Ni es doctrina ni es de Monroe

A finales de 2025 la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de Estados Unidos dejó claro que el país dejaba atrás el papel que asumió desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Es un documento de ruptura con alianzas y socios, que prefiere un poder más delimitado con tal de que no sea compartido. Junto al desprecio y desinterés hacia el resto del mundo, la ESN destaca un nuevo interés: el hemisferio occidental. En un documento de 33 páginas, cuatro están dedicadas sólo a América Latina, y establece: “Negaremos a nuestros adversarios la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicos” en el hemisferio. 

Poco después el Departamento de Estado publicó en X un cartel con la leyenda: “Este es nuestro hemisferio”. Marco Rubio también sostuvo: “Si estamos centrados en Estados Unidos y en ‘América Primero’, debemos empezar por nuestro propio hemisferio, donde vivimos”. El documento presume un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe de 1823 que define como la “preeminencia estadunidense en el hemisferio occidental”.  Con pocos reparos, se compró la idea que la nueva doctrina de Trump (o Donroe) consistía en promover un orden multipolar en el que Rusia, China y Estados Unidos se dividen el mundo en esferas de influencia, y que a este último le corresponde América Latina. Claro que el presidente también declaró poco después que su administración había “superado” la declaración Monroe de 1823 “por mucho, por mucho”. 

En ocasiones las doctrinas encubren caprichos, ayudan a ocultar impulsos y pueden mimetizar patrones falsos. Se llama racionalización post hoc, o falacia narrativa, a la tendencia a crear relatos coherentes para explicar hechos aleatorios o complejos: ideas caóticas explicadas mediante órdenes posteriores. En estos enlaces fabricados se integran relaciones de causa y efecto que, aunque inexistentes, consuelan porque reducen la incomodidad del azar. Y así sucedió. La supuesta nueva doctrina pasó libre de sospecha. Se le atribuyeron a Trump ideas y estrategias elaboradas, que iban más allá de su propio enaltecimiento. Su asesor de seguridad nacional, John Bolton, lo advirtió a tiempo: “No hay una doctrina Trump (…) no hay un gran marco conceptual; es lo que le conviene en el momento”. 

Ayudó, desde luego, el despliegue militar en el Caribe. El éxito militar de la extracción de Nicolás Maduro condujo al error de suponer que la decisión surgió de un genuino interés por la región, o peor aún, de ciertos valores. Fue un breve éxito que llevó a la prolongada tentación de atribuir grandes explicaciones y preludios que descartan desplantes. Se idealizó el desorden porque las acciones militares de la administración Trump, más que una manifestación de fuerza, son una retirada violenta del mundo; exabruptos y coletazos que intentan compensar un repliegue. 

Ya queda claro que la administración Trump puede sustituir dictadores por caciques, pero poco más. Si se tratara de un corolario de la doctrina Monroe, habría quizá algún plan para convencer y atraer a los países de los que, desde hace décadas, China se ha convertido en su principal socio comercial, como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Venezuela, pero describir como ‘doctrina’ a los impulsos de Trump olvida su principal característica: la inconsistencia. Trump es un presidente errático que reacciona y no planea y, además, se jacta de ello: es común escucharlo en entrevistas, presumiendo “como ya verá” o “que no ha decidido aún” qué hacer con tal o cual guerra. 

Hablar de doctrina Trump es oxímoron; un eslogan para encubrir improvisaciones. La doctrina original era algo distinto y casi contrario: un postulado de cautela y reserva. Escondida en un mensaje anual ante el Congreso, en diciembre de 1823, el presidente James Monroe advirtió a las naciones europeas que Estados Unidos no toleraría el colonialismo en el hemisferio, pero ni siquiera prescribía consecuencias en caso de que se incumpliera. El pronunciamiento era aspiracional. La doctrina defendía el concepto de soberanía e independencia; un acercamiento a países débiles que apenas reclamaban su independencia, aun cuando Estados Unidos no tenía el poder militar para respaldar sus dichos.

La doctrina nunca fue un concepto estático, sino que mutó de su cometido original para respaldar decisiones muy distintas. Por ejemplo, en 1865 se utilizó para apoyar a Benito Juárez en su campaña contra Maximiliano o, después, para expulsar a España de Cuba en 1898, terminando con las colonias españolas en el hemisferio. Incluso Hitler la aludió en Mein Kampf para justificar las ocupaciones de Europa del Este. 

La idea original tuvo su cambio más relevante durante la administración del presidente Teddy Roosevelt, quien la utilizó como arenga para justificar intervenciones. Cuarenta años después del mensaje de Monroe al Congreso, en 1904, prestamistas europeos amenazaban a las naciones americanas con intervenciones armadas para exigir el pago de deudas, por lo que el presidente estableció que Estados Unidos al ser una “nación civilizada”, tenía la “responsabilidad de preservar el orden” y podía desempeñar un papel de “policía internacional”. El cambio, conocido como Corolario Roosevelt, implicaba ya no sólo el rechazo a la colonización europea, sino que Estados Unidos se atribuía la responsabilidad de salvaguardar ‘la vida y la propiedad’ en el hemisferio con fuerza militar. Como escribe Michael Reid en su historia de América Latina, “entre 1898 y 1934 hubo unas 30 intervenciones militares por parte de Estados Unidos en nueve países de América”. Se enviaron tropas a República Dominicana en 1903, a Nicaragua en 1911 y a Haití en 1915. 

James Monroe pretendía proteger a Estados Unidos cuando esta era aún una nación nueva y débil. Su discurso no fue nunca una proclama para el uso de la fuerza, sino un símbolo contra el colonialismo cuando las potencias europeas aún fantaseaban con volver a inmiscuirse en naciones que apenas ganaban su independencia. Por el contrario, lo que pretende la nueva ‘doctrina Donroe’ es normalizar la actuación improvisada y unilateral de Estados Unidos; el historiador Jay Sexton, quien publicó un libro sobre la Doctrina Monroe, calificó el nuevo corolario como puro “teatro político doméstico”. 

Pero el desorden tiene sus ventajas y la política exterior suele tener destinatarios y motivaciones domésticas. Las acciones de Trump en América Latina también le permiten implantar otro tipo de sistema nacional: las acusaciones por las que se juzga a Maduro son por tráfico de drogas y permiten, “unir al enemigo interno y al externo”. Al igual que el tema migratorio, la guerra contra el nuevo “narcoterrorismo” hila la narrativa de actores externos que atentan contra la nación; entonces surgen peticiones para ceder y usar organizaciones que operan fuera de la ley, como ICE

En el actual canje de dictadores y técnicas de bienes raíces para ofertar por Panamá o Groenlandia, va el intento de darle a los desplantes un barniz de doctrina, pero aquí no hay corolarios. La doctrina Donroe es un eufemismo, una cortina de humo frente a manotazos y falta de . Surge porque, desde luego, genera desconcierto no tener ningún sustento detrás de tanto arrebato; y nace la necesidad de teorizar, pero aquí no hay doctrinas. Lo que fue una apuesta por la estabilidad, hoy es una inclinación por improvisar escenarios cada vez más volátiles. 

Es un error suponer que los intereses de Estados Unidos pueden limitarse al hemisferio occidental, que imponer un desinterés hacia el resto del mundo sea viable. Además de ingenua, es una postura de repliegue que denota debilidad precisamente por su agresividad. Son reclusiones que requieren ser violentas para justificarse. El historiador francés Marc Bloch advertía sobre una superstición habitual al voltear la vista hacia la historia: inferir que detrás de los grandes eventos debe haber grandes causas.

Emiliano Polo

Abogado especializado en derecho internacional y diplomacia. Maestro en asuntos exteriores y seguridad internacional. Asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi)

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Publicado en: Internacional