¿Es melancólica la izquierda en México?

Walter Benjamin escribió una breve reseña sobre un libro de poemas del poeta Erich Kästner en 1931 y, al hacerlo, heredó un término enigmático, pero vigente: melancolía de izquierda. Grosso modo, con él se refería a la incapacidad de la izquierda de realizar una crítica sustancial al statu quo político y económico, para contentarse mejor con cuestiones banales y superficiales que no afectaran su posición pública. Una izquierda melancólica era, en suma, aquella que abandonaba su radicalismo para conformarse con el placer de su reconocimiento.

Ilustración: Víctor Solís

Es importante pensar esta idea en el contexto mexicano donde, nominalmente, tenemos un gobierno de izquierda. La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia en 2018 se presentó como la culminación de una lucha social y política que inició, según los cálculos, ya sea desde 1968 con el movimiento estudiantil o desde 1988 con la elección presidencial de ese año. Fueran 30 o 50 años, la victoria de Morena no sólo en la Presidencia sino en el Congreso representó la llegada de una nueva época de izquierda.

Sin embargo, tras poco más de cuatro años de gobierno, parece que tanto el gobierno como el partido del poder viven en un conflicto permanente con distintas organizaciones, movimientos y agrupaciones de izquierda (ambientalistas, defensores del territorio, colectivos de búsqueda en particular). Existe un conflicto profundo sobre el sentido de qué izquierda es la que realmente tenemos en el gobierno y por qué está en disonancia con estos grupos que, más que representados o apoyados, se ven marginados. Mientras este conflicto ocurre, se fortalecen en nuestro país alternativas de extrema derecha que acechan lentamente la estabilidad política.

El gobierno defiende su raíz de izquierda apelando a una idea de pueblo basada en el apoyo a las y los pobres. Basado en la austeridad, la simplificación administrativa y una política social basada en transferencias directas de dinero, junto a una política económica que evita la deuda pública, el gobierno considera que ha mejorado sustancialmente la calidad de vida. La principal crítica desde las agrupaciones de izquierda radica en que, por más que presuma sus acciones como un beneficio para esa población, en realidad sólo les vulnera más porque desmonta la estructura institucional del Estado que sostiene la política social y redistributiva, particularmente en temas de salud.

Las principales deudas señaladas tanto al partido como al presidente se encuentran en materia de derechos humanos. Los derechos de la población LGBTTTIQ, el reconocimiento sustantivo de las comunidades indígenas, las personas migrantes, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres o la atención a las víctimas del proceso de violencia son temas recurrentes. Cada uno se empalma con las principales políticas gubernamentales: la estrategia de seguridad basada en la militarización, la desaparición de organismos y fideicomisos que atendían a estas poblaciones, así como la negativa a realizar las reformas legislativas que reconozcan derechos a nivel nacional, delegando todo a los congresos locales.

La postura de izquierda del gobierno se sintetiza en la idea de sacar de la pobreza a la población de nuestro país mediante la acción del Estado; cualquier otra postura que exija algo distinto no puede asumirse como tal, mucho menos si pide que el Estado se asuma como garante de derechos. La postura de izquierda de las agrupaciones, movimientos y organizaciones que disputan el concepto al presidente defiende que no hay un cambio sustancial en las condiciones de vida sin la protección y reconocimiento de estos derechos, así como una acción más estructural del Estado. Y, en medio de esto, yace una profunda melancolía.

La melancolía, como la definió Benjamin, parte de la incapacidad de los artistas o intelectuales de romper con la rutina, de la rutina en que la clase burguesa los mantiene para poder sobrevivir. El único remanente de su capacidad crítica es la ironía que, en el mejor de los casos, sólo les permite provocaciones para subestimar a sus enemigos políticos. Esto aleja a esa intelectualidad de los problemas reales, de las necesidades materiales que enfrentan; ahí reside la melancolía de la izquierda en México: en que la lucha de posiciones no es una lucha por las condiciones.

En nuestro caso, no se trata de una intelectualidad que defienda su posición pública, sino de un gobierno que defiende su posición pública de izquierda no con acciones concretas, sino con ironías y provocaciones. Se trata también de agrupaciones y movimientos que tratan de arrebatarle al gobierno el estandarte de la izquierda en el discurso al sustentar sus acciones como reivindicaciones tradicionales de izquierda, mientras que los espacios de la acción social y discursiva son ocupados por la extrema derecha. Tanto el gobierno como las agrupaciones han convertido al conflicto en un asunto banal, que no sacude la estructura social y económica del país.

¿De qué nos sirve una izquierda melancólica y dividida en medio de un proceso de supuesta transformación? Mientras el presidente y su partido estén más preocupados por cuidar su posición que en legitimarla mediante reformas sustanciales para fortalecer el Estado de bienestar o un cambio de paradigma en materia de seguridad, sólo tendrán victorias simbólicas pero intrascendentes que debilitará su posición política. Si las agrupaciones de izquierda se pierden en el juego de oposiciones del presidente, perderán posiciones sociales para incidir que serán ocupadas por grupos más y más extremistas.

No habrá una salida a la melancolía mientras la izquierda renuncie a los problemas sociales y se dedique más a ocupar esa posición simbólica y discursiva en el debate público. El próximo año habrá elecciones y, además de pensar en quién encabezará la candidatura del partido y aspirará a dar continuidad al proyecto presidencial, debemos preguntarnos con qué izquierda queremos llegar. Si queremos abandonar la melancolía, debemos exigir y luchar para que se abandone la lucha de posiciones, por una lucha contra las condiciones que no han querido resolver.

 

Armando Luna Franco
Estudiante de Doctorado en Ciencia Política en El Colegio de México (especialidad en teoría política y sistema político mexicano)

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Publicado en: Política

Un comentario en “¿Es melancólica la izquierda en México?

  1. Agua potable para todos. Con la certeza absoluta de que es excelente agua.
    Eso, nada más ese logro en este sexenio, habría hecho de este gobierno un verdadero gobierno de izquierda.
    La izquierda de México no está extraviada ni es melancólica. Simplemente no existe. Quienes se dicen de izquierda nada saben de justicia social real. Son autocomplacientes padres flojos, que permiten que sus hijos gasten el domingo que les dam en comprar agua.

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