quienes apoyan al gobierno tienden a estar más satisfechos y, por tanto, muestran un mayor respaldo al régimen. Sin embargo, al analizar los datos, observamos un aumento en las preferencias autoritarias en ambos grupos. En cuanto a inclinación autoritaria, la diferencia entre opositores y oficialistas era más pronunciada en 2016 que en 2023, es decir, antes de que López Obrador asumiera la presidencia. No obstante, como en los casos anteriores, las diferencias no son estadísticamente significativas.

Si el factor oposición/oficialismo no parece ser definitorio, quizá la aprobación presidencial es un indicador más determinante. En este sentido, los datos muestran que para 2023 había una diferencia significativa entre quienes aprobaban y quienes desaprobaban a López Obrador: entre los segundos, el apoyo a la democracia es menor y la inclinación hacia el autoritarismo es mayor, en comparación con los primeros. Esto es aún más notable considerando que en 2016, aún en la presidencia de Peña Nieto, las diferencias eran menores y no eran significativas. Lo anterior sugiere que la postura hacia López Obrador tenía un peso considerable en las preferencias políticas, reforzando la polarización en torno a su figura y empujando a algunos de sus detractores hacia el autoritarismo.

Por otra parte, estas comparaciones están atravesadas por la identidad partidista. Al analizar los datos sobre la simpatía por uno u otro partido, observamos una disminución en la preferencia democrática en varios grupos; sin embargo, este cambio es significativo sólo entre los simpatizantes de Morena y del PRI. Entre los panistas, no encontramos diferencias estadísticamente significativas. Esto es revelador, ya que sugiere que la reducción en el apoyo a la democracia y el aumento del autoritarismo no son homogéneos en la oposición y que, contrario a lo que sugeriría la aprobación presidencial, el aumento en el autoritarismo también se refleja de manera notable entre los simpatizantes del partido en el poder.

¿Y si el problema tiene que ver con el sistema?

El análisis hasta ahora supone que las actitudes autoritarias (o democráticas) dependen de los actores o la coyuntura política; sin embargo, también es posible que el aumento en la preferencia por el autoritarismo tenga una base más general.

En ese sentido, como se observa en el Cuadro 1, no es del todo sorprendente que para 2023 haya una relación positiva entre preferir la democracia y la satisfacción con la misma. Las personas que prefieren un régimen democrático tienden a tener una mayor satisfacción con el funcionamiento de la democracia: 9.4 % de ellos se dice “muy satisfecho” y 38.6 % “más bien satisfecho”, lo que suma casi la mitad de este grupo con una satisfacción moderada o alta. En cambio, entre quienes prefieren un régimen autoritario, solo 5.1 % se declara “muy satisfecho” y 27.8 % “más bien satisfecho,” lo que indica una menor satisfacción relativa con el funcionamiento de la democracia. De manera similar, los indiferentes presentan un porcentaje relativamente bajo de satisfacción con la democracia.

Cuadro 1 – Apoyo a regímenes y satisfacción con la democracia y economía, 2023

 

 

Apoyo a…

 

Total

Autoritarismo

Democracia

Indiferencia

Satisfacción con la democracia

Muy satisfecho

6.8 %

5.1 %

9.4 %

5.7 %

Más bien satisfecho

30.7 %

27.8 %

38.6 %

24 %

No muy satisfecho

41.5 %

45.1 %

40.2 %

38.8 %

Nada satisfecho

20.9 %

22 %

11.8 %

31.5 %

Satisfacción con la economía

Muy satisfecho

4.4 %

3.8 %

4.3 %

5.4 %

Más bien satisfecho

23.4 %

23.3 %

31.3 %

13.2 %

No muy satisfecho

41.2 %

45.1 %

39 %

39.1 %

Nada satisfecho

31 %

27.8 %

25.3 %

42.3 %

Si consideramos la satisfacción con el funcionamiento de la economía, observamos patrones similares. Las personas que prefieren la democracia tienden a mostrar una satisfacción económica moderadamente mayor, mientras que quienes se inclinan por un régimen autoritario reportan menores niveles de satisfacción económica. En ambos casos una alta proporción de personas en los tres grupos se declara “no muy” o “nada satisfecha”, lo que indica una insatisfacción con el desempeño de la política y de la economía, que además es estadísticamente significativa. Este patrón de insatisfacción es más acentuado entre quienes prefieren el autoritarismo o son indiferentes, lo cual sugiere un escepticismo más general hacia la democracia y su capacidad para resolver problemas económicos.

Si analizamos los datos de 2016, 2018 y 2020, encontramos el mismo patrón: el mayor apoyo al autoritarismo y la indiferencia hacia el régimen político se concentra entre quienes están insatisfechos con la democracia y la economía. Y esta tendencia se mantiene constante a lo largo del periodo. Esto sugiere que, lejos de ser un asunto coyuntural, las preferencias se relacionan con percepciones negativas que han persistido y se agravaron en estos años. De hecho, al comparar las preferencias por el autoritarismo o la indiferencia entre grupos víctimas de un delito, que experimentaron actos de corrupción, han enfrentado insuficiencia alimentaria o consideran que la distribución del ingreso en la sociedad es injusta o muy injusta, se observan aumentos significativos en estas inclinaciones de 2016 a 2023, así como reducciones en el apoyo a la democracia.

Cuadro 2 – Apoyo a la democracia, autoritarismo o indiferencia por grupos, 2016 vs. 2023

 

2016

2023

Personas que…

Democracia

Autoritarismo

Indiferencia

Democracia

Autoritarismo

Indiferencia

Han sido víctimas de un delito

50.2 %

23.1 %

26.7 %

33.9 %

37.1 %

29 %

Han sido víctimas de corrupción*

52.2 %

22.3 %

25.5 %

41.5%

28.5 %

30 %

No han tenido suficiente comida para alimentarse

38.9 %

22 %

39.1 %

22.1%

38.3 %

39.6 %

Creen que la distribución del ingreso es injusta o muy injusta

50.5 %

19.1 %

30.3 %

34.5%

34.5 %

31 %

*Datos para 2016 y 2020.

Lo anterior revela una relación preocupante: la insatisfacción prolongada con el funcionamiento de la democracia y la economía, sumada a fallas de gobierno en áreas como desigualdad, inseguridad, corrupción o la incapacidad para garantizar condiciones básicas de vida, alimenta el apoyo a alternativas autoritarias o la indiferencia hacia el régimen político.

Los autoritarios de mañana

Este análisis muestra que el apoyo al autoritarismo o la indiferencia hacia la democracia en México no se reduce a una cuestión de afiliación política o características individuales como el estatus socioeconómico, aunque haya algunas diferencias. Más bien, los datos sugieren una relación más transaccional, donde el respaldo a un régimen u otro depende, en última instancia, de la capacidad percibida del sistema para mejorar las condiciones de vida y atender las necesidades concretas de la población. La insatisfacción creciente con el funcionamiento de la democracia y la economía, que se suelen pensar en conjunto, junto con fallas en áreas críticas como seguridad, desigualdad y corrupción, alimentan el desapego.

El análisis está basado en mediciones de percepción y autorreportes, los cuales no siempre reflejan indicadores objetivos de desempeño institucional. De ahí que pensamos que el problema no radica sólo en una potencial inclinación autoritaria de ciertos sectores, sino en la percepción de una buena parte de la población de que el sistema político y económico ha fallado de manera sistemática en cumplir sus promesas de justicia, seguridad y bienestar. En lugar de consolidarse como un garante eficaz de derechos y oportunidades, el sistema democrático se percibe como distante y desconectado de los problemas reales de las personas, generando un vacío de legitimidad que alimenta la esperanza en liderazgos que prometen cambios radicales y tangibles, aun si ello implica socavar las instituciones y normas democráticas.

Mientras esta percepción de ineficacia persista, el riesgo de que el desencanto siga nutriendo opciones autoritarias o una peligrosa apatía hacia el régimen democrático continuará presente. En ese sentido, la crisis de la democracia no sólo se debe a sus posibles tropiezos objetivos, por llamarles de alguna manera, sino también a su incapacidad para revertir percepciones de fracaso y contrarrestar las narrativas predatorias de líderes y movimientos populistas. Superar esta crisis no puede limitarse a ensalzar el valor abstracto de la democracia o de sus instituciones. Si no se tratan las raíces de esta desconexión y sus consecuencias, bien podría ocurrir que los demócratas de hoy se sigan convirtiendo en los autoritarios de mañana.

 

Fernando Nieto Morales
Profesor de gobierno y administración pública en El Colegio de México

Luis López Canché
Becario de investigación en El Colegio de México y estudiante de matemáticas aplicadas en la UNAM

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Publicado en: Economía, Política

2 comentarios en “Los autoritarios entre nosotros

  1. También, más que hablar de "los autoritarios entre nosotros", deberíamos decir "el autoritario que todos llevamos dentro".

  2. Falta analizar una dimensión. Si los apoyos al autoritarismo cambian si el partido de preferencia está en el poder o no. Primero habría que ver como están definiendo el autoritarismo.

    Si mi partido preferido está en el poder, quiero que cumpla con lo que dijo y veré todos los obstáculos que pone la oposición y las leyes como negativas.

    Si mi partido no está en el poder, quiero mayores controles a la actuación del gobierno, incluso generando ingobernabilidad de ser posible, de tal manera que aumente la probabilidad de regresar al poder o de al menos no ser arrasados.

    Antes de los lideres demagógicos (populismo es otra cosa) la democracia ya evidenciaba su crisis debido al abstencionismo en las elecciones, sobre todo en Europa. La idea presente en los abstencionistas es, como decía Mark Twain: si votar sirviera para algo, no nos dejarían hacerlo.

    En el caso de los especialistas en relaciones internacionales y entre empresarios, la democracia podría perder apoyos si suponen que genera inestabilidades, como ocurrió con la última votación en EEUU, ¿cómo podría tenerse confianza en los compromisos internacionales de EEUU si cada cuatro años cambia de opinión? Sistemas autoritarios como Singapur o Bukele en el Salvador cada vez son mejor vistos.

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