La primera Cristología de América Latina

La primera Cristología que se publica en América Latina es la del teólogo español, nacionalizado salvadoreño, Jon Sobrino, S.J. (España, 1938). Por 450 años todas llegaron de Europa. En 1974, el filósofo y teólogo español, Ignacio Ellacuría, S.J. (España, 1930 – El Salvador, 1989), que también se nacionaliza salvadoreño, funda el Centro de Reflexión Teológica (CRT), como parte de la oferta académica de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), que pronto se convierte en un espacio de enseñanza que innova en la manera de tratar la teología desde América Latina. 

En 1976, Sobrino presenta su tesis doctoral de teología en la Facultad de Filosofía y Teología Sankt Georgen, en Frankfurt, Alemania, bajo el título Significado de la cruz y resurrección de Jesús en las cristologías sistemáticas de Pannerberg y Moltmann. El teólogo luterano Wolfhart Pannenberg (Stettin, 1928 – Múnich, 2014), le dirige el trabajo de tesis. Al término del doctorado en 1975, Sobrino regresa a San Salvador y se incorpora como investigador y profesor en el CRT, que dirige Ellacuría. Ambos viven en la comunidad jesuita de la UCA. De agosto a diciembre de 1975 imparte un curso de Cristología al que asiste el jesuita mexicano Alfonso Castillo S.M. (Ciudad de México, 1944), quien redacta un texto con el contenido de las clases que imparte Sobrino y se lo entrega. Así nace Cristología desde América Latina que el CRT de México publica en junio de 1976.

A partir de la creación del CRT, la formación de los teólogos jesuitas en México se realiza en este centro. Al término del cuarto y último año de teología en 1979, yo salgo de la Compañía de Jesús para incorporarme a la guerrilla en El Salvador. En 1977, el curso de Cristología en el CRT, que impartió el teólogo jesuita mexicano Javie Jiménez Limón, tuvo como base el texto Cristología desde América Latina, y Sobrino impartió cinco sesiones: 1) Mi Cristología; 2) El seguimiento de Jesús en América Latina; 3) Jesús y el poder; 4) El seguimiento de Jesús y la vida religiosa; 5) Jesús como fundamento y crítica de la Iglesia. Jon, como le dicen todos, dividió la primera sesión, que impartió el 19 de enero de 1977, en cuatro partes: 1) Influencias; 2) Sospechas; 3) Aportes; 4) Lagunas. Aquí, transcribo las notas esquemáticas que tomé de su intervención.

Las influencias

Son cuatro los teólogos que influyeron en la elaboración de mi Cristología: Karl Rhaner, Wolfhart Pannenberg, Jürgen Moltmann e Ignacio Ellacuría.

Karl Rhaner, S.J. (1904-1984)

  • Su idea del enfoque de los problemas. Las afirmaciones por sí mismas no tienen valor a no ser que se justifiquen. Lo que no se vive no vale.
  • La tradición del dogma del Concilio de Calcedonia.
  • Nunca oponer lo trascendente a lo histórico.
  • Lo último en el Nuevo Testamento es el Padre, Jesús es el hijo, y a él sólo se le entiende en esa relación.

Wolfhart Pannenberg (1928-2014)

  • El aspecto relacional de Jesús, que lo pone en relación con la construcción del Reino.
  • La intimidad de Dios (misterio).
  • Todo está por hacer (historia).
  • Los dogmas son afirmaciones, que solo se captan por otras verdades históricas.
  • Hace falta la entrega para hacer una afirmación última.

Jürgen Moltmann (1926-2024)

  • A Dios sólo se le comprende por la ruptura (es decir, la cruz).
  • El seguimiento de Jesús.
  • Hay que tomar en serio lo subjetivo de la historia. El seguir la historia es superar todos los contras.

Ignacio Ellacuría, S.J. (1930 -1989)

  • Hay que recalcar lo histórico de cualquier cosa y también de Jésus.
  • La relevancia social de la fe. Un Dios que no cambia nada, no es Dios.

Las sospechas

Propongo siete sospechas. No hay que dar nada por conocido.

  1. Nunca hay que presuponer quién es Dios, y hay que sospechar de los que dicen que lo saben.
  2. El creacionismo no tiene lugar. 
  3. La vida de Jesús es sacramento del Padre (Jesús es el hijo). Cristo es un adjetivo universal. El problema es cómo hacerlo concreto. Lo contrario a lo abstracto.
  4. De quienes sostienen la ausencia de la conflictividad.
  5. Siempre tener en cuenta, pero al mismo tiempo sospechar de los puntos de partida.
  6. La manera de estar con los pobres. 
  7. No a las cristologías egocéntricas y tranquilizadoras.

Los aportes

Los aportes de mi Cristología son: es trinitaria; deja en claro que no hay posibilidad de manipular a Dios. Solo hay lugar a la entrega total a la manera de Jesús; está presente lo que se debe hacer, para entender y hacer realidad el misterio de Jesús; se habla de la persona concreta, la figura histórica de Jesús; está presente la evolución histórica del mismo Jesús. Él no es estático, se mueve; todos se entienden sólo a partir de la manera como se viven.

Las lagunas

Ahora menciono cuatro:

  1. La exégesis se tiene que fundamentar más.
  2. Hay una carencia de lo que es propio de la realidad y cultura de América Latina.
  3. La relación mayorías y minorías. El romper la inercia del poder de las mayorías, toca a las minorías, que deben jugar un papel de liderazgo. 
  4. Hay que trabajar más en la redacción del texto, hacerlo más bello.

En esa ocasión, después de la intervención de Jon se abrió la discusión, en ese encuentro también estaban los teólogos jesuitas Luis del Valle y Alfonso Castillo SM. Se comentaron los puntos planteados por éste último y se le hicieron preguntas. Lo nuevo en el intercambio fueron dos puntos, que antes no se habían mencionado: la teología es una ciencia que se trabaja y produce de manera colectiva y la Resurrección de Jesús invita a no poner nunca límites a la esperanza.

La matanza de la UCA

El 16 de noviembre de 1989, Jon, por encontrarse en Tailandia dictando una conferencia, escapa de ser asesinado junto con sus compañeros de la comunidad jesuita de la UCA, a manos del Ejército de El Salvador. Sin embargo, ahí caen seis de sus compañeros: Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Ignacio Martín Baró, Amando López, y Joaquín Lopez y la colaboradora Elba Ramos y su hija Celina, menor de edad.

Los problemas con la Santa Sede

La Cristología desde América Latina fue el primer trabajo teológico publicado por Jon, pero después vinieron muchos más. En 2006, la Congregación para la Doctrina de la Fe emite una notificación aprobada por el papa Benedicto XVI con el propósito de “llamar la atención acerca de ciertas proposiciones que no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia” presentes en las obras del padre Sobrino, sobre todo Jesucristo liberador: lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret y La fe en Jesucristo: ensayo desde las víctimas. Éstas hacen referencia a cuestiones metodológicas y cristológicas, y se le acusa de “falsear la figura del Jesús histórico al subrayar en demasía la humanidad de Cristo, ocultando su divinidad”.

La Congregación para la Doctrina de la Fe le prohibió enseñar en instituciones católicas y le retira el nihil obstat (visto bueno eclesial) a sus obras. En 2018, con ocasión de la canonización de monseñor Romero, el papa Francisco agradece de manera personal a Jon Sobrino por su trabajo y testimonio de vida. 

Sus últimos comentarios sobre su primera Cristología

En una serie de encuentros con Charo Marmol, que se publican en el libro Conversaciones con Jon Sobrino (Ediciones PGT, 2018), Sobrino hace una reflexión, 42 años después, sobre el libro de cristología publicado por el CRT de México. Aquí transcribo lo que dice:

“Me voy a extender un poco en explicar en concreto que muy pronto se publicaron libros con mis primeras clases de cristología. Di el curso por primera vez en 1975. Llamó la atención a unos estudiantes jesuitas mexicanos que vinieron a El Salvador y me animaron a publicar las clases. El texto final fue un conglomerado, con cierta lógica, de los apuntes de clase y de artículos más elaborados relacionados con la cristología. No recuerdo si el título lo puse yo o los jesuitas mexicanos, quienes, por cierto, con mi libro estrenaba su propia editorial, Ediciones CRT.

El título quedó en Cristología desde América Latina; años más tarde, Juan Luis Segundo criticó el título, pues el contenido de mi libro —al que no criticaba en sí— no era de América Latina. La primera edición salió plagada de errores. La segunda edición fue más cuidada, también en los contenidos. El libro tenía 370 páginas. Sin buscarlo yo fue traducido el inglés por Orbis Books, y de él se hicieron varias ediciones. De alguna facultad de los jesuitas en Europa —no llegué a saber cuál— me llegó una crítica: que no me precipitase en publicar, sino que estudiase detenidamente y con mayor precisión algunos temas de cristología. Tenían razón”.

Impacto del texto

Para mi generación de teólogos jesuitas en México, quizá de manera muy personal, el texto de Jon Sobrino Cristología desde América Latina, la primera publicada en la región, fue fundamental en dos direcciones: el acercarse a la figura del Jesús histórico y dar cuenta de esa realidad, que abría un amplio campo de estudio que se relacionaba con la historia y la política. Para entender al personaje y su propuesta había que conocer y comprender su contexto y su tiempo. Y para abrir el horizonte del seguimiento de Jesús. Ser cristiano era seguir al Jesús de la historia, no una figura espiritual etérea y manipulada por distintas tradiciones. El seguimiento del Jesús histórico orientaba la vida y la tarea por hacer.

Rubén Aguilar Valenzuela

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Publicado en: Religión